LA VARA DE HUINAC
Por Benjamín Gavarre
Comedia de tradición familiar en Tres Actos
LA VARA DE HUINAC. © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International



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Damas y caballeros, tomen asiento y prepárense para presenciar un enredo de raíces muy profundas y magia casera. En esta comedia de tradición familiar, verán cómo una Enredadera Malvada amenaza con asfixiar a una casa muy peculiar: un abuelo rebosante de dignidad pero con severos problemas... musicales, una abuela a la que se le cruzan los cables, dos brutos tramposos y un niño muy listo llamado Pulgón. Acompáñennos al lodazal para descubrir si la astucia infantil y un carrizo parlanchín son suficientes para derrotar a la maleza y a la envidia. Abran bien los ojos y, por si las dudas, tápense un poquito la nariz... ¡Que se abra el telón para La Vara de Huinac!
REPARTO
- GASPAR: El Anciano. Siempre niega sus ruidos intestinales con gran dignidad.
- CORNELIA: La Vieja Sabia. Confunde las palabras y ríe con facilidad.
- PULGÓN: El niño listo, valiente y observador.
- ROCCO: El grandote. Agresivo, torpe y de poca inteligencia.
- PÁNFILO: El chismoso. Crítico, cobarde, pero simpático.
- PASTORCILLO VALENTE: Un joven simple, dado a crear suspenso innecesario.
ACTO I: LA ENREDADERA MALVADA Y EL SAPO
(Interior de una casa antigua. Iluminación lúgubre, con tonos verdosos de enfermedad. Una extensa e implacable planta trepadora oscura se enreda con fuerza en lámparas, cuadros y ventanas. Se oyen crujidos siniestros cuando crece.
GASPAR está sentado, con la vista nublada. ROCCO gruñe, intentando inútilmente desenrollar unos tallos. PÁNFILO lo mira con superioridad. PULGÓN examina la planta con espíritu científico).
PULGÓN: ¡Abuelo, fíjese bien! La Enredadera no solo asfixia a las otras macetas, ¡nos está robando la energía! Este florero era rojo carmín y ahora parece un bloque de lodo verdoso. ¡Mire cómo trepa y se enreda en la lámpara!
GASPAR: (Tuerce el gesto). Solo porque tú lo dices, muchacho... Yo ya no veo bien. Aunque sí escucho sus crujidos. Se nos va a enredar en las piernas y nos va a dejar amarrados al suelo como salchichones.
ROCCO: ¡Pánfilo! ¡La planta parásita se me está enredando en el pescuezo! ¡Córtala, arráncala, pero no me vayas a picar! ¡Ay, me ahorca, me da rabia!
(PÁNFILO agarra unas tijeras y corta el zarcillo. Al mostrarle el tallo retorcido a ROCCO, se escucha el rotundo y largo sonido de un PEDO AGUDO que rompe el suspenso. Todos se quedan pasmados y, acto seguido, estallan en carcajadas).
GASPAR: (Se sobresalta, fingiendo sorpresa y extrema dignidad). ¡Ahí está otra vez! ¿Lo oyeron? ¡El crujido de la Enredadera! ¡Está rompiendo las vigas del techo!
PÁNFILO: (Tapándose la nariz). ¡Abuelo, por Dios! ¡Ese no fue ningún crujido botánico! ¡Fue un larguísimo y maloliente pedo suyo!
ROCCO: (Riendo a carcajadas). ¡Sí, Abuelo! ¡Un pedo muy desvergonzado! ¡Admítalo!
CORNELIA: (Entra a toda prisa. Ríe con un ataque súbito y agudo). ¡Ay, mis calcetines! ¡Quiero decir, mis caderas! ¡No puedo con tanta risa! Gaspar, querido, ¡siempre dices que fue un mono! Digo... ¡un sapo!
GASPAR: (Firme). ¡Fue un sapo! ¡Un sapo gordo que se estrelló de sentón contra la puerta! ¡Juro que fue un sapo!
CORNELIA: ¡Sapo o no, la Enredadera nos va a tragar! Estuve investigando en este libro de botánica... (Les enseña el libro, todos entrecierran los ojos sin ver nada). Dice que la única cura es el tallo de la planta de Huinac. Una vara mágica, firme y rugosa. Crece en los lodazales y apesta como agua quina... sirve para la parálisis, la tuberculosis...
PULGÓN: La quinina sirve para el paludismo... ¡Uy, ya se me pegó tu afasia, Abuela! Focus, Abuela, concéntrate.
CORNELIA: (Reseteada). ¡La Vara de Huinac! Es tan poderosa que aniquilará a esta trepadora. Hay que buscarla. (Vuelve a la afasia). Necesito un gato... una carpa... una torta... ¡Un mapa, caray! Hay un lodazal "amistoso" junto a la entrada de la carretera...
PULGÓN: ¡Yo conozco ese lodazal! ¡Yo voy!
CORNELIA: Sí, ve tú, mi niño. Se necesita inocencia. Si va Rocco, seguro rompe la caja... la masa... ¡la vara! Y tú, Pánfilo, tampoco sirves. La vara exige un alma pura, y tú eres muy salado, cansado... malvado, digo.
PÁNFILO: Yo no soy malvado, Abuela, ni estoy salado... jaja, y conste que no me estoy burlando de sus cables cruzados, jajajaja.
(PULGÓN sale decidido con una mochila. ROCCO y PÁNFILO intercambian una mirada de envidia y malicia, y salen tras él de puntillas. Oscuridad total).
ACTO II: EL LODAZAL, EL ENGAÑO Y EL CARRIZO QUE CANTA
(El escenario simula un terreno fangoso con montículos. Entra PULGÓN corriendo y saltando con agilidad. Atrás vienen ROCCO gruñiendo y PÁNFILO jadeando).
PULGÓN: (Gritando). ¡Les dije que por el lodazal cortábamos camino! ¡Ya casi llegamos!
PÁNFILO: (Escondido tras un montículo). ¡Rocco, ahora! ¡Lanza la cuerda y atrapa a ese enano resbaladizo!
ROCCO: (Lanza una soga con torpeza, pero se enreda sus propios pies y cae de bruces en el fango). ¡Maldita sea, ya me chupó el lodo! ¡Te voy a romper la cabeza!
PÁNFILO: (Sale corriendo con una red). ¡Inútil, déjamelo a mí! ¡Toma esto!
(Pánfilo lanza la red, pero PULGÓN hace un quiebro brusco, salta ágilmente y la red cae sobre Rocco. Los dos hermanos quedan enredados peleando entre ellos).
PULGÓN: ¡No me quiero pasar de listo... SOY más listo, ja, ja!
(PULGÓN aprovecha la confusión y llega frente al Árbol de Huinac en el centro del escenario).
PULGÓN: (Extasiado). ¡Miren! ¡La Vara Mágica de Huinac! ¡El árbol me la da porque tengo buen corazón y soy más rápido! (Una rama verde brilla intensamente y Pulgón la toma).
PÁNFILO: (Logra zafarse de la red. Finge asombro y señala al cielo). ¡Mira, Pulgón, rápido! ¡Un sapo volador como los del abuelo!
PULGÓN: (Voltea, ingenuo por un segundo). ¿Dónde?
ROCCO: (Se lanza por la espalda, le arrebata la varita y la muestra ostentoso). ¡Caíste, querubín! Tiempo pretérito del pasado, pasado...
PÁNFILO: (Se la arrebata a Rocco rápido). ¡Ah, pues cómo les quedó el ojo! ¡Ahora el dueño soy yo, par de tarados!
(PÁNFILO corre eufórico, pero resbala en el lodo. ROCCO lo alcanza, lo estruja con fuerza bruta y recupera la Vara).
ROCCO: (En un susurro agresivo). ¡Ahora que tenemos la magia, hay que neutralizar a Pulgoncito!
PÁNFILO: (Secándose el sudor). ¿Con "neutralizar" quieres decir... ponerlo a dormir un buen rato?
ROCCO: ¡Palabras más, palabras menos! (Se acerca a Pulgón, amenazante). ¡Pulgóoon!
PÁNFILO: (Hace un gesto teatral ridículo). ¡Abracadabracacaca! ¡Con estas palabras te neutralizo!
(PULGÓN se queda inmóvil por la confusión. ROCCO le quita la Vara a Pánfilo y le da un coscorrón a Pulgón. Suena un inesperado y agudo “TILÍN TIN TIN”. PULGÓN se desploma cómicamente).
PÁNFILO: ¡Te pasaste, bestia! ¡Se nos pasó la mano!
ROCCO: Yo solo lo neutralicé, como quedamos.
PÁNFILO: ¡Hay que esconder el cuerpo! ¡Voy a hacer que la tierra se lo trague! ¡Cadabracacacacacaca! ¡Rayos cósmicos! (La Vara parpadea, da un chispazo débil y se apaga por completo). ¡Ya la descompusiste! ¡Usa el método tradicional! Entiérralo, Rocco.
ROCCO: (Lloriqueando). ¿Entiérralo, Rocco? Ayúdame, burro.
PÁNFILO: ¡Tú solito puedes! ¿No que muy fuerte?
ROCCO: ¡Todo yo! ¡Todo yo!
(ROCCO entierra a Pulgón dejando solo un delgado carrizo verde asomando de la tierra. Los hermanos huyen. El sonido de los zarcillos crece. Música de tensión que cambia abruptamente a un tono mágico y de cuento de hadas. Entra el PASTORCILLO VALENTE silbando. Ve el carrizo brillante, lo corta y lo pule. Al intentar soplar, la flauta emite una luz y canta sola con voz resonante y graciosa).
FLAUTA: (Voz pregrabada)
¡Pastorcillo, pastorcillo, no me dejes de tocar!
¡Mis hermanos me enterraron por la Vara de Huinac!
PASTORCILLO VALENTE: (Aterrado pero fascinado, con exageración melodramática). ¡Una flauta que canta verdades! ¡El instrumento de la justicia! ¡Debo avisarle a todo el pueblo! ¡Iré casa por casa! ¡Y de paso me entero de los chismes de la cuadra, je, je!
(Sale corriendo con la flauta en alto. Oscuro).
ACTO III: LA REVELACIÓN Y EL DESENREDO
(La casa. Los zarcillos han crecido de forma alarmante. ROCCO y PÁNFILO están ante DON GASPAR, sosteniendo la Vara apagada. Se oye un fuerte crujido vegetal).
PÁNFILO: (Nervioso). ¡Mírela, Abuelo! ¡La Vara de Huinac! ¡Ya hasta dejaron de sonar los crujidos!
GASPAR: (Gruñón). ¡Mientes! Yo los sigo oyendo. (Suena un crujido fortísimo, seguido de un cómico remate de batería: Ba-Dum-Tss). ¡La Enredadera ya casi me deja ciego!
(Entran intempestivamente CORNELIA y el PASTORCILLO VALENTE, quien trae la flauta apretada contra el pecho y se detiene en el umbral para crear suspenso).
PASTORCILLO VALENTE: (Habla con lentitud extrema). ¡Señores! ¡Traigo una noticia increíble! Información muy delicada... Les cuento: ¿Sabían que el herrero está pensando vender su yunque? ¡Y en casa de Doña Elvira ya tienen tres gallinas ponedoras! ¡Qué misterio!
CORNELIA: (Desesperada). ¡Ya basta de coches... digo, de choques! ¡Ay, dogo, duego!
GASPAR: Amor mío, por favor, focus...
CORNELIA: ¡Dinos si sabes algo de Pulgón! Me estoy muriendo de los monos... de los tangos... ¡de los nervios, caramba!
PASTORCILLO VALENTE: ¡No encontré al niño, Doña Cornelia! ¡Pero en el lodo encontré este carrizo mágico que cuenta historias!
(El Pastorcillo sopla la flauta. La magia inunda la sala).
FLAUTA: (Voz pregrabada)
¡Pastorcillo, pastorcillo, no me dejes de tocar!
¡Rocco y Pánfilo me ahogaron por la Vara de Huinac!
(El efecto es inmediato. La voz de la flauta hace resonar la madera de la casa. La luz se aclara. Los zarcillos se congelan. La Vara en manos de Rocco reacciona a la canción del carrizo y comienza a emitir una luz verde vibrante).
GASPAR: (Se pone de pie de un salto). ¡Es la voz del niño! ¡Pulgón está vivo! ¡La flauta nos dice la verdad!
ROCCO: (Cae de rodillas, asustado por la magia). ¡Perdón, perdón! ¡Solo le dimos un coscorrón!
CORNELIA: (Le arrebata la Vara, que brilla intensamente). ¡Tramposos! ¡Vamos, Gaspar! ¡La flauta nos guiará a desenterrar al niño!
(Salen a toda prisa guiados por el Pastorcillo que va tocando la flauta. Tras una breve y cómica elipsis musical donde Rocco y Pánfilo tiemblan abrazados, la familia vuelve triunfante con PULGÓN, lleno de lodo seco pero con una sonrisa enorme de victoria).
PULGÓN: ¡He regresado del Barro! ¡Y estoy VIVOOO!
CORNELIA: (Blande la varita con gestos teatrales). ¡Varita de Huinac, acaba con la enredadera y con las equivocaciones! ¡Que nunca más se enrede mi lengua! (La enredadera empieza a marchitarse rápidamente, llenándose de flores de colores).
PULGÓN: ¡Y el castigo para estos dos tramposos será doble!
ROCCO: (Tiembla). ¡No me conviertas en sapo, te lo suplico!
PULGÓN: ¡Peor! ¡Serán los sirvientes de la casa por un mes entero... vestidos con delantales de flores y cantando mientras barren!
ROCCO: (Agarra la escoba, resignado y se pone un ridículo mandil floral que Cornelia le lanza). Ya, ya… Todo yo, todo yo… (Barre una pared, que mágicamente recupera un hermoso color azul).
PÁNFILO: (Puliendo una silla con otro delantal puesto). Está bien, yo no quería hacer daño, solo quería ganar. Prometo no volver a usar trampas. (La silla brilla en tono caoba).
(PULGÓN toca con la Vara la cabeza de sus hermanos a modo de perdón juguetón, y luego toca los últimos zarcillos. Estos se secan, se convierten en polvo de estrellas y desaparecen. La luz general recupera colores cálidos y festivos).
GASPAR: (Mirando a su esposa con inmensa ternura). ¡Cornelia! ¡Veo con claridad el mundo otra vez!
(GASPAR sonríe, henchido de felicidad. Es tanta su alegría que se le escapa un PEDO LARGO Y AGUDO que resuena en toda la sala, ahora sonando casi como una trompeta festiva).
TODOS: ¡Abuelo! ¿Otra vez?
CORNELIA: ¡Mi vida... por favor, no vayas a decir otra vez que fue un sapo!
GASPAR: (Sonríe con picardía, recuperando su extrema dignidad). Les voy a decir la verdad, familia... (Pausa dramática. Se ríe, y suena OTRO PEDO agudo e inconfundible). ¡Fue un sapo, mi amor! ¡Un sapo! Yo no les voy a mentir, deben creerme. ¡Lo juro!
(Todos estallan en carcajadas llenas de alegría. El Pastorcillo Valente hace acrobacias mientras toca notas alegres en su flauta de carrizo. Rocco y Pánfilo barren cómicamente bailando con sus delantales. Cornelia y Gaspar bailan un vals elegante. Pulgón salta de manera suelta, triunfal y extraña, agitando la vara luminosa. La música cambia a un alegre y frenético Cancán que llena el teatro de pura fiesta. La iluminación brilla al máximo, en tonos dorados y verdes, y de golpe, OSCURO).
(Toda la compañía sale a agradecer con reverencias exageradas y divertidas).
FIN DE LA OBRA