lunes, 25 de mayo de 2026

BAD ROMANCE TRÍPTICO.

 


BAD ROMANCE

TRÍPTICO

 

Por Benjamin Gavarre

 

 


 

BAD ROMANCE: TRÍPTICO

 

Cuando el poder se disfraza de seducción, empatía o supervivencia, el espejo se rompe para mostrar las astillas de nuestra propia realidad.

Bad romance: Tríptico de obras sobre las relaciones de poder no es una colección de historias de amor fallidas; es una radiografía cruda sobre cómo el deseo se convierte en la moneda de cambio más peligrosa de nuestro tiempo. A través de tres geografías urbanas tan cercanas como asfixiantes de la Ciudad de México, estas piezas cortas exploran los sutiles (y no tan sutiles) mecanismos de la manipulación.

 


 

Tres espacios, tres batallas

·        El Cuarto de Servicio: El clasismo más arraigado se disfraza de misticismo "progre" en una azotea de la colonia Del Valle. Una lección brutal de cómo los privilegios restablecen su distancia en cuanto el deseo queda saciado.

·    Recursos Humanos (La cazadora cazada): La frialdad de los corporativos de Santa Fe sirve de escenario para un juego de espejos cínico, donde las herramientas de la corrección política y los Recursos Humanos se usan como armas de extorsión mutua.

·        Perímetro de Seguridad (La jaula de cristal): El encierro claustrofóbico de una camioneta blindada en Las Lomas, donde la identidad, el género y la masculinidad se confrontan en una tensa tregua bajo la lluvia.

 


 

En este tríptico, los personajes no son simplemente buenos o malos; son depredadores y presas atrapados en una coreografía donde el estatus social, el dinero y la vulnerabilidad dictan las reglas del juego.

 


 


 

Bad romance

Tríptico de obras sobre las relaciones de poder




 

 


 


 

 

I

El Cuarto de Servicio



Sinopsis: Mayo en la Ciudad de México. En la azotea de una residencia de la colonia Del Valle, el calor es sofocante. Santiago, el hijo de los patrones, sube las escaleras de caracol con un vaso de mezcal en la mano para "visitar" a Sasha, la joven empleada doméstica. Utilizando un discurso de falsa empatía social y misticismo urbano, derriba los muros de la jerarquía para conseguir lo que quiere. Un retrato crudo sobre el abuso de poder, el clasismo y la facilidad con la que los privilegios restablecen su distancia tan pronto como el deseo queda saciado.


 



El Cuarto de Servicio

 


 

Personajes: 

  • Santiago (24 años): El "junior" de la casa. Viste ropa de marca informal, descalzo o en sandalias caras. Lleva un vaso de cristal cortado con mezcal. Su actitud es una mezcla de condescendencia "progre", falsa empatía y un absoluto sentido de propiedad sobre las cosas y las personas.
  • Sasha (20 años): Empleada doméstica originaria del estado de Veracruz. Viste una pijama de algodón gastada. Su postura es de encogimiento constante, con los ojos fijos en el suelo, entrenada para no incomodar con su presencia.

 


 


 

(La azotea de una casa vieja y pretenciosa en la colonia Del Valle, CDMX. Mayo. El calor es una presencia física que sofoca. En el centro del escenario, un cubo de concreto que simula el cuarto de servicio. Dentro hay una cama individual, un póster viejo de Timbiriche y un ventilador de pedestal de excelente calidad que gira en un silencio fantasmal. Fuera del cuarto se escucha el zumbido de los tinacos y, a lo lejos, el eco de la ciudad: el camión del fierro viejo, cláxones y ladridos. Santiago sube las escaleras imaginarias tambaleándose levemente. Toca la puerta con un ritmo juguetón pero imperativo).

 

Santiago: —Sasha... Ya sé que estás ahí adentro. Abre, que me estoy asando aquí afuera.

(Silencio. La puerta se abre apenas. Sasha lo mira con cautela a través de la rendija).

Sasha: —¿Joven Santiago? ¿Qué pasó? ¿Se puso mala la señora?

Santiago: (Entra empujando la puerta suavemente, sin esperar invitación) —No, mi jefa está roncando. Se tomó triples pastillas para dormir, ya sabes cómo es. Oye... no sé cómo no te derrites aquí arriba, Sasha. Lo bueno es que tienes el ventilador que te bajó mi papá de su oficina... Se nota que le caes bien al viejo. Allá abajo el aire acondicionado se descompuso y me acordé de ti. Pensé: "Pobre Sasha, allá arriba debe estar en el puro infierno".

Sasha: (Retrocede hasta quedar de rodillas sobre la cama, tratando de cubrirse con los brazos) —Sí, joven, pero uno se acostumbra. Disculpe... ya me iba a dormir. Mañana madrugo a las cinco para el desayuno de su papá.

Santiago: (Se sienta en la orilla de la cama, invadiendo por completo su espacio. Le extiende el vaso) —No te deberías de dormir todavía. Mira, te convido de mi mezcal... es del bueno, del que mi papá esconde en el ropero. Tómate un traguito. No me parece justo que tú te la pases aquí encerrada mientras nosotros estamos allá abajo. Eso de "los de arriba y los de abajo" es una pendejada, ¿no crees? En este cuarto todos somos iguales.

Sasha: —No sé de esas cosas, joven. Por favor, ya váyase a descansar. Si la señora lo ve aquí...

Santiago: —A mi mamá se la lleva la chingada con sus crisis, Sasha... Pero no te preocupes, yo te voy a cuidar. (Le acaricia el brazo con lentitud; ella se pone completamente rígida) Relájate, Sashita. Ni que te estuviera viendo tu mamá. Aquí adentro yo no soy el hijo de los patrones ni tú eres... la muchacha. Es más, aquí los dos estamos hechos de la misma carne. Somos dos almas gemelas que se juntan en el universo. Ven aquí...

Sasha: (Con la voz quebrada) —No, joven, por favor... Me van a poner de patitas en la calle. A mi familia le hace falta el dinero.

Santiago: —Nadie te va a correr, confía en mí. Ya sabes que me gustas... estas sábanas estorban. Vente conmigo.

(Santiago la jala hacia él y la besa a la fuerza, pero con una suavidad manipuladora. Sasha cede por completo, congelada por el peso de la jerarquía. La luz del cuarto comienza a bajar lentamente mientras el ventilador sigue girando. Se escucha un diseño de audio donde los ruidos de la ciudad ahogan el espacio).

(ELIPSIS VISUAL: La luz regresa gradualmente. Han pasado unos minutos. Santiago está de pie frente a un espejo manchado en la pared, acomodándose el cuello de la playera. Su tono ha pasado de la "empatía espiritual" a la frialdad de un jefe).

Sasha: (Abrazando sus rodillas contra el pecho, con la mirada perdida en el suelo) —Joven Santiago... ¿Mañana qué le voy a decir a su mamá cuando me mire a los ojos? Se me va a notar en la cara.

Santiago: (Sin voltear a verla, revisando su reloj de pulsera) —¿Qué se te va a notar? No hagas drama, Sasha. No pasó nada que no haya pasado antes. Algo me dice que mi papá ya te había explicado cómo funciona ese ventilador.

Sasha: (Avergonzada, esconde la cara entre las rodillas) —Yo... yo no...

Santiago: —Como sea. Mañana vienen mis amigos de la carrera a ver la final del torneo. Necesito las cervezas bien frías en la terraza y los Doritos con limón y salsa, ya sabes cómo me gustan, ¿sale?

Sasha: —Pero... ¿y lo que me dijo ahorita? ¿De que éramos iguales en el universo?

Santiago: (La interrumpe desde la puerta, con una sonrisa cínica) —Eso fue hace un rato, Sasha. El calor de la azotea marea a cualquiera. Ah, por cierto... te encargo que no dejes este vaso aquí. No quiero que huela a alcohol tu cuarto cuando suba la lavandera y empiece con los chismes. Lo lavas bien, porfa, es de los de cristal cortado de mi abuela.

Sasha: (Casi inaudible) —Sí, joven.

Santiago: —Ah, y otra cosa... sácale la mancha de grasa a mi sudadera gris, la de marca. La necesito para el viernes en la noche. Échale ganas, ¿va? Que descanses.

(Santiago sale y cierra la puerta con un golpe seco. Se escucha el eco metálico de sus pasos bajando la escalera de caracol. Sasha se queda inmóvil. Extiende la mano y toma el vaso de cristal cortado, sosteniéndolo contra su pecho como si fuera una condena. El ventilador sigue moviendo el aire caliente. El cuarto parece haberse encogido a la mitad. Oscuridad total).

 


 


 


 

 


 


 


 

2

Recursos Humanos

(La cazadora cazada)


En el piso de un frío corporativo de Santa Fe, la encargada de vigilar la ética y evitar el acoso decide romper sus propias reglas. Utilizando términos de recursos humanos y manipulación emocional, acorrala a un joven diseñador para obligarlo a estar con ella bajo la amenaza de no renovar su contrato. Una paradoja terrible y cínica donde la línea entre la víctima y el victimario se borra con un solo clic en un teléfono celular.

 


 


 

Recursos Humanos (La cazadora cazada)

 


 

Personajes:

  • Regina (50 años): Directora de Suma. Espigada, impecable, corporativa, fría. Esconde una urgencia que necesita saciar; ve al empleado como una presa fácil.
  • Gustavo (24 años): Apariencia de burnout, ojeras por noches sin dormir. Carga una vieja laptop que es su único sustento. Parece asustado y vulnerable, con una docilidad casi teatral. Sin embargo, su aspecto físico contradice esa timidez: la camisa abierta y los hombros exudan una sensualidad masculina estresada... o los signos inequívocos de un seductor calculador.

 


 


 

(La oficina de un corporativo de distribución horizontal. Es de noche; la iluminación general del piso exterior está apagada, dejando el escenario en penumbras, a excepción de la luz focalizada, blanca y fría del despacho de Recursos Humanos, que tiene paredes de cristal. Al abrirse el telón, Regina cierra su laptop tras revisar los archivos que Gustavo le mandó. Él permanece sentado, encorvado y con los hombros caídos al otro lado del escritorio de cristal. Al llegar, Gustavo ha colocado su celular bocarriba sobre el escritorio, recargado disimuladamente contra su termo de café de manera que la cámara frontal apunte de forma estratégica hacia el espacio donde ella está de pie; lo hace con un movimiento tan fluido y casual que parece un simple descuido de alguien estresado).

 

Regina: — Tus diseños no son malos, Tavito. Pero la campaña de respeto e inclusión tendría que ser más… más…

Gustavo: (Con voz baja, jugando nerviosamente con sus dedos, usando un "usted" sumiso) — Ya entiendo, licenciada. Ya me habían dicho lo de los colores, que se pasan de alegres. Y creo que los personajes también podrían ser más… más…

Regina: (Se levanta con parsimonia. Camina hacia la pared de cristal y presiona un botón en el interruptor. Se escucha el zumbido eléctrico de unas persianas internas que bajan lentamente, aislándolos por completo del exterior. Ella sonríe, da la vuelta al escritorio y se coloca detrás de él, poniéndole una mano firme en el hombro) — Sí, un poco más… Y menos "licenciada", por favor. Me hace sentir que no soy parte de... tú sabes. Deseable. Aquí cuidamos la autoestima de los colaboradores, y una debe ser la primera en tener la vara alta. Háblame de usted, Tavito... perdón, de ti. No sé, siento que te contienes…

Gustavo: (Finge un temblor en los hombros, encogiéndose aún más en la silla. Con maestría absoluta, mientras simula frotarse los ojos por el cansancio, estira un dedo y da un sutil toque a la pantalla de su celular para asegurarse de que la grabación sigue corriendo en segundo plano) — Es tanta presión, Regi... Licenciada. Regina… Necesito como un aliciente, ¿sabe? Un adelanto. Tengo gastos muy urgentes.

Regina: (Desliza sus dedos lentamente por el cuello de Gustavo, metiéndolos bajo el borde de la camisa abierta. Suspira cerca de su oído) — Gus, querido… En mi mente tus alicientes ya están a punto de ser transferidos, ¿sí me entiendes?

Gustavo: (Mantiene la mirada fija en su laptop, fingiendo torpeza e ingenuidad, asegurándose de no tapar el ángulo del teléfono) — La verdad, no. ¿Cuánto me va a transferir? ¿Y cuándo?

Regina: (Sopesa el momento, complacida por la supuesta sumisión del joven. Se inclina más sobre él, quedando perfectamente encuadrada por la cámara del celular) — No te esperaba tan directo, me gusta esa faceta que tenías escondida… El capital humano necesita incentivos orgánicos. El "cuánto" y el "cuándo" dependen de ti… Hay que aprender a optimizar los recursos que tenemos en esta empresa... a puerta cerrada.

Gustavo: (Su lenguaje corporal cambia por completo en un segundo. Se endereza en la silla, echa los hombros hacia atrás con arrogancia y clava una mirada fría y felina en ella. Su voz baja de tono, volviéndose cínica y pausada. Rompe el "usted". Toma el celular del escritorio con un movimiento rápido y seguro, desactivando la grabación con un solo clic del pulgar) — Hablando de optimizar recursos corporativos... No te muevas, Regina. Quédate ahí, quieta. Quita la mano de mi camisa.

Regina: (Retrocede un paso, parpadeando, desconcertada por el cambio de energía) — ¿Qué te pasa, niño? ¿De qué estás hablando?

Gustavo: (Saca un cigarrillo apagado del bolsillo y se lo coloca en los labios, mirándola de arriba abajo con descaro mientras sostiene el teléfono con firmeza) — Me paso de lanza, ¿cierto? Pero te lo digo con todo respeto, vieja sucia... ¿No crees que es muy descarado de tu parte estar acosando a los empleados?

Regina: (Tratando de recuperar el control y la postura corporativa, aunque la voz le tiembla un poco) — Gus, Gus, Gus… en verdad eres un pobre ratón. En este mismo momento vas a irte escoltado por los policías de la empresa. Estás despedido.

Gustavo: (Suelta una risita seca y gira la pantalla del celular hacia ella, mostrando la miniatura del video reproduciéndose) — Sabe... perdón, sabes... en este momento, vieja loca, me vas a transferir tres meses de sueldo por adelantado. Y más vale que lo hagas antes de que le dé enter a mi correo de salida en la laptop. (Muestra el teléfono con una mano, mientras con el dedo índice de la otra mano apunta al teclado de la computadora, dejándolo suspendido de forma amenazante sobre la tecla enter) Te estaba grabando. Toda la sesión. El teléfono estuvo transmitiendo el video en vivo a mi nube privada. Gran angular, licenciada. Se ve perfectamente cómo me tocas el cuello y el audio es nítido. ¿Cómo te quedó el ojo? La acosada ante el comité global vas a ser tú.

Regina: (Se pone pálida, mira la pantalla del celular y luego a Gustavo, perdiendo los papeles corporativos) — Yo… Tú no hablas en serio. Tienes mucho que perder. Tu carrera en este medio se acaba hoy, te voy a vetar de todas las agencias.

Gustavo: (Se levanta lentamente, mostrando toda su estatura y esa sensualidad peligrosa que antes ocultaba. Guarda el celular en el bolsillo de su pantalón con total calma e invade el espacio de ella sobre el escritorio, manteniendo el dedo de la otra mano cerca del teclado de la laptop) — Te equivocas, Regi… El único aquí que no tiene nada que perder soy yo. A mí me sobran clientes. A ti te faltan vidas para limpiar tu nombre si este video llega a LinkedIn. Te lo repito: mándame la transferencia ahorita mismo. Ahorita, ahorita... Ah, y por supuesto, mi contrato trimestral se va a renovar en automático, ¿cierto, licenciada? ¿O prefieres que lo hablemos con el Director General? Te tocó perder.

Regina: (Tiembla de rabia y humillación, saca su propio celular a toda prisa con las manos temblorosas y teclea con desesperación) — Cierto... Cierto. Ya está. Puedes revisar tu WhatsApp, ya es un hecho.

Gustavo: (Saca de nuevo su celular con parsimonia. Mira la pantalla, ve la notificación de la transferencia bancaria y sonríe con una satisfacción descarada. Lo guarda definitivamente) — Ha sido todo un placer. Un placer tan grande como el que tú te esperabas de mí. Sorry... y gracias, Regina.


(Gustavo cierra su laptop con un golpe seco y ruidoso, la mete en su mochila con movimientos fluidos y camina hacia la puerta. Antes de salir, se detiene, la mira por última vez con una sonrisa burlona, y sale del despacho con paso seguro. Regina se queda estática y completamente sola detrás del escritorio de cristal, bajo la luz fría, rodeada por las persianas cerradas).



 


 




Perímetro de Seguridad (La jaula de cristal)


Sinopsis: Las Lomas de Chapultepec. Una noche lluviosa a bordo de una lujosa camioneta blindada. El escolta privado de un empresario de alto nivel y una repartidora de pizza deciden romper el aburrimiento de sus extenuantes jornadas compartiendo un momento de descanso. En la claustrofobia del vehículo, lo que inicia como una tensa conversación sobre armas, géneros y supervivencia urbana se transforma rápidamente en un peligroso juego de poder. ¿Quién está realmente a salvo cuando los seguros eléctricos se activan desde el interior?

 



 

Perímetro de Seguridad (La jaula de cristal)





 

Personajes:

 

  • Fabio (35 años): Chofer-escolta de un empresario de alto nivel. Viste traje oscuro impecable, corbata, audífono de cable en la oreja. Su postura es rígida, militar e hipervigilante; usa su masculinidad como un escudo.
  • Alex (30 años): Repartidora de pizza de la plataforma SUMA. Identidad no binaria, vestida con ropa holgada de motociclista, casco en la mano, cabello oculto. Es desenfadada, cínica, sumamente observadora y utiliza una actitud masculina para sobrevivir a la calle.

 

(El escenario está a oscuras. En el centro, dos asientos de piel de camioneta simulan el interior de un vehículo blindado. El tablero brilla con luces LED azules y rojas, iluminando los rostros de los personajes desde abajo. Se escucha el sonido rítmico e hipnótico de un limpiaparabrisas rascando el vidrio bajo una lluvia ligera en una zona residencial exclusiva de Las Lomas).

 

Fabio: (Mirando fijamente hacia el público, como si viera a través del parabrisas, ajustándose el audífono) — Don Roberto me tiene mucha confianza. Sus fiestas son memorables, pero ya sabes... siempre hay que cuidar que no se cuele la gentuza. La gente deja entrar a puro desconocido y eso es riesgoso. El perímetro se vuelve una coladera. 

Alex: (Cómodamente estirada en el asiento del copiloto, abrazando su casco) — Deberías soltar el control, comandante. Desatarte un poquito. Toda esa tensión corporativa te va a dar una úlcera. Yo creo que la tienes así por la pistola.

Fabio: (Sonríe con suficiencia, palmeando la fornitura bajo su saco) — Nadie puede parar una desbandada de criminales o un intento de secuestro sin esto, Alex. Cuando me dijeron tu nombre, pensé que eras un hombre. Luego te vi llegar en la moto... Yo tengo el entrenamiento. Para eso está el calibre de aquí abajo. (Se inclina ligeramente hacia ella, bajando la voz) No sé... al verte sentí cosas. Me gustan las mujeres, pero... ¿tú qué eres? ¿"No binaria"? Qué mal viaje me parece, con todo respeto.

Alex: (Mira fijamente el arma, luego lo mira a él a los ojos, sin inmutarse) — A veces, la rigidez del metal solo es el reflejo de un espíritu que grita por contención. Tienes mucha carga acumulada, Fabio. Tu cuerpo está pidiendo un espacio de liberación... sin protocolos. Yo soy lo que quiero ser. Me gusta vestir como un muchacho porque en la calle me respetan más, y me gusta que mi pareja, que maneja un taxi, se sienta segura conmigo.

Fabio: (Con una sonrisa que empieza a volverse pesada, invasiva. Deja de mirar al frente y se gira por completo hacia ella, acorralándola contra la puerta del copiloto) — Aquí adentro estamos blindados, señorita. Nadie nos ve. El patrón va a tardar horas en salir de la fiesta.

Alex: (Poniéndose seria, manteniendo la calma) — Creí que habías entendido. Lo de "señorita" como que no va conmigo, ya sabes.

Fabio: — Yo lo que no entiendo es por qué aceptaste quedarte después de entregar las pizzas. Dijiste que solo querías "respirar un rato". Te subiste a mi camioneta por algo, ¿no? Ya sé que pareces un marimacho, pero... a las de tu tipo les gusta lo que a mí me sobra.

Alex: (Sintiendo la amenaza del encierro, intenta abrir la puerta del coche, pero el seguro eléctrico no cede) — Ya estuvo, lentes oscuros. Ya me piro. Abre la puerta.

Fabio: (Con tono de poder, sin moverse) — Hasta crees. Sabes perfectamente que este blindaje funciona nada más con mi voz.

Alex: (Cambia su postura defensiva por una de absoluta frialdad. Se inclina hacia él, desafiándolo) — Ah, pues lo que tú no sabes es que la que no funciona con tu voz soy yo. O me abres ahorita mismo, o regreso mañana temprano a hacerte una campañita afuera de esta residencia, justo al lado del coche de tu patrón. Le voy a contar detallito por detallito cómo usas su camioneta blindada para acosar repartidoras. A ver qué piensa de tu "perímetro de seguridad".

Fabio: (Se queda congelado. La mira procesando la amenaza. Lentamente, la rigidez de su cuerpo se desinfla. Suspira profundamente y presiona el botón del tablero. Se escucha el "clack" de los seguros eléctricos).

Alex: (No se baja de inmediato. Se le queda viendo, analizando su reacción).

Fabio: (Con voz honesta, desarmado) — Tienes razón... Qué pendejo soy. La verdad es que los dos estamos igual de jodidos. Explotados. Tú bajo la lluvia en la moto y yo aquí encerrado cuidándole el dinero a un tipo que ni se acuerda de mi nombre. Me hiciste reflexionar, Alejandra.

Alex: (Sorprendida por la honestidad de Fabio, suaviza la mirada) — ¿Alejandra? Vaya... pensaba que ibas a seguir con tu discurso de macho alfa.

Fabio: — No, ya estuvo bueno del personaje. (La mira con timidez real) Me caíste bien. ¿Qué tal si nos vemos como amigos después? Fuera de este ambiente.

Alex: (Sonríe con una sensualidad descarada y ambigua, acomodándose el casco bajo el brazo) — Como amigos... puede que sí. (Se baja del asiento, quedando de pie junto a la "puerta" imaginaria).

Fabio: (Asomándose por la ventana) — Oye... ¿Y de verdad solo te gustan las chicas?

Alex: (Lo mira de arriba abajo con una sonrisa burlona) — Mira, Fabio... Si acepté subirme a tu jaula blindada no fue solo por descansar. Tienes una masculinidad muy interesante... de esa que he visto en pocas, muy pocas mujeres.

Fabio: (Confundido, pero halagado) — No sé si sentirme halagado o de plano ofendido... ¿Pero tengo posibilidades entonces?

Alex: — Puede que sí, puede que no... Nos vemos, comandante.

Fabio: — ¿Nos despedimos con un besito al menos? Vale...

Alex: (Se inclina, le da un beso rápido y estratégico cerca de la comisura de los labios) — Gracias por el descanso, amigo. Espero tu llamada. A ver a dónde me invitas a cenar que no sea una prisión al aire libre.

Fabio: — Te voy a sorprender, ya verás.

Alex: — Sorprendida ya estoy. Camina seguro, Fabio.

(Alex se coloca el casco, da media vuelta y sale de la luz hacia la oscuridad del escenario. Fabio se acomoda el audífono, se endereza en el asiento recuperando su postura militar y vuelve a clavar la mirada hipervigilante hacia el frente. El sonido del limpiaparabrisas aumenta de volumen hasta que la luz se apaga por completo).







 

 

 

 

 

 

 

 


sábado, 23 de mayo de 2026

EL ROBO DE LA BICI ROJA

  

  




EL ROBO 

DE LA BICI ROJA

 

 

© INDAUTOR

 

Cd. De México

 

 

 

BENJAMÍN GAVARRE SILVA

 

 

Contact: bengavarre@gmail.com

 

gavarreunam@gmail.com

 

Género: Farsa Urbana / Tragicomedia de Barrio

 

 

 

EL EVANGELIO SEGÚN LA COLONIA ANÁHUAC

 

 PERSONAJES:

 

 

  • LUPITA: La reina de la esquina. Pragmática, dramática y con un corazón de condominio.
  • OLIVER: Canadiense. Inocente, ecológico y totalmente perdido en la traducción cultural.
  • BETO: Mecánico y vendedor de autopartes de dudosa procedencia. Padre dramático.
  • CHUCHO: Hijo de Beto. La única víctima inocente. Dueño de la bici y el oso.
  • LICENCIADO: Vecino de la Condesa. Prepotente, pero víctima del entorno.
  • DON CARMELO: El espejero. Cínico y sabio del barrio.
  • OFICIAL CUENCA: Policía de barrio. Incompetente y enamorado de Lupita.
  • CHALANES/EXTRAS: Para cargar al licenciado y robar espejos.

 

 

ESCENA 1: La miel de maple en la colonia Anáhuac

(Música de suspenso romántico: violines exagerados que vibran con el calor del asfalto).

LUPITA está en su esquina, protegiendo su maquillaje del sol con una sombrilla de encaje algo maltrecha. Se abanica con furia. Entra OLIVER, con bermudas de bolsillos, calcetines altos con sandalias y una brújula colgando del cuello. Mira su celular con desesperación.

OLIVER: (Con acento marcadísimo) Excuse me... Señorita, por favor. ¿Café orgánico? ¿Me han dicho pueda estar aquí? ¿Café sustentado... sustainable?

LUPITA: (Arreglándose el escote, para sí misma con los ojos iluminados) ¡Es el destino! ¡Es el TLC! ¡Ya me cayó el milagro de la hoja de maple! (A Oliver, con voz de seda) Ay, sí cómo no, mi Güero... Café caliente, hirviendo si quieres. Aquí mero es la oficina, o si prefieres algo más "privado", pues pedimos el Uber de una vez.

OLIVER: (Negando con la cabeza) No, no... No motors. Yo no querría usar motores porque dañar capa de ozono, por eso camino mucho. Pero me dijeron que unas cuadras "para arriba". ¿Pero usted entiende? ¿Para Arriba es el sky? ¿Para Abajo es el subway? Estoy muy cansado de caminar. No veo café ni Zona Rosa… Is this Zona Rosa?

LUPITA: (Confundida, pero siguiendo el negocio) Mira, papucho, aquí en la Anáhuac "arriba" es la tarifa habitual si quieres algo rápido, pero "abajo" es en los hoteles de la calzada y sale más caro por el cuarto... pero tú te ves que tienes solvencia, claro… ¿Transferencia o verdes?

OLIVER: (Saca unos billetes coloridos) Dólares de Canadá… Very colorful. Pero puedo usar Visa… O también cambié unos pesitos en el aeropuerto. No debe ser tan caro el café, pero si el costo es por lo orgánico sustentado, yo pago. I support the planet!

LUPITA: (Arrebatándole los pesitos) Transferencia no, que luego me bloquean la cuenta. Mejor dame tus pesitos... Te voy a cobrar la tarifa "sustentada", pero el Uber lo pides tú. El hotel está aquí a la vuelta, ¿conoces la Calzada México-Tacuba? Está de aquí "para arriba" unos diez minutos... bueno, veinte con el tráfico de esta ciudad de locos.

OLIVER: (Ve la bici roja de Chucho encadenada a un poste con una cadena de perro muy delgada) ¡Oh! ¡Look at that! ¡Un sistema de bike-sharing! Qué país tan inclusivo, tan verde, tan... comunitario.

(Oliver se acerca a la bici. Con una habilidad asombrosa libera la cadena de juguete. Desata al osito Ted del manubrio y se lo entrega a Lupita con una reverencia caballeresca).

OLIVER: Y mire, dejaron un Teddy Bear aquí abandon… ¿Abandon está bien dicho? Poor little friend.

LUPITA: (Retrocediendo un poco) ¡Ah, el Osito! Sí, se llama Teddy... ¿Cómo supiste? Pero oye, güero, yo no incluyo fetiches, ni peluches, ni cosas raras de esas que ven en el internet... bueno... si te urge mucho, le entramos, pero ya sabes que la tarifa sube.

OLIVER: Oh, I see... Aquí en México todo sube o todo baja… No lo entiendo mucho, pero quédese con el Teddy Bear. Yo no necesito peluches para pedalear. Tome… Para usted, por su ayuda. Very nice gift. Yo mi iamo Oliver... Oliveo... Voy a ir hacia el Norte, según mi GPS ahí está la Zona Roja...

LUPITA: (Gritando) ¡No, Güerito! La Zona Roja está en Tlalpan, ¡te vas a morir de un pedalazo Olivario! Te digo que es para allá, donde están los hoteles... ¡Oye! ¡No toques esa bici! ¡Esa es del hijo del Beto! ¡No te la... lleves! ¿Por qué se la lleva?

OLIVER: (Ya montado en la bici, pedaleando feliz) ¡Oh, esto está muy bien de ustedes los mexicanos! ¡Bicis para todos! Goodbye! Regreso después de mi café en Zona Roja...

(Oliver se aleja pedaleando con la dignidad de un lord, mientras suena un MAMBO triunfal que tapa los gritos de la calle).

LUPITA: (Sola, mirando al oso Teddy con desprecio y codicia) ¡Ah, Güerito tan cabrón! Me quería pagar con dólares canadienses que no aceptan ni en la farmacia... Pues ¿qué pensará, que estoy tarada? (Suspira y mira el oso). Bueno, pues el Teddy será para mi Lalito... Ya al pobre de mi Chucho le robaron su bici en mis propias narices y yo aquí perdiendo el tiempo con la diplomacia internacional. Pinche gringo tacaño... me dejó el puro peluche. Olivo, Oliverio, ¡Olivio?

 


ESCENA 2: El karma, el padre ineficiente y la bici nueva

(Cambio de luz: Tono sepia dramático. De fondo, una guitarra acústica toca acordes tristes de telenovela).

CHUCHO está sentado sobre una caja de madera de transmisiones, llorando a moco tendido. BETO camina de un lado a otro, frotándose las manos llenas de grasa.

BETO: ¡Ya, Chucho! Deja de chillar, que me vas a romper los tímpanos. Entiende, hijo: las cosas materiales van y vienen… son como los espejos de los coches, hoy están y mañana amanecen en otro lado. Lo importante es lo que llevamos adentro.

CHUCHO: (Llorando más fuerte) ¡¿Adentro?! ¡Adentro de mi corazón no hay nada porque se llevaron a Teddy! ¡Quiero a mi mamá!

BETO: (Se detiene en seco, se pone la mano en el pecho, herido de muerte) ¡¿Tu mamá?! ¡Ahora resulta que yo no puedo ser un buen padre! ¡Esa es la puñalada que me faltaba! ¿Eso es lo que quieres decir, Chucho? ¿Que no doy la talla?

CHUCHO: (Sin piedad) ¡Noooo! ¡Quiero a mi mammaaaaá!

BETO: (Dramático, mirando al cielo) ¡Ya, mejor mátame! ¡Dios mío, llévame contigo si no puedo ser un buen ejemplo! Si tanto me odias, mañana mismo te llevo con tu madre... pero mira, yo aquí, de tonto, pensaba llevarte ahorita mismo a comprarte una bici nueva... y otro osito de peluche.

CHUCHO: (Se detiene un segundo, pero vuelve a llorar) ¡Yo no quiero otro osito de plástico chino! ¡Yo quiero a Teddy! ¡Él me conocía!

BETO: ¡Chucho, entiende! Esto es el Karma. El cosmos tiene sus reglas.

CHUCHO: (Entre hipos) Yo no quiero el karma, quiero que me devuelvan a Teddy.

BETO: Mira, te explico el balance espiritual: si yo me consigo "gratis" unos rines de platino el lunes, pues el martes el universo nos vuela la bici a nosotros. Todo por dejarla ahí abandonada y sin cadena en la calle. ¿Qué te piensas? ¿Que vivimos en Canadá? ¿Que aquí la gente es honesta por deporte? ¡No, m’hijo!

CHUCHO: No te entiendo nada... llévame con mi mamá.

BETO: (Se arrodilla frente a él, tono de confesión) Escúchame bien. Tú eres el culpable, pero en realidad todos somos culpables en esta familia. Eres parte de una dinastía, Chucho. Tu abuelo "bajaba" llantas sin que se dieran cuenta, yo "consigo" rines que nadie reclama... y los clientes también son culpables, porque vienen aquí sabiendo que todo lo que vendemos es de "Roberto".

CHUCHO: (Lloriqueando) ¡Pero yo no robo nada! ¡Yo solo juego!

BETO: ¡Pero las vendes, Chucho! ¡Atiendes el mostrador con esa carita de ángel que convence a cualquiera! ¡Eres el eslabón más tierno de la economía circular! Pero mira... para que el karma deje de perseguirnos, te voy a comprar una bici totalmente nueva... ¡y con factura! Una legalita, para que el universo vea que ya estamos purificados.

LUPITA: (Aparece de la nada, caminando con aire de "pobre de ti", ocultando al oso Teddy detrás de su espalda bajo su abrigo). Ay, Chuchito... corazón de melón... no llores más que se te van a hinchar esos ojitos.

CHUCHO: ¡Lupita! Se llevaron mi bici...

LUPITA: (Con una sonrisa de villana de las cinco de la tarde) A veces uno tiene que sufrir un daño que no se espera para que otros sean felices, mi cielo. Piensa que tu vieja bici ahora está viendo el mundo, conociendo nuevos rumbos, libre de las cadenas de este barrio. Pero tu nueva bici... ¡Ay! Esa va a oler a limpio, va a brillar tanto que va a hacer que olvides todo... todo, todito, todo.


ESCENA 3: El licenciado se dispara en el pie

(La música de mambo se detiene. Entra una marcha triunfal tocada con una trompeta desafinada).

(Entra el LICENCIADO, de pie sobre una tabla de madera con cuatro ruedas de hule, pintada de un negro brillante. La tabla es cargada a pulso por dos CHALANES empapados en sudor. El LICENCIADO mantiene el equilibrio con dignidad absurda, cubriéndose la nariz con un pañuelo).

LICENCIADO: ¡Alto, mis valientes y esforzados chalanes! Descansen esos lomos de bronce. Váyanse a tomar una Coca-Cola bien fría, de esas que sudan de puritito hielo, y cómprenme una a mí para el camino... de lata, gélida, y ¡ojo!, no la abran, que el gas de este barrio me contamina el sistema. Tengan estos CIEN pesotes y quédense con el cambio... ¡no se lo gasten todo en vicios!

(Los CHALANES se retiran. El LICENCIADO se baja de la tabla y se dirige a DON CARMELO).

LICENCIADO: He venido desde las cercanas, pero privilegiadas tierras de la Condesa... Vengo a esta mugrienta colonia que comercia con sucios y vergonzosos productos robados, para recuperar mi espejo lateral derecho. Fue sustraído a altas horas de la noche de las mismísimas puertas de mi edificio inteligente. ¡Un búnker de cristal, señor mío!

DON CARMELO: (Sin dejar de pulir un rin) Pues no será tan inteligente su edificio, Licenciado... al menos no tendrá Inteligencia Artificial, porque se lo volaron en un parpadeo y frente a sus propias narices. ¿Qué, no tiene cámaras de seguridad su castillo de cristal?

LICENCIADO: (Indignado) ¡Las taparon con aerosol! Y pintaron una leyenda bárbara en la pared: “¿Espejos y refacciones baras? Siempre cerca de usted, refacciones de la Anáhuac… Roberto Rober”. Así que aquí es... la sucursal del tal Rober.

DON CARMELO: (Con una sonrisa socarrona) Usted deslumbra con tanta lucidez, Licenciado. Parece que tiene un doctorado en obviedades. Mire nada más lo que me trajeron ayer en un lote de "oportunidad"... (Saca el espejo). Espejo lateral derecho, impecable, y hasta trae sus iniciales grabadas en cursiva palatina: V.G.B. ¡Vaya elegancia! Son diez mil pesos, precio de recuperación emocional.

LICENCIADO: (Saca la cartera con dedos temblorosos) ¡Esto es un asalto! ¡Es una extorsión a plena luz del día! Estoy pagando por mi propio espejo y lo peor es que usted lo sabe, yo lo sé, y hasta el de los camotes lo sabe... Esto es una trama perversa. Juro que me vengaré. Soy íntimo amigo del Comisionado Fierro y de los amigos de los amigos de los que mandan...

(Mientras el LICENCIADO señala al cielo con el dedo índice en un gesto de amenaza épica, un CHAVALÍN se desliza por el otro lado de la tabla de madera. Con un movimiento de ninja, arranca el espejo izquierdo de la tabla y desaparece).

DON CARMELO: (Riéndose por lo bajo) Ah, no me amenace, no me amenace... ¿no conoce usted la canción? Pero mire... parece que ahora le falta el otro espejo, el del lado del conductor. ¡Válgame Dios! Qué mala suerte tiene su transporte sustentable.

LICENCIADO: (Gira la cabeza y ve el hueco vacío) ¡¿QUÉ?! ¡¿OTRA VEZ?! ¡No puede ser! ¡Me quitaron el izquierdo mientras estaba pagando el derecho! ¡Es una emboscada!

DON CARMELO: No se exalte, Licenciado. El izquierdo lo tenemos en veinte mil... digo, si lo quiere parejito. Pero mire, no se me ponga así... tiene usted más cara de criminal que nosotros por andar comprando cosas sin factura. ¡Vuelva pronto! Y disfrute su coquita de lata. Mire a sus chalanes, están más que felices con los cien pesotes que les regaló. Nomás cuidado, no lo vayan a dejar botado por ahí antes de llegar a la Condesa.

LICENCIADO: (Subiéndose a la tabla con la cara roja de furia) ¡Esto no se queda así! ¡Arre, mis chalanes! Aquí son  unos rateros. ¡Vámonos a la Buenos Aires!


ESCENA 4: Las cámaras no mienten (o casi)

(Música de suspenso policial de bajo presupuesto. Entra el OFICIAL CUENCA sosteniendo una tableta vieja con la pantalla estrellada y pegada con cinta canela. BETO y CHUCHO lo rodean).

CUENCA: A ver, Beto… y tú, Chucho… atención. Dadas las muchas insistencias de tu señor padre, que quería que vieras cómo la ley se esfuerza por el pueblo, mandamos revisar las cámaras del C5. Y aquí se ve clarito. Aquí estás tú, Chucho, dejando tu bici sin cadena y el Osito sin ninguna protección perimetral.

(CUENCA gira la tableta. Se oye un sonido de gallinas cacareando y música de acción animada).

CHUCHO: (Frunciendo el ceño) ¡Oiga! Esa grabación de "Pollitos en Fuga" es una película que yo vi cuando estaba chiquito. ¡Esas son gallinas, no soy yo!

CUENCA: (Nervioso, moviendo los dedos sobre la pantalla) ¡Ah! No es más que un inconveniente de la RED. La nube se puso pesada. Las cámaras del C5 no son para cualquiera, se requiere un permiso de alta seguridad, pero parece que la señal se... se tergiversó con la programación de cable. Pero no crean que yo veo esa clase de películas... es un error de la fibra óptica.

BETO: (Cruzando los brazos) Ya, déjalo, Cuenca. Tus "influencias" en la zona de vigilancia cameral no existieron nunca. Ya sabemos cómo te las gastas: eres un policía fake.

CUENCA: (Ofendido) Yo solo trato de darte un cierre emocional, Beto. Lo bueno es que ya tienes tu bici nueva, ¿no, Chuchito?

CHUCHO: Todavía no… que las "vacas están flacas"... o vacas enfermas, me dijo mi papá.

BETO: Vacas flacas, hijo… no hay presupuesto. Todavía. Pero espera a que le llegue a todo el mundo el aguinaldo; una parte de ese derrame económico nos tocará a nosotros y ahí sí, te compro la bici.

LUPITA: (Entra en escena con un suspiro dramático, llevándose la mano a la frente). ¡Está bien! ¡Confieso! ¡Fui víctima de un secuestro exprés! Fue un canadiense... un gigante del norte. Me obligó, me amarró al poste de la luz con sus manotas y con esos ojos azules que me veían de frente y... luego... me... me dijo que me estuviera quieta o me llevaba lejos, con él... a Canadá.

CUENCA: (Sacando una libreta mugrosa) Ah, eso cambia la carátula del expediente… ¿Quiere usted brindar una declaración formal, señorita?

LUPITA: No mames, Cuenca, ahora me hablas de "usted". Fuimos a la misma primaria, ¿qué no?.

CUENCA: Es que usted se está reconociendo como víctima de un delito grave… y el susodicho era, pues, un masculino extranjero gringo con posibles antecedentes.

LUPITA: Pues yo pensé que me quería para ... ya saben... un "servicio especial". Sin peluche ni nada... Uno de esos que Chucho no debe conocer.

BETO: Claro, claro… Y entonces, Lupis, ¿te tenía amenazada y amordazada con miel de maple en todo tu voluptuoso cuerpo curvilíneo? Cuéntanos más.

LUPITA: (Bajando la voz, con tono de confesión) Está bien, estoy mintiendo. Chucho, perdóname... pero el "Chilaquil", tu antiguo Osito,  es más feliz ahora con mi hijo Lalito. Él es menor que tú y no podría quitárselo ahora.

CHUCHO: (Gritando) ¡Yo también estoy chiquito y estoy traumado! ¡Quiero a Teddy! ¡Que se chingue Lalito!

LUPITA: (Se arrodilla frente a él). Chucho, mírame a los ojos. Algún día serás un hombre de dieciocho años. Ese día, yo te voy a invitar un helado de chocolate, de los caros, y nos olvidaremos de este oso. Por ahora, ten doscientos pesos y cómprate uno de limón en la esquina.

BETO: (Interviniendo rápido) ¡Epa! Yo también quiero helado. Yo pagué por ese oso originalmente... bueno, técnicamente lo rescaté de un lote de remate. (Mirando a Lupita con sospecha) ¿Así que el canadiense ese tenía unas "manotas", no?

LUPITA: Tú también tendrás tu premio, Beto... cuando menos lo esperes. El destino es caprichoso.

CUENCA: Señorita Lupita: insisto en que tiene usted que declarar. Acompáñeme.

LUPITA: Ya, Cuenca, no seas payaso. Déjame en paz.

CUENCA: (Acercándosele, en un susurro desesperado) Pero mira mis manos, Lupita… a mí también me han dicho que tengo unas manotas de policía malvado. Lupita, ¡déjame tomarte la declaración!

 

 




 

 

 

 


ESCENA 6: El retorno del canadiense (y el mambo de las manotas)

(CORTE BRUSCO DE MÚSICA. Silencio total. De pronto, explota un MAMBO orquestal a todo volumen. Entra OLIVER, pedaleando la pequeña BICI ROJA con las rodillas casi pegándole en la barbilla y una sonrisa de comercial).

OLIVER: (Gritando sobre el mambo) ¡Hello! ¡Perdón la demora! Me tardé mucho en la "Zona Roja" porque me invitaron a una fiesta llena de colores y plumas. ¡Pero vengo a regresar este servicio de comunidad tan maravilloso!

(La música de Mambo baja de volumen, pero sigue ahí, juguetona. Todos se quedan congelados. DON CARMELO sale con una llave inglesa del tamaño de un bate).

DON CARMELO: ¿Y este de qué desfile se escapó? ¿Es bailarín de la Yuri o por qué tanta alegría?

OLIVER: (Bajándose de la bici con elegancia rítmica) Yo pensaba que era la "Zona Roja" más cerca, pero ya me explicaron que esa está en Tlalpan… La "Zona Rosa" donde estuvo pues cierto es más pink. No encontré mi café orgánico, pero me invitaron a una fiesta con mujeres muy muy altas, con tacones de rascacielos… Y bigote...¡Muy bonito! Pero aquí tienen su Red Bike. Un poco chica para un canadiense de manos tan grandes como yo, pero ¡Wow! ¡México es min primer mundo! ¡Bicicletas compartidas de a gratis!

BETO: (Mirándole las manos con envidia y sospecha) ¡Pues ni las tienes tan grandes!

DON CARMELO: Esa bicicleta es de mi nieto, ¡gringo menso!

CHUCHO: ¡Y te pasaste de lanza con la Lupita!

OLIVER: (Confundido) ¿Lupita? ¿Quién's Lupita?

LUPITA: (Entrando en un arranque de drama total, señalándolo) ¡Niégalo, Oliverio!...¡Niégalo todo lo que quieras! ¡Di que no me conociste, que no me engañaste! ¡Eres un mal hombre, un judas de la hoja de maple!

OLIVER: ¿Lupita? ¿Me explicas ya qué está pasando?

LUPITA: (Hacia el público, con la mano en el pecho) ¡Ya queda todo en el pasado, gringo malvado!

OLIVER: ¡Ugh! ¡Gringo no! ¡Yo Oliver, Canadá! ¡Québécois! ¿Por qué todos piensan que somos lo mismo?

LUPITA: ¡Le robaste la bici a un niño y a mí me robaste el corazón en la esquina!

OLIVER: (Asombrado genuino) ¿Yo hice todo eso? ¿No ser servicio público? Oh, yo so sorry! Lupita, yo no me sabía que yo te había sido un crush... Yo nunca pensé, pero parece que las mexicanas ven un güero y se enamoran. Podemos arreglarlo, eres muy bella así… tan arreglada como Drag Queen.

DON CARMELO: (Bajando la llave) O sea… ¿que te la robaste, te paseaste, la regresas por tu voluntad y además abusaste de los sentimientos de la muchacha?

OLIVER: (Sonrisa deslumbrante) ¿Robar? Yo tomar prestada. Y a Lupita solo le pedí una dirección… y me la dio mal, ¿es cierto?

(El Mambo se corta en seco con un sonido de disco rayado. Silencio incómodo).


ESCENA 7: Código Águila

CUENCA: (Agarrando a Oliver por la mochila) ¡Ya estuvo bueno de tanta diplomacia! He escuchado puras mentiras. Confiesa que eres de una organización mundial de espías de colores y que vienes aquí a buscar información para los operativos del gobierno. ¡Queda usted detenido por robo de vehículo y por encandilar a Lupita con sus manos de gigante!

LUPITA: (Se interpone dramáticamente entre Cuenca y Oliver) ¡Suéltenlo! ¡Él no robó nada! La bici me la pidió prestada porque… ¡porque íbamos a irnos de picnic después de su café sostén! Es mi novio, ¿qué no ven? Estábamos fingiendo que no nos conocíamos por pura farsa, pero salimos desde hace meses.

OLIVER: (Tratando de zafarse) No, wait! Yo regreso a Canadá el martes, yo solo vine por una temporada de...

(Explota el MAMBO de nuevo. Oliver intenta explicar que es de Quebec, pero la música y los gritos de Lupita lo ahogan. Ella le guiña un ojo mientras lo abraza con fuerza).

LUPITA: ¡Y entonces lo nuestro fue un engaño! ¡Me rompiste el alma, Oliver!

OLIVER: (Rindiéndose ante el caos) ¿Lo nuestro? Ah… well… ¡podemos ir a tomar un helado! O puedo invitarte comida vegana, es muy buena para bajar de peso.

LUPITA: (Se separa indignada) ¡Yo no necesito bajar de peso! ¡Soy más sexy porque tengo curvas, ¿lo oíste?!

OLIVER: ¡Oh, sí! Curvas me gustan mucho. ¡Vamos! Te invito helado de yogurt.

CUENCA: (Hablando por su radio de juguete, ignorando el drama) ¡Atención Base! ¡Código Águila 3489! Cancelen el operativo de la DEA. Repito: el rubio no es peligroso. No es espía, es un canadiense aburrido que quiere yogurt. No representa amenaza para la soberanía nacional. Aborten, aborten.

OLIVER: (A Lupita) Okay, vamos, caminamos un poco para hacer hambre antes del helado.

LUPITA: ¿Caminar, mi vida? En este barrio si caminas mucho te bajan hasta todos los pesos y la credt card, ¡yu no? ¡Yo te invito el Uber! Pero hay que salir de la colonia porque aquí pues… no bajan los ubers.

OLIVER: Ah, yo sé de eso… es que no bajan por acá, ¿cierto?

LUPITA: (Llevándoselo del brazo) Camina, Güerito… yo te voy contando cómo está la movida.


ESCENA 8: Epílogo (Karma vs. Suerte)

(Chucho y Beto están sentados en la banqueta, lamiendo un helado de limón que se les chorrea por los codos. Al fondo, se ve a Lupita y Oliver alejándose triunfalmente).

CHUCHO: (Lamiendo el helado) Papá… ¿entonces esto sí fue el Karma? Recuperé mi bici, pero perdí a Teddy y ahora mi bici huele a cola sudada de gringo.

BETO: Eso se llama suerte, Chuchito, no lo del gringo, digo... Karma hubiera sido que llegara el operativo de verdad y nos agarraran con la bodega llena de espejos robados. Ahí sí nos fregábamos.

(De repente, se escuchan SIRENAS REALES de patrullas. Un estruendo de frenadas y luces rojas y azules inundan el escenario. Un megáfono grita: "¡POLICÍA FEDERAL, NADIE SE MUEVA!").

BETO: (Se levanta de un salto, tira el helado al suelo) ¡Pélate, hijo! ¡Esta vez no es ensayo! ¡Corre como si hubieras robado la corona de la Reina de Inglaterra! ¡Vuela, Chucho, vuela!

(Beto y Chucho salen corriendo en direcciones opuestas. Se oyen gritos, silbatos y la CUMBIA SONIDERA vuelve a sonar a todo volumen mientras el telón cae a toda velocidad).

 

TELÓN FINAL

 

 


 

 

 

 

 

 


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