El Pedro VS la Isabel
Debate imposible
PERSONAJES:
- EL PRESIDENTE (PEDRO): Defensor de los derechos del ciudadano, progresista institucional, sonrisa de anuncio dental indestructible. No lleva corbata para parecer cercano al pueblo, pero viste una camisa planchada con láser.
- LA ALCALDESA-PRESIDENTA (CAYETANA-ISABEL): Ultraderechista mesiánica, neoliberal castiza, ojos desorbitados de iluminada. A ratos se le escapa un tic gallego y burocrático en las cejas.
ESCENARIO: Un set de televisión en penumbras antes de salir al aire. Sillones blancos minimalistas, una mesa de cristal con dos vasos de agua, cámaras apagadas con el piloto rojo en espera y cables por el suelo. Es la víspera de unas elecciones cruciales en un país que nadie nombra, pero que huele a Ibex 35, tortilla, zócalo y Obelisco a la vez. Hablan en un español neutro impecable, traicionado de vez en cuando por algún modismo que se les escapa como un resorte.
(Entran PEDRO y LA ALCALDESA por los laterales del set, ajustándose los micrófonos de solapa. Hay una tensión eléctrica disfrazada de cortesía televisiva).
PEDRO: (Mirándola fijamente, entrecerrando los ojos con encanto calculado) Oiga... pero ¿cómo que me está usted mirando con ojos de varón?
ALCALDESA: (Alza la barbilla con altivez) Ah, es que soy de la realeza, un poco. Tengo mirada de retrato ecuestre, ¿sabe usted? De infanta que no pide permiso.
PEDRO: No, no es de realeza... Es como que sus cejas se le parecieron de repente al mismísimo diablo. Un rictus rarísimo, como de contable de provincias enfadado.
ALCALDESA: (Frota el entrecejo, adoptando por un segundo una voz grave y dubitativa) Ah, no se crea... Es que el líder electo del partido y yo nos llevamos tan bien que a veces nos mimetizamos. Se me pega su ceja. Pero mire, con esta ceja o sin ella, a usted lo vamos a tumbar en noviembre. ¡A la lona!
PEDRO: (Suelta una carcajada de catálogo) ¿Eso cree? Mire que no ha podido usted ni gobernar su propia parcela con esos orangutanes que tiene detrás. Esa ultra-ultra-ultramano siniestra que le sostiene el bolso... esos que son amigos del lunático despeinado y su motosierra. ¡Y no hablemos de usted, que fue corriendo a sacarse la foto con ese Chucky económico y de milagro no se la comió cruda!
ALCALDESA: (Tocándose el pecho, extasiada) ¡Me adora! El de la motosierra me adora porque huelo a libertad libre de impuestos. En cambio, a usted lo vamos a barrer con la escoba. ¡Fiuuu! Fuera del palacio.
PEDRO: Ah, claro... Eso si antes no le salen más trapitos al sol de su último gobierno. Que para hablar de austeridad, bien que no se conformó con menos que ese "pisito" de cuatrocientas hectáreas que se compró en plena Gran Avenida. Con vistas al cielo fiscal.
ALCALDESA: (Da un golpe seco en la mesa) ¡Ah, ni lo diga usted! ¡No tenga cara, que puso a su propio hermano en la lista de los más buscados! Que si tributa allá, que si dirige orquestas fantasmas...
PEDRO: (Indignado, irguiéndose) ¡Oiga, más respeto! ¡Mi hermano sí estudió! Tiene cuatro doctorados, tres maestrías y habla veinticinco idiomas, incluidos tres dialectos muertos. En cambio usted... ¡usted no sabe ni dar los buenos días sin ese "chicharito" en la oreja! (Se señala el oído). Ahí tiene a su asesor dictándole cómo funciona el alcantarillado. Tiene usted un discurso en el que se tropieza treinta y cinco veces por minuto porque no sabe ni la "A" de los servicios públicos. ¡Y menos del transporte! Usted escucha Subway y piensa que es un mantecado o un sándwich de jamón, y cualquier día de estos va a lograr que en la Terminal Antorcha se vuelvan a estrellar los convoyes.
ALCALDESA: (Se le escapa el acento castizo) ¡Eso ni de coña! ¡Oiga, está usted muy mal informao! Lo de los trenes fueron los jesuitas comunistas infiltrados que trataron de dar un golpe de Estado cuando gobernaba el de los zapatos ese... el de las cejas en forma de acento circunflejo.
PEDRO: ¡Pero si usted no sabe nada de Historia! ¡Qué bárbara! El de los zapatos no estaba entonces; acababa de morir el Gran Dictador en su cama y por fin tuvimos un gobierno socialista decente, con derechos ciudadanos. Y eso, señora mía, es algo que ustedes en el casino y el club de campo todavía no soportan.
ALCALDESA: (Pierde los papeles, acercándose a él) ¡Impresentable! ¡Fregona de Bruselas! ¡Nepotista! ¡Ladrón de escaños! ¿Acaso se cree muy guapo y por eso no usa corbata ni traje completo? ¿Viene a debatir o a venderme un seguro de vida?
PEDRO: (Sonríe con superioridad) Y usted se siente de la realeza, efectivamente, y por eso sale cada semana posando en la revista Nos Vemos... o en el ¡Hola!.
ALCALDESA: ¿Cómo que ¡Hola!?
PEDRO: ¡Pues Hola! Así, con ese tonito de niña fresa, de marquesa ofendida que le celebran las hormigas de peluche en ese programucho nocturno.
ALCALDESA: ¡Mejor mis hormigas que sus panfletos! Que a usted los canales que patrocina con dinero público le hacen entrevistas a modo, con violines de fondo. ¡Usted es una pava vanidosa!
PEDRO: ¡Y usted un mequetrefe con faldas!
ALCALDESA: ¡Le digo que van a perder!
PEDRO: Y yo le digo que si ustedes ganan será únicamente con la ayuda del Norte. Con los dólares y los algoritmos de ese güero de la corbata roja que llega hasta el suelo y que tiene sus narices metidas en todos lados. Aunque mire, en Brasil no pudo, ¿eh? Ahí sí que le salió el chirrión por el palito.
ALCALDESA: (Burlona) ¡Ja! Usted ni hablar sabe, así no es el refrán... ¡Se dice que "se le aguaron las naves"!
PEDRO: ¡Se le quemaron las naves, ignorante! ¡Las naves se queman, no se aguan! (Mirando hacia las cámaras apagadas, en falso tono de súplica cómica). ¡Ay, ayuda con esta bruja, Ayuso... digo, auxilio, ayuda! ¡Que esto es un buen programa institucional, no lo eche a perder con su incultura!
ALCALDESA: (Se detiene en seco. Olfatea el aire con gesto de asco). Bueno, mire... yo mejor lo dejo en paz porque aquí huele a gas. Huele muchísimo a gas.
PEDRO: (Arreglándose el cuello de la camisa) Pues no será por mí. Mi gestión es limpia y ecológica; yo no me estoy pudriendo por dentro como otros partidos que llevan treinta años en formol.
ALCALDESA: ¡Oiga, no sea grosero! (Lo mira con espanto) ¡Y no me levante las cejas usted también a lo Feijóo, que se ve usted muy feíto cuando me imita! ¡Jajaja! ¡Es usted un demagogo de manual!
PEDRO: Y usted una corrupta. Y sus tres padrinos ideológicos, peor.
ALCALDESA: Yo no tengo esqueletos en el armario, querido.
PEDRO: ¡Claro que no los tiene en el armario, los tiene todos a la vista en el balcón, desorientada! Hágame un favor: váyase otra vez de viaje a México a ver si allá la convierten en calaverita de azúcar y nos deja legislar en paz.
ALCALDESA: (Espantada, llevándose la mano al collar de perlas) ¡Oiga, no! ¡Yo no regreso a ese país de asesinos y populistas! Además, le recuerdo que ellos son un país gracias a nosotros. ¡Llegamos con la cruz y el urbanismo!
PEDRO: (Irónico) ¡Claro, hombre! ¡Cómo no! Como si los olmecas no hubieran estado tallando cabezas gigantes al mismo tiempo que los egipcios ya eran grandes... ¡Usted cree que el mundo empezó cuando inauguraron El Corte Inglés!
ALCALDESA: ¡No es cierto lo de los egipcios, eso es propaganda indigenista! ¡Nosotros les enseñamos a hablar español y a rezar!
PEDRO: Sí, y bien que usted se fue directito a las playas del Caribe cuando la corrieron de su primer puesto en el partido.
ALCALDESA: (Con dignidad herida, recogiendo su bolso) ¡A mí no me corrieron, yo me fui a reflexionar frente al mar!
PEDRO: (Cambia de pronto al tono frío y distante. Señala la puerta del estudio). Oiga... mejor váyase ya. Tengo una entrevista privada con la cámara. Un mensaje a la nación. Y le aseguro que no voy a hablar mal de usted; ni siquiera la voy a mencionar. Solo voy a hablar de todo lo que hemos logrado. Quédese en paz. (Pausa breve. La mira desde la sombra del plató). Y tenga cuidado con esa fuga de gas en los pasillos, no le vaya a explotar en la cara antes de las urnas. Ah... y cuidado cuando cruce la calle al salir del canal. Hay gente ahí afuera que no la quiere nada, nadita, nada.
(LA ALCALDESA lo mira un segundo en silencio, intenta decir algo más, pero resopla con desdén y sale taconeando con furia hacia la oscuridad del pasillo).
(PEDRO queda completamente solo en el centro del plató. Su expresión de furia desaparece al instante; se pasa la mano por el cabello, inhala hondo y clava una sonrisa radiante, casi inhumana, frente al lente de la cámara central).
VOZ DEL DIRECTOR EN OFF: ¡Silencio en el estudio! ¡Cortamos aire con el debate! ¡Empezamos mensaje oficial, señor Presidente! En tres, dos, uno... ¡Al momento del flash diga "Hola"!
(Salta un fogonazo de luz blanca sobre el rostro de PEDRO).
PEDRO: (Con voz aterciopelada, abriendo los brazos hacia el lente mientras el olor a gas invade el estudio) ¡Hola! ¡Holaaa, ciudadanos!
