viernes, 26 de junio de 2026

Manolito el mentiroso.

  






Manolito el mentiroso


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MANOLITO EL MENTIROSO
Versión de Corral de Comedias
PERSONAJES:
  • DON MANOLO: Español gachupín, embustero profesional e inventor de pacotilla.
  • LEONOR: Criolla brillantísima (el vivo retrato de Sor Juana Inés de la Cruz).
  • LA VIRREINA: Condesa de Paredes, elegante, imponente, dramática y muy celosa de su poeta favorita.
  • LA MULATA DE CÓRDOBA: Mujer de impactante belleza, libre y con poderes mágicos.
  • LA MONJA ALFÉREZ: Dama vestida de soldado, ruda y con temperamento feroz.

ACTO ÚNICO
ESCENA 1
EXT. PASEO DE LA ALAMEDA - DÍA
Una galaxia novohispana paralela al siglo XVII. Al fondo, carruajes coloniales flotan sutilmente. En primer plano, LEONOR (hábito impecable, pluma en mano) anota versos en un cuaderno.
Entra DON MANOLO pisando fuerte, con el cuello almidonado hasta las orejas y cargando un artefacto de hojalata y tubos de cobre que saca humo.
DON MANOLO
(Poniéndose una mano en el pecho)
¡Ay, Doña Leonor! Que por vos he cruzado el Atlántico. En Madrid poseo tres palacios de mármol y un mayorazgo que colinda con el del Rey. Pero mi verdadera fortuna es mi ingenio. Contemplad el Astral-Localizador-Gachupín, un catalejo de mi invención que funciona a vapor y vaporcito, capaz de ver el futuro de las almas. Dadme vuestra mano, que os haré reina de las Europas.
LEONOR
(Lo mira de arriba abajo con sonrisa socarrona, se cruza de brazos)
Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis. Mire, Don Manolo, ahorre sus mundos de oro fingidos y sus catalejos de hojalata, que sus mentiras son más transparentes que el agua de Texcoco. Buscando bien el desdén, con ansia necia la solicitáis, ¿y qué queréis que obre bien la que incitáis al mal? Hoy tengo la agenda ocupadísima: quedé de jugar al bádminton con mi dilecta amiga la Virreina.
DON MANOLO
(Indignado, saca una caja de madera con cables de cáñamo)
¿Hombres necios? ¡Por Santiago! Mirad entonces este Retablo Automático de Almas, que con solo girar esta palanca retrata vuestra belleza en un lienzo sin usar pincel. ¿Acaso vuestros versos pueden competir con la ciencia de un hidalgo?
LEONOR
(Suelta una risotada)
¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada? Guarde su caja de grillos. Si tantas ganas tiene de presumir, busque a la famosa Mulata de Córdoba. Dicen los envidiosos del Santo Oficio que es bruja, pero la verdad es que sabe tanta química y abogacía que los hombres no soportan que sea más libre y rica que ellos. A lo mejor a ella le interesa su catalejo para los barcos que dibuja con carbón en las paredes de sus celdas... mire que desaparece en el aire cuando la encierran.
DON MANOLO
(Tragando saliva)
Bah, supercherías. Yo busco almas más templadas en el arte de la guerra.
LEONOR
¿Guerra? Camine tres calles y pregunte por la Monja Alférez. A esa dama no le gustan los vestidos; prefiere pantalones, bigote pintado y espada afilada. Se escapó de un convento en España, cruzó el mar vestida de soldado y tiene permiso del Papa para vestir de hombre. A ella le fascina batirse en duelo. Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas, y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas.
DON MANOLO
(Desesperado, saca unos anteojos rústicos con vidrios ahumados)
¡Pues os equivocáis, Doña Filotea de pacotilla! ¡Contemplad mis Quevedos del Amor Instantáneo! Harán que cualquier fémina caiga rendida a mis pies. ¡Me largo a buscar a esas damas!
DON MANOLO sale corriendo con sus artefactos bajo el brazo.
LEONOR
(Gritando al viento, divertida)
¡Opinión ninguna gana, pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana! ¡Buen viaje, Don Mentiras!

ESCENA 2 (ESCENA INTERMEDIA )
EXT. CALLEJÓN DE LA NEBLINA - MINUTOS DESPUÉS
DON MANOLO camina de prisa, tropezando con los cables de sus cachivaches y acomodándose los anteojos ahumados.
De pronto, un carruaje de seda y encaje se detiene con estrépito. Baja LA VIRREINA, vestida con un fastuoso traje barroco, sosteniendo una raqueta de bádminton de plata y rodeada por dos abanicadores. Tiene cara de pocos amigos y mira a Manolo con absoluto desprecio.
LA VIRREINA
(Cruzándose de brazos, indignada)
¡Detenedos ahí, gachupín de tres al cuarto! ¿Quién os da licencia para pasear por la Alameda importunando a mi décima musa, a mi fénix de América? ¡Que os he visto desde mi balcón palaciego lanzándole discursos de herencias falsas a mi queridísima Leonor!
DON MANOLO
(Dando un salto, asustado pero intentando galantear)
¡Ay, vuestra Excelencia! No os encendáis en ira, que no soy un cualquiera. Soy el Marqués de Manzanares. Y si vuestros ojos están nublados por los celos de ver que busco el amor de la monja, es porque no habéis probado la grandeza de mis Quevedos del Amor Instantáneo. ¡Mirad a través de ellos y veréis al verdadero rey de vuestro corazón!
LA VIRREINA
(Da un raquetazo al aire, furiosa)
¿Celos yo? ¡Por los títulos de mi esposo el Virrey! ¿Me estáis diciendo celosa a mí, la Condesa de Paredes? ¡Lo que tengo es un enfado monumental! Leonor no tiene tiempo para vuestros inventos de hojalata ni para vuestras mentiras gachupinas; ¡tiene que terminar de escribir el arco triunfal de nuestra próxima fiesta cortesana!
DON MANOLO
(Retrocediendo)
¡Pero Señora Excelentísima, la ciencia...!
LA VIRREINA
(Apuntándolo con la raqueta de bádminton como si fuera una espada)
¿Ciencia? ¡Ciencia es la que os va a faltar para escapar de la guardia virreinal si volvéis a acercaros a su celda de estudio! ¡Fuera de mi vista, mentiroso, antes de que ordene que usen vuestro cuerpo como pelota para mi partido de bádminton de esta tarde! ¡Guardias, a él!
DON MANOLO pega un grito, pierde una tuerca de su catalejo de vapor y sale corriendo despavorido hacia el fondo del callejón, mientras la Virreina le lanza un par de pelotas de bádminton con furia y perfecta puntería.

ESCENA 3
EXT. ENTRADA DE UNA CELDA ABANDONADA - CONTINUO
La niebla huele a copal y canela. LA MULATA DE CÓRDOBA, hermosa y serena, dibuja un galeón con carbón en una pared de piedra.
DON MANOLO entra corriendo, ve a la Mulata, se infla el pecho y se acomoda los anteojos.
DON MANOLO
¡Ajá! ¡La Mulata! Contempla mis quevedos, mujer, y adora al conde de...
LA MULATA ni lo mira. Da un soplo divino a la pared. El dibujo de carbón cruje, las velas se inflan y el barco empieza a flotar en el aire del callejón. Ella se sube a la borda de piedra con elegancia.
LA MULATA
Buen hombre, guárdate tus lentes, que para ver el mar no necesito vidrios, y para ser libre no necesito hidalgos.
El barco de humo zarpa hacia el cielo. DON MANOLO se queda con la boca abierta y el sombrero lleno de hollín. Asustado, da media vuelta y choca de frente contra LA MONJA ALFÉREZ, quien viste casaca militar, bigote pintado y mano en la empuñadura de su espada.
LA MONJA ALFÉREZ
¡Eh, gachupín de feria! ¡Me has pisado la bota y arruinado el calzado!
DON MANOLO
(Temblando)
¡Disculpad, mi señor soldado! Es que... soy el Marqués de Manzanares e inventor del...
LA MONJA ALFÉREZ desenvaina la espada con un silbido metálico que parte los anteojos de Manolo exactamente por la mitad.
LA MONJA ALFÉREZ
(Sonrisa feroz)
¿Marqués? ¿Inventor? A mí no me vengas con cuentos de corte, que he visto morir a hombres mejores en las selvas de Chile. Aquí el único título que vale es el del acero. ¡Saca tu espada o defiéndete con tus patentes, que hoy ceno lengua de mentiroso!
DON MANOLO suelta todas sus cajas y tuercas, y arranca a correr despavorido. LA MONJA ALFÉREZ lo persigue haciendo zumbar su sable en el aire.

ESCENA 4
EXT. ENTRADA DEL PASEO DE LA ALAMEDA - CONTINUO
DON MANOLO entra corriendo como un torbellino, con los pantalones rotos y la lengua de fuera.
LEONOR lo espera tranquilamente junto a la fuente, sosteniendo su cuaderno. A su lado, LA VIRREINA sonríe triunfante, abanicándose con elegancia. Al ver pasar a Manolo con la Alférez pisándole los talones, Leonor da un paso al frente con una sonrisa demoledora.
LEONOR
(Con entonación implacable y triunfal)
¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada: la que cae de rogada, o el que ruega de caído? ¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga o el que paga por pecar? ¡Corra, Don Manolo, que la ciencia no lo salva de la espada!
DON MANOLO cruza el escenario gritando, seguido por la Alférez. LEONOR y LA VIRREINA se miran, chocan las palmas en un gesto cómplice y moderno, y miran al público.
FADE OUT.

EPÍLOGO
INT. TALLER DE REPARACIONES / CALLEJÓN DE LA ALAMEDA - DÍA SIGUIENTE
TEXTO EN PANTALLA o VOZ EN OFF: "Al día siguiente, bajo el radiante sol del virreinato..."
DON MANOLO está sentado en una banqueta de piedra. Tiene un ojo morado, la casaca remendada con hilos de colores y está rodeado de chatarra vieja. Intenta pegar sus anteojos rotos con baba y un poco de cera de vela.
Pasa un GRUPO DE CRIOLLAS adineradas vistiendo ricos mantones. DON MANOLO, incapaz de contener su naturaleza, se levanta de un salto, se aclara la garganta y adopta una postura "galante", extendiendo los anteojos rotos hacia ellas.
DON MANOLO
(Con voz engolada y teatral)
¡Gentiles damas! No os asustéis por mis heridas, que son de batallas espaciales. Contemplad los Quevedos del Destino Dividido. Un invento de mi autoría que permite ver dos mundos a la vez: uno de oro y otro de diamantes... ¡Por solo dos reales son vuestros!
Las criollas se tapan la boca con sus abanicos, soltando risitas burlonas, y lo ignoran por completo, dejándolo solo.
Aparece LEONOR caminando por la acera de enfrente, cargando un enorme pergamino con un nuevo poema. Se detiene, mira a Manolo con una mezcla de diversión y resignación, y le grita desde lejos:
LEONOR
¡No cabe duda, Don Manolo! En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas? ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas? ¡Usted no aprende, pero reconozco que su empeño es casi tan infinito como sus embustes!
LEONOR sigue su camino sonriendo. DON MANOLO se encoge de hombros, le da un golpe a su catalejo roto (que lanza una última chispa de vapor) y mira al público.
DON MANOLO
Bah... ¡Es que no entienden el arte de los guapísimos y sencillísimos españolitos!
FIN

















jueves, 25 de junio de 2026

EQUIPAJE DE MANO (EL AMOR DE MAMÁ).

 

 

equipaje de mano

(el amor de mamá)

 

 

Personajes:

ABEL (34 años): De León, Guanajuato, ya bastante "achilangado". Director de marketing digital en la CDMX. Ha triunfado profesionalmente, vive en un departamento estético y cree tener el control de su vida, pero el amor desmedido de su madre no tiene límites.

OROPEZA (34 años): Su roomie. Chilango de cepa, de padres relajados que viven en la Roma. Es metódico, obsesivo de la limpieza, el orden y su paz mental.

VOZ DE LA MAMÁ (GREGORIA): Madre leonesa de Abel. Excesivamente cariñosa, proveedora compulsiva y totalmente ajena al concepto moderno de "límites".


Escena 1

Interior de un auto en movimiento. ("Vemos" al conductor y al copiloto sentados y "viendo" hacia el frente)  ABEL va manejando concentrado por el caótico tráfico de la Avenida Insurgentes con dirección al norte de la Ciudad de México. OROPEZA va en el asiento del copiloto, revisando angustiado el GPS en su celular. El ambiente dentro del auto es tenso pero contenido.

ABEL

Te lo juro, Oropeza, León es otra cosa. El verdadero paraíso culinario. O sea, la CDMX tiene restaurantes chidos, pero allá... ¡Uf! Una guacamaya, que es tu bolillo con chicharrón crujiente, un chingo de pico de gallo —jitomate, cebolla, chile—, bañada en salsa y harto limón. O los chicharrones preparados con col y verdura. ¿Andas crudo o de malas? Te pides un caldo de oso. No te asustes, no es de oso; son cueritos en vinagre con manzana, piña, vinagre de piña, queso y chile. Una obra de arte. Y los tacos de tripa, bien doradita... ¡No, no! Mi mamá encima hace unos tamales, un pozole y una mermelada de garambuyo que te mueres.

OROPEZA

(Amable pero visiblemente escéptico)

Suena... pintoresco, hermano, y poético... Osos, guacamayas... Qué bueno que tu jefa ya viene en camino. Qué detallazo que le hayas regalado el viaje por su cumple. Aunque... una pregunta seria, Abel.

ABEL

Dime.

OROPEZA

(Acomodándose por quinta vez en el asiento)

Considerando que te fue cabrón con el bono de la campaña de primavera... ¿por qué no le compraste un boleto de avión? O sea, Aeroméxico, una hora de vuelo Bajío-CDMX, llega directo al AICM, nos queda más cerca. ¿Para qué meterla a un autobús de seis horas y tener que venir hasta la Central del Norte?

ABEL

(Suspirando, esquivando un microbús)

Ay, mi estimado Oropeza... Se ve que eres hijo único de la Roma y que tus papás te tuvieron en terapia desde los cinco años. Te lo dije: a mi mamá le dio pánico el aeropuerto desde lo de Cancún. Dijo que las máquinas de rayos X le iban a "irradiar el sazón" a sus tamales y que las señoritas de la aerolínea la vieron feo por llevar el molcajete en el equipaje de mano. Para ella, el avión es territorio hostil. El autobús de primera es su zona de confort.

OROPEZA

(Parpadeando, incrédulo)

¿Irradiar el sazón? Abel, eso es físicamente imposible. Y segundo... ¿por qué carajos viajaría con un molcajete de piedra volcánica en el equipaje de mano? Eso califica técnicamente como arma contundente. Qué bueno que la detuvieron.

ABEL

(Minimizando con la mano)

Te calmas eh, era un molcajete chico, del número seis. Mi mamá solo quería asegurarse de que si el guacamole del hotel sabía a plástico, ella pudiera resolverlo en la habitación. Es amor, güey. No busques lógica donde hay puro cariño materno. Pero ya hablé con ella, esta vez le puse una sola condición: "Mamá, vas a ser la festejada. No me traigas NADA". Vamos limpios.

OROPEZA

(Se aclara la gárganta con creciente incomodidad)

Oye... y otra pregunta tonta. Dijiste que tu mamá a veces trae "guisados". ¿En qué los trae? Porque nuestro refrigerador es... bueno, tú sabes, no muy grande. Yo tengo mis tuppers para la semana... Y mis jugos. No creo que quepan ollas grandes.

ABEL

(Con tono extrañamente calmado)

No pasa nada, güey. Mi mamá es ingeniera del espacio. Ella acomoda tres litros de pozole rojo en botes de a litro de yogur Lala y los mete al congelador a presión. Si es necesario, sacamos las charolitas de hielo y hacemos espacio. No te vas a morir por no tomar tu té chai no tan frío.

OROPEZA

(Se le empieza a notar el miedo en la voz)

¿Té chai tibio? Abel, prefiero una coca. Oye, Y los botes de yogur no son muy sanos, mejor le presto mis frascos de vidrio.

ABEL

(Convincente según él)

No, ya vas  a ver... También la comida es para ti, te vas a chupar los dedos con el mole, es de puro chile seco y chocolate.

OROPEZA

(Imaginándose la escena) 

Mole, qué rico... al menos seá mejor que  el de vaso... Y bueno... okay, finalmente es tu mamá. Pero... y dijiste canastas. ¿Qué traen las canastas? Dime que no traen gallinas. Por favor, dime que en León no compran gallinas vivas.

ABEL

(Casi riéndose para evitar la pelea)

¡Cómo eres prejuicioso, de verdad! ¿Gallinas? Mi mamá es de León, es de una ciudad grande con mucho crecimiento. Próspera, ya sabes, por lo zapatos... A lo mucho trae a Gastón... el perico, porque si lo deja solo, se deprime y se arranca las plumas. Pero es supertranquilo este Gastón, ya tiene 60 y canta el himno nacional cuando sale el sol. Te va a caer bien, es bien patriota.

OROPEZA

(Sosteniéndose del tablero, con la voz rota)

¡¿Gastón, el perico?! ¡Tenemos un departamento con piso de madera blanca! ¡¿Dónde va a cagar el perico cantador?! ¡¿Y si se pelea con mi gato?! Esto ya no es una visita, es una invasión chichimeca. Te juro que si veo un ave en la sala, me voy a dormir a un hotel de de los de cápsula japonesa. Yo tengo traumas, güey. Todavía me acuerdo cuando te mudaste y llegaste en ese Chevy Pop que traías. Le cabían más kilos de los que la física permite. Venías con la parrilla hasta el tope: cajas de quién sabe qué, tanques de agua... temblaba todo el carro. Siento que hoy va a llegar igual. Me la imagino bajando del autobús con cuatro canastas, el Gastón, y si hubiera podido, se traía a tu cuñada, a tus sobrinos y a tu hermanito.

ABEL

¡Mi hermanito ya tiene 45 años, Oropeza! Pero es el consen de la casa y no ha salido de León. Ya relájate un buen. Es mi mamá. Es su cumple y no la veo desde Navidad. Sí, trae cosas raras, sí, su concepto de equipaje es más cercano al de una mudanza que al de un turista, pero es lo que hay. Tú respira, sonríe, y sobrevivimos el fin de semana. Somos roomies chidos, ¿qué no?

OROPEZA

(Mirando por la ventana, con los ojos llenos de ansiedad)

Sí, chidísimos... pero mi terapeuta dice que los límites son sanos, Abel. Y siento que tu mamá viene a dinamitar mis tres años de progreso en desapego material.

Escena 2

La sala de espera de la Central de Autobuses del Norte. Caos de pasajeros, maletas rodantes y anuncios monótonos por el megáfono. ABEL mira fijamente la puerta de llegada de los autobuses de Primera Plus. OROPEZA bosteza de nervios, revisando obsesivamente su celular.

OROPEZA

Oye, ya debió haber bajado, ¿no? El camión llegó hace quince minutos. ¿Le marcaste?

ABEL

Sigue mandando a buzón... ¡Maldito modo avión que lo pone y no lo quita! Espera... ya entró la llamada. Está timbrando.

(Contesta rápido, alterado. Sin que se dé cuenta le "Brota" el fuerte acento de León ,Guanajuanto.)

"¡Bueno! ¡¿Mamá?!" "¡¿Dónde estás?!" Estoy aquí en los torniquetes, junto a la mega pantalla de las salidas. "¿Dónde te busco?"

VOZ DE LA MAMÁ

(A través del altavoz del celular. De fondo se escucha un ruido infernal de cláxons, motores de tráfico pesado y el silbato de un camotero, claramente en la vía pública de la CDMX)

¡Ay, mijo! Es que te estuve esperando allá adentro junto a la imagen de la Virgen, como me dijiste. Pero pasaron diez minutos y como no te vi llegar, le dije a los muchachos: "Vámonos, que mi Abel debe estar ocupado con sus cosas de la capital". Así que ya te vamos a alcanzar en tu casa, amor.

ABEL

(Se le desencaja la cara por completo. Oropeza se pega al teléfono para escuchar, abriendo los ojos con horror)

¿Los... los muchachos? ¿Cómo que "te vamos a alcanzar"? Mamá, ¿con quién vienes?

VOZ DE LA MAMÁ

¡Pues con quién va a ser, mi vida! Vine con Anita, con Pedro, con Lalo y con el niño Betito. No quería dejar al muchacho solo en León, ya ves que le da miedo la oscuridad de la noche. Espero que no te moleste, amor, les dije que nos acomodamos en tu departamento, en la alfombra o donde sea, somos familia. ¡Ah! Y te trajimos mole de pepita, los garambullos para la mermelada y ya te darás cuenta cuando abras las cajas... unas plantitas de sombra que se verían hermosas en tu balcón, unos guisados en unos tuppers grandes y tus tacos de tripa bien doraditos.

ABEL

(Con los ojos desorbitados, buscando aire, la voz le tiembla)

Mamá... ¿cuántas maletas traen? ¡¿Y cómo se fueron de la central si yo tengo el carro aquí?!

VOZ DE LA MAMÁ

Ay, no te preocupes, mijito, aquí un señor muy amable de chaleco nos ayudó a pedir un Uber XL porque no cabíamos con las cuatro canastas, las cajas y la jaula del perico. Ya  le explicamos cuál es tu calle, el chofer dice que ya conoce. No te preocupes por regresarte a buscarnos, te esperamos en la puerta de tu edificio sentaditos en las cajas. ¡Te amo, mi niño, apúrate para que te comas tus tacos antes de que se enfríen!

(Se escucha el tono de llamada terminada: Bip... bip... bip...)

Silencio sepulcral en medio del bullicio de la terminal. ABEL se queda estático, con el celular en la mano, pálido.

OROPEZA

(Con los ojos como platos, hiperventilando mientras procesa la información)

A ver... Abel... Dijo Anita, Pedro, Lalo, Betito... las plantas de sombra, las cajas de cartón, las cuatro canastas, un perico... ¿en nuestro departamento de dos cuartos? 

ABEL

(Temblando, mirando a la nada)

Tomaron un Uber XL... Que el chofer ya sabe... Yo creo que se van a tardar...

OROPEZA

(Da un paso hacia atrás, se lleva las manos a la cabeza y grita con terror absoluto, perdiendo toda la compostura)

¡No mames! ¡No mames! ¡No pinches mames!  ¿Por qué carajos no me quedé a vivir con mis muy distantes padres? Son aburridos, comen desabrido, ven documentales de de patos y guardan silencio absoluto desde las ocho de la noche... ¡Dios mío, ¿tripa dorada? ¡Niños!! 

ABEL

(Reaccionando con adrenalina pura, amarrándose los tenis con pánico)

¡Ya, supéralo, güey! ¡Corre, que si llega antes, mi mamá le va a heredar el mortero al policía del edificio para que la deje subir las canastas por el elevador principal! ¡Mueve el culo, Oropeza, muévelo!

Los dos amigos salen corriendo despavoridos hacia el estacionamiento de la central, esquivando maletas ajenas en una carrera frenética por salvar lo que queda de su departamento.


[TELÓN RAPIDÍSIMO]

 

 

 

 

 

 


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