sábado, 13 de junio de 2026

Teatro del Absurdo Clínico Cuatro Piezas Cortas Inspiradas en la Neurología Narrativa Nota al director: Estas piezas exploran los confines de la identidad y los extravíos de la mente humana. A través de un humor negro, irónico y descarnado, las situaciones rozan el absurdo absoluto de la condición clínica. Sin embargo, detrás de la comedia delirante late siempre una profunda veta de ternura y compasión —la miel necesaria para pasar el trago amargo de la medicina—. Los finales trágicos o liberadores deben abordarse con absoluta verdad escénica. Pieza I: La Corte de los Patos Personajes PAPÁ (45 años): Sufre una agnosia visual y fisonómica severa. MAMÁ (40 años): Una mujer práctica, al borde del colapso nervioso. TITO (8 años): Hijo mayor, divertido por las "metamorfosis" de su padre. GABO (6 años): Hijo menor, cómplice del juego paterno. Escenario: La sala de una casa de clase media. TITO y GABO brincan felizmente sobre los sillones de la sala. Entra el PAPÁ portando un portafolio; se detiene en seco, los mira con fijeza absoluta, parpadea desconcertado y se lleva las manos a la cabeza con pánico real. Papá ¡Cuac! ¡Cuac! ¡Pero bueno! ¿Qué hacen estos dos ánades encima del tapizado? ¡Mis patitos, bajen de los sillones de inmediato! ¡Van a llenar todo de plumas y estiércol! ¡Cuac! Tito (A Gabo, saltando con entusiasmo) ¡Dice que somos patos! ¡Cuac, cuac, soy un pato salvaje del norte! Papá (Indignado y moviendo los brazos) ¡No me respondas en lenguaje aviar, insolente! ¡A sus estanques ahora mismo o les corto el alpiste! Entra la MAMÁ con un delantal de cocina. El Papá se voltea hacia ella, abre los ojos de par en par ante la imponente figura de su esposa y retrocede aterrorizado, protegiéndose con el portafolio. Papá ¡Cielo santo! ¡Una gran oca blanca! ¡Una oca gigante, territorial y vengativa! ¡Cuac! ¡Cuidado, niños, corran, que nos va a picotear los ojos a todos! Mamá (Con los puños en las caderas, fulminándolo con la mirada) ¿Oca? ¿Me has llamado gran oca blanca, Benjamín? ¡Estoy hasta la coronilla de tus diagnósticos! ¡Niños, ya me cansé: persigan al pato-papá! ¡Atrapen al pato malcriado! Los niños se lanzan sobre el padre haciendo ruidos frenéticos de "¡cuac, cuac!". El PAPÁ corre despavorido alrededor de la mesa, tropieza torpemente con la alfombra y cae aparatosamente de espaldas, dándose un golpe seco en la cabeza contra el suelo. Silencio repentino. Se incorpora lentamente, sobándose la frente. Su mirada extraviada ahora es completamente lúcida. Papá (Quejándose con dolor real) ¡Ay, mi cabeza!... Pero bueno, ¿qué les pasa a ustedes? ¿Por qué demonios me estaban persiguiendo colectivamente? No es nada gracioso. Casi me rompo el cuello contra el piso. Tito (Se le acerca con ternura, sentándose en el suelo junto a él y dándole una palmadita en la rodilla) Ay, papá... esta vez fueron patos. No te enojes. A veces nos confundes con changos y nos pones a comer plátanos del piso todo el día. Gabo Sí, pa. Cuídate si un día nos confundes con tigres o con ratas, porque ahí sí que te va a ir muy mal y te daremos un buen mordisco entre los dos. Tito (Con tono de advertencia infantil, pero dulce) Ah, y a mamá ni te cuento... Si un día la confundes con un rinoceronte, pues esa vez sí que te va a ir mal, embiste la casa entera y de esta no la cuentas, papi. El Papá abraza a sus hijos, asustado pero conmovido, mirando de reojo a la esposa. Ella suspira con profunda resignación, se acerca y le extiende una compresa con hielos para el chichón. (Oscuridad) Pieza II: Los Bellacos de Frecuencia Modulada Personajes BETO (56 años): Atrapado en el limbo de un síndrome amnésico; tiene la certeza absoluta de tener 19 años. CHINO (20 años): Joven músico baterista, moderno y desenfadado. COLO (20 años): Joven músico baterista, amigo de Chino. VOZ DE GEMINI: Voz en off artificial, impersonal y omnipresente. Escenario: Un cuarto de ensayo musical con acústica improvisada. Baterías, platillos, cables por doquier y una laptop abierta sobre una mesa. CHINO y COLO acomodan unas baquetas mientras hablan entre ellos. BETO examina un cencerro con curiosidad juvenil. Chino Oye, Bellaco, el auto de mi primo estaba todo tuneado, quedó increíble. Y la IA me hizo una imagen fenomenal de la portada del disco en dos segundos. Beto (Dejando el cencerro, sonriendo con suficiencia académica y ademanes juveniles) Ah... Los bellacos eran —y son— malandrines, malhechores. Acabo de leer un libro de los Siglos de Oro y había un bellaco de lo más gracioso y pícaro en las novelas ejemplares. Colo (Riéndose, compartiendo una mirada con Chino) ¿Qué dices, Beto? No, hombre. "Bellaco" ahora es un chico muy atrevido, alguien que se va de juerga, ¿sabes? Un tipo pesado. Beto ¡Ah, juerga! Esa sí la conozco perfectamente de mis tiempos en la universidad... Espera, ¿y qué es eso de "tunear"? ¿Es como dintinizar la radio? Chino ¿La radio? ¿Quién oye radio ahora, Beto? Estás totalmente chapado a la antigua. Beto (Orgulloso y arqueando las cejas) ¡Yo! Yo escucho frecuencia modulada. Mi mejor estación es Universal, donde escucho la música más moderna de la vanguardia: los ochentas y los noventas. Lo último de lo último. Colo Ah, muy bien... ¿Y de los dos mil nada, Beto? Beto (Con un guiño pícaro) Ah, qué bromista eres, Colo. Todavía no llegamos ahí, faltan bastantes años para el nuevo milenio. ¿Y qué es eso de "la ia"? Chino ¿IA? Inteligencia Artificial, Beto. Mira, aquí está en nuestra lap, ahorita se prende la pantalla con la cámara activa. Beto se acerca con curiosidad a la laptop. La pantalla se ilumina de golpe, mostrando el reflejo de la cámara web. Beto da un paso atrás, horrorizado, tocándose la cara. Beto ¡Dios mío! Se ve reflejado un viejo arrugado, decrépito y canoso... ¿Quién metió a ese anciano en la máquina? ¡Sáquenlo de ahí! Colo (Preocupado por la reacción, le habla directamente a la laptop) Oye, Gemini... ¿Quién es el hombre que se refleja en la pantalla de esta imagen que capturé? Voz de Gemini (Firme, neutra, digital e impersonal) Él es Beto. Beto a menudo se percibe a sí mismo como si tuviera 19 años, pero en realidad tiene 56. A veces despierta con la conciencia repentina de su verdadera edad... Las palabras de la inteligencia artificial impactan directamente el rostro de Beto. Sus ojos se abren con el horror de una verdad insoportable. Sus hombros se hunden, camina muy lentamente hacia la esquina más oscura del cuarto y se sienta en el suelo, abrazando sus rodillas fuertemente. Voz de Gemini ...Y cuando eso ocurre, Beto se va a una esquina del cuarto porque no entiende qué pasó con los treinta y siete años que se le perdieron para siempre en el limbo de su amnesia. Chino y Colo dejan las baquetas en silencio. Se miran con profunda tristeza. Con suavidad, se acercan a la esquina oscura, se sientan en el piso a ambos lados de Beto y el Chino le pone un brazo sobre los hombros, abrigándolo en su silencio. (Oscuridad) Pieza III: La Bruma del Pasajero Personajes PASAJERO / MARTÍN (35 años): Abogado con un tumor frontal que fragmenta catastróficamente su percepción. HOMBRE DEL METRO: Un pasajero cualquiera, incómodo. EL CARNICERO: Hombre rudo con delantal manchado de sangre. DOCTOR FREUD / PSIQUIATRA: Médico de semblante severo y libreta en mano. VOZ DE LA MADRE: Voz en off melancólica y lejana. Escenario: Un espacio expresionista. La iluminación cambia abruptamente de la luz parpadeante de un vagón de metro a una carnicería fría y luego a un consultorio médico, representando los saltos violentos en la mente del Pasajero. [Luz de Metro: El PASAJERO aborda con entusiasmo a un HOMBRE que lee un periódico]. Pasajero ¡Hola, Jaime! Qué enorme gusto verte. Nos conocimos en la universidad, ¿te acuerdas? Tantas materias teóricas fastidiosas que llevamos... Lo que de verdad nos gustaba a ambos era la actuación o la danza, no la maldita historia del teatro. ¡Los griegos, qué flojera! Hombre del Metro (Incómodo, bajando el periódico) Disculpe, señor, se equivoca de persona. No me llamo Jaime. Y yo estudié Derecho. Soy abogado. Pasajero ¿Derecho? ¿Cómo es eso? ¿Que vas recto? ¿Que vas derecho por la vida? (Se ríe a carcajadas, solo) Es una broma, hombre. Tú solo sabes de Sófocles, seguro. El gran Sófocles, el griego... Hombre del Metro ¿Qué es eso de griego? Con permiso, me bajo en esta estación antes de que sea tarde. (Desaparece apresuradamente) [Corte de luz inmediato. Luz blanca e intensa. Sonido de un hacha picando. Aparece un CARNICERO picando carne detrás de un mostrador. El Pasajero lo mira con profundo asco]. Pasajero No importa, Martín... Oye, debería darte absoluta vergüenza estar vendiendo esa carne de vaca muerta. Es una pena tremenda que tengan que matar a los pobres animales de esa manera tan cruel. Carnicero (Fastidiado, limpiando el hacha) Oiga, amigo, yo no vendo carne, ¿de qué habla? Se equivocó de ventanilla. ¡Yo soy abogado civil! [La luz cambia de golpe a tonos opacos y sombríos. El carnicero ahora lleva anteojos y una libreta: se ha transformado en el PSIQUIATRA. El Pasajero está sentado en un diván, frotándose las sienes con desesperación]. Pasajero (Angustiado) Doctor Freud, dijeron en la clínica que usted me puede ayudar... Sabe, cierro los ojos un segundo y se me olvida inmediatamente lo que acabo de decir. Ya no sé dónde estoy. Yo creo que sí sé, pero lo que sé nunca coincide con lo que pasa en la realidad... Psiquiatra (Anotando con frialdad) Es un desajuste cognitivo severo. Debería ir de inmediato con un psiquiatra para un tratamiento de choque o reclusión. Pasajero (Entrando en pánico absoluto, empieza a delirar descontroladamente) ¿Un psiquiatra? ¡No! ¡Ah, es la última vez que admito que me inyecten esas sustancias! ¡No lo soporto! Me clavan agujas gigantescas en las sienes y no salgo de una nube y de una bruma... ¡Es una total y absoluta oscuridad! ¡Auxilio! ¡No, no quiero que me inyecten! El Pasajero se desploma del diván al suelo, retorciéndose. La luz se vuelve blanca, cruda, de hospital psiquiátrico. Comienza a llorar desconsoladamente como un niño pequeño desamparado. Pasajero ¡Paola! ¡Salma! ¡Mamá! ¿Dónde estás? Ven por mí a la escuela por favor... me quieren pegar los niños de tercero A a la salida. Mamá... ¿dónde está papá? ¿Por qué no viene? Voz de la Madre (En off, con una dulzura infinita, trágica y susurrada) Se murió, mi amor. Papá se murió hace muchos años. Pasajero (Con voz de niño desamparado, cerrando los ojos con fuerza en el suelo) ¿Se murió?... ¿Cuándo? (Oscuridad Total) Pieza IV: El Jazz que Cura la Bruma del Cerebro Personajes REY (28 años): El jazzista. Viste una chaqueta algo raída, lleva colgada una trompeta dorada y desprende una energía nerviosa y electrizante. PASAJERA CON BOLSA (35 años): Desconfiada, cargada de paquetes y temerosa del entorno urbano. SEÑOR MAYOR (70 años): Jubilado, serio y de mirada severa al principio. PASAJEROS: El coro silencioso de la gran ciudad, siempre a la defensiva. Escenario: El interior de un vagón de metro en movimiento. Se escucha el característico e hipnótico traqueteo metálico sobre las vías. REY entra al convoy un poco agitado, trastabillando levemente, y se desploma con pesadez en uno de los asientos reservados con el letrero verde institucional. Pasajera con Bolsa (Mirándolo de arriba abajo con desprecio, cuchicheando con el Señor Mayor) Míralo nada más... Sano, joven, fuerte y bien plantado. Y se sienta descaradamente en el asiento reservado. Qué absoluta falta de civismo y educación en este transporte público, de veras. Señor Mayor (Asintiendo con la cabeza, con rictus amargo) La juventud de ahora está perdida, señorita. Ya no tienen el menor respeto por las canas ni las leyes. De pronto y sin previo aviso, a REY le sobreviene un episodio agudo y violento de Tourette. Su cuerpo entero se tensa como una cuerda. Lanza un grito súbito, un graznido ensordecedor, mientras su brazo derecho da una sacudida espasmódica hacia el techo del vagón. Acto seguido, da tres golpeteos rítmicos y frenéticos contra la lámina de la pared, torciendo la boca en una mueca grotesca. Rey (Gritando a mitad del espasmo) ¡Joder! ¡Mierda! ¡Abran paso al capitán del barco! ¡Cuac, cuac! El vagón entero se congela instantáneamente en un pánico mudo. La Pasajera con Bolsa ahoga un grito de terror, se abraza con fuerza a sus paquetes y se desplaza a toda prisa hacia el extremo opuesto del convoy. El Señor Mayor se levanta de un salto instintivo, buscando refugio detrás de una barra metálica de sujeción. Los demás pasajeros se apartan en masa, dejando a Rey en un islote de absoluto aislamiento social. Pasajera con Bolsa (Aterrorizada, desde lejos) ¡Está completamente loco! ¡Está teniendo un ataque violento o nos va a asaltar a todos aquí encerrados! ¡Guardias! El episodio amaina tan bruscamente como apareció. REY se relaja por completo, deja caer los hombros con naturalidad y exhala un suspiro profundo y aliviado. El torbellino electroquímico de su cerebro ha cesado. Se levanta lentamente, toma su trompeta dorada con ambas manos y mira a los pasajeros con una sonrisa pícara y brillante, adoptando una reverencia exageradamente elegante, como un bufón de la corte ante sus soberanos. Rey (Con una voz deliciosamente teatral, fluida y melodiosa) ¡Damas y caballeros, respetable y asustado público del convoy número cuatro! No teman, les juro por lo más sagrado que no muerdo, ni pretendo arrebatarles sus carteras. Lo que acaban de presenciar no es un brote criminal, ni una posesión demoníaca... es solo un pequeño cortocircuito en mis cables internos. ¡Un obsequio espontáneo cortesía del impredecible doctor Tourette! Los pasajeros lo observan fíjamente, aún con recelo físico, pero visiblemente imantados por su carisma y aplomo. Rey (Continuando con ligereza y ademanes festivos) Yo soy jazzista de corazón y de profesión. Y ya que mis tics involuntarios me obligaron a darles este extraño espectáculo de bienvenida, permítanme ahora compensarles el susto con una melodía que sí tiene ritmo, estructura y sentido. ¡Música pura para disolver la bruma mental de esta bendita ciudad! REY se lleva la trompeta con presteza a los labios. Da un taconazo firme contra el piso metálico del metro para marcar el tempo y comienza a ejecutar un solo de jazz clásico, vibrante, lleno de síncopas audaces y una energía arrolladora. El sonido brillante y dorado de la trompeta inunda por completo el vagón, sepultando el ruido gris e industrial del motor. Mientras improvisa, el ritmo se vuelve irresistiblemente contagioso. Rey se mueve con soltura por el pasillo central, balanceándose con gracia. El SEÑOR MAYOR, que antes lo juzgaba con severidad, empieza inconscientemente a marcar el compás con la punta del pie. La PASAJERA CON BOLSA esboza una sonrisa tímida, aflojando los brazos y relajando el rostro. Rey concluye la pieza con una nota alta, sostenida, limpia y brillante, haciendo resonar la campana de metal justo hacia las ventanas abiertas. El vagón se sumerge en un segundo de silencio expectante... y de pronto, estallan unánimes los aplausos y las ovaciones de los presentes. Señor Mayor (Aplaudiendo con fuerza, con genuino entusiasmo) ¡Bravo! ¡Eso es tocar con el alma, muchacho! ¡Olvida por completo lo del asiento reservado, te lo has ganado con creces! Pasajera con Bolsa (Sonriendo abiertamente mientras busca una moneda en su bolso) ¡Qué bárbaro, qué absoluto talento! Qué hermosa sorpresa nos has regalado en mitad de este viaje tan aburrido. REY vuelve a hacer una profunda reverencia de bufón feliz y dichoso, agradeciendo el afecto colectivo con la mano derecha sobre el corazón, completamente integrado al tejido humano, libre de tics y dueño absoluto del vagón gracias al milagro curativo de su música. (Telón Final de las Cuatro Obras)

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