jueves, 25 de junio de 2026

EQUIPAJE DE MANO (EL AMOR DE MAMÁ).

 

 

equipaje de mano

(el amor de mamá)

 

 

Personajes:

ABEL (34 años): De León, Guanajuato, ya bastante "achilangado". Director de marketing digital en la CDMX. Ha triunfado profesionalmente, vive en un departamento estético y cree tener el control de su vida, pero el amor desmedido de su madre no tiene límites.

OROPEZA (34 años): Su roomie. Chilango de cepa, de padres relajados que viven en la Roma. Es metódico, obsesivo de la limpieza, el orden y su paz mental.

VOZ DE LA MAMÁ (GREGORIA): Madre leonesa de Abel. Excesivamente cariñosa, proveedora compulsiva y totalmente ajena al concepto moderno de "límites".


Escena 1

Interior de un auto en movimiento. ("Vemos" al conductor y al copiloto sentados y "viendo" hacia el frente)  ABEL va manejando concentrado por el caótico tráfico de la Avenida Insurgentes con dirección al norte de la Ciudad de México. OROPEZA va en el asiento del copiloto, revisando angustiado el GPS en su celular. El ambiente dentro del auto es tenso pero contenido.

ABEL

Te lo juro, Oropeza, León es otra cosa. El verdadero paraíso culinario. O sea, la CDMX tiene restaurantes chidos, pero allá... ¡Uf! Una guacamaya, que es tu bolillo con chicharrón crujiente, un chingo de pico de gallo —jitomate, cebolla, chile—, bañada en salsa y harto limón. O los chicharrones preparados con col y verdura. ¿Andas crudo o de malas? Te pides un caldo de oso. No te asustes, no es de oso; son cueritos en vinagre con manzana, piña, vinagre de piña, queso y chile. Una obra de arte. Y los tacos de tripa, bien doradita... ¡No, no! Mi mamá encima hace unos tamales, un pozole y una mermelada de garambuyo que te mueres.

OROPEZA

(Amable pero visiblemente escéptico)

Suena... pintoresco, hermano, y poético... Osos, guacamayas... Qué bueno que tu jefa ya viene en camino. Qué detallazo que le hayas regalado el viaje por su cumple. Aunque... una pregunta seria, Abel.

ABEL

Dime.

OROPEZA

(Acomodándose por quinta vez en el asiento)

Considerando que te fue cabrón con el bono de la campaña de primavera... ¿por qué no le compraste un boleto de avión? O sea, Aeroméxico, una hora de vuelo Bajío-CDMX, llega directo al AICM, nos queda más cerca. ¿Para qué meterla a un autobús de seis horas y tener que venir hasta la Central del Norte?

ABEL

(Suspirando, esquivando un microbús)

Ay, mi estimado Oropeza... Se ve que eres hijo único de la Roma y que tus papás te tuvieron en terapia desde los cinco años. Te lo dije: a mi mamá le dio pánico el aeropuerto desde lo de Cancún. Dijo que las máquinas de rayos X le iban a "irradiar el sazón" a sus tamales y que las señoritas de la aerolínea la vieron feo por llevar el molcajete en el equipaje de mano. Para ella, el avión es territorio hostil. El autobús de primera es su zona de confort.

OROPEZA

(Parpadeando, incrédulo)

¿Irradiar el sazón? Abel, eso es físicamente imposible. Y segundo... ¿por qué carajos viajaría con un molcajete de piedra volcánica en el equipaje de mano? Eso califica técnicamente como arma contundente. Qué bueno que la detuvieron.

ABEL

(Minimizando con la mano)

Te calmas eh, era un molcajete chico, del número seis. Mi mamá solo quería asegurarse de que si el guacamole del hotel sabía a plástico, ella pudiera resolverlo en la habitación. Es amor, güey. No busques lógica donde hay puro cariño materno. Pero ya hablé con ella, esta vez le puse una sola condición: "Mamá, vas a ser la festejada. No me traigas NADA". Vamos limpios.

OROPEZA

(Se aclara la gárganta con creciente incomodidad)

Oye... y otra pregunta tonta. Dijiste que tu mamá a veces trae "guisados". ¿En qué los trae? Porque nuestro refrigerador es... bueno, tú sabes, no muy grande. Yo tengo mis tuppers para la semana... Y mis jugos. No creo que quepan ollas grandes.

ABEL

(Con tono extrañamente calmado)

No pasa nada, güey. Mi mamá es ingeniera del espacio. Ella acomoda tres litros de pozole rojo en botes de a litro de yogur Lala y los mete al congelador a presión. Si es necesario, sacamos las charolitas de hielo y hacemos espacio. No te vas a morir por no tomar tu té chai no tan frío.

OROPEZA

(Se le empieza a notar el miedo en la voz)

¿Té chai tibio? Abel, prefiero una coca. Oye, Y los botes de yogur no son muy sanos, mejor le presto mis frascos de vidrio.

ABEL

(Convincente según él)

No, ya vas  a ver... También la comida es para ti, te vas a chupar los dedos con el mole, es de puro chile seco y chocolate.

OROPEZA

(Imaginándose la escena) 

Mole, qué rico... al menos seá mejor que  el de vaso... Y bueno... okay, finalmente es tu mamá. Pero... y dijiste canastas. ¿Qué traen las canastas? Dime que no traen gallinas. Por favor, dime que en León no compran gallinas vivas.

ABEL

(Casi riéndose para evitar la pelea)

¡Cómo eres prejuicioso, de verdad! ¿Gallinas? Mi mamá es de León, es de una ciudad grande con mucho crecimiento. Próspera, ya sabes, por lo zapatos... A lo mucho trae a Gastón... el perico, porque si lo deja solo, se deprime y se arranca las plumas. Pero es supertranquilo este Gastón, ya tiene 60 y canta el himno nacional cuando sale el sol. Te va a caer bien, es bien patriota.

OROPEZA

(Sosteniéndose del tablero, con la voz rota)

¡¿Gastón, el perico?! ¡Tenemos un departamento con piso de madera blanca! ¡¿Dónde va a cagar el perico cantador?! ¡¿Y si se pelea con mi gato?! Esto ya no es una visita, es una invasión chichimeca. Te juro que si veo un ave en la sala, me voy a dormir a un hotel de de los de cápsula japonesa. Yo tengo traumas, güey. Todavía me acuerdo cuando te mudaste y llegaste en ese Chevy Pop que traías. Le cabían más kilos de los que la física permite. Venías con la parrilla hasta el tope: cajas de quién sabe qué, tanques de agua... temblaba todo el carro. Siento que hoy va a llegar igual. Me la imagino bajando del autobús con cuatro canastas, el Gastón, y si hubiera podido, se traía a tu cuñada, a tus sobrinos y a tu hermanito.

ABEL

¡Mi hermanito ya tiene 45 años, Oropeza! Pero es el consen de la casa y no ha salido de León. Ya relájate un buen. Es mi mamá. Es su cumple y no la veo desde Navidad. Sí, trae cosas raras, sí, su concepto de equipaje es más cercano al de una mudanza que al de un turista, pero es lo que hay. Tú respira, sonríe, y sobrevivimos el fin de semana. Somos roomies chidos, ¿qué no?

OROPEZA

(Mirando por la ventana, con los ojos llenos de ansiedad)

Sí, chidísimos... pero mi terapeuta dice que los límites son sanos, Abel. Y siento que tu mamá viene a dinamitar mis tres años de progreso en desapego material.

Escena 2

La sala de espera de la Central de Autobuses del Norte. Caos de pasajeros, maletas rodantes y anuncios monótonos por el megáfono. ABEL mira fijamente la puerta de llegada de los autobuses de Primera Plus. OROPEZA bosteza de nervios, revisando obsesivamente su celular.

OROPEZA

Oye, ya debió haber bajado, ¿no? El camión llegó hace quince minutos. ¿Le marcaste?

ABEL

Sigue mandando a buzón... ¡Maldito modo avión que lo pone y no lo quita! Espera... ya entró la llamada. Está timbrando.

(Contesta rápido, alterado)

¡Bueno! ¡¿Mamá?! ¡¿Dónde estás?! Estoy aquí en los torniquetes, junto a la mega pantalla de las salidas. ¿Dónde te busco?

VOZ DE LA MAMÁ

(A través del altavoz del celular. De fondo se escucha un ruido infernal de cláxons, motores de tráfico pesado y el silbato de un camotero, claramente en la vía pública de la CDMX)

¡Ay, mijo! Es que te estuve esperando allá adentro junto a la imagen de la Virgen, como me dijiste. Pero pasaron diez minutos y como no te vi llegar, le dije a los muchachos: "Vámonos, que mi Abel debe estar ocupado con sus cosas de la capital". Así que ya te vamos a alcanzar en tu casa, amor.

ABEL

(Se le desencaja la cara por completo. Oropeza se pega al teléfono para escuchar, abriendo los ojos con horror)

¿Los... los muchachos? ¿Cómo que "te vamos a alcanzar"? Mamá, ¿con quién vienes?

VOZ DE LA MAMÁ

¡Pues con quién va a ser, mi vida! Vine con Anita, con Pedro, con Lalo y con el niño Betito. No quería dejar al muchacho solo en León, ya ves que le da miedo la oscuridad de la noche. Espero que no te moleste, amor, les dije que nos acomodamos en tu departamento, en la alfombra o donde sea, somos familia. ¡Ah! Y te trajimos mole de pepita, los garambullos para la mermelada y ya te darás cuenta cuando abras las cajas... unas plantitas de sombra que se verían hermosas en tu balcón, unos guisados en unos tuppers grandes y tus tacos de tripa bien doraditos.

ABEL

(Con los ojos desorbitados, buscando aire, la voz le tiembla)

Mamá... ¿cuántas maletas traen? ¡¿Y cómo se fueron de la central si yo tengo el carro aquí?!

VOZ DE LA MAMÁ

Ay, no te preocupes, mijito, aquí un señor muy amable de chaleco nos ayudó a pedir un Uber XL porque no cabíamos con las cuatro canastas, las cajas y la jaula del perico. Ya  le explicamos cuál es tu calle, el chofer dice que ya conoce. No te preocupes por regresarte a buscarnos, te esperamos en la puerta de tu edificio sentaditos en las cajas. ¡Te amo, mi niño, apúrate para que te comas tus tacos antes de que se enfríen!

(Se escucha el tono de llamada terminada: Bip... bip... bip...)

Silencio sepulcral en medio del bullicio de la terminal. ABEL se queda estático, con el celular en la mano, pálido.

OROPEZA

(Con los ojos como platos, hiperventilando mientras procesa la información)

A ver... Abel... Dijo Anita, Pedro, Lalo, Betito... las plantas de sombra, las cajas de cartón, las cuatro canastas, un perico... ¿en nuestro departamento de dos cuartos? 

ABEL

(Temblando, mirando a la nada)

Tomaron un Uber XL... Que el chofer ya sabe... Yo creo que se van a tardar...

OROPEZA

(Da un paso hacia atrás, se lleva las manos a la cabeza y grita con terror absoluto, perdiendo toda la compostura)

¡No mames! ¡No mames! ¡No pinches mames!  ¿Por qué carajos no me quedé a vivir con mis muy distantes padres? Son aburridos, comen desabrido, ven documentales de de patos y guardan silencio absoluto desde las ocho de la noche... ¡Dios mío, ¿tripa dorada? ¡Niños!! 

ABEL

(Reaccionando con adrenalina pura, amarrándose los tenis con pánico)

¡Ya, supéralo, güey! ¡Corre, que si llega antes, mi mamá le va a heredar el mortero al policía del edificio para que la deje subir las canastas por el elevador principal! ¡Mueve el culo, Oropeza, muévelo!

Los dos amigos salen corriendo despavoridos hacia el estacionamiento de la central, esquivando maletas ajenas en una carrera frenética por salvar lo que queda de su departamento.


[TELÓN RAPIDÍSIMO]

 

 

 

 

 

 


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