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jueves, 18 de junio de 2026

Desfiguros y desvaríos: 4 obras breves de personas no tan estables.

 

 


Desfiguros y desvaríos

4 obras breves de personas no tan estables

De Gavarre Benjamin

© BENJAMIN GAVARRE SILVA
BENGAVARRE@GMAIL.COM


Sinopsis

Pieza I: La Corte de los Patos
La sala de una casa común en la gran ciudad se transforma en un zoológico imaginario cuando el padre de familia regresa del trabajo con una pequeña sorpresa. Convencido de que sus hijos son patos insolentes y su esposa una peligrosa oca gigante, desata una persecución que obligará a su familia a tomar una decisión: intentar calmarlo o arrojarse de cabeza con él a las frías aguas del polo sur. Una comedia absurda sobre la paciencia, el amor familiar y las paradójicas ventajas de naufragar juntos.

Pieza II: Beto y el Nunca Jamás
En un pequeño estudio, dos jóvenes músicos se enfrentan a un choque generacional extremo con Beto, un hombre de 56 años que está absolutamente convencido de tener 19. Entre discusiones sobre palabras viejas o nuevas y herramientas del presente, la realidad se filtra cruelmente a través de la cámara de una laptop. Una pieza que explora el miedo a envejecer, los mecanismos de defensa de la mente y la tierna amistad que la juventud puede ser capaz de dar sin pedir nada a cambio.

Pieza III: Se equivocó Marcelino, se equivocaba
Un soleado parque se convierte en el escenario de las constantes confusiones de Marcelino, un hombre agradable que le cambia los nombres y las formas a la realidad. Una pieza sobre la fragilidad de la memoria, la dignidad de ser diferente y la belleza de un entorno que elige sonreír y abrazar en lugar de juzgar.

Pieza IV: El fascinante guitarrista de los tics
El viaje de todos los días en el metro se topa con el muy peculiar personaje llamado Rey, un joven músico aquejado por los tics que lo dominan por momentos y que desafortunadamente desatan las peores reacciones de la gente. Sin embargo, a pesar del miedo, el orden se reestablece cuando Rey empieza a tocar su guitarra. El Rey artista logra conectar de manera inmediata con los pasajeros, gracias al prodigio de la música y el ritmo. La música tiene el poder de calmar a las fieras, y también a algunos humanos...


Pieza I: La Corte de los Patos

Personajes: PAPÁ (45), MAMÁ (40), TITO (9), GABO (8).

Escenario: La sala de una casa en alguna gran urbe. TITO y GABO brincan felizmente sobre los sillones de la sala. Entra el PAPÁ portando un portafolio; se detiene en seco, los mira con fijeza absoluta, parpadea desconcertado y trata de calmarlos.

PAPÁ

¡Cuac! ¡Cuac! ¡Pero bueno! ¿Qué hacen estos dos patitos encima del sofá? ¡Mis queridos Patos, bajen de los sillones de inmediato! ¡Van a llenar todo de plumas! ¡Cuac!

TITO

(A Gabo, saltando con entusiasmo)

¡Dice que somos patos! ¡Cuac, cuac, soy un pato, soy un pato cuak cuak, cui cui!

GABO

¡Cuicui! ¡CUICUI!

PAPÁ

(Indignado y moviendo los brazos)

¡Ah, ¿piensan que pueden insultar a su padre?, ¡patos groseros!… ¡Insolentes! ¡Al estanque vayan ahora mismo, vamos, o esta noche ceno pato a la naranja!

Entra MAMÁ con un delantal de cocina. Papá se voltea hacia ella, abre los ojos de par en par ante la imponente figura de su esposa y retrocede aterrorizado, protegiéndose con el portafolio.

PAPÁ

Por Júpiter y Saturno, ¡Una OCA gigante!, ¡Madre de Dios! ¡Cielo santo! ¡UPA! ¡Gigante, territorial y vengativa! ¡Cuac! ¡Cuidado, niños, corran, que nos quiere picotear!

LOS DOS NIÑOS

¡CUI, CUI, CUACK, CUACK!!!

MAMÁ

(Con los puños en las caderas, fulminándolo con la mirada, pero con el ánimo de jugar)

¿Oca gigante? ¡Al menos no me dijiste gorda! ¡Niños, vamos tras él: vamos a picotear a su papá pato! ¡Detente Pato Malvado!

Los niños se lanzan sobre el padre haciendo ruidos frenéticos de "¡cuac, cuic!". El PAPÁ corre despavorido alrededor de la mesa, tropieza torpemente con la alfombra y cae aparatosamente de espaldas, dándose un golpe seco en la cabeza contra el suelo. Silencio repentino. Se incorpora lentamente, sobándose la frente. Su mirada extraviada se recupera al igual que su lucidez.

PAPÁ

(Quejándose con dolor real)

¡Ay, mi cabeza!... Pero bueno, ¿qué les pasa a ustedes? ¿Por qué demonios me estaban persiguiendo? No es gracioso, ¿saben? ¡Casi me rompo el cuello y la columna!

TITO

(Se le acerca con ternura, sentándose en el suelo junto a él y dándole una palmadita en la rodilla)

Ay, papá... esta vez fueron patos. No te enojes. A veces nos confundes con monos y nos pones a comer plátanos.

GABO

Sí, papá. Ser patos nos gusta, pero… y si somos lobos, y si somos ratas… ¡Te vamos a morder!

TITO

(Con tono de advertencia infantil, pero dulce)

Y si un día ves a mamá como Rinoceronte, te va a aplastar seguro, Pá.

El Papá abraza a sus hijos, asustado pero conmovido, mirando de reojo a la esposa. Ella suspira con profunda resignation, se acerca y le extiende una compresa con hielos para el chichón. Papá toma la compresa, parpadea tres veces desorientado y mira a su esposa con asombro.

PAPÁ

(Conmovido)

¡Oh, gracias, mi hermosa ballena! Tú siempre nos salvas.

MAMÁ

(Dando un paso atrás, ofendida)

¿¡Ballena!? ¡Oye! ¡Te juro que no estoy gorda!

PAPÁ

(Ignorándola, se pone de pie de un salto sobre el sofá y señala al frente con el portafolio)

¡No hay tiempo para discusiones! Por los dioses, veo un trozo de Iceberg, ¡nos vamos a estrellar! (Señala la compresa de hielos que dejó en la mesa). ¡El barco se hunde! ¡Hijos, mis tiburones valientes... vamos a saltar a las gélidas aguas!

GABO y TITO

(Emocionados, subiéndose al sillón con él)

¡Sálvese quien pueda! ¡A las tres! ¡Una, dos... tres!

Los tres dan un salto gigante desde el sillón y caen "nadando" en la alfombra.

PAPÁ

(Boca abajo en la alfombra, pataleando con desesperación)

¡Ah, qué buen salto!... (Dramático) ¡Oigan, yo no sé nadar! ¡Auxilio, auxilio! No sé nadar porque soy un camello. ¡Auxilio, auxilio! ¡Ayudaaaaa!

Los niños empiezan a "rescatarlo" arrastrándolo por los pies mientras Papá escupe agua imaginaria.

MAMÁ

(Se lleva las manos a la cabeza, mirando al techo)

Dios dame paciencia... ¿Por qué no me convierto en rana, en iguana, en morsa? ¿Por quéeee?

(Oscuridad rápida)


Pieza II: Beto y el Nunca Jamás

Personajes: BETO (56), CHINO (23), CHEPO (24), VOZ DE IA (Fuera de escena).

Escenario: Un cuarto donde los muchachos ensayan. Baterías, platillos, cables por doquier y una laptop abierta sobre una mesa. CHINO y CHEPO acomodan sus cosas mientras platican. BETO examina una pesada campana de bronce con curiosidad juvenil.

CHINO

(Continuando una conversación que se infiere…)

…No, bellaco… Estás mal… Su coche no es una carcacha, es viejo, pero lo tunearon bien chido, y quedó… no sabes. La IA hizo lo suyo.

BETO

(Dejando el cencerro, sonriendo con ademanes juveniles)

Ah... yo sé mucho de bellacos… eran los malhechores en los Siglos de Oro. ¡Ah, bellaco, detente!

CHEPO

(Riéndose, compartiendo una mirada con Chino)

¿Qué dices, Beto? Estás mal, amigo. "Bellaco" viene de bellaquear, es decir, ponerse horny… Cachondo, para que me entiendas.

BETO

¡Ah, como con ganas!… ¿Caliente, no? ¡Yo sé de eso!... Oye, ¿y qué es eso de "tunearon"? ¿Es como sintonizas el radio?

CHINO

¿Radio? ¿Quién oye radio? Qué anticuado. ¡Nadie que yo conozca oye radio!

BETO

(Orgulloso y arqueando las cejas)

Pues me conoces a mí, ¿qué no? Y a mí… me gusta la frecuencia modulada. Yo siempre oigo música de los ochentas y noventas. Lo último de lo último.

CHEPO

(Con un guiño pícaro)

¡Ah, okeey! ¿Y de los dos mil nada?

BETO

(Con un guiño pícaro) Ah, qué chistoso, Chepo. Falta mucho para el próximo milenio. ¿Andas en el futuro o qué? ¿Y qué es eso de "IA"?

CHINO

Inteligencia Artificial, cómo no sabes. Mira, aquí está en nuestra lap, ahorita se prende la pantalla con la cámara.

Beto se acerca con curiosidad a la laptop. La pantalla se ilumina de golpe, mostrando el reflejo de la cámara web. Beto da un paso atrás, horrorizado, tocándose la cara.

BETO

¡Híjole! ¿Quién es ese viejo arrugado?... ¿¡Qué!? ¡Es horrible!

CHEPO

(Preocupado por la reacción, le habla directamente a la laptop)

Oye, tú... IA... ¿Quién es el hombre de la pantalla?

VOZ DE IA

(Firme, neutra, digital e impersonal)

El hombre de la pantalla se llama Beto. Su mente es como una película a la que se le borraron muchas escenas. Él imagina que su cerebro es un reproductor de video que se quedó atorado exactamente en el minuto diecinueve. Él no sabe que el tiempo avanzó afuera.

Las palabras de la inteligencia artificial impactan directamente el rostro de Beto. Sus ojos se abren con el horror de una verdad insoportable. Sus hombros se hunden, camina muy lentamente hacia la esquina más oscura del cuarto y se sienta en el suelo, abrazando sus rodillas fuertemente.

VOZ DE IA

Cuando ve su reflejo, el video se destraba por un segundo y le duele descubrir los años que se le perdieron. Pero no se preocupen. Esto es solo una falla pasajera del sistema. Muy pronto su mente volverá a protegerlo. Mañana, al despertar, el reproductor regresará al minuto diecinueve y volverá a ser el jovenazo alegre de siempre.

Chino y Chepo dejan las baquetas en silencio. Se miran con profunda tristeza, pero también con alivio por las palabras de la IA. Con suavidad, se acercan a la esquina oscura, se sientan en el piso a ambos lados de Beto. El Chino le pone un brazo sobre los hombros, abrigándolo en su silencio, mientras Chepo le da una palmada cómplice en la rodilla.

(Oscuridad)


Pieza III: Se equivocó Marcelino, se equivocaba

Personajes: ARTURO (35), MARCELINO (40), EL CARNICERO / PSIQUIATRA (55), LA MADRE (75).

Escenario: Un parque luminoso y arbolado con bancas. Hay paseantes que leen o descansan. El ambiente es cálido, relajado y pacífico.

MARCELINO da vueltas en círculo de manera extraña, como buscando el norte. Nadie se asusta; los paseantes lo miran con una sonrisa acostumbrada. Termina su vuelta y aborda con desbordante entusiasmo a un HOMBRE que lee un periódico.

MARCELINO

¡Arturo! Qué enorme gusto verte de nuevo. Nos conocimos en la universidad, ¿te acuerdas? Tantas materias teóricas fastidiosas que llevamos... Lo que de verdad nos gustaba a ambos era la actuación o la danza, no la aburridísima historia del teatro. ¡Los griegos, la Edad Media! ¡Qué flojera!

ARTURO

(Incómodo pero amable, bajando el periódico)

Disculpe, señor, se equivoca de persona. No me llamo Arturo... Bueno, sí me llamo Arturo, pero yo estudié Derecho. Soy abogado. Y no tengo clientes, así que imagínese si hubiera estudiado danza.

MARCELINO

¡Ah, así que eres abogado! ¿Sabes qué pasa cuando un abogado toma Viagra?

ARTURO

No, ¿qué?

MARCELINO

¡Crece y crece y crece! ¡Y luego estalla! (Estalla en carcajadas, él solo. Arturo sonríe, atrapado en ello) Solo una pequeña broma, amigo mío. Apuesto a que te sabes todo Sófocles. Las tragedias… Edipo… y…

ARTURO

No, amigo. La única tragedia griega que conozco es la de mi saldo en el banco. Ahora, si me disculpas, necesito ir a buscar unos clientes... O practicar un pasito de baile, por si acaso. (Le da una palmada amistosa en el hombro y sale alegremente).

La iluminación del parque cambia abruptamente a tonos magenta y verde neón con una atmósfera surrealista. Los transeúntes del parque se transforman: se colocan máscaras neutras o se mueven de manera coreografiada y robótica. MARCELINO recorre el espacio de un lado a otro con una agitación magnética, reaccionando con absoluta fascinación a eventos invisibles para el público.

MARCELINO

(Señalando con horror hacia el vacío)

¡No puede ser! Ese auto estuvo a punto de atropellar a la ancianita… ¿Está bien, señora?... Claro… ¡Solo fue un buen susto!

Un TRANSEÚNTE ENFURRUÑADO de andar pesado cruza el escenario. Marcelino se coloca detrás de él de inmediato y lo imita exageradamente, remarcando sus pasos pesados y su gesto agrio.

MARCELINO

Mira tú, amargado, con esa carota andas por la calle… ¡Ah! Y ten mucho cuidado porque se te va a caer encima un piano… (Mira al cielo, cubre sus orejas y hace un efecto de sonido bucal de explosión). ¡El piano! ¡El piano se le cayó en la cabeza! Ah, ni modo… él se lo buscó por antipático.

Una PAREJA DE NOVIOS camina cerca. Marcelino se interpone entre ellos, interrumpiendo su andar.

MARCELINO

¿Qué me ves, novio? ¿Crees que estoy viendo a tu novia? Te equivocas... Solo estoy pensando en que a ella la van a atacar unas abejas… ¡Corran, corran, amigos! ¡Las abejas asesinas llegaron! ¡Corran por sus vidas! (Los novios se alejan desconcertados. Marcelino agita los brazos ahuyentando insectos invisibles). Oigan, ¿dónde se metieron?... ¿Y las abejas?... ¿Dónde están las abejas?

El movimiento a su alrededor se detiene en seco. El ensamble de paseantes se congela en posiciones estilizadas. Marcelino se queda inmóvil en el centro del escenario, meditando en silencio y dando lentas vueltas en círculo sobre su propio eje.

VOZ EN OFF

(Una voz profunda, cálida y pausada)

Marcelino se queda un rato meditando, dando vueltas en círculos. Sabe muy bien que todo lo que ocurrió... pasó únicamente dentro de su cabeza.

MARCELINO

(Deteniéndose, mirando sus manos y luego al público con genuina confusión existencial)

Claro que todo pasó en mi cabeza. Pero si pasó en mi cabeza, ¿por qué sucedió también aquí afuera, en la calle?

La iluminación surrealista desaparece con un golpe de batería y regresa la luz blanca, cálida y brillante de la tarde de verano. El ritmo de percusiones ligeras se reanuda. Llega a sentarse el CARNICERO, quitándose un delantal limpio. Marcelino sale de su trance, sacude la cabeza y lo mira con excesiva solemnidad.

MARCELINO

Si hay algo que me apasiona y me preocupa, es el bienestar del reino animal... Oye, tú, hombre del delantal. Debería darte orgullo y a la vez una tremenda responsabilidad ser el guardián de los filetes. Es una pena que las vacas no aprecien tu oficio.

CARNICERO

(Sorprendido, pero divertido)

¿El guardián de los filetes? Mire, jefe, yo no me peleo con los gustos de nadie. Cada quien su estómago. Pero si quiere un consejo de vida, un buen filete a la pimienta cura todas las penas.

El Carnicero se pone unos anteojos de lectura y saca una libreta de notas, transformándose fluidamente en el PSIQUIATRA. La luz se focaliza. Marcelino, cansado de tanta actividad mental, se recuesta en la banca del parque como si fuera un diván, frotándose las sienes con exagerada teatralidad.

MARCELINO

Doctor Freud... qué bueno que vino al parque. Sabe, cierro los ojos un segundo y se me cambia el canal de la televisión mental. Ya no sé dónde estoy. Bueno, yo creo que sí sé, pero el mundo se mueve más rápido que mis conclusiones.

PSIQUIATRA

(Anotando con tono pausado y bonachón)

A ver, mi estimado Marcelino. Lo suyo no es un problema, es exceso de imaginación. Usted no confunde la realidad, solo le pone nombres y formas diferentes a las personas. Lo que usted necesita no es un hospital, es un buen par de minutos para respirar el aire del parque.

MARCELINO

(Suspirando, aliviado)

Eso suena muy bien… La imaginación… al poder, decía alguien.

DR. FREUD / CARNICERO

La realidad puede ser muy, muy aburrida. Gente como tú le da un poco de estilo. Quédate aquí, descansa y respira.

El Psiquiatra le guiña un ojo y se retira silbando una melodía ligera. Las luces generales del parque disminuyen suavemente a un tono de atardecer. Una luz cálida, difusa y dorada —como extraída de un viejo recuerdo— se enciende enfrente de la banca de Marcelino. De esa luz surge LA MADRE. Viste una ropa elegante, de otra época, y camina con una ligereza casi incorpórea. Marcelino se queda mirándola, con la expresión de un niño pequeño que por fin encuentra refugio.

MARCELINO

¡Mamá! ¿Ya salimos de la escuela? Se me olvidó dónde dejé la mochila... Y los miños del salón dicen que juego al revés. Mamá... ¿y papá? ¿Por qué se tardó hoy en venir?

LA MADRE se acerca despacio. Los PASEANTES del parque miran hacia Marcelino; para ellos la banca está vacía y él habla con el aire, pero lejos de burlarse o asustarse, se miran entre sí y sonreirán con una ternura infinita, respetando su íntimo momento. La Madre se sienta junto a él y le acaricia el cabello con una dulzura que traspasa el tiempo.

LA MADRE

(Con voz dulce y una sonrisa reconfortante)

Ay, mi amor. Acuérdate. Papá se nos adelantó hace muchos años. Se fue a abrir una sucursal en el cielo porque aquí ya no cabían sus chistes.

MARCELINO

(Con ojos muy abiertos, asimilando la información sin dolor, abrazando el aire con fuerza mientras ella lo rodea con sus brazos)

¿Se fue?... ¿And hace buen clima allá?

LA MADRE

El mejor clima del mundo, mi cielo. Y nos está esperando con una paciencia enorme. Pero mientras tanto, tú tienes que terminar tu paseo en este parque, que hoy está precioso. ¿Me acompañas a caminar un ratito?

MARCELINO

(Sonriendo con desbordante entusiasmo, poniéndose de pie)

Claro que sí, mamá. Pero camina derecho... como el abogado Arturo, el que bailaba con los griegos.

Marcelino extiende su brazo, acoplándose perfectamente al brazo de su madre. Comienza a caminar despacio y feliz bajo los árboles. La Madre camina a su lado, sonriéndole, hasta que cruza el límite de su haz de luz y desaparece suavemente. Marcelino sigue su marcha solo, pero notablemente aliviado y en paz. Los paseantes lo ven pasar y le asienten con la cabeza, sonriendo con simpatía y calidez. La luz dorada se va apagando lentamente hasta el oscuro final.

[FIN DE LA OBRA]


Obra IV: El fascinante guitarrista del Metro

Personajes: RAY (28), MARGARITA (45), NÉSTOR (70), EL CORO (Pasajeros diversos).

Escenografía: El interior de un vagón de metro en movimiento. El característico e hipnótico traqueteo metálico sobre las vías resuena en el espacio.

RAY entra al vagón un poco agitado, tropezando ligeramente. Se desploma pesadamente en uno de los asientos reservados debajo de un letrero de tránsito desgastado y medio grafiteado. MARGARITA lo mira de arriba abajo con desdén y le da un codazo a NÉSTOR.

MARGARITA

Míralo... Sano, joven, fuerte y en perfectas condiciones. Y se sienta descaradamente en el asiento reservado. Qué falta total de modales básicos. De verdad.

NÉSTOR

(Asintiendo con una mueca amarga)

La juventud de hoy está totalmente perdida. Ya no respetan nada. Ni a los ancianos, ni a las mujeres embarazadas... Es como si el resto de los ciudadanos fuéramos completamente invisibles.

MARGARITA

(Acomodando sus bolsas de supermercado)

Oh, no estoy esperando, gracias a Dios. Qué pena, pero esto es pura barriga.

De repente y sin previo aviso, RAY sufre un episodio agudo y violento de tics incontrolables. Todo su cuerpo se tensa como la cuerda de una guitarra. Lanza un chillido ensordecedor y agudo mientras su brazo derecho se sacude espasmódicamente hacia el techo del vagón.

RAY

(Gritando en medio del espasmo, golpeando rítmicamente con la mano la pared metálica del tren)

Oh, Dios mío, ya llegó, ya está aquí, de nuevo, no por favor, que pase rápido.

Todo el vagón del metro se congela instantáneamente del puro miedo. Margarita agarra con fuerza sus bolsas y corre hacia el extremo opuesto del vagón. Néstor busca refugio detrás de un pasamanos de metal. El resto de los pasajeros se dispersa, dejando a Ray aislado.

PASAJERO 1

¡Está loco!

PASAJERO 2

¡Le está dando un ataque!

PASAJERO 3

¡Nos va a asaltar!

MARGARITA

¡Que alguien jale el freno de emergencia! ¡Llamen a la policía!

El tren avanza. El episodio de tics de Ray se pasa de repente. Los pasajeros lo miran, incómodos. Él respira hondo, se acomoda la correa de la guitarra y los mira con una sonrisa serena y luminosa.

RAY

Lamento sinceramente que hayan tenido que presenciar mis muy inoportunos e indiscretos tics. Pero bueno... la voluntad del porvenir así lo quiso. Al final del día, uno tiene que aceptar y amar lo que es. Y yo soy esto... ¡y esto también!

Ray sonríe con picardía, da un primer acorde potente y virtuoso en su guitarra y comienza a tocar con un júbilo desbordante. El ambiente en el vagón del metro se llena de luz. Los pasajeros lo miran, todavía cautelosos, pero visiblemente magnetizados por su carisma. RAY rasguea las cuerdas de la guitarra con innegable virtuosismo. Golpea firmemente con el talón el suelo metálico del metro para marcar un tempo rápido y lleno de energía. Comienza a cantar una hermosa y rítmica melodía popular: una versión vibrante, acelerada y sumamente alegre de la canción "Bella Ciao" o "Bésame mucho". El sonido inunda todo el vagón, ahogando el ruido gris e industrial del tren. Mientras canta, el ritmo se vuelve irresistiblemente contagioso. Ray se mueve con una gracia natural. Néstor, inconscientemente, empieza a zapatear al ritmo de la música. Margarita esboza una tímida sonrisa, aflojando el agarre de sus bolsas. Ray concluye la pieza con un solo de guitarra casi imposible, limpio y brillante. La canción termina. El vagón cae en un segundo de silencio contenido... y de pronto, estallan aplausos y vítores unánimes.

PASAJERO 1

¡Qué bárbaro, maestro!

PASAJERO 2

¡Guau, eso estuvo genial!

NÉSTOR

(Aplaudiendo con entusiasmo)

¡Bravo! ¡Bravísimo! ¡Eso es tocar con el alma, hijo! ¡Olvídate del asiento reservado, te lo has ganado cien veces más!

MARGARITA

(Sonriendo ampliamente mientras busca en su bolso)

¡Qué talentazo! Qué maravilla, nos hiciste el viaje menos aburrido.

RAY pasa su sombrero y recoge las monedas con gratitud. Hace otra profunda reverencia como un bufón feliz y dichoso, agradeciendo el afecto colectivo con la mano derecha sobre el corazón: plenamente integrado en el tejido humano, libre de tics y dueño indiscutible del vagón del metro gracias al milagro sanador de su música. Las luces del metro empiezan a parpadear de forma festiva mientras el sonido de la guitarra se funde con un tema musical alegre y optimista que resuena en las cuatro historias.

[TELÓN FINAL PARA LAS CUATRO OBRAS]

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