sábado, 7 de noviembre de 2026

GAVARRE BENJAMIN: HERMANOS DE LECHE.

  

 

HERMANOS DE LECHE

Farsa cómica y absurda en cuatro cuadros

Autor: Benjamin Gavarre

 

HERMANOS DE LECHE: Farsa cómica y absurda en cuatro cuadros. © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0



Hermanos de leche es una farsa en cuatro cuadros. La pieza funciona como un mecanismo de relojería cómica donde la tacañería monárquica, la burocracia voraz y los secretos de alcoba chocan a través de dos gemelos idénticos separados al nacer: un ministro de finanzas adicto a los embargos y un campesino de bondad inverosímil. Concebida tanto para la lectura por diversión o como para una puesta en escena de intensa comedia física, la obra se nutre del artificio teatral descarado —utilería desproporcionada, cartón piedra y anacronismos deliberados— apoyándose en la precisión del vodevil y el golpe de farsa para sostener el disparate de principio a fin.

 

 

Personajes:

  • EL REY GORGONIO: Tirano panzón, avaro, olvidadizo y perpetuamente borracho de garnacha y vino rancio.
  • TULIO (Gemelo 1ro, por orden de nacimiento): Ministro de Finanzas del Reino del Impuesto. Un cínico, amargado y grosero adicto a la usura, que cree ser un huérfano recogido de un pozo seco.
  • MANFREDO (Gemelo 2do… nació tres horas después): Habitante del vecino Reino de la Coliflor. Un ingenuo, soñador, cortés y exageradamente empático, que cree ser un huérfano hallado en el bosque.
  • AMANDA: La nodriza real. Una mujer de carácter de hierro, maternal a más no poder y única guardiana de la escandalosa verdad.
  • AMAPOLA: Joven apasionada, algo despistada que busca el amor de manera absurda.

 

  • LA REINA FILOMENA y PÁNFILO EL CABALLERANGO SEXY: Amantes… Viven en un pajar encerrados en una jaula desde hace veinte años como castigo por su fogoso romance, aunque la supuesta pena les resulte sumamente cómoda y hasta agradecible.

 

 

CUADRO PRIMERO: El amor paga factura incluso con intereses

 

Patio del palacio en el Reino Tax Tax. Las paredes están tapizadas con recibos vencidos pegados con resistol. A la derecha se alza una estructura altísima, casi una torre de vigilancia, donde TULIO despacha encaramado sobre un mueble tipo cátedra universitaria antigua. Pero Tulio no es catedrático, es contador… Lleva visera larga, manguitos negros hasta los codos y tres plumas de ganso clavadas en las orejas. Sobre su solemne cátedra-oficina descansan un ábaco infantil con bolitas de colores primarios y un matamoscas de hierro.

Al fondo a la izquierda se alza la Jaula Real del Castigo Eterno, pero por dentro parece un salón de té: tiene alfombra persa, un quinqué con flecos, cojines de terciopelo y una cuerda de tender donde cuentan calzones reales bordados con corazoncitos. Ahí, LA REINA FILOMENA está tumbada en una hamaca abanicándose con una hoja de col, mientras PÁNFILO EL CABALLERANGO, vestido con frac de gala de la cintura para arriba y botas negras de plástico como de bombero actual de la cintura para abajo, tuesta pan en una tostadora moderna y se la pasa metiéndole un tenedor para saber si el pan ya está listo.

 

PÁNFILO: (Sacando finalmente una tostada humeante y untándole mantequilla con un cuchillo de plata) ¡Feliz vigésimo aniversario de calabozo, pichoncita mía! Veinte años encerrados a pan y lechuga... (Muy falso)  Oh, cuánto sufrimos, mi Reina… (Se enjuga las falsas lágrimas) aunque menos mal que el carcelero es primo mío y nos cambia el agua por vino de Rioja y la lechuga por jamón serrano en salsa de trufas.

REINA FILOMENA: (Dando un mordisco a la tostada comiendo una rebanada de jamón y suspirando con placer) ¡Ay, Pánfilo de mis entrañas! Qué ojo clínico tuve cuando engañé al borracho de mi marido contigo en las pajas del establo. Qué bueno que nos quedamos y fuimos atrapados… Si nos hubiéramos fugado, ahora tendríamos que pagar renta, luz, cable…  barrer la cocina y aguantar a la miserable suegra. ¡En cambio aquí estamos mantenidos por el presupuesto anual y vitalicio de prisiones del Estado! Pásame el rascador de espaldas, que me pica la escápula.

 

PÁNFILO saca un cepillo de almohazar caballos y le rasca la espalda a la Reina con movimientos vigorosos; la Reina ronronea como un gato con bronquitis.

 

TULIO: (Desde lo alto de su cátedra, dando un golpe seco con el matamoscas de hierro que hace temblar todo) ¡Silencio pájaros lujuriosos! ¡Me descuadran los decimales con tanto ronroneo! (Anota furiosamente en su libro mayor). A ver... «Recargo del quince por ciento a la Reina Filomena por usar oxígeno del patio para suspirar de gusto, más tres monedas de cobre al caballerango por uso inmoderado del rascador ».

PÁNFILO: (Asomando la cabeza entre los barrotes y tirándole una cáscara de nuez a Tulio) ¡Relaja el esfínter contable, Tulio! ¡Bájate de tu nube y tómate un vinito con nosotros, hombre, no seas tan vinagrillo!

TULIO: (Esquivando la cáscara y atrapándola en el aire con una bolsita de terciopelo) ¡Ajá! ¡Cáscara confiscada por proyectil en horas hábiles! Y entérate, lacayo: yo no bebo, no río ni parpadeo. ¡El Rey Gorgorio me sacó de un pozo seco para ahorrarse el sueldo de un contador! ¡Mi única madre es la Tabla de Multiplicar y mi padre este bendito ábaco!

REINA FILOMENA: (Mirándolo con lástima mientras se lima una uña) Pobre criatura... Lo que te hace falta a ti es una buena novia que te despeine las cejas y te haga cosquillas en el ábaco. ¡Mira, hablando del rey de Roma, por ahí asoma la loca ilusa que te ronda!

 

Se escucha un redoble de pandereta desafinada. Entra AMAPOLA dando saltos de ballet clásico muy mal ejecutados, vestida con un traje lleno de lazos desproporcionados y cargando un ramo gigantesco de cardos borriqueros y ortigas.

 

AMAPOLA: (Lanzándose de rodillas al pie de la Cátedra de Tulio, con las manos juntas) ¡Oh, Tulio, escorpión de mis desvelos! ¡Vinagre de mi ensalada! ¡Mira cómo palpita mi pecho al escuchar desde aquí el crujido seco de tus articulaciones sin lubricar!

TULIO: (Asomándose por el borde de la cátedra  como una gárgola, apuntándole con un compás de hierro) ¡Alto ahí, intrusa sentimental! ¡Estás pisando espacio laboral sin haber abonado mis onerosos honorarios! ¿Qué traes en las manos, mujer con cerebro de resistol?

AMAPOLA: (Levantando el ramo con pasión desbordada) ¡Te he traído flores que se parecen a tu carácter, mi vida! ¡Cardos espinosos, ortigas urticantes y tres ramas de hiedra de la mala recién arrancadas del jardín del palacio! ¡Tómalas, clávatelas en el chaleco y dime que mis ojos te recuerdan a una moneda de oro recién acuñada!

 

AMAPOLA se pone de puntillas e intenta alcanzarle el ramo a Tulio, pero como él está tan alto, ella empieza a golpear con las flores la cátedra. Tulio se tambalea de izquierda a derecha; y hace malabares en el aire con el libro mayor y el tintero.

 

TULIO: (Bamboleándose como un péndulo) ¡Deja golpear mi lugar privilegiado, anarquista insolente! Aléjate o te perseguiré como gárgola furiosa y te haré comer esas flores una por una.

 

Amapola le lanza histérica las flores a Tulio. Él, Muy condescendiente toma una lupa gigante examina las hojas.

 

TULIO: ¡Lo que me temía! ¡Cuatrocientos gramos de flora silvestre sustraída sin licencia de poda del erario real, más dos gusanos verdes que vienen de polizones en una hoja y no han pagado peaje de mudanza! (Pasa tres de las bolas grandes del ábaco con un estruendo seco). ¡Me debes siete monedas por los gastos mencionados, seis monedas de plata por hurto botánico, dos por intento de homicidio de funcionario catedrático y cuatro por el desgaste de mi tímpano al escuchar tus cursilerías!

 

AMAPOLA: (Suspirando embelesada, pegando su cuerpo a la cátedra) ¡Ay, qué hombre tan viril, tan sensual y romántico! ¡Cómo suma, cómo resta, cómo me desprecia con fundamento facultativo! ¡Baja de esa cumbre, mi amor, y dame aunque sea un pellizco de monja en los cachetes! ¡Sé que toda esa grosería tuya es solo el escudo de un pobre huerfanito triste que necesita que le canten una canción de cuna!

PÁNFILO: (Desde la jaula, aplaudiendo con el tenedor de tostar pan) ¡Vamos, Tulio, no seas tan babieca! ¡Baja de tu nube burocrática y dale un picorete a la muchacha, que hasta a mí me están dando ganas de verlos retozar!

REINA FILOMENA: ¡Ni te molestes, Pánfilo! ¡Si a este le abres el pecho con un abrelatas, en vez de corazón le sale un Alien avinagrado!

TULIO: (Bajando de la cátedra como una araña enfurecida, con una cinta métrica en la mano) ¡¿Un picorete?! ¡¿Saben ustedes cuántas bacterias se transfieren en un beso y el costo en jarabes que eso representa para la hacienda pública?! (Se planta frente a Amapola y empieza a medirle el cráneo con la cinta métrica). A ver, treinta centímetros de perímetro craneal totalmente vacíos de sentido común. Escúchame bien, Amapola, para que te entre en esa mollera de corcho: ¡el amor es una quiebra fraudulenta! ¡Un derroche de calorías! ¡Si yo te quisiera, tendría que regalarte bombones en tu cumpleaños, y el azúcar está gravado con el treinta por ciento de arancel de importación!

AMAPOLA: (Haciendo pucheros y abriendo los brazos para acorralarlo) ¡No me importan los bombones, Tulio! ¡Podemos alimentarnos de aire fresco y mirarnos a los ojos a la luz de la luna! ¡Bésame, pellízcame!

TULIO: (Escurriéndose por debajo de las piernas de Amapola a cuatro patas y saliendo por el otro lado sacudiéndose el polvo) ¡La luz de la luna produce reuma articular y el aire fresco da apetito, lo cual incrementa el consumo de pan por habitante! ¡Vete a suspirar a una alcantarilla fuera de mi jurisdicción! ¡Y como no tienes dinero para pagarme la multa de las ortigas, procedo al embargo inmediato de tu calzado para subastarlo en la feria del usado!

 

Con un movimiento rapidísimo de gancho usando su bastón de medir, TULIO le arranca el zapato derecho del pie a AMAPOLA y lo guarda dentro de una caja fuerte de caudales cerrando con tres candados.

 

AMAPOLA: (Saltando en una sola pata, pasando del enamoramiento ciego a la indignación absoluta) ¡Mi zapato de charol de los domingos! ¡Devuélvemelo, garrapata con manguitos! ¡Te traje mi corazón en bandeja y me dejas coja de la pata derecha!

TULIO: (Mostrándole un recibo sellado) ¡Aquí tienes tu comprobante de confiscación! ¡Puedes reclamar el zapato dentro de cuarenta años presentando timbre fiscal y certificado de defunción! ¡Y ahora largo de este patio, que estás gastando el oxígeno de los contribuyentes solventes!

AMAPOLA: (Quitándose el zapato izquierdo con furia y blandiéndolo en el aire como una maza de guerra) ¡Hasta aquí llegó mi ilusión poética, Tulio! ¡Yo creía que tenías el alma atormentada como un príncipe de novelón romántico, pero tienes el espíritu de una chinche hervida! ¡Ladrón de zapatos! ¡Me voy ahora mismo de este reino infame! ¡Cruzaré la frontera de Reino del Tax Tax y llegaré otra vez ilusionada hasta el Reino de la Coliflor, donde la gente es feliz porque come verduras y toma aire fresco gratis y no tiene un ábaco metido entre las orejas!

REINA FILOMENA: (Lanzándole una pantufla bordada desde la jaula) ¡Toma, muchacha, ponte mis pantuflas real para el camino y no mires atrás, que aquí el único hombre que vale la pena ya lo tengo yo enjaulado!

AMAPOLA: (Calzándose la pantufla de la Reina y escupiendo hacia el escritorio de Tulio) ¡Gracias, majestad! ¡Y a ti, monstruo de la tinta agria, quédate con el otro zapato y ojalá y te den de patadas cuando estés dormido! (Sale caminando con dificultad por las pantuflas, muy digna, dando un portazo).

TULIO: (Frotándose las manos con satisfacción y oliendo los dos zapatos) ¡Qué mañana tan productiva! Un zapato seminuevo bien ganado, y un zapato gratis… cuatrocientos gramos de ortigas para la sopa del almuerzo y una mujer menos estorbando y quitándome el oxígeno. ¡Ahora sí, a cobrarle el impuesto de circulación a las moscas! (Empieza a perseguir una mosca invisible por todo el escritorio a golpes de matamoscas).

 

CUADRO SEGUNDO:

El espejo en el Reino de la Coliflor

 

Un paisaje silvestre absurdamente placentero frente a una humilde y pintoresca cabaña en el Reino de la Coliflor. En la escena hay Coliflores gigantes de cartón piedra y pajaritos de trapo colgados con hilos visibles. MANFREDO lleva un delantal bordado con margaritas; está arrodillado en el suelo hablándole con ternura a una lombriz de tierra mientras sostiene una regadera.

 

MANFREDO: (Con ternura) Perdóname, querida lombriz, por haber te pisado sin querer. Al menos el susto fue breve y no sé si tienes familia… o tenías… pobrecita de ti...

(Entra AMAPOLA arrastrando una maleta desvencijada, despeinada, sudorosa y caminando con dificultad por sus pantuflas grandes. Al ver a Manfredo de espaldas, se detiene en seco y abre los ojos como platos).

 

AMAPOLA: ¡Ja! ¡Lo sabía! ¡Un cobrador de impuestos nunca suelta la presa! ¿Me seguiste hasta aquí para cobrarme intereses, maldito Tulio?

MANFREDO: (Se levanta y se gira con una sonrisa angelical y los brazos abiertos) ¡Oh, una viajera fatigada! Bienvenida sea usted al Reino de la Coliflor, donde las verduras crecen gordas y los corazones son blanditos como puré de papa...

 

(AMAPOLA no lo deja terminar: le propina un bofetón con todas sus fuerzas).

 

MANFREDO: (Tambaleándose sin perder la sonrisa) ¡Ay, caramba! Qué saludo tan enérgico tienen en su tierra. ¿Desea que le devuelva el golpe por cortesía o prefiere que le ponga la otra mejilla para emparejar, digo?

AMAPOLA: (Desconcertada, con el puño cerrado) ¡Deja de fingir, burócrata del demonio! ¿Qué te has hecho en la voz? ¿Te tragaste una flauta dulce para disfrazarte de campesino tonto y embargarme la maleta cuando me quede dormida?

MANFREDO: (Frotándose la cabeza con dulzura) Señora mía, le juro por esta coliflor que jamás he embargado nada que no sea de emoción al ver un atardecer. Yo me llamo Manfredo, para servirle a Dios, a mi nodriza y a su manita que pega como mazo de feria.

AMAPOLA: (Acercándose con los ojos entrecerrados, olfateándolo como un perro) ¡Mentiroso! ¡Ganapán! ¡Mequetrefe! ¡Tú eres Tulio! ¡Tulio, Tulio, el desgraciado!  A ver, no te muevas... (Le agarra la cara con ambas manos y se la estira sin piedad). ¡Es la misma nariz de gancho para colgar longanizas! ¡Las mismas orejas de murciélago en paro! (Le abre la boca metiendo los dedos). ¡El mismo colmillo chueco! ¡Y el mismo lunar con forma de garbanzo encogido en el bigote!

MANFREDO: (Hablando con los cachetes estirados) ¡Gugú, qué manos tan suaves tiene usted, señorita! Suaves y poderosas, eh…  Si me va a arrancar el pescuezo, hágalo despacito para que me dure más el gusto de mirarla de cerca.

AMAPOLA: (Soltándolo de golpe y retrocediendo horrorizada) ¡Santa Patrona de los Bizcos! ¡Está sonriendo! ¡Tulio jamás ha mostrado los dientes sino para reírse de un pobre desahuciado! ¡Y además hueles a albahaca recién cortada en lugar de oler a tinta rancia y sudor de usurero! ¡Cuál es la trampa, el engaño, el timo…!

MANFREDO: No… Ninguna trampa, bellísima muchacha. Soy cien por ciento rústico y natural.

AMAPOLA: ¡Eso está por verse! Ningún ministro de finanzas sobrevive a la prueba del dinero en metálico. ¡Mira esto! (Saca un puñado de monedas de su bolsillo y las arroja al barro). ¡Vamos, Tulio! ¡Lánzate de hocico al lodo! ¡Muérdeme los tobillos por estas monedas de plata, mi único patrimonio! ¡Calcula el interés hipotecario!

MANFREDO: (Recoge las monedas con delicadeza, las limpia con su delantal y se las tiende a Amapola haciendo una reverencia) ¡Oh, pobre criatura! Se le han caído todos los botones de plata del vestido. Tenga, póngaselos pronto no sea que le entre un aire colado por el ombligo y me le dé un catarro.

AMAPOLA: (Temblando de emoción, llevándose las manos al pecho) ¡Me ha devuelto el dinero! ¡Y no me ha cobrado comisión por agacharse! (Lo agarra de las solapas y lo sacude). ¡Dime algo grosero ahora mismo o me desmayo de confusión! ¡Llámame "parásito tributario"! ¡Dime "cerebro de aire", “quita tiempo estridente!!

MANFREDO: (Sonrojándose) ¡Pero cómo voy a llamarla así, si tiene usted los ojos más luminosos que dos luciérnagas en un tarro de miel! A decir verdad, desde que me dio usted esa bofetada, siento que el corazón está bailando un chotis dentro del pecho.

AMAPOLA: (Enamorándose instantáneamente de forma fulminante y exagerada) ¡Ay, madre mía, un chotis, si es mi baile favorito, y ya nadie lo baila eh! ¡Oh, no lo puedo creer, tengo tanta suerte! Tienes la misma cara de canalla que me volvía loca en el otro reino, pero eres como un perrito dulce, una lechuguita con mayonesa, un platanito con crema… y miel! ¡Bésame las manos, Manfredo, que me quedo contigo y tus coliflores gigantes hasta el día del Juicio Final!

MANFREDO: (Besándole las manos con entusiasmo desbordante) ¡Qué felicidad! ¡Yo que pensaba que me iba a quedar soltero hablando solo conmigo! Pero dígame, hermosa mía... ¿quién es ese tal Tulio que se robó mis agraciadas facciones pero con tan malos modos? Yo soy único y solito en el mundo: un humilde huérfano sin parientes, hallado debajo de un repollo por mi buena nodriza Amanda cuando aún no sabía ni decir "mu".

AMAPOLA: ¿Huérfano tú también? ¡Pues ese Tulio vive a dos leguas de aquí, es el Ministro de Finanzas del Rey GORGONIO, tiene exactamente tus veinte años y también jura que es un huérfano recogido de un pozo seco!

MANFREDO: (Abriendo la boca con asombro teatral) ¡Un amigo idéntico a mí! ¡Y huérfano como yo! ¡Cielos, Amapola, qué misterio tan apasionante! Siempre sentí que cuando me rascaba la oreja derecha, alguien más sentía cosquillas en otra parte del mundo. ¡Tenemos que ir ahora mismo a conocer a ese caballero! ¡Tal vez él sepa quién nos fabricó esta hermosa nariz con el mismo molde!

 

(Se abre de una patada la puerta de la cabaña y sale AMANDA la nodriza corriendo como un toro bravo, haciendo girar su desproporcionado cántaro de lata por encima de la cabeza. Los gemelos y Amapola se tiran cuerpo a tierra; Amanda frena en seco y descarga un jarrón monumental en el suelo). cántaro

 

AMANDA: ¡Quieto todo el mundo o reparto jarronazos a domicilio! ¡Manfredo, suelta a esa extraña loca despeinada y métete a pelar cebollas! ¡Al Reino del tax tax no vas tú ni por error, ni por una mujer de cascos ligeros!

AMAPOLA: Óigame, no se pase… ¡Y No sea aguafiestas, señora! ¡Que allá en Tax Tax vive otro muchacho que es calcomanía exacta de su niño, pero en versión vinagrillo!

MANFREDO: Lo siento en el alma, querida nodriza, pero el amor de esta dama de pantuflas ligeras y que pega tan rico con sus manitas de pollo y el enigma de mi doble me llaman con voz de trompeta. ¡Vamos al reino vecino a descubrir la verdad! (Toma de la mano a Amapola y salen corriendo entre brincos ridículos).

AMANDA: (Tirándose de los pelos y dando vueltas sobre sí misma) ¡Maldita sea la hora en que concebí a ese par de brutos! ¡Si el Rey GORGONIO junta las dos mitades de su borrachera, nos manda a freír en manteca de puerco a todos! ¡Espérenme, insensatos, que allá voy yo con mi cántaro a destapar la cloaca real antes de que rueden cabezas!

 

CUADRO TERCERO: El callejón del espejo fiscal

Un callejón estrecho y mugriento a la entrada del palacio en el Reino del Impuesto. En la pared cuelga un cartel torcido que dice: «PROHIBIDO HACER SOMBRA SIN LICENCIA MUNICIPAL». Por la izquierda entra TULIO caminando de espaldas mientras mide con una cinta métrica el ancho de los adoquines y anota en un pergamino kilométrico. Por la derecha entra MANFREDO caminando también de espaldas, despidiéndose con un pañuelo de un pajarito imaginario, mientras AMAPOLA se queda unos pasos atrás sacándose una piedrita de los dedos de los pies.

TULIO y MANFREDO chocan espalda con espalda con un golpe seco de tambor. Ambos dan un salto, giran al mismo tiempo, chocan nariz con nariz, caen sentados al suelo en perfecta simetría y se frotan la punta de la nariz exactamente con el mismo gesto.

TULIO: (Rugiendo) ¡Ay, mi nariz de sabueso del SAT!

MANFREDO: (Suspirando con dulzura) ¡Ay, mi naricita primorosa!

 

Ambos se quedan congelados mirándose fijamente. Se levantan al mismo tiempo, sacudiéndose el polvo de las rodillas al unísono.

 

TULIO: (Entrecerrando los ojos, miope y furioso) ¿Pero qué despilfarro es este? ¿Quién ha mandado instalar un espejo de cuerpo entero en mitad de la vía pública con fondos del Estado? ¡Y encima con el vidrio empañado, que me saca cara de idiota feliz!

MANFREDO: (Maravillado, hablándole a Tulio como si fuera un gran señor) ¡Oh, qué modales tan distinguidos tienen en esta capital! Buenos días tenga usted, caballero. Qué traje tan elegante lleva, aunque le noto el entrecejo un poquito arrugado, como caracol frustrado.

TULIO: (Dando un respingo) ¡El espejo habla! ¡O peor aún, hay un vagabundo metido detrás del marco! A ver, si eres mi reflejo, tienes la obligación física de obedecerme sin cobrar sueldo. ¡Prueba de sincronización óptica!

 

Comienza el juego del espejo: TULIO, para comprobar si está frente a un cristal o ante una alucinación por exceso de trabajo, empieza a hacer gestos grotescos. MANFREDO, creyendo que se trata de la refinada etiqueta cortesana del Reino del Impuesto, lo imita con absoluta seriedad y entusiasmo para no quedar como un maleducado.

TULIO saca la lengua hasta tocarse la barbilla y se tira de las dos orejas hacia afuera. MANFREDO saca la lengua encantado y se estira las orejas haciendo una cómica caravana cortesana.

 

TULIO levanta la pierna derecha como un perro junto a un farol y se rasca la barriga con ambas manos haciendo ruidos de mono. MANFREDO levanta la pierna con gracia de bailarín clásico y se rasca la barriga sonriendo con ternura.

TULIO se mete un dedo en la boca, infla los cachetes y se da tres palmadas en la coronilla. MANFREDO hace exactamente lo mismo, produciendo un sonido hueco.

 

TULIO: (Satisfecho) ¡Uf, menos mal! Sí es un espejo. Por un segundo temí que hubiera otro sujeto en el mundo usando mi cara sin pagarme regalías. Aunque tiene una mancha de mugre aquí en el moflete...

TULIO saca un pañuelo inmundo, le echa un salivazo ruidoso y le frota con fuerza el cachete a MANFREDO.

 

MANFREDO: (Cerrando los ojos conmovido) ¡Ay, qué detalle tan maternal! Hacía semanas que nadie me lavaba la carita con tanto cariño. ¡Déjeme corresponderle el agasajo, buen hombre!

 

MANFREDO saca su delantal con olor a albahaca, agarra a TULIO por las orejas y le planta dos besos sonoros en cada mejilla.

 

TULIO: (Dando un alarido de terror y saltando hacia atrás como gato escaldado) ¡Socorro! ¡Guardias! ¡El espejo me escupió perfume de albahaca! ¡Un Doble, doppelgänger subversivo! ¡Un falsificador de rostros! ¡Me piratearon mi amargado rostro!

(Entra AMAPOLA corriendo y se coloca justo en medio de los dos, abriendo los brazos).

AMAPOLA: ¡Ni espejo ni falsificación, Tulio! ¡Cierra esa bocaza de joven amargado y mira bien quién tienes enfrente!

 

TULIO se asoma por encima del hombro derecho de AMAPOLA; MANFREDO se asoma por el izquierdo. TULIO baja la cabeza a la altura de la cintura de AMAPOLA; MANFREDO baja por el otro lado. Empiezan a girar en círculo alrededor de AMAPOLA persiguiéndose el uno al otro: TULIO intentando atrapar a MANFREDO para estrangularlo con su cinta métrica, y MANFREDO persiguiendo a TULIO con los brazos abiertos para darle otro abrazo.

 

TULIO: (Corriendo en círculos) ¡Quieto ahí, vil usurpador! ¡Te voy a confiscar esa nariz, que la tengo registrada entre mis bienes personales! ¡Amapola, ¿de dónde sacaste esta falsificación barata de mi mi?!

AMAPOLA: (Mareada de verlos girar) ¡Del Reino de la Coliflor! ¡Ya estense! ¡Se llama Manfredo, y es la prueba viviente de que tu cara no tiene la culpa de que seas un patán insufrible! ¡Yo con él sí me voy a casar, porque me gusta como me gustabas tú, pero el no es tu, poruqe s otro y es muy lindo y tiene el corazón dulce como un  mazapán!

MANFREDO: (Deteniéndose de golpe, provocando que TULIO choque contra su espalda y rebote al suelo) ¡Querido Tulio! ¡No sabes qué ilusión me hace conocer al primer dueño de los ojos de mi prometida! Toma, te traje media coliflor cruda en señal de eterna amistad entre hermanitos. (Le mete la coliflor en la boca a Tulio mientras lo levanta del cuello de la camisa).

TULIO: (Escupiendo hojas de coliflor, rojo de ira burocrática) ¡Puaj! ¡Verdura sin aranceles! ¡Suelta mi uniforme, palurdo campesino! (Saca su libreta y una pluma de ganso gigantesca). ¡Ahora mismo te levanto un acta por plagio anatómico en primer grado! A ver, confiesa antes de que te mande al calabozo: ¿quién te alquiló mi verruga labial? ¿En qué taller clandestino te copiaron mi colmillo chueco? ¿Cuál es tu fecha de origen? ¡Cuándo caducas?

MANFREDO: (Poniéndose firme como un niño en la escuela) Nací hace exactamente veinte años, señor ministro, durante la Gran Tormenta de San Viriato, la noche en que cayeron ranas del cielo y se helaron los nabos.

TULIO: (Se le cae la pluma de la mano; la recoge y se le vuelve a caer) ¿Cómo dijiste? ¿La noche de San Viriato? ¡No intentes confundirme con datos falsos! ¡Esa no che es mi noche, es la fecha de mi nacimiento, y es mía!

MANFREDO: ¡Qué casualidad tan hermosa! Seguro que nuestras madres eran vecinas y nos tuvieron a los dos al mismo tiempo. Qué lindo.  Aunque bueno, yo no tengo madre... Mi buena nodriza Amanda me contó que me halló abandonado bajo un árbol, envuelto en una manta vieja que tenía bordado un caballo bizco.

TULIO: (Llevándose las manos a la garganta, al borde del colapso) ¿Un... un caballo bizco con una herradura verde en la oreja?

MANFREDO: ¡Exactamente! ¡Y con tres agujeros de polilla en la cola! ¿Cómo lo sabes?

TULIO: ¡Porque yo tengo la otra mitad de esa manta guardada en mi baúl! ¡A mí el Rey GORGONIO me juró que me habían recogido esa misma mañana del pozo seco de las caballerizas reales! ¡Espera un momento... levántate el pantalón del tobillo izquierdo!

MANFREDO: ¡Pero caballero, aquí en medio de la calle no sé si debamos!

AMAPOLA: ¡Levántatelo ya, Manfredo, por amor de Dios!

 

TULIO y MANFREDO se suben la pernera izquierda del pantalón al mismo tiempo y estiran la pierna hacia el centro.

AMAPOLA: (Mirando ambos tobillos con lupa) ¡Por todos los de la corte! ¡Los dos tienen la misma mancha de nacimiento con forma de nabo mordido!

MANFREDO: (Dando saltitos de alegría y aplaudiendo) ¡Ya lo entiendo todo! ¡No somos dos personas distintas, Tulio! ¡Somos una sola persona que dividió en dos, pero nos podemos juntar otra vez, a ver!

AMAPOLA: (Dándole un coscorrón cariñoso a Manfredo) ¡No seas burro, mi amor! ¡Lo que pasa es que son hermanos gemelos! ¡Nacieron del mismo vientre, los cortaron por la mitad de la manta y les mintieron con la misma mentira mentirosa!

MANFREDO: (Llorando a moco tendido de felicidad) ¡Un hermano! ¡Tengo un hermanito igualito a mí! ¡Ven a mis brazos, sangre de mi sangre, mitad de mi manta! (Se lanza sobre Tulio y lo levanta en vilo, dándole vueltas en el aire).

TULIO: (Pataleando en el aire con los ojos inyectados en sangre) ¡Bájame, alcornoque, badulaque, tarambana! ¡Esto no es motivo de celebración, es el mayor escándalo de la historia! ¡¿Me estás diciendo que había dos ejemplares del mismo lote y que a ti te mandaron de vacaciones permanentes a regar lechugas mientras a mí me esclavizaron veinte años sumando los impuestos de ese Rey panzón?!

MANFREDO: (Bajándolo al suelo con delicadeza) Bueno, pero a ti te dieron un bonito escritorio y un título de ministro...

TULIO: ¡Me dieron una úlcera gástrica y salario cero porque según el Rey yo le debía el favor de no haberme dejado comer por los cerdos del establo! ¡Veinte años de horas extras no remuneradas! ¡Esto rompe todos los convenios colectivos de la orfandad! (Agarra a Manfredo de una oreja y a Amapola de la trenza). ¡Caminen ahora mismo hacia el patio real! ¡Hoy el Rey GORGONIO me paga mis veinte años de aguinaldo atrasado o le embargo hasta los calzones de franela!

MANFREDO: (Caminando feliz mientras Tulio lo arrastra de la oreja) ¡Ay, Amapola, mira qué carácter tan decidido tiene mi hermanito! ¡Cómo aprieta la oreja, igualito que las tenazas de mi nodriza! ¡Lo amo!

 

Salen los tres a tropezones rumbo al patio del palacio.

 

CUADRO CUARTO: El cántaro de leche y los pechos privilegiados

De vuelta en el patio del palacio del Reino del Impuesto. En la jaula del fondo, LA REINA FILOMENA y PÁNFILO EL CABALLERANGO están comodísimos: han colgado cortinas de encaje en los barrotes, tienen un brasero con salchichas gigantes asadas y Pánfilo le está pintando las uñas de los pies a la Reina con un pincelito de pelo de camello.

Por el centro entra EL REY GORGONIO montado a caballito sobre una escoba con cabeza de trapo, arrastrando su manto real lleno de manchas de cátsup y mostaza y abrazando una bota de vino de colores vivos.

REY GORGONIO: (Cantando desafinado) ¡Arre, corcel financiero, que hoy cobramos el diezmo del agujero! (Se tropieza con su propia barriga, rueda como tonel por el suelo y queda sentado sin dejar de beber el vino de la bota). ¡Milagro! ¡Se rompió el coxis del monarca, pero se salvó el Rioja que traigo en mi bota española! ¡Tulio! ¡Tulio, rata de archivo! ¡Ven a levantar a tu Rey antes de que las hormigas me cobren derecho de piso!

REINA FILOMENA: (Asomándose entre las cortinas de la jaula con unos binoculares de teatro) Mira, Pánfilo, el panzón de mi marido ya se cayó de espaldas otra vez. Te apuesto dos salchichas gordas a que hoy no se acuerda ni de en qué siglo vive… Y no le des salchichas ya, mira cómo se pone.

PÁNFILO: No, pichona, Todas las salchichas son para mí. Y para ti también, lo juro… A ver, dame tu otro piecito….

 

De pronto, las puertas del patio se abren de una patada sincronizada. Entran TULIO y MANFREDO caminando al mismo paso militar, seguidos por AMAPOLA, que viene tocando un tambor abollado.

 

TULIO y MANFREDO: (Al unísono, aunque Tulio ruge y Manfredo canta) ¡Alto a la tiranía del viejo mezquino y malvado!

REY GORGONIO: (Parpadeando, se tapa el ojo izquierdo con la mano, luego el derecho) ¡Santo dios del vino tinto! ¡Este vino tan fino se me ha subido tanto que veo doble! ¡Estoy viendo dos ministros de finanzas! (Se levanta tambaleándose y se acerca a los gemelos). A ver, ¿cuál de los dos es mi rata cobradora de impuestos  y el otro es Rata o es ratón?

EL REY muere de risa de sus propias palabras y le da un sopapo sonoro a TULIO en la mejilla.

TULIO: ¡Ay! ¡Ese soy yo, la rata cobradora, viejo decrépito!

REY GORGONIO: ¡Ajá! Si este duele, el otro tiene que ser el ratón. (Le da otro sopapo igual de sonoro a MANFREDO).

MANFREDO: (Sin perder la sonrisa) ¡Ay, que tierno, me dijo Ratón… Siempre he querido ser un ratón?

REY GORGONIO: (Dando un salto hacia atrás y santiguándose con la damajuana) ¡Auxilio! ¡El ratoncito habla! ¡Esto es una sueño o una maldición! ¡Que traigan agua bendita que traigan un exorcista! ¡Tulio, ¿por qué te has multiplicado sin pedirme permiso?! ¡Dos ministros significan gastos dobles en el comedor del palacio!

TULIO: (Sacudiendo un pergamino frente a la nariz del Rey) ¡No soy una alucinación, pero voy a ser tu pesadilla, langosta avariciosa con corona! ¡Este papanatas sonriente es Manfredo, mi hermano gemelo! ¡Aquí tenemos las pruebas: misma nariz de gancho, misma mitad de manta con caballo bizco y el mismo lunar con forma de nabo mordido en el tobillo! (Ambos gemelos levantan la pierna izquierda al mismo tiempo y le ponen los tobillos peludos en las narices al Rey).

AMAPOLA: ¡Huela, majestad, huela! ¡El mismo aroma a orfandad fraudulenta! ¡Viejo puerco! ¡Lleva usted veinte años diciéndole a Tulio que lo sacó pozo para no pagarle sueldo, mientras al pobre Manfredo lo escondió en el Reino de la Coliflor!

MANFREDO: (Con ojos llorosos) Señor Rey, yo no vengo por el dinero... Yo solo quería conocer a toda mi familia

REY GORGONIO: (Acorralado, tirando la escoba al suelo y poniéndose morado de berrinche) ¡Tu familia! Eso es mucho decir, Maldito bastardo! ¡Está bien, quieren saber de dónde salieron, hijos del adulterio?… ¡pues agárrense los pantalones! ¡Ustedes no son huérfanos del basurero! ¡Son los bastardos inmundos que parió la adúltera de mi esposa con ese mozo de cuadras que huele a alfalfa masticada! (Señala con dedo acusador hacia la jaula).

En la jaula, PÁNFILO se come los pelos del pincel de camello de la impresión.

 

REINA FILOMENA: (Sacando la cabeza entre los barrotes hasta casi desencajarse las orejas) ¡¿Qué dijiste, barril con patas?! ¡Repite eso, gorda pelota de pilates!

REY GORGONIO: ¡Digo la verdad histórica! ¡Hace veinte años los pesqué a ustedes dos en el pajar real! ¡Los encerré en esa jaula por traidores a la corona, y a tiempo después encontré a estos dos engendros berreando en la cuna del palacio! ¡Los repudié por tener sangre de establo, mandé a uno lejos para no verlo, y me quedé con Tulio porque tenía dedos largos para contar monedas!

PÁNFILO: (Aporreando los barrotes con el rascador de caballos, indignadísimo) ¡Alto ahí, calumniador con cetro! ¡Yo podré ser un vago y un jinete de alcoba ajena, pero jamás un padre irresponsable! ¡La Reina Filomena y yo somos inocentes… No somos nada de ese par de narigones!

REINA FILOMENA: ¡Díselo, Pánfilo, díselo sin anestesia! ¡Mira esta cintura, GORGONIO! (Se levanta la falda mostrando tres fajas encimadas). ¡Jamás he parido ni un suspiro! ¡Cuando Pánfilo y yo nos metíamos al pajar, lo hacíamos con extrema precaución!

TULIO: ¿Y qué hacían entonces, señora?

PÁNFILO: ¡Jugar al dominó de paja! ¡Todo seguro hijo, es lo mejor para no tener niños que no puedas cuidar!

REY GORGONIO: (Rascándose la coronilla debajo de la corona) ¡Pero cómo que jugaban al dominó seguro! ¿Y entonces quién demonios puso dos niños idénticos en la cuna real la mañana de la tormenta de San Viriato? ¿Las cigüeñas?

 

Se escucha un estruendo de cacerolas en la entrada. Aparece AMANDA la nodriza corriendo, haciendo girar su desproporcionado cántaro de lata por encima de la cabeza. Los gemelos y Amapola se tiran al suelo; Amanda frena en seco y descarga un jarronazo monumental en el suelo.

 

AMANDA: ¡Las cigüeñas de tu abuela, Rey cabeza de chorlito! ¡Esos dos pedacitos de cielo salieron de esta barriga mía, y el semental culpable no fue el caballerango, sino tú mismo, viejo pellejo!

TODOS: (Levantándose de golpe) ¡¿QUÉ?!

REY GORGONIO: (Temblando) ¡Mentira! ¡Calumnia total! ¡Yo jamás he tocado a una nodriza si no es para tomar un trago de leche!

AMANDA: (Avanzando hacia el Rey mientras le da golpecitos en la panza con el jarrón) Pues sí, es el caso, y tomaste un poquito más que un solo trago… ¡Haz memoria, barril con patas! Hace veinte años y nueve meses, la noche de la Gran Helada de Enero, te bebiste tú solito cuatro toneles de vino rioja soberano. A las tres de la mañana empezaste a dar de alaridos desde tu cama real: «¡Que me traigan leche caliente con canela o mando a degollar a todos!».

REY GORGONIO: (Sudando frío) Bueno... a veces me causa acidez, ya saben, prefiero el vino blanco...

AMANDA: ¡Entré yo a oscuras con La jarra llena de leche caliente! Y tú, con una borrachera que no distinguías un candelabro de una obispa, me echaste el guante al delantal, me tumbaste en el colchón de plumas y me dijiste al oído: «¡Ven acá, pedacito de vaca tibia, que tengo los pies helados y tú hueles a queso fresco!».

TODOS:  (Hacen caras de arghh) ¡Arghhh!

 

EL REY GORGONIO suelta la bota de vino, que Amapola atrapa al vuelo. El Rey se acerca a Amanda en cámara lenta, le olfatea el hombro izquierdo, luego el delantal, y abre los ojos maravillado.

 

REY GORGONIO: ¡Por todos los santos! ¡Leche hervida y queso de cabra! ¡Tú eras la nubecita tibia, la hermosa vaca lechera hecha mujer hermosa! ¡Y yo que me pasé veinte años creyendo que aquella noche me había abrazado a una oveja exuberante que se metió por el balcón!

AMANDA: ¡Oveja exuberante tu madrecita, viejo baboso! A la mañana siguiente roncabas como un marrano y no te acordabas de nada. Pero nueve meses después, yo parí a estos dos mellizos detrás de la despensa. Como sabía que si te enterabas de que eran tuyos me mandarías a la horca por allanamiento de colchón real, los envolví en la manta del caballerango y los metí en la cuna del palacio para que creyeras que eran bastardos de tu mujer. ¡Y luego me contrataste a mí misma como nodriza para criarlos con estos dos exuberantes pechos míos!

REY GORGONIO: (Llevándose las manos a la cara y soltando una carcajada descomunal) ¡Jajajaja! ¡Qué jugada maestra! ¡O sea que no soy viejo ridículo y cornudo, sino padre amoroso por partida doble…

TODOS: (Hacen caras de sí, no… más bien no) Mhhh, mhhh, mmmhhhh.

REY GORGONIO: …Y ya, lo que sí, francamente s ellos digo, es que me ahorré la pensión alimenticia durante veinte años! ¡Venid acá, esperpentos de mi sangre! (Abre los brazos hacia los gemelos).

MANFREDO: (Corriendo a abrazar la barriga del Rey) ¡Papito lindo! ¡Sabía que debajo de esa capa manchada de mostaza y capsup latía el corazón de un padre amoroso!

TULIO: (Sacando su ábaco a toda velocidad y haciendo sonar las bolas de madera) ¡Un momento, quieto todo el mundo! Si soy hijo legítimo de las entrañas del Rey, eso anula mi contrato de huérfano recogido y me convierte automáticamente en Alteza Real con derecho a veinte años de sueldo real retroactivo, aguinaldo compuesto, indemnización por daños morales y herencia del trono... (Sonríe por primera vez en toda su vida con una mueca aterradora). ¡Soy rico! ¡Rico e impune!

REY GORGONIO: (Mirando a Tulio con lágrimas de orgullo paterno) ¡Escúchalo, Amanda! ¡Acaba de descubrir que tiene un padre y lo primero que hace es calcularme el embargo! ¡Es idéntico a mí cuando destroné a mi abuelo a sillazos! ¡Tulio, hijo de mi alma, por ser el más ruin, avaro, cínico y desalmado de los dos, te nombro desde este segundo Heredero Universal y Rey Regente en funciones! ¡Toma la corona, que me aprieta la frente y ya me cansé de firmar decretos! (Le encasqueta la corona a Tulio hasta las orejas).

MANFREDO: (Dando palmaditas) ¡Bravo por mi hermanito! ¿Y a mí qué me toca, papito rey? ¿Puedo ser Ministro de Ecocultura y progreso sustentable?

REY GORGONIO: ¡Tú?... ¡Estás tonto de capirote, Manfredo! Con esa sonrisa de pan dulce nos arruinarías el reino en quince minutos creando Utopías sustentables y desarrollos progres. No, no, no… A ti te nombro Duque Vitalicio de la Nube Flotante, te regalo tres hectáreas de repollos libres de impuestos y te doy permiso para que te cases con esa muchacha que te mira con cara de hambre.

AMAPOLA: (Saltando al cuello de Manfredo) ¡Aleluya! ¡Me llevo al gemelo guapo, con título de duque y sin libros de contabilidad en la cama!

REINA FILOMENA: (Sacudiendo la puerta de la jaula hasta hacerla chirriar) ¡Oye, GORGONIO, menos repartición de coronas y más justicia! ¡Si los mellizos son tuyos y de la nodriza, ¡entonces Pánfilo y yo somos inocentes del cargo de adulterio doloso!

REY GORGONIO: Ummm, sí, no… No sé… pero está bien, Son libres…¡Ahora tendrán que ponerse a trabajar  y ya no recibirán los beneficios del estado.! (Saca una llave gigante del cinturón y abre el candado de la jaula). ¡Quedan oficialmente perdonados, divorciados y puestos en la calle!

PÁNFILO: (Asomándose con desconfianza fuera de la jaula) ¿En la calle? Oiga, majestad, ¿no nos podemos quedar otros diez añitos presos? Es que aquí adentro no entra chiflón y nos traen el desayuno a la cama...

REINA FILOMENA: (Tirando de Pánfilo por la oreja fuera de la jaula) ¡Camina para afuera, Pánfilo, no seas haragán! ¡Con los veinte años de castañas que tenemos ahorradas debajo del colchón nos compramos una posada en la frontera y por fin tiramos el dominó seguro todo el verano! ¡Adiós, cornudos y parientes, que nos vamos a pasar la vida como siempre, disfrutando, pero ahora al aire libre! (Salen la Reina y Pánfilo bailando una conga descontrolada y tirando pétalos de coliflor).

REY GORGONIO: (Poniéndose un sombrero de paja de playa encima de la peluca y ofreciéndole el brazo a Amanda) Y ahora, mi querida Mujer tibia y exuberante, para reparar veinte años de mala memoria real, declaro por edicto perpetuo que tus dotes salvadoras figuren en el escudo de armas de la nación bajo el título de Los Mejores atributos… Agarra ese Jarrón, mujer, que tú y yo nos vamos de luna de miel atrasada a tomar el sol a las Playas de Cancún.

AMANDA: (Dándole un empellón cariñoso al Rey) ¡Andando, viejo verde, pero esta vez la leche con canela te la calientas tú solito!

TULIO: (Subido encima de Cátedra con la corona torcida y golpeando un mazo de juez) ¡Alto ahí la procesión de los felices! ¡Como nuevo Rey en funciones del Reino del Impuesto, promulgo mi Ley Número Uno! ¡Diez monedas de oro por derecho de abdicación para mi padre! ¡Quince monedas por uso de título nobiliario para mi hermano! ¡Veinte por licencia matrimonial para mi exnovia! ¡Y cincuenta monedas de multa a mi madre por haberme parido sin timbre fiscal en el ombligo! ¡Guardias, traigan la red de cazar contribuyentes!

AMANDA: (Levantando el cántaro) ¡Corre, GORGONIO, que el niño nos salió más ladrón que tú!

 

TULIO salta del escritorio persiguiendo a todos con su cinta métrica y su libro mayor; el REY, AMANDA, MANFREDO y AMAPOLA corren en círculos alrededor de la jaula vacía entre gritos, risas y jarronazos al aire mientras cae el telón de golpe.

 

FIN

 

HERMANOS DE LECHE: Farsa cómica y absurda en cuatro cuadros. © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

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