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viernes, 23 de octubre de 2026

GAVARRE BENJAMIN: LA IGUANA IGUALADA.

  


LA IGUANA IGUALADA




de Benjamin Gavarre


LA IGUANA IGUALADA © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0




Personajes:

  • Inés, la Iguana: Verde, de cresta anaranjada, simpática pero muy presumida, burlona e incorregible. Cree que puede hacer todo igual o mejor que los demás.

  • Don Saguaro: Un cactus alto y sabio que vive en el centro del desierto. Habla pausado y siempre está de buen humor.

  • Lola, la Liebre: Inquieta, deportista y campeona de los saltos largos.

  • Pipo, el Correcaminos: Veloz, entusiasta y un poco despistado.

Escenografía: Un desierto luminoso de arena dorada y montañas bajas al fondo. En el centro destaca un gran cactus verde (Don Saguaro) que proyecta su sombra sobre la arena bajo un sol radiante. A los lados hay un par de rocas y pequeños matorrales.



ACTO ÚNICO

(Al abrirse el telón, Don Saguaro está en el centro del escenario con los brazos levantados en posición de cactus. Inés la Iguana está recostada sobre una roca, asoleándose y sacando la lengua de vez en cuando).

DON SAGUARO: (Bostezando) ¡Qué bonito pega el sol hoy en el desierto! Ni muy frío ni muy caliente… bueno, bastante caliente, pero así nos gusta.

INÉS: (Levantando la cabeza con arrogancia) Habla por ti, Saguaro. A mí el sol me hace brillar las escamas como si fueran esmeraldas. ¡Soy la criatura más espectacular de toda la arena!

DON SAGUARO: Eres muy bonita, Inés, eso nadie lo niega. Pero recuerda que en el desierto cada quien tiene su gracia.

INÉS: ¡Bah! ¿Gracia? Cualquiera que tenga cuatro patas y una cola tan elegante como la mía puede hacer lo que hacen los demás animales… ¡y hasta mejor!

(Entra Lola la Liebre dando grandes saltos acrobáticos de un lado al otro del escenario).

LOLA: ¡Uno, dos, tres, salto mortal! ¡Cuatro, cinco, seis, brinco espacial! ¡Hola, Don Saguaro! ¡Hola, Inés! Estoy entrenando para las Olimpiadas de la Duna Grande.

DON SAGUARO: ¡Qué altura, Lola! Pareces resorte nuevo.

INÉS: (Riendo con burla) ¿A eso le llamas saltar, orejona? ¡Por favor! Yo puedo saltar igualito que tú, y sin necesidad de tener esas orejas de antena parabólica.

LOLA: (Frenando en seco) ¿Ah, sí? Pero Inés, tú tienes las patitas cortas. Tú eres experta en trepar piedras, no en brincar matorrales.

INÉS: (Ofendida) ¿Patitas cortas yo? ¡Qué igualada me saliste, si la igualada soy yo! Mira y aprende cómo salta una profesional. (La imita exagerando la voz) «¡Uno, dos, tres, brinco espacial!».

(Inés toma impulso exagerado, corre torpemente y da un brinco chueco. En lugar de elevarse, cae de panzazo sobre la arena con un ruido cómico).

INÉS: (Con la cara llena de arena, escupiendo) ¡Puf, puf! Es que… ¡la arena estaba mal acomodada! Además, quise aterrizar de panza para revisar si había hormigas.

LOLA: (Aguantando la risa) Claro, Inés, lo que tú digas. Ten cuidado, no te vayas a abollar la cresta.

(Entra Pipo el Correcaminos a toda velocidad, haciendo sonido de motor con la boca: "¡Bip-bip, rrrrrun!").

PIPO: ¡Abran cancha, que vengo sin frenos! ¡Bip-bip! ¡Acabo de darle tres vueltas al cerro en diez segundos! ¿Alguien vio mi sombra? Creo que la dejé atrás hace dos kilómetros.

DON SAGUARO: ¡Impresionante, Pipo! Levantaste una nube de polvo que casi me hace estornudar las espinas.

INÉS: (Limpiándose la arena y poniéndose frente a Pipo) ¡Ja! ¿Diez segundos? ¡Qué lentitud! Yo corro igualito que tú, plumífero despeinado. Es más, si corro de verdad, llego mañana antes de que empiece el día de hoy.

PIPO: (Inclinando la cabeza, curioso) ¿Tú, Inés? Pero si las iguanas caminan meneando la colita con calma… ¡así! (Camina lento moviendo la cadera).

INÉS: ¡A mí nadie me enseña a correr! ¡Mira mi velocidad supersónica! «¡Bip-bip, abran cancha!».

(Inés empieza a mover las patas rapidísimo en su mismo lugar como caricatura, avanza a toda prisa con los ojos cerrados por presumir, se tropieza con su propia cola y da tres vueltas de carnero hasta quedar patas arriba junto a un matorral).

LOLA: (Corriendo a ayudarla) ¡Cuidado! ¿Estás bien, Inés?

INÉS: (Levantándose de un salto, toda despeinada y mareada) ¡Perfectamente! Ese fue mi famoso «freno de cola con giro artístico». Ustedes no saben nada de deportes extremos.

DON SAGUARO: Ay, Inés, Inés… Por andar de igualada y querer imitar a todo el mundo haciendo menos su esfuerzo, ya llevas un panzazo y una revolcada. ¿Por qué no disfrutas ser simplemente una iguana?

INÉS: (Cruzándose de brazos, enfurruñada) ¡Porque ser solo iguana es aburrido! Todos admiran a Lola por sus saltos, a Pipo por sus carreras… ¡y a ti porque eres el más alto y todos te buscan cuando hace calor! (Se queda pensando y le brillan los ojos). ¡Eso es! ¡Seré igualita a ti, Saguaro!

DON SAGUARO: (Sorprendido) ¿Igual a mí? Pero si yo soy un cactus. Mi trabajo es quedarme quieto bajo el sol ardiente del mediodía y dar sombra fresca a mis amigos.

INÉS: ¡Pamplinas! Quedarse quieto con los brazos arriba es la cosa más fácil del universo. ¡A partir de este momento, soy Doña Iguana-Cactus, la reina de la sombra!

(Inés se sube a una piedra baja al lado de Don Saguaro, se para en dos patas, mete la panza y levanta los dos brazos doblados imitando la postura exacta del cactus).

PIPO: Oye, Inés, pero el sol del mediodía ya está en lo más alto y tú tienes sangre fría; si te quedas ahí parada sin moverte te vas a calentar como sartén…

INÉS: (Hablando con los dientes apretados sin moverse) ¡Silencio! Los cactus no hablamos con aves corredoras. Miren qué sombra tan elegante estoy dando.

LOLA: (Mirando el suelo) Pues… tu sombra parece más bien una lagartija aplastada, pero bueno. Nosotros nos vamos a refugiar bajo la sombra de Don Saguaro porque el calor está fuertísimo.

(Lola y Pipo se sientan cómodamente en la sombra de Don Saguaro, abanicándose. Pasan unos segundos. El sol brilla con más fuerza. Inés empieza a temblar; le pesan los brazos, suda a chorros y saca la lengua cada vez más larga).

DON SAGUARO: Inés… te estás poniendo de color verde limón cocido. Bájate de ahí.

INÉS: (Temblando como gelatina) ¡No…! Yo soy… igualita a ti… ¡Aguanto el sol… las espinas… y la sequía! ¡Ay, mamachita, cómo me queman las patas!

PIPO: ¡Se le están doblando las rodillas!

LOLA: ¡Se va a desmayar de calor! ¡Rápido, Pipo, ayúdame!

INÉS: (Mareada, tambaleándose) Veo… veo cactus volando en patineta… ¡Auxilio, me derrito!

(Antes de que Inés caiga al suelo, Lola y Pipo corren, la sostienen por los brazos y la llevan arrastrando suavemente hasta la sombra fresca de Don Saguaro. Don Saguaro inclina uno de sus brazos y le ofrece una tunita jugosa).

DON SAGUARO: Toma, pequeña. Come un poco de fruta fresca para que se te baje el calorón.

(Inés le da un mordisco a la fruta y suspira aliviada. Poco a poco recupera el aliento y mira a sus amigos apenada).

INÉS: (Con voz bajita) Gracias… Si no me traen a la sombra, ahorita sería chicharrón de iguana.

LOLA: ¡Qué susto nos diste! ¿Por qué te empeñaste tanto en hacernos competencia a todos?

INÉS: (Suspirando) Es que los veía hacer cosas tan increíbles que pensé que, si no hacía exactamente lo mismo, nadie me iba a admirar. Ya entendí que cada quien tiene su talento… perdónenme por ser tan igualada.

PIPO: (Conmovido) ¡Ay, qué bonito hablaste, Inés! Tú eres única trepando piedras y cambiando de color.

DON SAGUARO: (Poniéndose muy solemne y sentimental) Así es. Lo hermoso del desierto es que todos somos distintos. Ay, hijos… me llegó tanto al corazón este momento que hasta me dieron ganas de llorar. (Suelta un sollozo agudísimo, como silbato de olla exprés: "¡Ñiiiiii-snif!", mientras le brota una florecita rosa en la punta de la cabeza).

LOLA: (Sorbiendo el moco y secándose una lágrima con sus orejas largas, que le quedan chuecas sobre la cara) ¡Ay, Don Saguaro, no llore con ese ruidito que yo también soy muy sensible!

PIPO: (Abrazando el tronco de Don Saguaro y espinándose el pico) ¡Bip-bip, qué momento tan poético…! ¡Ay, ay, ay, me piqué el pico con una espina por andar de cariñoso!

(Inés los observa. De pronto, se lleva las manos a la boca y empieza a sacudir los hombros con fuerza, temblando toda).

LOLA: (Con ternura) ¡Miren a Inés! ¡Está temblando de la emoción! ¡La hicimos llorar de puro sentimiento!

INÉS: (Destapándose la cara, doblada a carcajadas y señalándolos sin piedad) ¡Jajajajajaja! ¡Cuál emoción ni qué ocho cuartos, me estoy ahogando de la risa! ¡Pero mírense nada más qué cuadro tan ridículo! (Imita a Don Saguaro haciendo voz de pito) «¡Ñiiii-snif, qué bonito es el desierto!». ¡Don Saguaro llora como ratón apachurrado y con esa florecita parece pepino gigante vestido de quinceañera! ¡Y ustedes dos: una con las orejas de calcetín mojado y el otro con la espina clavada como pinocho emplumado! ¡Jajajajajaja!

(Silencio sepulcral de un segundo. Los tres amigos abren la boca indignados).

DON SAGUARO: (Ofendidísimo) ¡Inés! ¡Eso sí que es imperdonable! ¡Burlarte de mis sentimientos y de mi florecita de gala!

LOLA: (Poniéndose las manos en la cintura) ¡Oye, no tienes remedio! ¡Nos preocupamos por ti y te burlas de nuestras lágrimas!

PIPO: (Sobándose el pico) ¡Bip-bip! ¡Qué bárbara, Inés, ni insolada se te quita lo igualada!

INÉS: (Tirada en la piedra, muriéndose de la risa y limpiándose una lágrima de tanta carcajada) ¡Jajajaja! ¡Ah, perdón, perdón, lo juro! ¡Es que pusieron unas caras que no me pude aguantar! ¡Voy a tratar de cambiar, pero para la próxima, lo juro! ¡Para la próxima sí me porto bien, palabra de iguana! (Sigue riendo sin poder parar).

(Lola, Pipo y Don Saguaro intentan mantenerse serios, pero la risa contagiosa de Inés les gana. Lola y Pipo empiezan a reírse y toman camino hacia la salida del escenario moviendo la cabeza de un lado a otro).

LOLA: (Riendo y moviendo la cabeza) ¡Sí, cómo no! ¡El día que tú dejes de ser burlona, a mí se me encogen las orejas!

PIPO: (Riendo y negando con la cabeza mientras camina hacia la salida) ¡Ya veremos, Inés, ya veremos! ¡Nos vemos mañana, señor cactus!

LOLA: (Despidiéndose con la mano) ¡Nos vemos, señor cactus, cuide su florecita!

DON SAGUARO: (Riendo de buena gana y moviendo sus brazos de cactus) ¡Adiós, muchachos! Y tú, iguana igualada… ¡más te vale que a la próxima te aguantes la risa!

INÉS: (Mirando al público con una sonrisa pícara y guiñando un ojo) ¡Lo juro que sí…! Bueno, al menos por cinco minutos. ¡Jajajaja!

(Todos ríen mientras cae el telón con música alegre y juguetona).

FIN


LA IGUANA IGUALADA © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

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