domingo, 18 de octubre de 2026

EL TRAJE NUEVO DEL VIKINGO.

  


EL TRAJE NUEVO DEL VIKINGO


Farsa tropical en cuatro cuadros con música y percusiones cómicas

 

Original de Benjamin Gavarre

bengavarre@gmail.com




Reparto

  • Tadeo (19 años): Joven aldeano de una costa tropical imprecisa. Es despierto, hablador y padece de una curiosidad casi científica por todo lo raro. Jamás ha salido de su comarca ni ha visto a un forastero; para él, cualquier persona que no tenga el pelo negro y lacio es un fenómeno meteorológico o una criatura mitológica digna de estudio.
  • Olaf "El Mal Orientado" (28 años): Explorador vikingo de dos metros de estatura, rubio como una mazorca tierna y con trenzas hasta en las cejas. Salió de Noruega a comprar bacalao, dio una vuelta equivocada en un iceberg y terminó encallado en el trópico. Es fanfarrón, ingenuo, teatral y está convencido de que su anatomía es patrimonio de la humanidad.
  • Don Cosme (50 años): El sastre del pueblo. Un comerciante astuto capaz de venderle sombra a un murciélago. Ve en el gigantesco extranjero la oportunidad de oro para hacer el negocio del siglo sin gastar un solo centímetro de tela.
  • Doña Remedios (60 años): Vecina chismosa del pueblo, experta en santiguarse ante lo desconocido y en suspirar en secreto cuando nadie la vigila.
  • Coro de Vecinas ("Las Comadres del Abanico"): Señoras del pueblo que acompañan a Doña Remedios en primera fila durante el desfile. Actúan como un pequeño coro griego tropical: se santiguan juntas, suspiran a compás y abren sus abanicos al ritmo de la batería.

Notas de sonorización y música (Extradiegética)

  • Contraste musical: Cada vez que Olaf adopta una pose heroica, suena un acorde grandilocuente de metales y coros épicos al estilo de la Cabalgata de las Valquirias, el cual se corta en seco con el sonido de una aguja rayando un disco cuando ocurre una torpeza física.
  • Ambiente tropical: En las transiciones y entradas del pueblo suena una marimba alegre o un mambo ligero acompañado de güiro y maracas.
  • Batería de comedia (Slapstick): Un percusionista (o pista de efectos) apoya los movimientos físicos: golpe de bombo para los músculos de Olaf, platillazo (rimshot) para los remates verbales, flauta de émbolo (slide whistle) cuando alguien se agacha o se asoma, y trombón triste ("wah-wah-wah") cuando el vikingo sufre un calambre o descubre el engaño.

Introducción

En una remota playa tropical donde nunca pasa nada más emocionante que la caída de un coco, el joven Tadeo encuentra varado en la arena a un ser que desafía toda lógica local: un gigante de piel blanquecina y cabellera amarilla que asegura venir de un reino donde hasta los estornudos se congelan en el aire. Con total inocencia, Tadeo examina al extraño con la fascinación pura de un naturalista que acaba de descubrir un manatí con trenzas.

Entre demostraciones anatómicas ridículas —en las que el recién llegado presume cada músculo como si fuera un arma de asedio— y relatos delirantes sobre una Escandinavia de fantasía llena de alces de seis patas y gallinas cuadradas, el vikingo descubre su único punto débil: el calor infernal del trópico. Es entonces cuando entra en escena Don Cosme, un sastre sin escrúpulos que le propondrá confeccionar una "armadura climática" tan exclusiva que solo los guerreros dignos del Valhalla pueden verla. Nadie en la aldea está preparado para el desfile que está por comenzar, ni para descubrir hasta dónde llega la vanidad de un bárbaro acalorado.


Cuadro Primero: El hallazgo en la playa de los cangrejos perplejos

Playa soleada con palmeras. Suena de fondo una suave brisa marina mezclada con una marimba perezosa. En el suelo, medio cubierto de algas y con un casco con cuernos chuecos, yace OLAF roncando como una sierra oxidada. Con cada ronquido suena un contrabajo grave y un silbido agudo al exhalar. Lleva pieles de oso empapadas. Entra TADEO silbando alegremente, con una vara larga y una cesta de caracoles. Al ver el bulto, la música se corta en seco. TADEO se detiene, abre los ojos como platos y se acerca de puntillas acompañado por notas de pizzicato de violín.

TADEO: (Mirando al público, asombrado) ¡Por las barbas del abuelo! ¡El mar escupió un elote gigante! (Se acerca más y le pica una bota con la vara; suena un golpe de madera hueca "toc-toc"). No, tiene patas. Y botas de peluche. (Se agacha a mirarle la cara y le levanta un párpado con el dedo; suena un resorte cómico "boing"). ¡Santo cielo, está crudo! A este hombre se les olvidó hornearlo antes de echarlo al mundo. ¡Miren nada más ese pelo! Parece que le cayó un rayo de sol en la mollera y se le quedó enredado.

TADEO le tira suavemente de una trenza rubia. Suena un platillazo estridente. OLAF despierta de un salto, dando un grito de guerra operístico con eco épico que espanta a las gaviotas.

OLAF: (Con pose de ópera wagneriana) ¡Por el ojo tuerto de Odín! ¡Atrás, kraken de tierra firme, o probarás la furia del Norte!

TADEO: (Dando un brinco hacia atrás al ritmo de un redoble de tambor, fascinado por la extrañeza) ¡Habla! ¡Y ruge como trueno en cántaro! Oiga, señor desteñido, ¿usted qué es? ¿Un espíritu de la espuma? ¿Una nube con bigote? ¿Por qué tiene la piel del color de la panza de los pescados?

OLAF: (Ofendido, llevándose las manos a la cintura con sonido metálico de armadura) ¿Desteñido? ¡Insolente habitante del horno del sur! Yo soy Olaf, hijo de Bjorn, nieto de otro Bjorn y sobrino político de Erik el que Nunca Devuelve las Herramientas. ¡Soy un vikingo!

TADEO: (Midiéndolo de arriba abajo con su vara como si fuera un arquitecto, con curiosidad científica) ¿Un vikingo? Nunca había visto uno. En mi pueblo todos somos del color del barro bueno y nos llegamos al hombro. Usted parece que se subió en los hombros de su primo y se puso un abrigo encima. A ver, dese una vuelta.

OLAF: (Halagado al instante; suena una breve fanfarria de trompetas y cambia su furia por pose de estatua griega) Veo que reconoces la grandeza cuando naufraga en tu playa, pequeño mortal. Contempla la obra maestra de los fiordos. Como veo que jamás has visto a un guerrero nórdico, te daré un recorrido guiado por esta fortaleza humana. ¡Observa este brazo derecho! (Extiende el brazo con solemnidad; suena un redoble de tambor).

TADEO: (Se acerca, lo mira como si fuera un mueble raro y pone su propio brazo flaco al lado para comparar) Parece un tronco de ceiba, pero con pecas. El mío al lado parece ramita de canela.

OLAF: ¡No es un tronco! Es "El Quebrantahielos". Y mira lo que pasa cuando hago esto... (Flexiona el bíceps exageradamente; suena un golpe de bombo grave "¡PUM!" y le da dos palmadas sonoras). ¡Pum! ¿Viste cómo saltó? A este bíceps lo llamo "El Martillo de los Jueves". Con él puedo partir un escudo de roble, exprimir tres limones sin usar las manos y abrir frascos de pepinillos que llevan cerrados desde el siglo pasado.

TADEO: (Tocando el bíceps con un dedo; suena un yunque de herrería "¡CLINC!") ¡Ah, caray! ¡Está duro como piedra de moler! ¿Y el otro brazo hace lo mismo o ese nada más es de adorno para equilibrar el peso?

OLAF: (Indignado) ¡Jamás! En la anatomía vikinga no hay piezas de repuesto sin función. ¡Contempla el bíceps izquierdo! (Hace otra pose ridícula de fisicoculturista de feria; suena otro golpe de bombo). A este lo llamo "La Suegra de Thor", porque si lo ves de cerca te dan ganas de salir corriendo. Y eso no es todo, joven curioso: mira el antebrazo. Aquí tengo el músculo de remar hacia adelante (golpe de bongó), aquí el músculo de remar hacia atrás cuando nos equivocamos de isla (otro golpe de bongó), y este chiquito de aquí cerca del codo es exclusivo para saludar de lejos a las valquirias. (Mueve solo los deditos con un gesto coqueto mientras suena un triángulo musical).

TADEO: (Dando vueltas alrededor de él, fascinado) ¡Es usted como una feria ambulante! ¿Y las piernas? Porque con esas botas de oso parece que lleva dos perros dormidos amarrados a las espinillas.

OLAF: (Se levanta el faldón de piel con orgullo para enseñar una pantorrilla descomunal) ¡Admira el gemelo imperial! Forjado subiendo montañas verticales mientras cargaba un barril de hidromiel y a mi abuela en una silla. Mira cómo baila solo... (Empieza a sonar una marcha militar alegre; Olaf intenta contraer los músculos de la pierna y del pecho a compás, pero de pronto suena un resorte roto, suelta un gemido agudo de falsete y se agarra el muslo). ¡Ay, ay, ay! ¡La maldición de Loki!

TADEO: (Asustado) ¿Qué pasó? ¿Se le descompuso el martillo?

OLAF: (Saltando en un pie con cara de sufrimiento cómico al ritmo de una tuba ridícula, apoyándose en el hombro de Tadeo, que casi se hunde en la arena por el peso) ¡Calambre! ¡Calambre nórdico! Es la humedad de tu tierra, que me oxida los tendones. ¡Estírame el dedo gordo de la bota, muchacho, antes de que se me suba el gemelo a la garganta!

TADEO se aferra a la bota y jala con todas sus fuerzas mientras suena una cuerda tensándose, hasta que se oye un corchazo ("¡POP!") y OLAF cae sentado en la arena con un largo suspiro de alivio.


Cuadro Segundo: La geografía imposible del Reino de Escarcha-Fría

Misma playa, media hora después. Suena una melodía tropical lánguida y calurosa. OLAF está sentado a la sombra de una palmera, abanicándose con su casco con cuernos y sudando a mares. TADEO está sentado frente a él sobre una piedra, con la barbilla apoyada en las manos, escuchándolo embobado.

TADEO: Entonces, déjeme ver si entendí bien, don Olaf. ¿Me está diciendo que en su pueblo el agua del cielo no cae líquida, sino hecha polvo blanco como ralladura de coco?

OLAF: (Bebiéndose el agua de un coco de un trago y sacudiendo la cabeza) ¡Nieve, muchacho, se llama nieve! Y en mi tierra, el Reino de Escarcha-Fría, hace tanto frío en enero que las palabras se congelan en cuanto salen de la boca.

TADEO: (Abriendo mucho los ojos) ¡No me diga! ¿Andan por la calle con libretas o cómo platican?

OLAF: Pues en invierno no se puede. Tú le dices "buenos días" a tu vecino y el "buenos días" cae al suelo haciendo clinc (suena un tintineo de cristal), hecho un cubito de hielo. Así que todos llevamos una cubeta. Recoges lo que te dijeron, te lo llevas a tu casa, lo echas al sartén con tantita manteca de foca y, cuando se derrite al fuego, ¡zas!, el sartén empieza a hablar y te enteras de todos los chismes del barrio.

TADEO: (Riendo con asombro) ¡Qué barbaridad! Qué gente tan práctica. Oiga, ¿y qué comen allá si todo está tieso?

OLAF: (Impostando la voz con misticismo mientras suena un arpa mágica) ¡Criaturas majestuosas que tus ojos tropicales jamás podrían imaginar! Allá pastan los alces de seis patas: cuatro para caminar en la nieve y dos arriba del lomo por si se voltean en una bajada, seguir corriendo de espaldas. Y las gallinas vikingas son cuadradas y ponen huevos cuadrados.

TADEO: (Haciendo un cuadrado en el aire con las manos) ¿Huevos cuadrados? ¿Como dados de jugar?

OLAF: Exactamente. Porque vivimos en montañas tan empinadas que, si fueran redondos, el desayuno rodaría hasta el mar y se lo comerían las ballenas. Además, allá el sol es muy flojo: solo sale los martes y los jueves de tres a cuatro de la tarde, y el resto del año nos alumbramos frotando dos gatos lanudos hasta que sacan chispas.

TADEO: (Suspirando con fascinación pura) Nunca pensé que el mundo de allá afuera fuera tan divertido y tan mal hecho a la vez. ¡Espere a que le cuente a mi tía que los extranjeros tienen el pelo de paja, músculos con nombre propio y que tienen los huevos cuadrados!

OLAF: (Dando un respingo de dignidad herida) ¡Bueno, muchacho, cuadrados los de las gallinas! Aunque con el frío de enero, te confieso que a los guerreros se nos esconden tanto que luego no quieren salir.

TADEO: (Mirándolo caminar con las pieles pesadas, aguantándose la risa) ¡Con razón camina usted como si se le hubiera perdido algo importante! (Platillazo cómico de batería). Pero oiga... ¿por qué echa tanto humo por las orejas?

OLAF: (Desesperado, tratando de abanicarse con las trenzas mientras suena un efecto de sartén friendo) ¡Me estoy derritiendo, Tadeo! ¡Mi cuerpo está diseñado para pelear contra osos polares, no contra este sol que pega como sartén caliente! Si no me quito estas pieles de encima, en diez minutos voy a quedar reducido a un charco de mantequilla rubia. ¡Pero un vikingo jamás anda sin su armadura de gala!

Entra DON COSME con paso rítmico y elegante de danzón, cargando un rollo de cintas métricas y unas tijeras enormes que suenan al compás, seguido de DOÑA REMEDIOS, que se abanica nerviosa.

DOÑA REMEDIOS: (Frenando en seco y santiguándose tres veces al ritmo de tres golpes de madera) ¡Virgen del Perpetuo Socorro! ¡Tadeo, aléjate de esa criatura! ¡Es un gigante crudo que se escapó de una nube!

TADEO: ¡No se espante, doña Remedios! Es un vikingo. Viene de donde las gallinas son cuadradas y mire: si le pica aquí en el brazo, le brinca "La Suegra de Thor", una vieja horrible y corajuda como usted... (Doña Remedios abre la boca indignada y levanta el abanico para pegarle; Tadeo hace una pausa de un segundo y sonríe con total inocencia) ...¡como usted comprenderá! (Platillazo de batería).

DOÑA REMEDIOS: (Bajando el abanico, entrecerrando los ojos con sospecha, pero dando un pasito coqueto hacia Olaf) Mjum... más te vale, escuincle. A ver... ¿en cuál brazo dices que le brinca la suegra?

DON COSME: (Interponiéndose entre ambos y frotándose las manos al ver los anillos de oro y el brazalete de Olaf; suena una caja registradora "cha-ching") Calma, doña Remedios, no sea ignorante. Lo que tenemos aquí es un distinguido caballero ultramarino con un evidente problema de vestuario estacional. (Hace una reverencia exagerada hasta tocar el suelo con la frente). Don Cosme de la Tijera Fina, sastre real de esta costa, a sus pies, oh rubicundo coloso.

OLAF: (Secándose el sudor con la barba) Sastre, si tienes algo que me quite este calor sin perder mi imponente presencia guerrera, te daré este brazalete de plata que le gané en vencidas a un troll.

DON COSME: (A los ojos le brillan las monedas; redoble místico de timbales) ¡Acaba de toparse con el único artesano capaz de tejer el legendario Traje Imperial de Hilo de Viento!


Cuadro Tercero: La armadura de hilo de viento

En el centro de la plaza del pueblo, minutos después. Hay un biombo improvisado con dos sábanas que cubren a OLAF del pecho a los muslos. Detrás del biombo asoma la cabeza de OLAF. Suena un vals ligero de pizzicato mientras DON COSME hace gestos teatrales en el aire con una aguja gigante sin hilo, dando tijeretazos al vacío. TADEO y DOÑA REMEDIOS observan desde una banca.

TADEO: (Susurrando) Oiga, don Cosme, yo no quiero meterme en su oficio, pero ahí no lleva usted ni una hebra de algodón. Está cosiendo puro aire.

DON COSME: (En voz alta y solemne, para que Olaf lo oiga bien) ¡Silencio, profano! Esta tela de Brisa Boreal es tan fina, tan mágica y tan avanzada que presenta una propiedad única en la sastrería militar: es completamente invisible para los cobardes, los flojos y los que nunca han derribado a un mamut o a un dientes de sable de un cabezazo. Solo los verdaderos campeones dignos del Valhalla pueden ver sus bordados de escarcha y sentir su frescura.

OLAF: (Asomando la cabeza por encima de la sábana, tragando saliva con un sonido audible de "glup") ¿Solo los dignos del Valhalla? (Mira hacia abajo, hacia las manos vacías del sastre, entrecerrando los ojos con pánico de quedar como un cobarde). ¡Ah, claro! ¡Sí, sí! ¡Ya la veo! ¡Qué azul tan... transparente! ¡Y qué bordados tan discretos! Casi parece que no hay nada, ¡qué maravilla de camuflaje!

DON COSME: (Mete la mano con la cinta métrica por detrás del biombo; suena una flauta ascendente y Olaf da un brinquito soltando una risita aguda) ¡Quieto, gran señor, que estoy ajustando la retaguardia de combate!

OLAF: (Apenado y risueño) ¡Disculpad, maese sastre, es que el frío del norte no nos prepara para que nos midan tan de cerca!

DON COSME: (Haciendo que le ajusta un cinturón imaginario) Quítese esas pieles apestosas, gran señor, démelas junto con el brazalete de plata para "forrarlas", y salga a deslumbrar a esta humilde aldea con su armadura de última generación.

Redoble de tambores de circo. DON COSME retira la sábana de un tirón. Suena un acorde triunfal seguido de un efecto cómico de resorte. OLAF aparece en medio de la plaza llevando únicamente su casco con cuernos, sus botas peludas y unos calzones cortos vikingos de tela rústica pero de corte muy ceñido y favorecedor, que traen bordada una risueña cara de foca feliz al frente y un colorido pescadito saltarín en la posadera. Él, sin embargo, camina con el pecho inflado y paso de gigante invencible como si llevara una armadura de platino.

DOÑA REMEDIOS: (Tapándose los ojos con el abanico, pero abriendo las varillas con dos dedos para no perder detalle) ¡Jesús mil veces! ¡El gigante anda en paños menores! ¡Y qué bien acomodada trae la mercancía extranjera, Dios me perdone!

DON COSME: (Mirándola con severidad) ¡Cuidado, doña Remedios! ¿Acaso está confesando que no es digna del Valhalla y por eso no ve la majestuosa capa de terciopelo polar?

DOÑA REMEDIOS: (Disimulando enseguida, abanicándose a toda máquina) ¡Digo... qué paños tan elegantes y qué corte tan ceñido había visto yo nunca! ¡Mire nada más qué caída tiene esa cola imaginaria... digo, imperial!

OLAF: (Dando zancadas orgullosas frente a Tadeo y posando de perfil) ¿Qué tal, joven Tadeo? ¡Es la armadura más fresca que he usado en mi vida! Siento cómo corre el airecito por las costillas. Y lo mejor es que deja lucir la artillería pesada. ¡Mira cómo resalta la pechera real con este corte! (Hace bailar los pectorales un par de veces al ritmo de dos golpes de bongó con cara de solemnidad absoluta).

TADEO: (Aguantándose la risa mientras se rasca la cabeza) Pues... de que le ventila, le ventila, don Olaf. Y déjeme decirle que esos calzones con la foca feliz hacen un juego precioso con los cuernos del casco.


Cuadro Cuarto: El gran desfile de los calzones imperiales (Clímax)

La calle principal del pueblo, adornada con pencas de coco y papel picado. Suena música festiva de charanga costeña. Todo el vecindario se ha reunido. En primera fila está DOÑA REMEDIOS acompañada del CORO DE VECINAS, todas abanicándose en perfecta sincronía. Al fondo, DON COSME intenta escabullirse de puntillas al ritmo de un contrabajo sigiloso, cargando un bulto con las pieles de oso y la plata. Suena un cuerno de caracol muy desafinado tocado por TADEO, que entra abriendo paso.

TADEO: (Gritando como pregonero de feria) ¡Abran cancha, vecinos! ¡Hagan espacio, que ahí viene el fenómeno del Norte! ¡El hombre de los huevos cuadrados que tiene más músculos que un costal de tilapias fritas! ¡Con ustedes, don Olaf y su carísima armadura que nadie ve pero cómo refresca!

Suena una marcha triunfal mezclada con mambo. Entra OLAF marchando con paso solemne y militar. Va en sus ceñidos calzones vikingos, botas de peluche y casco con cuernos. Con cada paso que da, hace una pausa dramática marcada por un golpe de platillo para inflar el pecho, contraer un brazo o lanzarles una mirada conquistadora a las señoras.

OLAF: (Con vozarrón heroico) ¡No temáis, pequeños habitantes del trópico! ¡Sé que el resplandor de mi coraza de Hilo de Viento casi os deja ciegos! ¡Observad cómo ondea al viento mi capa de terciopelo polar! (Da un giro dramático en cámara lenta revoleando su capa imaginaria, haciendo que el pescadito saltarín bordado en su trasero quede a plena vista del público y parezca moverse cuando él camina).

DOÑA REMEDIOS: (Asomándose por encima de sus anteojos, hipnotizada, mientras el Coro de Vecinas suspira "¡Aaaah!" al unísono) ¡Virgen santa, qué corte francés! ¡Qué caída de tela! Vecinas, miren nada más esos bordados invisibles que tiene a la altura del ombligo... parecen lavadero de río, de esos de piedra tallada. ¡Quién fuera jabón de pasta para darse una resbaladita!

OLAF: (Deteniéndose frente a las señoras, sumamente halagado) Veo que las damas de esta aldea sí son dignas del Valhalla y poseen vista de águila. ¡Permitidme mostraros cómo se ajusta la pechera de combate cuando respiro hondo! (Inhala exageradamente y hace bailar el pecho y los hombros al ritmo de un redoble de timbales; las vecinas se abanican tan fuerte que casi vuelan sus sombreros). Y aquí abajo, justo donde termina la faldilla de malla invisible, podéis admirar "Los Pilares de Asgard", mis dos muslos capaces de cascar nueces de macadamia al trote.

En ese momento, DON COSME, que intentaba huir de puntillas por detrás, pisa un coco (suena un resbalón de flauta y un estruendo de cacerolas) y cae de bruces en medio de la calle. Del bulto que cargaba salen rodando las pieles de oso, el brazalete de plata y unas tijeras oxidadas. La música se detiene en seco.

TADEO: (Señalando al sastre en el suelo) ¡Ah, caray! ¡Mire, don Olaf! ¡Don Cosme lleva ahí sus pieles y su plata, y ni siquiera compró hilo en la mercería! (Tadeo se queda mirando a Olaf de arriba abajo, se rasca la oreja y suelta la verdad a pulmón abierto). ¡Oigan, ya basta de cuentos! ¡Cuál armadura ni qué ocho cuartos! ¡El vikingo está en puros calzones!

Silencio sepulcral en la plaza. DON COSME recoge el brazalete y sale corriendo como alma que lleva el diablo acompañado por un xilófono veloz. OLAF se queda petrificado con un brazo a medio flexionar. Mira a Tadeo, luego mira al público y finalmente baja la vista hacia su propia barriga y sus calzones con la foca feliz. Suena un trombón triste ("wah-wah-waaah").

OLAF: (Con un hilito de voz aguda, completamente fuera de personaje) ¿En... en calzones? ¿Me estáis diciendo que no llevo puesto el peto de escarcha imperial? ¿Que se me ven las rodillas al aire libre?

TADEO: ¡Las rodillas, el ombligo, la foca feliz y hasta el pescadito saltarín que trae bordado en la posadera, don Olaf! ¡Ese sastre le vendió puro viento del mar!

OLAF: (Dando un grito de horror digno de una soprano de ópera) ¡Por las trenzas chamuscadas de Thor! ¡He sido engañado! ¡Un guerrero nórdico desfilando en ropa interior como un bacalao pelado! (En un ataque de pudor repentino, se quita el casco con cuernos e intenta taparse el pecho, la foca y el pescadito al mismo tiempo, juntando las rodillas y dando brinquitos ridículos al ritmo de un violín histérico). ¡No me miréis! ¡Tapad vuestros ojos, mortales! ¡La deshonra caerá sobre mis ancestros! ¡Me vuelvo nadando a Noruega ahora mismo!

OLAF da media vuelta, rojo como un camarón hervido, dispuesto a salir corriendo de ladito hacia el mar con las manos tapándose las nalgas. De pronto, suena un redoble militar; DOÑA REMEDIOS y el CORO DE VECINAS pegan un brinco felino, cierran filas y se le plantan enfrente abriendo sus abanicos al mismo tiempo con un golpe seco ("¡CLAC!") como escudos espartanos, bloqueándole el paso.

DOÑA REMEDIOS: (Con voz de generala en batalla) ¡Alto ahí, coloso rubio! ¡De esta playa no se mueve ni una pestaña!

OLAF: (Intentando cubrirse los pectorales con las trenzas de la barba) ¡Pero señora, estoy desprotegido! ¡Soy una vergüenza para mi clan! ¡Déjeme ir a esconderme debajo de una lancha!

DOÑA REMEDIOS: ¡Qué lancha ni qué nada! ¡No importa que no lleve tela, hombre de Dios! ¡Quédese aquí con nosotras, gran vikingo, y déjenos disfrutar de su anatomía en paz, que en este pueblo llevamos cuarenta años viendo puros maridos chaparritos, panzones y flojos que nada más sirven para roncar en la hamaca!

CORO DE VECINAS: (A coro, dando un paso al frente y abanicándose con entusiasmo) ¡Eso, que se quede! ¡Viva la foca feliz y que baile el pescadito!

TADEO: (Asintiendo con entusiasmo científico) ¡Eso sí es cierto, don Olaf! Aquí el que tiene más músculo es el boticario y nomás en el dedo con el que machaca las pastillas. ¡Usted es una maravilla de la naturaleza! Si se queda, nos pone el ejemplo a todos para ponernos así de fuertotes.

La música se detiene. OLAF se queda quieto en seco. Parpadea dos veces (suenan dos toques de triángulo: "ting, ting"). Poco a poco, va bajando las manos con las que se tapaba. Su expresión de pánico se transforma lentamente en una sonrisa pícara y de suficiencia absoluta. Vuelve a colocarse el casco con cuernos con mucha dignidad y saca el pecho el doble que antes mientras vuelve a sonar la fanfarria heroica.

OLAF: (Aclarando la garganta con voz profunda de locutor) Bueno... ¡en realidad ya lo sabía! Por supuesto que un explorador de mi calibre no iba a caer en el truco de un simple sastre. Todo fue una estrategia militar nórdica para poner a prueba vuestra resistencia ante la perfección física. (Mira a las señoras, que suspiran al unísono abanicándose con furia, y luego mira a Tadeo). Pero veo que vuestro pueblo necesita cultura anatómica... ¡así que está bien: quedaos conmigo, disfrutadme y mañana mismo abriremos mi gimnasio en la playa, gratis para las damas que me traigan pescado frito y camarones!

DOÑA REMEDIOS: (Aplaudiendo emocionada) ¡Bendito sea el naufragio que lo trajo! ¡A ver, enséñenos otra vez cómo hace ese brazo cuando parte limones!

OLAF: (Subiéndose de un brinco a un barril en medio de la plaza como si fuera un pedestal olímpico) ¡Con ustedes, a petición popular y completamente libre de telas estorbosas: "El Martillo de los Jueves" y "La Suegra de Thor" en función corrida!

TADEO: (Sacando su sombrero y pasándolo entre los vecinos al ritmo de un mambo final a todo volumen) ¡A dos monedas la mirada y a cinco el apretón de bíceps, señores! ¡Pasen a ver al primer extranjero en calzones de la historia! ¡Garantizado que no muerde, alegra a las señoras y da sombra para tres personas!

OLAF adopta su pose más gloriosa, pícara y exagerada arriba del barril, haciendo bailar todos los músculos a la vez al ritmo de la batería mientras recibe una lluvia de flores y suspiros de Doña Remedios y las vecinas, y TADEO cuenta las monedas maravillado mientras cae el telón con un gran platillazo final.

FIN

 


EL TRAJE NUEVO DEL VIKINGO. © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International

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