equipaje de mano
(el amor de mamá)
Personajes:
ABEL
(34 años): De León, Guanajuato, ya bastante "achilangado". Director de marketing
digital en la CDMX. Ha triunfado profesionalmente, vive en un departamento
estético y cree tener el control de su vida, pero el amor desmedido de su madre
no tiene límites.
OROPEZA
(34 años): Su roomie. Chilango de cepa, de padres relajados que viven en la
Roma. Es metódico, obsesivo de la limpieza, el orden
y su paz mental.
VOZ
DE LA MAMÁ (GREGORIA): Madre leonesa de Abel. Excesivamente
cariñosa, proveedora compulsiva y totalmente ajena al concepto moderno de
"límites".
Escena 1
Interior
de un auto en movimiento. ("Vemos" al conductor y al copiloto sentados y "viendo" hacia el frente) ABEL va manejando concentrado por el caótico
tráfico de la Avenida Insurgentes con dirección al norte de la Ciudad de
México. OROPEZA va en el asiento del copiloto, revisando angustiado el GPS en
su celular. El ambiente dentro del auto es tenso pero contenido.
ABEL
Te
lo juro, Oropeza, León es otra cosa. El verdadero paraíso culinario. O sea, la
CDMX tiene restaurantes chidos, pero allá... ¡Uf! Una guacamaya, que es tu
bolillo con chicharrón crujiente, un chingo de pico de gallo —jitomate,
cebolla, chile—, bañada en salsa y harto limón. O los chicharrones preparados
con col y verdura. ¿Andas crudo o de malas? Te pides un caldo de oso. No te
asustes, no es de oso; son cueritos en vinagre con manzana, piña, vinagre de
piña, queso y chile. Una obra de arte. Y los tacos de tripa, bien doradita...
¡No, no! Mi mamá encima hace unos tamales, un pozole y una mermelada de
garambuyo que te mueres.
OROPEZA
(Amable
pero visiblemente escéptico)
Suena...
pintoresco, hermano, y poético... Osos, guacamayas... Qué
bueno que tu jefa ya viene en camino. Qué detallazo que le hayas regalado el
viaje por su cumple. Aunque... una pregunta seria, Abel.
ABEL
Dime.
OROPEZA
(Acomodándose
por quinta vez en el asiento)
Considerando
que te fue cabrón con el bono de la campaña de primavera... ¿por qué no le
compraste un boleto de avión? O sea, Aeroméxico, una hora de vuelo Bajío-CDMX,
llega directo al AICM, nos queda más cerca. ¿Para qué meterla a un autobús de
seis horas y tener que venir hasta la Central del Norte?
ABEL
(Suspirando,
esquivando un microbús)
Ay,
mi estimado Oropeza... Se ve que eres hijo único de la Roma y que tus papás te
tuvieron en terapia desde los cinco años. Te lo dije: a mi mamá le dio pánico
el aeropuerto desde lo de Cancún. Dijo que las máquinas de rayos X le iban a
"irradiar el sazón" a sus tamales y que las señoritas de la aerolínea
la vieron feo por llevar el molcajete en el equipaje de mano. Para ella, el
avión es territorio hostil. El autobús de primera es su zona de confort.
OROPEZA
(Parpadeando,
incrédulo)
¿Irradiar
el sazón? Abel, eso es físicamente imposible. Y segundo... ¿por qué carajos
viajaría con un molcajete de piedra volcánica en el equipaje de mano? Eso
califica técnicamente como arma contundente. Qué bueno que la detuvieron.
ABEL
(Minimizando
con la mano)
Te calmas eh, era un molcajete chico, del número seis. Mi mamá solo quería
asegurarse de que si el guacamole del hotel sabía a plástico, ella pudiera
resolverlo en la habitación. Es amor, güey. No busques lógica donde hay puro
cariño materno. Pero ya hablé con ella, esta vez le puse una sola condición:
"Mamá, vas a ser la festejada. No me traigas NADA". Vamos limpios.
OROPEZA
(Se
aclara la gárganta con creciente incomodidad)
Oye... y otra pregunta tonta. Dijiste que tu mamá a veces trae "guisados". ¿En qué los trae? Porque nuestro refrigerador es... bueno, tú sabes, no muy grande. Yo tengo mis tuppers para la semana... Y mis jugos. No creo que quepan ollas grandes.
ABEL
(Con
tono extrañamente calmado)
No
pasa nada, güey. Mi mamá es ingeniera del espacio. Ella acomoda tres litros de
pozole rojo en botes de a litro de yogur Lala y los mete al congelador a
presión. Si es necesario, sacamos las charolitas de hielo y hacemos espacio. No te vas a morir por no tomar tu té chai no tan frío.
OROPEZA
(Se
le empieza a notar el miedo en la voz)
¿Té chai tibio? Abel, prefiero una coca. Oye, Y los botes de yogur no son muy sanos, mejor le presto mis frascos de vidrio.
ABEL
(Convincente según él)
OROPEZA
(Imaginándose la escena)
Mole, qué rico... al menos seá mejor que el de vaso... Y bueno... okay, finalmente es tu mamá. Pero... y dijiste canastas. ¿Qué traen las canastas?
Dime que no traen gallinas. Por favor, dime que en León no compran gallinas vivas.
ABEL
(Casi
riéndose para evitar la pelea)
¡Cómo
eres prejuicioso, de verdad! ¿Gallinas? Mi mamá es de León, es de una ciudad grande con mucho crecimiento. Próspera, ya sabes, por lo zapatos... A lo mucho trae a Gastón... el perico, porque si lo deja solo, se
deprime y se arranca las plumas. Pero es supertranquilo este Gastón, ya tiene 60 y canta
el himno nacional cuando sale el sol. Te va a caer bien, es bien patriota.
OROPEZA
(Sosteniéndose
del tablero, con la voz rota)
¡¿Gastón, el perico?! ¡Tenemos un departamento con piso de madera blanca! ¡¿Dónde va a cagar el perico cantador?! ¡¿Y si se pelea con mi gato?! Esto ya
no es una visita, es una invasión chichimeca. Te juro que si veo un ave en la sala,
me voy a dormir a un hotel de de los de cápsula japonesa. Yo tengo traumas, güey. Todavía me acuerdo
cuando te mudaste y llegaste en ese Chevy Pop que traías. Le cabían más kilos
de los que la física permite. Venías con la parrilla hasta el tope: cajas de
quién sabe qué, tanques de agua... temblaba todo el carro. Siento que hoy va a
llegar igual. Me la imagino bajando del autobús con cuatro canastas, el Gastón,
y si hubiera podido, se traía a tu cuñada, a tus sobrinos y a tu hermanito.
ABEL
¡Mi
hermanito ya tiene 45 años, Oropeza! Pero es el consen de la casa y no ha salido
de León. Ya relájate un buen. Es mi mamá. Es su cumple y no la veo desde Navidad.
Sí, trae cosas raras, sí, su concepto de equipaje es más cercano al de una
mudanza que al de un turista, pero es lo que hay. Tú respira, sonríe, y
sobrevivimos el fin de semana. Somos roomies chidos, ¿qué no?
OROPEZA
(Mirando
por la ventana, con los ojos llenos de ansiedad)
Sí,
chidísimos... pero mi terapeuta dice que los límites son sanos, Abel. Y siento que
tu mamá viene a dinamitar mis tres años de progreso en desapego material.
Escena 2
La
sala de espera de la Central de Autobuses del Norte. Caos de pasajeros, maletas
rodantes y anuncios monótonos por el megáfono. ABEL mira fijamente la puerta de
llegada de los autobuses de Primera Plus. OROPEZA bosteza de nervios, revisando
obsesivamente su celular.
OROPEZA
Oye,
ya debió haber bajado, ¿no? El camión llegó hace quince minutos. ¿Le marcaste?
ABEL
Sigue
mandando a buzón... ¡Maldito modo avión que lo pone y no lo quita! Espera... ya entró la llamada. Está timbrando.
(Contesta
rápido, alterado)
¡Bueno!
¡¿Mamá?! ¡¿Dónde estás?! Estoy aquí en los torniquetes, junto a la mega
pantalla de las salidas. ¿Dónde te busco?
VOZ DE LA MAMÁ
(A
través del altavoz del celular. De fondo se escucha un ruido infernal de
cláxons, motores de tráfico pesado y el silbato de un camotero, claramente en
la vía pública de la CDMX)
¡Ay,
mijo! Es que te estuve esperando allá adentro junto a la imagen de la
Virgen, como me dijiste. Pero pasaron diez minutos y como no te vi llegar,
le dije a los muchachos: "Vámonos, que mi Abel debe estar ocupado con
sus cosas de la capital". Así que ya te vamos a alcanzar en tu casa, amor.
ABEL
(Se
le desencaja la cara por completo. Oropeza se pega al teléfono para escuchar,
abriendo los ojos con horror)
¿Los...
los muchachos? ¿Cómo que "te vamos a alcanzar"? Mamá, ¿con quién
vienes?
VOZ DE LA MAMÁ
¡Pues
con quién va a ser, mi vida! Vine con Anita, con Pedro, con Lalo y con el niño
Betito. No quería dejar al muchacho solo en León, ya ves que le da miedo la
oscuridad de la noche. Espero que no te moleste, amor, les dije que nos
acomodamos en tu departamento, en la alfombra o donde sea, somos familia. ¡Ah!
Y te trajimos mole de pepita, los garambullos para la mermelada y ya te darás cuenta
cuando abras las cajas... unas plantitas de sombra que se verían hermosas en tu
balcón, unos guisados en unos tuppers grandes y tus tacos de tripa bien
doraditos.
ABEL
(Con
los ojos desorbitados, buscando aire, la voz le tiembla)
Mamá...
¿cuántas maletas traen? ¡¿Y cómo se fueron de la central si yo tengo el carro
aquí?!
VOZ DE LA MAMÁ
Ay,
no te preocupes, mijito, aquí un señor muy amable de chaleco nos ayudó a pedir
un Uber XL porque no cabíamos con las cuatro canastas, las cajas y la jaula del
perico. Ya le explicamos cuál es tu calle, el chofer dice que ya conoce. No te preocupes por regresarte a buscarnos, te esperamos en la puerta
de tu edificio sentaditos en las cajas. ¡Te amo, mi niño, apúrate para que te
comas tus tacos antes de que se enfríen!
(Se
escucha el tono de llamada terminada: Bip... bip... bip...)
Silencio
sepulcral en medio del bullicio de la terminal. ABEL se queda estático, con el
celular en la mano, pálido.
OROPEZA
(Con
los ojos como platos, hiperventilando mientras procesa la información)
A ver... Abel... Dijo Anita, Pedro, Lalo, Betito... las plantas de sombra, las cajas de cartón, las cuatro canastas, un perico... ¿en nuestro departamento de dos cuartos?
ABEL
(Temblando,
mirando a la nada)
Tomaron un Uber XL... Que el chofer ya sabe... Yo creo que se van a tardar...
OROPEZA
(Da
un paso hacia atrás, se lleva las manos a la cabeza y grita con terror
absoluto, perdiendo toda la compostura)
¡No mames! ¡No mames! ¡No pinches mames! ¿Por qué carajos no me quedé a vivir con mis muy distantes padres? Son aburridos, comen desabrido, ven documentales de de patos y guardan silencio absoluto desde las ocho de la noche... ¡Dios mío, ¿tripa dorada? ¡Niños!!
ABEL
(Reaccionando
con adrenalina pura, amarrándose los tenis con pánico)
¡Ya, supéralo, güey! ¡Corre, que si llega antes, mi mamá le va a heredar el mortero
al policía del edificio para que la deje subir las canastas por el elevador
principal! ¡Mueve el culo, Oropeza, muévelo!
Los
dos amigos salen corriendo despavoridos hacia el estacionamiento de la central,
esquivando maletas ajenas en una carrera frenética por salvar lo que queda de
su departamento.
[TELÓN
RAPIDÍSIMO]
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