lunes, 26 de octubre de 2026

GAVARRE BENJAMIN: El Pedro VS la Isabel: Debate imposible...

  


 

El Pedro VS la Isabel

Debate imposible

 

PERSONAJES:

  • EL PRESIDENTE (PEDRO): Defensor de los derechos del ciudadano, progresista institucional, sonrisa de anuncio dental indestructible. No lleva corbata para parecer cercano al pueblo, pero viste una camisa planchada con láser.
  • LA ALCALDESA-PRESIDENTA (CAYETANA-ISABEL): Ultraderechista mesiánica, neoliberal castiza, ojos desorbitados de iluminada. A ratos se le escapa un tic gallego y burocrático en las cejas.

ESCENARIO: Un set de televisión en penumbras antes de salir al aire. Sillones blancos minimalistas, una mesa de cristal con dos vasos de agua, cámaras apagadas con el piloto rojo en espera y cables por el suelo. Es la víspera de unas elecciones cruciales en un país que nadie nombra, pero que huele a Ibex 35, tortilla, zócalo y Obelisco a la vez. Hablan en un español neutro impecable, traicionado de vez en cuando por algún modismo que se les escapa como un resorte.

(Entran PEDRO y LA ALCALDESA por los laterales del set, ajustándose los micrófonos de solapa. Hay una tensión eléctrica disfrazada de cortesía televisiva).

PEDRO: (Mirándola fijamente, entrecerrando los ojos con encanto calculado) Oiga... pero ¿cómo que me está usted mirando con ojos de varón?

ALCALDESA: (Alza la barbilla con altivez) Ah, es que soy de la realeza, un poco. Tengo mirada de retrato ecuestre, ¿sabe usted? De infanta que no pide permiso.

PEDRO: No, no es de realeza... Es como que sus cejas se le parecieron de repente al mismísimo diablo. Un rictus rarísimo, como de contable de provincias enfadado.

ALCALDESA: (Frota el entrecejo, adoptando por un segundo una voz grave y dubitativa) Ah, no se crea... Es que el líder electo del partido y yo nos llevamos tan bien que a veces nos mimetizamos. Se me pega su ceja. Pero mire, con esta ceja o sin ella, a usted lo vamos a tumbar en noviembre. ¡A la lona!

PEDRO: (Suelta una carcajada de catálogo) ¿Eso cree? Mire que no ha podido usted ni gobernar su propia parcela con esos orangutanes que tiene detrás. Esa ultra-ultra-ultramano siniestra que le sostiene el bolso... esos que son amigos del lunático despeinado y su motosierra. ¡Y no hablemos de usted, que fue corriendo a sacarse la foto con ese Chucky económico y de milagro no se la comió cruda!

ALCALDESA: (Tocándose el pecho, extasiada) ¡Me adora! El de la motosierra me adora porque huelo a libertad libre de impuestos. En cambio, a usted lo vamos a barrer con la escoba. ¡Fiuuu! Fuera del palacio.

PEDRO: Ah, claro... Eso si antes no le salen más trapitos al sol de su último gobierno. Que para hablar de austeridad, bien que no se conformó con menos que ese "pisito" de cuatrocientas hectáreas que se compró en plena Gran Avenida. Con vistas al cielo fiscal.

ALCALDESA: (Da un golpe seco en la mesa) ¡Ah, ni lo diga usted! ¡No tenga cara, que puso a su propio hermano en la lista de los más buscados! Que si tributa allá, que si dirige orquestas fantasmas...

PEDRO: (Indignado, irguiéndose) ¡Oiga, más respeto! ¡Mi hermano sí estudió! Tiene cuatro doctorados, tres maestrías y habla veinticinco idiomas, incluidos tres dialectos muertos. En cambio usted... ¡usted no sabe ni dar los buenos días sin ese "chicharito" en la oreja! (Se señala el oído). Ahí tiene a su asesor dictándole cómo funciona el alcantarillado. Tiene usted un discurso en el que se tropieza treinta y cinco veces por minuto porque no sabe ni la "A" de los servicios públicos. ¡Y menos del transporte! Usted escucha Subway y piensa que es un mantecado o un sándwich de jamón, y cualquier día de estos va a lograr que en la Terminal Antorcha se vuelvan a estrellar los convoyes.

ALCALDESA: (Se le escapa el acento castizo) ¡Eso ni de coña! ¡Oiga, está usted muy mal informao! Lo de los trenes fueron los jesuitas comunistas infiltrados que trataron de dar un golpe de Estado cuando gobernaba el de los zapatos ese... el de las cejas en forma de acento circunflejo.

PEDRO: ¡Pero si usted no sabe nada de Historia! ¡Qué bárbara! El de los zapatos no estaba entonces; acababa de morir el Gran Dictador en su cama y por fin tuvimos un gobierno socialista decente, con derechos ciudadanos. Y eso, señora mía, es algo que ustedes en el casino y el club de campo todavía no soportan.

ALCALDESA: (Pierde los papeles, acercándose a él) ¡Impresentable! ¡Fregona de Bruselas! ¡Nepotista! ¡Ladrón de escaños! ¿Acaso se cree muy guapo y por eso no usa corbata ni traje completo? ¿Viene a debatir o a venderme un seguro de vida?

PEDRO: (Sonríe con superioridad) Y usted se siente de la realeza, efectivamente, y por eso sale cada semana posando en la revista Nos Vemos... o en el ¡Hola!.

ALCALDESA: ¿Cómo que ¡Hola!?

PEDRO: ¡Pues Hola! Así, con ese tonito de niña fresa, de marquesa ofendida que le celebran las hormigas de peluche en ese programucho nocturno.

ALCALDESA: ¡Mejor mis hormigas que sus panfletos! Que a usted los canales que patrocina con dinero público le hacen entrevistas a modo, con violines de fondo. ¡Usted es una pava vanidosa!

PEDRO: ¡Y usted un mequetrefe con faldas!

ALCALDESA: ¡Le digo que van a perder!

PEDRO: Y yo le digo que si ustedes ganan será únicamente con la ayuda del Norte. Con los dólares y los algoritmos de ese güero de la corbata roja que llega hasta el suelo y que tiene sus narices metidas en todos lados. Aunque mire, en Brasil no pudo, ¿eh? Ahí sí que le salió el chirrión por el palito.

ALCALDESA: (Burlona) ¡Ja! Usted ni hablar sabe, así no es el refrán... ¡Se dice que "se le aguaron las naves"!

PEDRO: ¡Se le quemaron las naves, ignorante! ¡Las naves se queman, no se aguan! (Mirando hacia las cámaras apagadas, en falso tono de súplica cómica). ¡Ay, ayuda con esta bruja, Ayuso... digo, auxilio, ayuda! ¡Que esto es un buen programa institucional, no lo eche a perder con su incultura!

ALCALDESA: (Se detiene en seco. Olfatea el aire con gesto de asco). Bueno, mire... yo mejor lo dejo en paz porque aquí huele a gas. Huele muchísimo a gas.

PEDRO: (Arreglándose el cuello de la camisa) Pues no será por mí. Mi gestión es limpia y ecológica; yo no me estoy pudriendo por dentro como otros partidos que llevan treinta años en formol.

ALCALDESA: ¡Oiga, no sea grosero! (Lo mira con espanto) ¡Y no me levante las cejas usted también a lo Feijóo, que se ve usted muy feíto cuando me imita! ¡Jajaja! ¡Es usted un demagogo de manual!

PEDRO: Y usted una corrupta. Y sus tres padrinos ideológicos, peor.

ALCALDESA: Yo no tengo esqueletos en el armario, querido.

PEDRO: ¡Claro que no los tiene en el armario, los tiene todos a la vista en el balcón, desorientada! Hágame un favor: váyase otra vez de viaje a México a ver si allá la convierten en calaverita de azúcar y nos deja legislar en paz.

ALCALDESA: (Espantada, llevándose la mano al collar de perlas) ¡Oiga, no! ¡Yo no regreso a ese país de asesinos y populistas! Además, le recuerdo que ellos son un país gracias a nosotros. ¡Llegamos con la cruz y el urbanismo!

PEDRO: (Irónico) ¡Claro, hombre! ¡Cómo no! Como si los olmecas no hubieran estado tallando cabezas gigantes al mismo tiempo que los egipcios ya eran grandes... ¡Usted cree que el mundo empezó cuando inauguraron El Corte Inglés!

ALCALDESA: ¡No es cierto lo de los egipcios, eso es propaganda indigenista! ¡Nosotros les enseñamos a hablar español y a rezar!

PEDRO: Sí, y bien que usted se fue directito a las playas del Caribe cuando la corrieron de su primer puesto en el partido.

ALCALDESA: (Con dignidad herida, recogiendo su bolso) ¡A mí no me corrieron, yo me fui a reflexionar frente al mar!

PEDRO: (Cambia de pronto al tono frío y distante. Señala la puerta del estudio). Oiga... mejor váyase ya. Tengo una entrevista privada con la cámara. Un mensaje a la nación. Y le aseguro que no voy a hablar mal de usted; ni siquiera la voy a mencionar. Solo voy a hablar de todo lo que hemos logrado. Quédese en paz. (Pausa breve. La mira desde la sombra del plató). Y tenga cuidado con esa fuga de gas en los pasillos, no le vaya a explotar en la cara antes de las urnas. Ah... y cuidado cuando cruce la calle al salir del canal. Hay gente ahí afuera que no la quiere nada, nadita, nada.

(LA ALCALDESA lo mira un segundo en silencio, intenta decir algo más, pero resopla con desdén y sale taconeando con furia hacia la oscuridad del pasillo).

(PEDRO queda completamente solo en el centro del plató. Su expresión de furia desaparece al instante; se pasa la mano por el cabello, inhala hondo y clava una sonrisa radiante, casi inhumana, frente al lente de la cámara central).

VOZ DEL DIRECTOR EN OFF: ¡Silencio en el estudio! ¡Cortamos aire con el debate! ¡Empezamos mensaje oficial, señor Presidente! En tres, dos, uno... ¡Al momento del flash diga "Hola"!

(Salta un fogonazo de luz blanca sobre el rostro de PEDRO).

PEDRO: (Con voz aterciopelada, abriendo los brazos hacia el lente mientras el olor a gas invade el estudio) ¡Hola! ¡Holaaa, ciudadanos!

 


GAVARRE BENJAMIN: LO QUE SABE EL AGUA










LO QUE SABE EL AGUA © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

 



Lo que sabe el agua - Benjamín Gavarre

Lo que sabe el agua

Pieza en un acto

Benjamín Gavarre

Personajes

  • JULIÁN: El amante secreto de Elia. Conoce sus silencios nocturnos, pero hoy descubre que tampoco lo conocía del todo.
  • MARCOS: El compañero inseparable de entrenamientos. Franco, físico, desconcertado ante lo invisible.
  • GAEL: El amigo confidente. Observador, sensible a las corrientes ocultas del ánimo.
  • LAS SOMBRAS EN EL CRISTAL: Los reflejos de los tres amigos proyectados en el gran ventanal sin cortinas.

Escenario

Sala del departamento de Elia en un piso alto. Al fondo, un gran ventanal sin persianas da hacia la negrura de la noche. Como el interior está iluminado únicamente por una lámpara de pie de luz densa y amarillenta, el cristal funciona como un espejo oscuro: cada vez que Julián, Marcos o Gael se mueven, sus reflejos flotan suspendidos en el vacío exterior, con gestos que parecen más lentos, graves y distantes que los de sus propios cuerpos. En un rincón, una mochila de natación y un balón de básquetbol; en un estante, cuadernos de sueños, piedras minerales y un cuenco de bronce. Sobre la mesa, carpetas con fichas de búsqueda y tazas frías.

Al levantarse la luz, los tres están inmóviles. Parecen figuras atrapadas dentro de una vitrina observada desde la nada. Gael está de pie junto a la puerta de entrada, tocando el cerrojo de hierro. Marcos está sentado en el borde del sofá. Julián permanece cerca del ventanal, sin atreverse a pegar las manos al vidrio.

Acto Único

Se instala un silencio espeso. En el cristal del fondo, los reflejos de los tres parecen más pálidos e inmóviles que ellos mismos.

De pronto, tanto Marcos como Gael sufren un leve estremecimiento simultáneo y vuelven la cabeza bruscamente hacia el ventanal oscuro, como si alguien hubiera pronunciado sus nombres desde el aire exterior.

Antes de que Marcos termine la frase, la única lámpara encendida parpadea con un zumbido eléctrico y se apaga por completo. El departamento cae en una penumbra azulada, iluminada únicamente por el resplandor lejano de la luna y la ciudad que entra desde el ventanal. Ahora, las siluetas de los tres están recortadas a contraluz frente al vidrio.

Pausa larga. Ninguno se atreve a buscar el interruptor.

Los tres cierran los ojos. Permanecen rígidos en la penumbra. El silencio del edificio parece amplificarse.

La última palabra de Gael cae como una piedra en un pozo. Se instala un silencio eterno, absoluto, casi irrespirable. Ya nadie se mueve. Parecen haberse convertido finalmente en las figuras mudas y espiritualizadas del teatro de sombras que se reflejaban en el ventanal. El tiempo se congela.

De pronto, desde el pasillo exterior, rompiendo la quietud sepulcral de la noche, se escucha el roce metálico e inconfundible de una llave buscando la ranura de la puerta principal del departamento.

Los tres contienen el aliento al unísono.

La llave entra en el cilindro. El mecanismo interior gira con dos golpes secos y pesados, descorriendo el cerrojo que Gael había tocado al principio. El picaporte metálico cede lentamente hacia abajo, a punto de abrir la puerta.

Julián, Marcos y Gael quedan de pie, petrificados, con los ojos desorbitados fijos en la madera que comienza a separarse del marco, suspendidos entre el terror de lo imposible y el milagro.

OSCURO SÚBITO

© Benjamín Gavarre. Todos los derechos reservados.

LO QUE SABE EL AGUA © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

GAVARRE BENJAMIN: WHAT THE WATER KNOWS








WHAT YHE WATER KNOWS © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

What the Water Knows - Benjamín Gavarre

What the Water Knows

A Play in One Act

Benjamín Gavarre

Characters

  • JULIAN: Eli’s secret lover. He knows Eli’s nocturnal silences, yet tonight he realizes he never truly knew him at all.
  • MARCUS: Eli’s inseparable training partner. Direct, physical, bewildered by the invisible.
  • LIAM: The close friend and confidant. Observant, attuned to the hidden undercurrents of the mind.
  • THE SHADOWS IN THE GLASS: The reflections of the three friends cast against the tall, uncurtained window.

Setting

The living room of Eli’s high-rise apartment at night. Upstage, a wide, uncurtained picture window opens onto the pitch-black void of the city. Because the room is lit solely by a single floor lamp casting a dense, amber glow, the glass acts as a dark mirror: whenever Julian, Marcus, or Liam move, their reflections float suspended in the outer darkness, their gestures appearing slower, graver, and more distant than their actual bodies. In one corner sit a swim bag and a basketball; on a shelf rest dream journals, raw mineral stones, and a bronze singing bowl. On the coffee table lie folders stuffed with Missing Person flyers and cold mugs of coffee.

At rise, the three men are motionless. They look like figures trapped inside a display case being watched from the void. Liam stands by the front door, his fingers resting on the heavy deadbolt. Marcus sits on the edge of the sofa. Julian stands near the picture window, not daring to press his hands against the glass.

Scene

LIAM. —(Slowly letting go of the deadbolt). Eli installed two steel latches and a chain on this door last month. He always double-locked it before going to bed. He thought securing the wood was enough to keep danger out in the hallway... We bolt the doors of our homes believing we’ve foreseen everything that can be foreseen, never realizing the world doesn't end at our walls, and that tragedy never makes a sound when it slips through the lock.

MARCUS. —There has to be a trace somewhere, Liam. We hit all four hospitals in the district, the precincts, the county morgue... We looked into steel drawers nobody should ever have to look into. He’s not on the intake logs, not in holding, not among the John Does. A grown man doesn't just evaporate from city records like smoke.

JULIAN. —We’ve been repeating the exact same thing for fourteen days just to keep from falling silent. We talk and talk around his absence so the quiet doesn't come crashing down on us all at once. I’m terrified of the minute we run out of paperwork to file or hospitals to check... That’s when something inside us is really going to tear apart.

LIAM. —(Staring at the window). Look at us in that glass. Ever since night fell, I’ve been afraid to look up. It feels like we’re at the bottom of an aquarium, and there’s someone out there in the dark watching us wait—someone who knows a simple, terrible truth we still haven't figured out.

MARCUS. —There’s nobody out there, Liam. We’re on the sixth floor. It’s just the three of us—the only family he had in this world. (Pause. He rubs the back of his neck, uneasy). Well... I thought we were his family. After what you told us an hour ago, Julian, I feel like I spent five years training next to a complete stranger.

JULIAN. —He wasn't a stranger to you. He loved you in his own way.

MARCUS. —He never breathed a word to me about the two of you! We trained together almost every single day. Pickup basketball in the evenings, swimming laps at dawn, out-of-town tournaments, every sport you can name... I was his shadow on the court and in the lane. We spent hours in the steam room and under the locker room showers, wrapped in fog, talking about life, exhaustion, whatever nonsense came to mind... How can you stand naked across from your best friend for years and never once suspect he’s in love with another man?

JULIAN. —(With a tired, razor-thin half-smile). Maybe you just weren't his type, Marcus.

MARCUS. —(Looks up, without anger, caught in genuine doubt). And what if I was? Who ever really knows what’s going through the head of the guy standing next to you? Maybe if he’d said a single word, if he’d given me a sign in the steam... Eli wasn't a bad guy. Far from it. Maybe our friendship could have been something more...

LIAM. —(Interrupting, thrown off). Come on, man, don't start spinning things. You’ve had a girlfriend for years—you’re about to move in with her. That’s the exact reason he kept his private life from you, because he saw you settled in your world and didn't want to make things weird.

MARCUS. —I didn't say it was impossible. You think you know what you want until something is taken right out from in front of you. I always had a soft spot for him; he had a way of looking at you that just put you at ease. And honestly... his body was a sculpture. When he’d pull himself out of the pool and just stand there catching his breath on the deck—a guy isn't made of stone. You see beauty like that even if you don't know what to call it.

A thick silence settles over the room. In the glass upstage, the reflections of the three men look paler and more motionless than they do.

LIAM. —(Softly). It’s strange... Yesterday we would have talked about him the way we always did, trading jokes, but all it takes is for someone to vanish for us to see them for the very first time. We live months and years shoulder to shoulder with someone who maybe doesn't belong to this world anymore, and we’re blind to it. They say ordinary, indifferent things: “Pass me the towel,” “Looks like rain tomorrow,” “We’re out of coffee”... They smile the way people smile when they’re afraid of being misunderstood, and we answer without thinking, while entire continents are collapsing inside their chests.

JULIAN. —(Flatly, eyes on the floor). And now he’s dead.

LIAM. —We don't know that. Don't put that into words yet. He might still walk through that door.

JULIAN. —After two weeks? Two weeks is the exact cutoff where even the detectives fold their hands and write a missing person off as dead. They pat us on the back, sure, but to them Eli is already a cold file. Either he’s in a ditch, or he was abducted off some highway, or they harvested him for organs in some back-alley clinic...

MARCUS. —Don't go there, Julian! Shut up! What if he comes back tonight and hears you saying that sick stuff?

JULIAN. —And what if he’s been dead since the very first minute he stopped answering our texts, and here we are sitting under his lamp, dividing up the pieces of who he was and wondering who he wanted to sleep with?

Suddenly, both Marcus and Liam shudder at the exact same instant and snap their heads toward the dark window, as if someone had whispered their names from the night air outside.

MARCUS. —(Touching his shoulders). Did you feel that?

JULIAN. —Feel what?

MARCUS. —A weird chill... My skin just crawled all at once, like when your back is turned and you feel someone staring dead at you from across the street.

LIAM. —(Without taking his eyes off the glass). Maybe he’s listening to us right now. We don't know how far the soul reaches around the living once the body gets lost.

MARCUS. —I don't think he’d be listening like that, like he’s hiding behind the couch. If he’s not on this plane anymore, spirits show up in more symbolic ways, don't they? They don't use words... they send a sign. Something breaking, a shadow that doesn't belong, a light that...

Before Marcus can finish the sentence, the single lit floor lamp flickers with an electrical buzz and dies completely. The apartment plunges into a bluish twilight, lit only by the distant glow of the moon and the streetlamp haze filtering through the window. Now, the silhouettes of the three men are sharply backlit against the glass.

MARCUS. —(In a whisper). ...a light that goes out.

A long pause. None of them dares to reach for the switch.

JULIAN. —(Whispering in the dark). They say when grief enters a house, everyone inside thinks the exact same thing at the same moment without speaking it. We all have the same image of him burned behind our eyes. Let’s test it. If a trace of him is still floating between these walls, let’s close our eyes. Forget the morgues and the police. Let’s ask him in silence what he would say to us right now.

All three close their eyes. They stand rigid in the gloom. The silence of the apartment building seems to amplify.

JULIAN. —(Eyes still shut). Red. That’s what he told me. Like a rush of blood or a heavy cloth dropped over my face.

MARCUS. —(Opening his eyes slowly, unsettled). I saw a flame. Small, smokeless, burning dead-still in the middle of nothing.

LIAM. —(Opening his eyes, heavy with sorrow). I saw a river. Slow water dragging dark branches toward the other bank... (He sighs). So it doesn't work. Not even in the dark can we find the same Eli.

JULIAN. —Or maybe it did work, and the messages are different because he was never just one person to us. He left each of us the piece we could bear: for me, the red wound; for you, the fire of the body you admired in silence; and for Liam, the current that carried him out of our hands.

LIAM. —He never cared for things that show themselves easily. While we thought life was about winning a game, paying rent, or grabbing dinner on Fridays, he’d sit on that rug meditating at three in the morning. He saw impossible worlds behind ordinary things; he talked about his dreams as if they were places more real than this room... He had too much thirst for a life this narrow.

MARCUS. —(Looking down at his own hands in the dim light). What if he really did die... and at this exact second he already knows all the secrets we’ll never figure out?

JULIAN. —What are you talking about, Marcus?

MARCUS. —Think about it. The great mysteries of life and death he was always chasing with his eyes closed. If he crossed over to the other side, he already knows what’s behind the curtain. He understands why we’re born, where the pain goes when you run out of air... He’s infinitely ahead of us now. He’d be looking down at us from somewhere high up, watching us shiver in his living room knowing nothing about anything, like scared kids behind a windowpane.

JULIAN. —(With a cracked laugh, on the verge of tears). And what if he’s alive? What if he just got sick of our tiny little lives, went off to walk without a map, and when he gets back he laughs in our faces for turning into philosophers and ghosts while he was gone?

LIAM. —Too much speculation... We talk too much because we don't know how to hold his name without it burning our mouths.

Liam’s last word drops like a stone into a well. An eternal, absolute, almost unbreathable silence takes over. Nobody moves. They seem to have finally become the mute, spiritualized figures of the shadow play reflected in the window. Time freezes.

Suddenly, from the hallway outside, shattering the sepulchral stillness of the night, comes the unmistakable metallic scrape of a key finding the slot of the apartment's front door.

All three hold their breath as one.

The key slides into the cylinder. The internal mechanism turns with two heavy, dry clicks, drawing back the deadbolt Liam had touched at the beginning. The metal door handle slowly presses down, about to push the door open.

Julian, Marcus, and Liam stand petrified, eyes wide and locked on the wood as it begins to separate from the doorframe, suspended between the terror of the impossible and a miracle.

SUDDEN BLACKOUT

© Benjamín Gavarre. All rights reserved.

WHAT YHE WATER KNOWS © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

domingo, 25 de octubre de 2026

GAVARRE BENJAMIN: EL SUEÑO DEL CUERVO Y LA ZORRA.

  

 

 

EL SUEÑO DEL CUERVO Y LA ZORRA

de Benjamin Gavarre


EL SUEÑO DEL CUERVO Y LA ZORRA © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0


 EL SUEÑO DEL CUERVO Y LA ZORRA © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

El sueño del cuervo y la zorra es una farsa onírica en un acto donde la clásica fábula de Esopo colisiona con el teatro del absurdo y la comedia ácida. La obra nos sumerge en la mente adormilada de Mateo —el ingenuo "Cuervo"—, un joven bonachón sin el menor talento para el básquetbol que guarda en el bolsillo su "queso" más preciado: las llaves de su camioneta y la ilusión de ser amado. Alrededor de su siesta orbitan Elizabeth —una "Zorra" delirante en vestido de lentejuelas con etiqueta y ruidosos zapatos ortopédicos—, una implacable dupla matriarcal conformada por su madre Doña Carmen y la astuta Chayito, un vendedor surrealista que muta de oficio conforme avanza la pesadilla, y Lalo, el amigo sarcástico pero incondicional cuya lealtad silenciosa es lo único real dentro del sueño. Entre pantomimas mudas, emboscadas con aroma a restaurante Sanborns y electrodomésticos que aspiran mentiras, la pieza desnuda con humor negro la ceguera del enamoramiento frente a la autenticidad de la amistad fraterna.

 

 

EL SUEÑO DEL CUERVO Y LA ZORRA

Personajes:

  • MATEO: Un joven chaparrito, moreno y bonachón. No tiene talento para el básquetbol.
  • LALO: Amigo de Mateo, un poco más alto, sarcástico, rudo pero leal.
  • ELIZABETH: La novia interesada. Pretenciosa, usa zapatos ortopédicos ruidosos y peluca rubia.
  • DOÑA CARMEN: Mamá de Mateo. Firme, irónica y protectora.
  • CHAYITO: La asistente del hogar. Pícara, observadora y de armas tomar.
  • VENDEDOR DISRUPTOR: Personaje onírico que cambia de oficio (Biblias, Tiempos Compartidos, Aspiradoras).

CUADRO I: La Cancha de la Dimensión Superior

(El escenario simula un loft que se confunde con una cancha de básquetbol. MATEO está tirado en el suelo boca arriba, exhausto y con la boca abierta. LALO está de pie junto a él, sosteniendo un balón invisible bajo el brazo).

LALO: Tienes la gracia de un osopatasdeoso jugando básquet, Mateo. Pareces un llaverito de Pug tratando de encestar. Treinta minutos en la duela y tu único punto fue una mosca negra al borde de tu short. Un punto muerto.

MATEO: (Desde el piso, con voz engolada de galán de cine mudo) Es mi estilo, Lalo. Un minimalismo físico. Elizabeth dice que mi torpeza es la prueba de una mente superior que habita en otra dimensión.

(Entra ELIZABETH. Trae la peluca rubia ligeramente descentrada, un vestido de lentejuelas con la etiqueta de cartón arrastrando y los clásicos zapatos ortopédicos blancos que hacen un sonido estridente de suela de hule contra el piso: ¡CHUIC-CHUIC-CHUIC!).

ELIZABETH: ¡Claro que sí, mi chocorrol con piña! (Se le trepa encima bruscamente como gata en balcón, devorándolo en el suelo). ¡Qué manera tan poética de besar el cemento! Oye, mi vida, hablando de dimensiones superiores... dame las llaves de la camioneta. Voy a la Facultad de Medicina a extirpar un apéndice. ¡La ciencia no espera!

DOÑA CARMEN: (Asomándose desde la cocina con una taza de café negro y una mirada de hielo) ¿Cuál papá, Elizabeth? Porque si te refieres al difunto padre de Mateo, vas a tener que ir a desenterrarlo al panteón de nunca jamás, porque nadie sabe dónde quedó.

ELIZABETH: (Pestañeando con furia, súbitamente nerviosa) ¡Ay, suegrita, no bromee! El señor padre de Mateo tiene acciones muy importantes en la bolsa y pienso quedarme… ¡pienso demostrarle que soy lo mejor para su hijo!

CHAYITO: (Pasando con una escoba y barriendo directamente los zapatos de Elizabeth) No, mi niña, el patrón es más volátil que el gas natural. Un día dicen que vive en una comuna hippie en Tepotzotlán haciendo dijes de venturina, otro que huyó con una edecán a Las Vegas, y ayer el lechero aseguró que lo vio vendiendo cobijas en el Metro Balderas. A ese señor nadie lo encuentra ni con…  Así que el coche no se mueve… Y de acciones, mejor ni hablemos; literal, él ya no está con nosotros.

ELIZABETH: (Fingiendo un desmayo artístico, desplomándose dramáticamente sobre el sillón) ¡Me quieren boicotear! ¡No soportan que una mujer de alcurnia, con futuros doctores en su árbol genealógico, entre a esta familia de… ¡miserables embusteros! Mateo... diles algo a tus sirvientas o te quito el derecho a besarme la mano.

(Mateo, confundido y con la boca abierta, emite un sonido de paloma asustada).

MATEO: Elizabeth, no las insultes… y Doña Carmen es mi mami, ¿recuerdas?


CUADRO II: El Dúo Mudo y el Pánico Escénico de la Zorra

(Doña Carmen y Chayito se retiran discretamente a una esquina, sentadas en banquitos de madera, observando la escena como si vieran una función de títeres).

(Comienza una escena muda. Mateo y Lalo, sin decir una sola palabra, ignoran por completo a Elizabeth e inician una coreografía de comunicación corporal intensa, bizarra y sutil. Lalo cruza los brazos, mira fijamente a Mateo y hace un chasquido con los dedos hacia abajo para ordenarle "ponte derecho". Mateo responde abriendo los ojos desmesuradamente, se toca la barbilla, saca la lengua un segundo y hace un movimiento de caderas simulando un tiro al aro fallido. Lalo niega con la cabeza, esboza una sonrisa de medio lado, se quita la sudadera lentamente revelando los hombros y le lanza un guiño al vacío. Al ver esto, Mateo se sacude entero, finge un infarto mudo, se arrodilla y le ofrece el balón invisible como si fuera una ofrenda azteca).

(Elizabeth, al verse completamente desplazada por la pantomima, entra en un trance de posesión rockera. Despeinada y con los ojos cerrados, empieza a imitar a Janis Joplin: desgarra la voz, azota la cabeza contra el suelo y se dobla por la mitad sufriendo un dolor cósmico mientras berrea a capela).

ELIZABETH: (Aullando con vibrato agónico) ¡Oh Lord, won't you buy me a Mercedes Benz! ¡Escúchenme! ¡Sientan el dolor de mi corazón roquero! (Da un pisotón estridente con sus zapatos ortopédicos y se tuerce como si le diera un calambre). ¡Miren mi flexibilidad de diva del escenario! ¡Mateo, abrázame, que me muero de pasión sin medida y tú prefieres ver a un hombre sudado!

(Mateo y Lalo ni la voltean a ver. Continúan su diálogo mudo: Lalo le dibuja un corazón en el aire con los dedos; Mateo lo atrapa en el aire con destreza, se lo mete a la boca como si fuera un chicle y le hace una seña de "te quedó delicioso").

ELIZABETH: (Al borde del colapso, tirándose de los pelos y arrancándose la peluca a tirones) ¡¿Me están ignorando por culpa de su obsesión mística con el básquetbol?! ¡Son unos infames adictos al balón! Yo de verdad no entiendo cómo no pueden ver mi talento... (De pronto, cambia el tono, se endereza y se mece los atributos con desesperación afectiva). ¡Mírenme! ¡Soy Artemisa la diosa del sol!

(Mateo y Lalo detienen por completo su pantomima. Se le quedan mirando fijamente, estáticos, con una ceja levantada y una cara absoluta de: "¿En serio esta mujer no se da cuenta del ridículo que está haciendo?").

MATEO Y LALO:  Mal, mal, mal…   Afrodita, la diosa de la belleza, ¿verdad?

(De pronto, la puerta se abre de golpe. Entra un hombre impecable, vistiendo un traje café oscuro, peinado con gomina hacia atrás y sosteniendo un portafolios de cuero con extrema elegancia. Saluda con una reverencia perfecta y una sonrisa sumamente educada).

VENDEDOR: Muy buenas tardes tengan todos ustedes, distinguidos caballeros y bella dama. Disculpen la interrupción en este espléndido día. Vengo ofreciendo de la manera más atenta la Sagrada Biblia Ilustrada, una obra cumbre para el regocijo del espíritu familiar. ¿Les interesaría adquirir un ejemplar?

LALO: (Con tremenda flojera) Ay, no me jodas, hermano. ¿Biblias? Ya nadie vende biblias a domicilio, estamos en el siglo veintiuno. La fe ya viene en formato PDF.

(Efecto de sueño: La sonrisa del vendedor desaparece al instante. Sus ojos giran en blanco, las costuras de su traje se descosen solas y azota el portafolios contra el piso mientras la luz de la habitación se torna roja y apocalíptica).

VENDEDOR: ¡¿PDF?! ¡Blasfemos! ¡Están todos bajo LA MALDICIÓN de Nosferatu! ¡Yo los condeno al fuego eterno del infierno y la Gehena! ¡Vampiros del Apocalipsis, arderán en el azufre por rechazar la verdad divina!


CUADRO III: La Emboscada en el Sanborns de los Horrores

(Al grito de «¡LA MALDICIÓN!», ocurre una transformación teatral instantánea: se escucha el tintineo de una vajilla y las luces del loft cambian a un tono cálido y amarillento, idéntico al de un restaurante tipo Sanborns. Doña Carmen y Chayito aparecen mágicamente sentadas en una mesita de madera, tomando el té con absoluta parsimonia).

CHAYITO: ¿La señora quiere té?

ELIZABETH: (Confundida, parpadeando ante el cambio de escenario) ¿Yo... soy la señora?

DOÑA CARMEN: (Agitando la tetera como si fuera una lámpara mágica) Claro, Lily... o ¿te decimos Betsy, o Betty, o Ely? Es que Elizabeth es un nombre tan largo... Toma, una galleta.

ELIZABETH: Bueno... pero una o dos. ¿Son de chocolate?

CHAYITO: De chocolate con piñón... yo las hice.

ELIZABETH: Ah, pero qué bien. Se nota que están... (Mira unas galletas enormes y deformes, salpicadas con pasas negras que tienen un aspecto siniestro). Muy...

CHAYITO: (Con una expresión de película de terror) ¡CHOCOLATE!

DOÑA CARMEN: Lalito, Mateo... vénganse a sentar. Mami les preparó una sorpresa.

MATEO: ¿Sí, mami?

LALO: Gracias, señora. Me encantan las sorpresas.

ELIZABETH: (A Lalo) Es para mí, idiota, ¿no te das cuenta?

LALO: Tú cómete tus galletas con insectos.

ELIZABETH: Oye, no había reparado en tus tenis de pobre... ¿Sí te das cuenta de que se te salen los dedos por no traer calcetines?

(Emboscada coordinada: Mientras Elizabeth se burla de Lalo, Chayito la distrae dándole un leve pero firme escobazo en los pies. Elizabeth baja la mirada indignada y, en ese milisegundo, Doña Carmen surge por detrás y le pasa una sábana húmeda por la cabeza. Entre las dos mujeres la hacen dar vueltas como si jugaran a la gallinita ciega, provocando que Elizabeth grite y manotee desesperada hasta que logra zafarse).

ELIZABETH: (Aterrorizada, acomodándose la ropa y señalándolas con un dedo tembloroso) ¡Están locas! ¡Esta casa es un manicomio!

MATEO: Mamá... ¿por qué hiciste eso? Y usted, Chayito... ¿qué, no tienen educación?

DOÑA CARMEN: Es verdad. Siéntate, pequeña. Y háblanos de tus verdaderas intenciones con nuestro hijo.

ELIZABETH: ¿Intenciones? Pues yo... (Decide jugarse su última carta y empieza a lanzar toda clase de elogios exagerados a Mateo). Mateo es tan buen partido... un muchacho ejemplar. Yo lo he visto en la cancha y es un atleta. Es tan buen mozo, es guapísimo, generoso... y siempre me ha caído muy, muy bien. ¡Lo amo!

MATEO: (Emocionándose al borde de las lágrimas por las palabras de Elizabeth) ¿De verdad, Liz? Yo pensé que solo querías venderme una póliza de seguros...

(Tocan a la puerta con fuerza. Lalo abre. Entra el VENDEDOR DISRUPTOR, pero la lógica del sueño lo ha transformado: ahora viste una guayabera floreada, trae lentes de sol y carga folletos brillantes).

VENDEDOR DE TIEMPOS COMPARTIDOS: Mire, joven: una puesta de sol en Acapulco, otra en Hawái, otra en Cancún y otra en Puerto Vallarta... Usted escoge. Puede ir a la casa de sus sueños en este tiempo compartido que...

LALO: (Fastidiado) No compramos nada. Largo.

VENDEDOR DE TIEMPOS COMPARTIDOS: ¡Ah, pues usted se equivoca, amigo! Si no me compra, sufrirá las consecuencias: tendrá una vida solitaria, sedienta de diversiones... ¡pero nunca, nunca, escúcheme bien, NUNCA saldrá más de vacaciones!

LALO: Sí, sí, amigo... oiga, ¿que usted no vendía Biblias hace cinco minutos?

(Efecto visual de esfumado: En cuanto Lalo cuestiona su identidad, las luces parpadean, se escucha el sonido de un proyector de cine apagándose y el Vendedor se evapora instantáneamente del escenario, dejando caer sus folletos al suelo. Mateo retoma la conversación en su burbuja romántica, ignorando el corte).

MATEO: ¡De verdad, Liz! Yo pensé que solo querías venderme una póliza de seguros...

ELIZABETH: (Adulándolo como la zorra al cuervo) Te amo, Mateo. Desde la primera vez que vi el rayo de sol que se posó sobre tu hermoso pelo... desde que los pajarillos cantaron al ver lo luminosos que son tus ojos y tu sonrisa de ángel...

MATEO: ¡Sigue, sigue! Qué palabras tan bonitas y dulces, nunca nadie me había hablado de esa forma.

(Elizabeth lo toma de las manos y lo levanta del suelo con brusquedad).

ELIZABETH: ¡Bésame, Mateo, soy tuya! Yo quiero una vida llena de emociones y de amor contigo. Tendremos niños... ¡cuatro niños!

MATEO: ¡¿Cuatro niños?!

ELIZABETH: O cuatro perros chiquitos, como hámsters... Yo los cuidaré. Tú irás al trabajo y pagarás la renta... digo, ¡me amarás todos los días! Iremos a cenar, a bailar...

LALO: Y van a dejar solos a los perros... eso no suena bien.

ELIZABETH: ¡Tú cállate!

MATEO: Liz, yo... quisiera amarte tanto como tú me amas, pero yo...

ELIZABETH: (Soltando otra retahíla de lisonjas para no dejarlo pensar) ¡Tú eres el sol de mi vida! ¡Eres mi cielo! ¡Eres mi destino! ¡Amémonos, Mateo, hoy y siempre!

MATEO: ¡Lizy, vida mía!

ELIZABETH: ¡Mateo mío, mío, mío...!

(Suena otra vez la puerta de forma insistente. Lalo abre y se topa de nuevo con el VENDEDOR DISRUPTOR, quien ahora sostiene un enorme tubo de metal cromado y una caja).

VENDEDOR DE ASPIRADORAS: ¡Aspiradoras, joven! Son lo último en tecnología aeroespacial. Usted puede limpiar...

LALO: Sé lo que son las aspiradoras. Largo de aquí.

VENDEDOR DE ASPIRADORAS: (Metiendo bruscamente el pie para evitar que cierre la puerta) ¡Mire, joven, usted no sabe qué buenas aspiradoras vendo yo, mire! ¡Esta máquina no solo aspira polvo, aspira las mentiras de alta alcurnia, los contratos fraudulentos y las falsas promesas de amor!

(El vendedor enciende la máquina con un rugido ensordecedor que hace vibrar todo el loft. Apunta el enorme tubo cromado directamente hacia Elizabeth, cuyo vestido empieza a ser succionado).

ELIZABETH: ¡Apaga ese artefacto infernal! ¡Está succionando mi estabilidad socioeconómica! ¡Mateo, haz algo, me va a arrancar los zapatos ortopédicos!

DOÑA CARMEN: (Levantándose de la mesa con pasmosa tranquilidad, apuntándola con su cucharilla de té) Déjelo prendido, joven. A ver si ese aparato le aspira los aires de grandeza a esta bribona. ¿Alumna predilecta del quirófano? ¡Por favor! Si lo único que sabes operar es la cartera de mi hijo.

CHAYITO: (Bloqueándole el paso con la escoba) ¡Exacto! Mucho árbol genealógico de doctores, pero bien que quería las llaves de la camioneta para ir a empeñarla. Ándele, mi niña, tómese otra galletita de insectos para los nervios.

ELIZABETH: (Acorralada entre la aspiradora, la escoba y las miradas de hielo, perdiendo por completo la compostura) ¡Váyanse al diablo todos! ¡Son una horda de miserables embusteros! ¡No pienso desgastar mi prestigio médico en este nido de… ALACRANES!

(Elizabeth huye despavorida hacia la puerta, esquivando la escoba y haciendo el ruidoso sonido: ¡CHUIC-CHUIC-CHUIC!, hasta perderse en el pasillo).

(Efecto visual de esfumado masivo: Se escucha un estallido sónico sutil, como un soplido de viento. La iluminación de Sanborns se apaga de golpe. El Vendedor de aspiradoras y su ruidosa máquina desaparecen en un parpadeo de oscuridad, dejando el loft en un silencio sepulcral).

(Doña Carmen y Chayito, con total parsimonia, se acomodan el delantal, guardan las planchas en un bote que traían de la nada y caminan hacia la salida con absoluta naturalidad).

DOÑA CARMEN: Bueno, ya que la muerta de hambre se ha ido… los dejamos a solas.

(Ambas salen del escenario haciendo pasos sincronizados de comedia muda, cerrando la puerta con un golpe seco).


CUADRO IV: El Despertar del Cuervo

(Quedan solos en el centro del escenario Mateo y Lalo. La atmósfera se vuelve íntima, casi de teatro de Beckett: absurda, despojada de artificios, suspendida en el tiempo bajo una luz cenital suave).

MATEO: (Mirando el espacio vacío donde estaba Elizabeth, tocándose la cabeza con torpeza) O sea... ¿entonces no estudiaba medicina? ¿Y mi papá? Él ya se murió, ¿cierto?

LALO: (Se acerca lentamente, le quita el balón imaginario de las manos, lo tira al suelo y lo pisa con suavidad. Habla con un tono de ironía pesada y sarcástica) No, Mateo, ¡cómo crees! Tu papá probablemente sea un donador de esperma anónimo y Elizabeth una estudiante de enfermería o una estafadora profesional... pero seguro que, en el fondo, muy en el fondo de su helado corazón, sí “te amaba”.

MATEO: (Conmovido, cayendo redondito en el sarcasmo) Sí, ¿verdad? Me amaba. Me hablaba muy bonito.

LALO: (Dándole un zape suave) ¡No, baboso! ¡Te lo dije de broma! ¡Quería quedarse con tu auto! Oye, ¿sí tienes las llaves todavía?

MATEO: Esas nunca las suelto.

LALO: Sabes... lo único real en este maldito sueño es que juegas básquetbol como si tuvieras piedras en los tenis.

MATEO: (Bajando la mirada, con una sonrisa tonta pero sincera; no registra el hecho de que Lalo le acaba de decir que está soñando) Pero me pasaste el balón con la mirada hace un momento. Lo vi clarísimo.

LALO: (Sufriendo un ataque de ternura forzada, suspira) Sí, Cuervo... te lo pasé porque eres el único idiota en toda la Ciudad de México que me aguanta los desplantes y no sabe tirar de tres puntos.

(Lalo lo toma de la nuca sin aspavientos, con un gesto seco, cotidiano y profundamente fraternal. Mateo se queda petrificado, parpadea tres veces, infla el buche como paloma aturdida y finalmente sonríe con absoluta paz).

MATEO: Soy un cuervo... Oye, ¿por qué me dices cuervo? ¿Crees que mañana podamos ir a la cancha?

LALO: A las seis de la mañana, Mateo. Y si no encestas, te voy a dejar encerrado con Elizabeth para que te siga diciendo cosas de zorra.

MATEO: Oye, no le digas así, no es tan mala persona...

LALO: Es por lo de la fábula, tarado... la que te adula para bajarte el queso y quedarse con todo. Te quedaste dormido y no llegaste a la cita para jugar básquetbol. Ya despiértate, Mateo... Mateo...

(Lalo le da una palmada firme en la espalda que lo hace trastabillar un poco. Mateo, visiblemente adormilado, se talla los ojos como si despertara de verdad. Ambos se dan media vuelta y caminan hombro con hombro hacia la cocina mientras las luces del loft bajan lentamente, sumergiendo el escenario en la penumbra).

APAGÓN FINAL.

EL SUEÑO DEL CUERVO Y LA ZORRA © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

Heroes: The Return to Netflix of the Landmark that Humanized the Myth.

A SECURE POSITION

A SECURE POSITION
a-secure-position-medical-farce-absurd.

HEROES

HEROES
HÉROES

Entradas populares

RESEÑA DE LA PELÍCULA

RESEÑA DE LA PELÍCULA
AMORES MATERIALISTAS

CUMBRES BORRASCOSAS 2026

CUMBRES BORRASCOSAS 2026
CRÓNICA CINEMATOGRÁFICA/EN: CINEDEBATE

Reseña de Half Man en CINEDEBATE: LOS SEIS EPISODIOS

Reseña de Half Man en CINEDEBATE: LOS SEIS EPISODIOS
UPDATE episodio 6. FINAL DE SERIE