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jueves, 7 de mayo de 2026

TRABAJO NOCTURNO

 




TRABAJO NOCTURNO


Por Benjamín Gavarre Silva





©  BENJAMÍN GAVARRE SILVA

 Contacte a esta dirección si la ha producido o desea hacerlo: gavarreunam@gmail.com










TRABAJO NOCTURNO






PERSONAJES

  • DAN: Cerca de los 25. Vive en una parálisis doméstica. Viste una bata de toalla vieja, color hueso, que no cierra bien y deja ver su vulnerabilidad.

  • JONATHAN: 28. Con más calle. Viste ropa técnica oscura, marcada por el sudor y el polvo de la ciudad.


ESCENA ÚNICA

(Pasillo de un edificio de apartamentos. Una iluminación de sensor, caprichosa, se apaga cada treinta segundos, obligando a los personajes a movimientos bruscos para recuperar la luz. DAN abre la puerta. Se ve desorientado. Frente a él, JONATHAN sostiene una caja neutra. El silencio es espeso, roto solo por el zumbido de un transformador cercano).

JONATHAN: — Para el 402.

DAN: — (Mira la caja, luego el rostro de Jonathan. Sus ojos viajan por las costuras del uniforme). Sí. Soy yo.

(La luz se apaga de golpe. El negro es total. Se escucha la respiración agitada de Jonathan. Ambos, en un movimiento coreográfico, agitan los brazos en la oscuridad para activar el sensor. La luz vuelve con un parpadeo violento).

DAN: — (En un susurro de realización). Jonathan… ¿Eres tú?

JONATHAN: —(Baja la vista hacia sus botas gastadas). No esperaba que el algoritmo me trajera a tu puerta, Dan. No sabía que vivías tan arriba.

DAN: —Yo tampoco sabía que tú eras… (Se detiene. La palabra "repartidor" pesa demasiado). En el salón de la facultad… cuando nos escondíamos en el tercer piso… te imaginaba en otro lugar. Un despacho, tal vez.

JONATHAN: —Los despachos no pagan el alquiler, Dan. (Mira la bata raída de Dan). Y parece que el tiempo tampoco ha sido amable contigo. Sigues usando ropa que se deshace.

DAN: —(Se ajusta la bata con un gesto torpe). Me acostumbré a lo que se rompe. No tengo… no sé si el pago está registrado. La propina…

JONATHAN: — No me vas a dar las monedas de tu bolsillo. Tú no.

(Jonathan da un paso hacia el umbral. El olor a calle mojada que emana de él choca con el olor a encierro de Dan. Dan retrocede, cediendo el paso. Jonathan entra al recibidor y deja la caja sobre un mueble de madera oscura. El gesto es seco, definitivo. Se quita la chaqueta de repartidor y la abandona sobre la caja, como si renunciara a su oficio por un momento).

(Desde el fondo del apartamento, comienza a filtrarse un jazz atmosférico: un contrabajo lento y un saxofón que suena como un lamento en una calle mojada. La luz del pasillo exterior vuelve a apagarse, pero esta vez nadie agita los brazos. La penumbra del interior empieza a teñirse de un azul eléctrico).

DAN: —(Señalando el pasillo que lleva a la recámara). Si cruzas esa puerta… ya no serás el repartidor. Y yo ya no seré el que espera. Volveremos a ese salón vacío… donde nadie llegaba.

JONATHAN: —Nadie va a llegar ahora tampoco, Dan. Mi app dice que ya me fui.

(Jonathan camina hacia la recámara. Dan lo sigue, manteniendo una distancia de seguridad emocional. Entran a la habitación. La cama está deshecha, las sábanas revueltas como un nido de náufrago. Hay libros amontonados en el suelo y una sensación de tiempo suspendido).

JONATHAN: —(Se detiene ante la cama). Es un nido de náufrago, Dan.

DAN: —Mañana, cuando salgas y busques tu bicicleta en la entrada… vas a ver mi nombre en el intercomunicador y vas a dudar si esto pasó. Tengo miedo de que, al tocarte, se acelere el reloj y se haga de día y entre el sol por esa ventana. Odio el sol como todo vampiro.

JONATHAN: —(Se gira lentamente. Su rostro está iluminado como si fuera un claroscuro). Falta mucho para mañana. Mírame a mí. Sigo siendo el mismo que te hacía temblar, solo que ahora tengo las manos endurecidas por el manubrio.

(Jonathan extiende una mano y sujeta a Dan por la solapa de la bata, atrayéndolo. Dan cierra los ojos y se apoya en su pecho, inhalando el olor a ciudad. Jonathan se sienta en la orilla de la cama y empieza a desatarse las botas. El sonido de los cordones golpeando el suelo es rítmico, seco).

DAN: —(En un susurro, casi para sí mismo). Prométeme que no te vas a ir antes de que el café esté listo.

JONATHAN: —No te puedo prometer el café, Dan. Mañana a las seis tengo otra chamba. Solo te puedo prometer el ahora. El resto… el resto lo inventamos entre nosotros.

 

(Jonathan termina de quitarse las botas. Dan se deja caer a su lado, con la ansiedad de quien sabe que está viviendo un milagro con fecha de caducidad. El saxofón da una nota larga y agónica mientras la última luz del pasillo parpadea y muere).

 

TELÓN