sábado, 13 de junio de 2026

Teatro del Absurdo Clínico Cuatro Piezas Cortas Inspiradas en la Neurología Narrativa Nota al director: Estas piezas exploran los confines de la identidad y los extravíos de la mente humana. A través de un humor negro, irónico y descarnado, las situaciones rozan el absurdo absoluto de la condición clínica. Sin embargo, detrás de la comedia delirante late siempre una profunda veta de ternura y compasión —la miel necesaria para pasar el trago amargo de la medicina—. Los finales trágicos o liberadores deben abordarse con absoluta verdad escénica. Pieza I: La Corte de los Patos Personajes PAPÁ (45 años): Sufre una agnosia visual y fisonómica severa. MAMÁ (40 años): Una mujer práctica, al borde del colapso nervioso. TITO (8 años): Hijo mayor, divertido por las "metamorfosis" de su padre. GABO (6 años): Hijo menor, cómplice del juego paterno. Escenario: La sala de una casa de clase media. TITO y GABO brincan felizmente sobre los sillones de la sala. Entra el PAPÁ portando un portafolio; se detiene en seco, los mira con fijeza absoluta, parpadea desconcertado y se lleva las manos a la cabeza con pánico real. Papá ¡Cuac! ¡Cuac! ¡Pero bueno! ¿Qué hacen estos dos ánades encima del tapizado? ¡Mis patitos, bajen de los sillones de inmediato! ¡Van a llenar todo de plumas y estiércol! ¡Cuac! Tito (A Gabo, saltando con entusiasmo) ¡Dice que somos patos! ¡Cuac, cuac, soy un pato salvaje del norte! Papá (Indignado y moviendo los brazos) ¡No me respondas en lenguaje aviar, insolente! ¡A sus estanques ahora mismo o les corto el alpiste! Entra la MAMÁ con un delantal de cocina. El Papá se voltea hacia ella, abre los ojos de par en par ante la imponente figura de su esposa y retrocede aterrorizado, protegiéndose con el portafolio. Papá ¡Cielo santo! ¡Una gran oca blanca! ¡Una oca gigante, territorial y vengativa! ¡Cuac! ¡Cuidado, niños, corran, que nos va a picotear los ojos a todos! Mamá (Con los puños en las caderas, fulminándolo con la mirada) ¿Oca? ¿Me has llamado gran oca blanca, Benjamín? ¡Estoy hasta la coronilla de tus diagnósticos! ¡Niños, ya me cansé: persigan al pato-papá! ¡Atrapen al pato malcriado! Los niños se lanzan sobre el padre haciendo ruidos frenéticos de "¡cuac, cuac!". El PAPÁ corre despavorido alrededor de la mesa, tropieza torpemente con la alfombra y cae aparatosamente de espaldas, dándose un golpe seco en la cabeza contra el suelo. Silencio repentino. Se incorpora lentamente, sobándose la frente. Su mirada extraviada ahora es completamente lúcida. Papá (Quejándose con dolor real) ¡Ay, mi cabeza!... Pero bueno, ¿qué les pasa a ustedes? ¿Por qué demonios me estaban persiguiendo colectivamente? No es nada gracioso. Casi me rompo el cuello contra el piso. Tito (Se le acerca con ternura, sentándose en el suelo junto a él y dándole una palmadita en la rodilla) Ay, papá... esta vez fueron patos. No te enojes. A veces nos confundes con changos y nos pones a comer plátanos del piso todo el día. Gabo Sí, pa. Cuídate si un día nos confundes con tigres o con ratas, porque ahí sí que te va a ir muy mal y te daremos un buen mordisco entre los dos. Tito (Con tono de advertencia infantil, pero dulce) Ah, y a mamá ni te cuento... Si un día la confundes con un rinoceronte, pues esa vez sí que te va a ir mal, embiste la casa entera y de esta no la cuentas, papi. El Papá abraza a sus hijos, asustado pero conmovido, mirando de reojo a la esposa. Ella suspira con profunda resignación, se acerca y le extiende una compresa con hielos para el chichón. (Oscuridad) Pieza II: Los Bellacos de Frecuencia Modulada Personajes BETO (56 años): Atrapado en el limbo de un síndrome amnésico; tiene la certeza absoluta de tener 19 años. CHINO (20 años): Joven músico baterista, moderno y desenfadado. COLO (20 años): Joven músico baterista, amigo de Chino. VOZ DE GEMINI: Voz en off artificial, impersonal y omnipresente. Escenario: Un cuarto de ensayo musical con acústica improvisada. Baterías, platillos, cables por doquier y una laptop abierta sobre una mesa. CHINO y COLO acomodan unas baquetas mientras hablan entre ellos. BETO examina un cencerro con curiosidad juvenil. Chino Oye, Bellaco, el auto de mi primo estaba todo tuneado, quedó increíble. Y la IA me hizo una imagen fenomenal de la portada del disco en dos segundos. Beto (Dejando el cencerro, sonriendo con suficiencia académica y ademanes juveniles) Ah... Los bellacos eran —y son— malandrines, malhechores. Acabo de leer un libro de los Siglos de Oro y había un bellaco de lo más gracioso y pícaro en las novelas ejemplares. Colo (Riéndose, compartiendo una mirada con Chino) ¿Qué dices, Beto? No, hombre. "Bellaco" ahora es un chico muy atrevido, alguien que se va de juerga, ¿sabes? Un tipo pesado. Beto ¡Ah, juerga! Esa sí la conozco perfectamente de mis tiempos en la universidad... Espera, ¿y qué es eso de "tunear"? ¿Es como dintinizar la radio? Chino ¿La radio? ¿Quién oye radio ahora, Beto? Estás totalmente chapado a la antigua. Beto (Orgulloso y arqueando las cejas) ¡Yo! Yo escucho frecuencia modulada. Mi mejor estación es Universal, donde escucho la música más moderna de la vanguardia: los ochentas y los noventas. Lo último de lo último. Colo Ah, muy bien... ¿Y de los dos mil nada, Beto? Beto (Con un guiño pícaro) Ah, qué bromista eres, Colo. Todavía no llegamos ahí, faltan bastantes años para el nuevo milenio. ¿Y qué es eso de "la ia"? Chino ¿IA? Inteligencia Artificial, Beto. Mira, aquí está en nuestra lap, ahorita se prende la pantalla con la cámara activa. Beto se acerca con curiosidad a la laptop. La pantalla se ilumina de golpe, mostrando el reflejo de la cámara web. Beto da un paso atrás, horrorizado, tocándose la cara. Beto ¡Dios mío! Se ve reflejado un viejo arrugado, decrépito y canoso... ¿Quién metió a ese anciano en la máquina? ¡Sáquenlo de ahí! Colo (Preocupado por la reacción, le habla directamente a la laptop) Oye, Gemini... ¿Quién es el hombre que se refleja en la pantalla de esta imagen que capturé? Voz de Gemini (Firme, neutra, digital e impersonal) Él es Beto. Beto a menudo se percibe a sí mismo como si tuviera 19 años, pero en realidad tiene 56. A veces despierta con la conciencia repentina de su verdadera edad... Las palabras de la inteligencia artificial impactan directamente el rostro de Beto. Sus ojos se abren con el horror de una verdad insoportable. Sus hombros se hunden, camina muy lentamente hacia la esquina más oscura del cuarto y se sienta en el suelo, abrazando sus rodillas fuertemente. Voz de Gemini ...Y cuando eso ocurre, Beto se va a una esquina del cuarto porque no entiende qué pasó con los treinta y siete años que se le perdieron para siempre en el limbo de su amnesia. Chino y Colo dejan las baquetas en silencio. Se miran con profunda tristeza. Con suavidad, se acercan a la esquina oscura, se sientan en el piso a ambos lados de Beto y el Chino le pone un brazo sobre los hombros, abrigándolo en su silencio. (Oscuridad) Pieza III: La Bruma del Pasajero Personajes PASAJERO / MARTÍN (35 años): Abogado con un tumor frontal que fragmenta catastróficamente su percepción. HOMBRE DEL METRO: Un pasajero cualquiera, incómodo. EL CARNICERO: Hombre rudo con delantal manchado de sangre. DOCTOR FREUD / PSIQUIATRA: Médico de semblante severo y libreta en mano. VOZ DE LA MADRE: Voz en off melancólica y lejana. Escenario: Un espacio expresionista. La iluminación cambia abruptamente de la luz parpadeante de un vagón de metro a una carnicería fría y luego a un consultorio médico, representando los saltos violentos en la mente del Pasajero. [Luz de Metro: El PASAJERO aborda con entusiasmo a un HOMBRE que lee un periódico]. Pasajero ¡Hola, Jaime! Qué enorme gusto verte. Nos conocimos en la universidad, ¿te acuerdas? Tantas materias teóricas fastidiosas que llevamos... Lo que de verdad nos gustaba a ambos era la actuación o la danza, no la maldita historia del teatro. ¡Los griegos, qué flojera! Hombre del Metro (Incómodo, bajando el periódico) Disculpe, señor, se equivoca de persona. No me llamo Jaime. Y yo estudié Derecho. Soy abogado. Pasajero ¿Derecho? ¿Cómo es eso? ¿Que vas recto? ¿Que vas derecho por la vida? (Se ríe a carcajadas, solo) Es una broma, hombre. Tú solo sabes de Sófocles, seguro. El gran Sófocles, el griego... Hombre del Metro ¿Qué es eso de griego? Con permiso, me bajo en esta estación antes de que sea tarde. (Desaparece apresuradamente) [Corte de luz inmediato. Luz blanca e intensa. Sonido de un hacha picando. Aparece un CARNICERO picando carne detrás de un mostrador. El Pasajero lo mira con profundo asco]. Pasajero No importa, Martín... Oye, debería darte absoluta vergüenza estar vendiendo esa carne de vaca muerta. Es una pena tremenda que tengan que matar a los pobres animales de esa manera tan cruel. Carnicero (Fastidiado, limpiando el hacha) Oiga, amigo, yo no vendo carne, ¿de qué habla? Se equivocó de ventanilla. ¡Yo soy abogado civil! [La luz cambia de golpe a tonos opacos y sombríos. El carnicero ahora lleva anteojos y una libreta: se ha transformado en el PSIQUIATRA. El Pasajero está sentado en un diván, frotándose las sienes con desesperación]. Pasajero (Angustiado) Doctor Freud, dijeron en la clínica que usted me puede ayudar... Sabe, cierro los ojos un segundo y se me olvida inmediatamente lo que acabo de decir. Ya no sé dónde estoy. Yo creo que sí sé, pero lo que sé nunca coincide con lo que pasa en la realidad... Psiquiatra (Anotando con frialdad) Es un desajuste cognitivo severo. Debería ir de inmediato con un psiquiatra para un tratamiento de choque o reclusión. Pasajero (Entrando en pánico absoluto, empieza a delirar descontroladamente) ¿Un psiquiatra? ¡No! ¡Ah, es la última vez que admito que me inyecten esas sustancias! ¡No lo soporto! Me clavan agujas gigantescas en las sienes y no salgo de una nube y de una bruma... ¡Es una total y absoluta oscuridad! ¡Auxilio! ¡No, no quiero que me inyecten! El Pasajero se desploma del diván al suelo, retorciéndose. La luz se vuelve blanca, cruda, de hospital psiquiátrico. Comienza a llorar desconsoladamente como un niño pequeño desamparado. Pasajero ¡Paola! ¡Salma! ¡Mamá! ¿Dónde estás? Ven por mí a la escuela por favor... me quieren pegar los niños de tercero A a la salida. Mamá... ¿dónde está papá? ¿Por qué no viene? Voz de la Madre (En off, con una dulzura infinita, trágica y susurrada) Se murió, mi amor. Papá se murió hace muchos años. Pasajero (Con voz de niño desamparado, cerrando los ojos con fuerza en el suelo) ¿Se murió?... ¿Cuándo? (Oscuridad Total) Pieza IV: El Jazz que Cura la Bruma del Cerebro Personajes REY (28 años): El jazzista. Viste una chaqueta algo raída, lleva colgada una trompeta dorada y desprende una energía nerviosa y electrizante. PASAJERA CON BOLSA (35 años): Desconfiada, cargada de paquetes y temerosa del entorno urbano. SEÑOR MAYOR (70 años): Jubilado, serio y de mirada severa al principio. PASAJEROS: El coro silencioso de la gran ciudad, siempre a la defensiva. Escenario: El interior de un vagón de metro en movimiento. Se escucha el característico e hipnótico traqueteo metálico sobre las vías. REY entra al convoy un poco agitado, trastabillando levemente, y se desploma con pesadez en uno de los asientos reservados con el letrero verde institucional. Pasajera con Bolsa (Mirándolo de arriba abajo con desprecio, cuchicheando con el Señor Mayor) Míralo nada más... Sano, joven, fuerte y bien plantado. Y se sienta descaradamente en el asiento reservado. Qué absoluta falta de civismo y educación en este transporte público, de veras. Señor Mayor (Asintiendo con la cabeza, con rictus amargo) La juventud de ahora está perdida, señorita. Ya no tienen el menor respeto por las canas ni las leyes. De pronto y sin previo aviso, a REY le sobreviene un episodio agudo y violento de Tourette. Su cuerpo entero se tensa como una cuerda. Lanza un grito súbito, un graznido ensordecedor, mientras su brazo derecho da una sacudida espasmódica hacia el techo del vagón. Acto seguido, da tres golpeteos rítmicos y frenéticos contra la lámina de la pared, torciendo la boca en una mueca grotesca. Rey (Gritando a mitad del espasmo) ¡Joder! ¡Mierda! ¡Abran paso al capitán del barco! ¡Cuac, cuac! El vagón entero se congela instantáneamente en un pánico mudo. La Pasajera con Bolsa ahoga un grito de terror, se abraza con fuerza a sus paquetes y se desplaza a toda prisa hacia el extremo opuesto del convoy. El Señor Mayor se levanta de un salto instintivo, buscando refugio detrás de una barra metálica de sujeción. Los demás pasajeros se apartan en masa, dejando a Rey en un islote de absoluto aislamiento social. Pasajera con Bolsa (Aterrorizada, desde lejos) ¡Está completamente loco! ¡Está teniendo un ataque violento o nos va a asaltar a todos aquí encerrados! ¡Guardias! El episodio amaina tan bruscamente como apareció. REY se relaja por completo, deja caer los hombros con naturalidad y exhala un suspiro profundo y aliviado. El torbellino electroquímico de su cerebro ha cesado. Se levanta lentamente, toma su trompeta dorada con ambas manos y mira a los pasajeros con una sonrisa pícara y brillante, adoptando una reverencia exageradamente elegante, como un bufón de la corte ante sus soberanos. Rey (Con una voz deliciosamente teatral, fluida y melodiosa) ¡Damas y caballeros, respetable y asustado público del convoy número cuatro! No teman, les juro por lo más sagrado que no muerdo, ni pretendo arrebatarles sus carteras. Lo que acaban de presenciar no es un brote criminal, ni una posesión demoníaca... es solo un pequeño cortocircuito en mis cables internos. ¡Un obsequio espontáneo cortesía del impredecible doctor Tourette! Los pasajeros lo observan fíjamente, aún con recelo físico, pero visiblemente imantados por su carisma y aplomo. Rey (Continuando con ligereza y ademanes festivos) Yo soy jazzista de corazón y de profesión. Y ya que mis tics involuntarios me obligaron a darles este extraño espectáculo de bienvenida, permítanme ahora compensarles el susto con una melodía que sí tiene ritmo, estructura y sentido. ¡Música pura para disolver la bruma mental de esta bendita ciudad! REY se lleva la trompeta con presteza a los labios. Da un taconazo firme contra el piso metálico del metro para marcar el tempo y comienza a ejecutar un solo de jazz clásico, vibrante, lleno de síncopas audaces y una energía arrolladora. El sonido brillante y dorado de la trompeta inunda por completo el vagón, sepultando el ruido gris e industrial del motor. Mientras improvisa, el ritmo se vuelve irresistiblemente contagioso. Rey se mueve con soltura por el pasillo central, balanceándose con gracia. El SEÑOR MAYOR, que antes lo juzgaba con severidad, empieza inconscientemente a marcar el compás con la punta del pie. La PASAJERA CON BOLSA esboza una sonrisa tímida, aflojando los brazos y relajando el rostro. Rey concluye la pieza con una nota alta, sostenida, limpia y brillante, haciendo resonar la campana de metal justo hacia las ventanas abiertas. El vagón se sumerge en un segundo de silencio expectante... y de pronto, estallan unánimes los aplausos y las ovaciones de los presentes. Señor Mayor (Aplaudiendo con fuerza, con genuino entusiasmo) ¡Bravo! ¡Eso es tocar con el alma, muchacho! ¡Olvida por completo lo del asiento reservado, te lo has ganado con creces! Pasajera con Bolsa (Sonriendo abiertamente mientras busca una moneda en su bolso) ¡Qué bárbaro, qué absoluto talento! Qué hermosa sorpresa nos has regalado en mitad de este viaje tan aburrido. REY vuelve a hacer una profunda reverencia de bufón feliz y dichoso, agradeciendo el afecto colectivo con la mano derecha sobre el corazón, completamente integrado al tejido humano, libre de tics y dueño absoluto del vagón gracias al milagro curativo de su música. (Telón Final de las Cuatro Obras)

viernes, 12 de junio de 2026

In Your Shoes… DAD.

 

















In Your Shoes… DAD



A Tragic Farce about the Spanish Transition


by GAVARRE BENJAMIN




® BENJAMIN GAVARRE SILVA

BENGAVARRE@GMAIL.COM


 











 

Scene I: The Loafer Manifesto

Spring, 1978.


MANOLO is supposed to be doing the monthly balance sheet, but he is spellbound, listening to CURRO, who is fiercely sanding a shoe heel with revolutionary rage. AMPARO smokes a cigarette on the sly, perched on top of a stack of knee-high boot boxes. She wears a miniskirt that she has put on hidden from the owners.

CURRO: I’m sick of it, Manolo. My future should be freedom. I can't see myself living in Madrid for more than two years, working—if you'll excuse the word—in this prison of shelves, packed with boxes and boxes and boxes… Neither of you should have this future, even if you are the owner’s son… I’ve seen you drifting off into daydreams, I’ve seen you stopping that tedious balance sheet to look at distant horizons, talking to God knows what girl, or what guys… And look, speaking of cool blokes who could change our lives, I’ve seen some footage of Woodstock and the gardens of San Francisco, full of flowers, full of people kissing and making love, you know, not war. The spirit of freedom, Manolo… Let’s go there, let’s go to San Francisco. That’s a place of dreams.

AMPARO: (Sitting in her little niche, smoking and nodding happily all the while). Curro is right. We should leave, all three of us. What’s stopping us? We’re young, we’re not tied down to anything, and we feel like this world belongs to us… That’s just how it is.

MANOLO: But what are you two talking about, you pair of little Don Quixotes? What do you mean we’re not tied down to anything? What about my parents? And the business, the tradition, the shoes? We’ve been making shoes since '98, since 1898… back when loafers were the symbol of political transition… We made the ultimate elegant shoes in the fabulous 20s… and we’d better not talk about '36 because we had to close down for a year… Ah, but we bounced back; even if it was boots, mass-produced boots we made, even if we didn’t like it… and here we are, still sticking to the classic models: the ankle boots, the pointed toes, and the convent-style shoes for the nuns, of course…


CURRO: Hail Mary, most pure… Well, all that nun and general business doesn’t just displease me—to be honest, it gives me a bloody rash.

MANOLO: We deserve a medal for putting shoes on half of Madrid for so long.

AMPARO: That’s what I say! At least I like medals, though to be completely honest… we don’t really deserve one. You do, Manolete… You came into this world with your shoes already on. I can just picture your poor mother… “Oh, I think I felt a kick! The kick of a footballer! Heaven help me!”.

MANOLO: For as long as I can remember, my life has been bound to shoes. My father says that one day…

CURRO: You shall inherit the earth!… Well, I’d rather they told me, "Hey, Curro: you shall inherit the wind… And you shall walk barefoot through the gardens of Eden… Or at least San Francisco…". But if I stay here much longer, I think I’ll suffocate and, like I said, end up buried under a pile of shoes.

AMPARO: Well, count me in for the crusade! Let’s go join the hippie foreigners… I’ve already got my miniskirt and my jeans, and I already know how to say Yesterday and I want to kiss you

MANOLO: Those sound like songs to me. What do they mean?

CURRO: They mean that opportunities only come once in a lifetime, and then… they vanish. You think about it: a slave to the family business… A free, lonely soul like you, who would finally stop feeling sad and out of place in this society that reeks of being so stale… Come on, Manolo, live a little! Live! Come with us.

MANOLO stands frozen; the sirens' voices have pierced deep into his soul… He looks at them, deeply moved, and is just about to say something when the shop bell rings at that very moment… Time to welcome the customers. With a gesture, he signals to AMPARO and CURRO that they must do their duty.

MANOLO: Amparo, Curro, enough chatting… We have to serve the customers.

At that moment, as if emerging from the depths of the shadows, GERVASIO and PURITA arrive—two old, hunchbacked vultures with deathly pale skin and a slow, deliberate stride. They look at AMPARO and CURRO with disdain, and smile ironically at young MANOLO.

GERVASIO: There will be no need for you to send them, young Manolo.

PURITA: (Completing the thoughts of her vulture-like partner). It’s almost lunchtime, but we’ve already had ours. Go on, go along, the two of you; we’ll take care of it.

The three young people look at the old employees with astonishment and vexation. They know their conversation has been overheard, and not by the gentlest of souls.


Scene II: The Lunch of the Deaf

The dining room of the family home, located just above the shoe shop. A crucifix hangs on the wall, alongside a portrait of the Pope currently in office. A strong aroma of Madrid-style tripe stew ("callos a la madrileña") fills the room.

Sitting at the table are DON MANUEL, DOÑA ASUNCIÓN, and her sister, the uncomfortable aunt, DOÑA ENRIQUETA. The family meal is a whirlwind of overlapping voices; a choral chaos. No one wants to listen to anyone else—it’s as if they are only talking to themselves. Each character projects their own frustrations and ambitions onto the son, like a machine grinding him down. GERVASIO and PURITA, the persistence of Evil, now act as subservient waiters, moving like the maids and lackeys of olden times.

DON MANUEL: This tripe brings back fond memories of El Retiro park in my youth. It’s softer than a maiden's cheek…

DOÑA ASUNCIÓN: Big talker! If it weren't for the fact that you were unable to even sweet-talk a young girl... You used to treat them all like high ladies, and they would die laughing watching you slouch around like a little priest. Lucky for you I showed up and took the initiative.

DON MANUEL: (Changing the subject. To Manolo). Ahem… Look up, Manuelillo. You look like you’ve drifted off to the moon.

DOÑA ENRIQUETA: I am certain that Manolo is in contact with the angels. Look at his sweet face, so distracted... It’s as if the Virgin Mary herself is whispering loving words to him. You should take the vows, my boy.

DON MANUEL: That sounds like a nun's business, Doña Queta… And frankly, I wouldn’t want my son to stray down that path… The idea of becoming a priest!…

GERVASIO: (Incisive and servile). Would the master... ahem, care to refresh himself with a cold cider?…

PURITA: (Maliciously, anticipating the betrayal with an allegory). I fear to mention, if I may, that unfortunately the only remaining bottle of cider has spoiled. It seems someone opened it and left the cap off.

DOÑA ASUNCIÓN: We can live without the cider, and thank you for informing us so opportunely; I detest things that go to waste.

DON MANUEL: (Picking up his train of thought). It’s important what I’m about to tell you, Manuel. I’ve been thinking that you should take an advanced course in accounting and administration, over at the University of Alcalá de Henares—they say it has been completely renovated. It would do you good to lean more toward business and less toward your dream worlds.

DOÑA ASUNCIÓN: I believe what the boy needs is to integrate himself into high society. It would do you good, son, to sign up for the Youth Section of the National Movement… This Monday I shall speak with the Magistrate Solomillo's wife. From what I hear, she has a marriageable daughter: very pious and from a very good family.


DOÑA ENRIQUETA: No, no, she’s not pious. Her name is Pía, but that doesn't mean she’s devout. Though taking the vows would certainly do my nephew good, since he hasn't married and we haven't seen him with a girlfriend yet…

DON MANUEL: What on earth are you on about now? You’re just talking nonsense, without rhyme, reason, or a head on your shoulders.

DOÑA ASUNCIÓN: That’s not how you say it…

DOÑA ENRIQUETA: Well, honestly! Are you two both going to gang up on me now?

DOÑA ASUNCIÓN: I meant that’s not how the proverb goes.

MANOLO: (Speaking up to protest in his own way through the commentary). "To foolish words, a merchant's ears."

DON MANUEL: And what on earth has bitten you?

MANOLO: (Insisting on his random comments just to annoy them). "Water that you shall not drink, let it flow away."

DOÑA ASUNCIÓN: My goodness, what are you saying! The tripe must have gone to his head.

MANOLO: "Shoemaker, stick to your shoes."

DON MANUEL: Now that’s what I’m talking about! That is my favorite saying; it’s the one that represents our family.

DOÑA ENRIQUETA: (Joining in the dynamic, but with completely absurd sayings). "To the squeals of a pig, a bartender's ears! Better late than never, green sleeves, for the donkey is already dead and the barley is at its tail!"

DON MANUEL: And what does that have to do with anything, Doña Enriqueta, for heaven's sake…

MANOLO: Dear family, I am leaving.

DOÑA ASUNCIÓN: My boy, don't be rude. And don't get angry, you’re the one who started all this chatter.

MANOLO: I am not angry, I’m just giving you notice… Mother, father, aunt… It is imperative that I go to the Indies to do as I please.

(MANOLO tries to get up, but his father cuts him off).

DON MANUEL: (Banging the table with his fork). What's the rush, son? I will not tolerate such insolence! Too much reading has addled your brain, just like the One-Handed Man of Lepanto…

DOÑA ENRIQUETA: (Speaking boldly despite still having a mouthful of tripe). I knew him, he was quite the gentleman…

DON MANUEL: You knew Cervantes, you say? Or the Knight of the Sorrowful Countenance?

DOÑA ASUNCIÓN: Let’s stop this nonsense, Enriqueta. You go wash the dishes and the stove.

MANOLO: (Suffocating, finally fed up, stands up, knocks over his chair and screams). I said I’m leaving! Is that not clear?! I don’t want to be a shoemaker for the rest of my life, I don’t want a marriage, and I don’t want a cassock… I’m telling you right now: I’m going to San Francisco with Curro and Amparo to start a commune!".

(A deathly silence. The plates turn cold instantly).


Scene III: The Reactionary's Tragedy

Space: Don Manuel’s office inside the shoe shop.

GERVASIO and PURITA hand Don Manuel some magazines they found in Curro’s locker, which talk about the "wonderful liberation of the hippie world."

DON MANUEL: Wonderful liberation my foot… Gervasio, tell me why you kept this from me until now…

GERVASIO: We thought we should have some irrefutable proof before taking this step, isn't that right, Purita?

PURITA: I…

DON MANUEL: (Ignoring Purita completely). I want you to bring them right here to me, both of them. We’ll see what those reckless brats have to say for themselves.

(Manolo enters, followed by Amparo and Curro).

MANOLO: There's no need, father. We are already here, free to face you.

CURRO: That’s right, Manuel. It’s an act of freedom, just like the one I exercise by calling you by your first name.

DON MANUEL: What unbelievable nerve!

AMPARO: You address us in that manner, you tell us: "Hurry up with those numbers," "be more polite," "if you don't like your job you can go look for employment elsewhere"… Does that sound familiar?

CURRO: Well, what do you think, Manuel? We have found, if not another job, then certainly another future: a dignified and beautiful one.

GERVASIO: (Trying to maintain his composure in front of the boss, whispers to Purita). Did you hear that, my love? These scumbags think our work is undignified. Good riddance to them.

PURITA: (Whispering). Speak softly, your voice is booming and the master will hear us.

CURRO: Ah, what a surprise to learn that you two are a couple. At least you have to tolerate each other.

AMPARO: But that goes against the business protocol. Relationships between members of this shoe shop are strictly forbidden. Just like sticking your hideous noses into our lockers. You vultures!

GERVASIO: Don't push my patience, you filthy hippie girl, because I wouldn’t hesitate to answer you with blows.

PURITA: Nor would I!


 

DON MANUEL: And I am not going to dirty my hands. Out! Get out of my shoe shop immediately, you foul-smelling vermin, you trash.

MANOLO: That’s enough, father! I won’t allow you to speak to us like that. If you throw them out, you throw me out too. Have a nice life, you capitalist pig.

DON MANUEL: To me? Are you speaking to me like that? I can't believe my ears.

(DOÑA ASUNCIÓN enters, in full tearful blackmail mode).

DOÑA ASUNCIÓN: (Melodramatic and Catholic blackmail mode). A commune! Outrageous! Where women share everything and the bathrooms are mixed! And the women walk around just like that, out in the open, without a single bra for decency's sake, and even the men walk around naked with all their parts on display…! I cannot bear it—you are going to give me a heart attack, Manolo. Is this what I gave birth to you for? For you to mingle with the rabble? For you to renounce the Cross and the National Movement? (To Curro and Amparo). I’m sure you’re satisfied now, you vermin.

DON MANUEL: MISCREANTS!

PURITA: SCUM!

CURRO: Alright, alright, we're leaving. We leave you to your brave new world, with your order, your crosses, and your convents.

AMPARO: Are you coming, Manolo?

MANOLO: Of course, of course I'm coming. Father, mother... remember me just like this, because the next time you see me, my hair will be long and my feet will be bare… I’ll be a hippie, and one of the best.

DON MANUEL: (Furious, his face turning purple). I will not tolerate hippies in my house, is that clear?! In Calzados Albaladejo? Never! I’d rather see this business burned to the ground first! Vagrants! Thugs! Rabble! Flea-ridden parasites! Drug addicts! Long-haired pieces of shit! Slackers! Parlor anarchists! Infiltrated communists! Destroyers of the homeland! Traitors to... to... to...! (Don Manuel presses his hand to his chest, his face already purple, unable to catch his breath). ...to my own blood!

(DON MANUEL suffers a heart attack. The attack is real, but it is also the ultimate and most powerful tool of patriarchal control. He collapses onto the desk, knocking over the autumn-winter season shoe catalogs).

DON MANUEL: (In Manolo's arms, with his last breath, the father demands…). Promise me... by the memory of your grandparents... the shoe shop... don't leave it... (Don Manuel faints).


Scene IV: The Corridor of Concessions

Space: The hospital corridor or the backroom in twilight, right after the father’s collapse.

MANOLO is unable to overcome his crushing sense of guilt. DOÑA ASUNCIÓN embraces him, with a hint of inner satisfaction, knowing that despite her son's suffering, she has won.

MANOLO: (Justifying himself to his mother). It will only be for a few years, mother. I’ll take charge. The business will grow stronger; I’ll take marketing courses... But listen to me carefully: once I am the absolute owner, when I have enough capital and father is no longer around to suffer... then I will sell everything and leave.

DOÑA ASUNCIÓN: (Smiling with maternal malice; she knows the system has already trapped him). Of course, son, of course... whatever you say. I’ve always trusted you; I know that, deep down, you are a good person, no matter what you're like. Just keep your desires contained. And if you can't overcome your cravings, handle them without affecting the family, and without anyone ever knowing about your… needs.

MANOLO: (Confused). Right… thank you? I don’t know, mother. Suddenly I feel like I’m caught in a spiderweb.

DOÑA ASUNCIÓN: Son, I have an important meeting, I must leave you. But think about it, truly: you are the best.


 

Scene V: The Dismal Grey

Inside the main display window of "Calzados Albaladejo."

MANOLO is slouched in the executive chair. He wears his father’s grey suit, which hangs loosely from his shoulders, and sports the very same trimmed mustache. CURRO and AMPARO enter, ready to begin their journey. The contrast is brutal: they look modern and rebellious, wearing faded jeans, frayed clothes, strappy sandals, and coarse cloth bags crossed over their chests. An uncomfortable silence fills the room; the distance between the new boss and his old companions is measured entirely by their clothes.

MANOLO: (Without looking them in the eye, he offers them money). Take this for the trip. I... have to stay for a while. Suddenly I've had to take on new responsibilities, but when the time is right and everything is running on autopilot, I’ll join you in California.

CURRO: (Resentful and clear). You’ll never come, Manolo. Those shoes are too big for you. Sitting there, behind that solemn old desk, you look like you’re wearing your father's costume. You even talk like him now. New responsibilities that you didn’t choose... What a shame you gave up before even trying. You’ve killed your own freedom. Will you walk barefoot in Eden? I don’t think so.

AMPARO: (Handing him her miniskirt). Take this, a souvenir of rebellion. Maybe you too can choose not to dress so formally; you could wear some jeans, you're the boss after all… Do you really want to please your oppressor?… Open your eyes, Manuel... Follow your path, we’ll follow ours.

They leave. The doors of the shoe shop close with a metallic clink that sounds exactly like a prison cell.

Closing

The shop falls into silence. MANOLO buries his head in his hands, crushed by the surrounding shoe boxes. Aunt ENRIQUETA enters wearing a black mantilla. She looks at him, wipes the dust off a loafer with her jacket sleeve, and speaks with total nonchalance:

AUNT ENRIQUETA: Well, Manolito, don’t be like that. Look on the bright side: when you’re the big boss of all this and your pockets are full, you can go to San Francisco with your long-haired friends... After all, you’re single and free of commitments, like girlfriends, or… friendships… Don’t worry, child, nobody will notice you’re gone if you ever choose to take life into your own hands.




THE END

En tus zapatos... Papá.

  

 

En tus Zapatos... Papá

Farsa negra


de BENJAMIN GAVARRE



® BENJAMIN GAVARRE SILVA

BENGAVARRE@GMAIL.COM


 







 

 

Personajes:

 

  • MANOLO: Joven atrapado entre sus deseos de libertad y el peso de la herencia familiar.
  • CURRO: Empleado de la zapatería, de espíritu rebelde, hippie y revolucionario.
  • AMPARO: Empleada de la zapatería, joven vanguardista que sueña con el mundo exterior.
  • DON MANUEL: El patriarca autoritario, dueño de Calzados Albaladejo.
  • DOÑA ASUNCIÓN: La madre, manipuladora, conservadora y defensora de las apariencias.
  • DOÑA ENRIQUETA (La Tía): Hermana de Doña Asunción. Beata, despistada y portadora de una verdad incómoda bajo su aparente demencia.
  • GERVASIO: Viejo empleado, servil con los amos y despiadado con los jóvenes. Un buitre.
  • PURITA: Vieja empleada, cómplice de Gervasio en la delación y la hipocresía.

Espacio: Trastienda de un negocio próspero pero asfixiante: "Calzados Albaladejo", una zapatería de gran tradición en el centro de Madrid. El diseño escenográfico es apabullante, transmitiendo la sensación de que quienes trabajan allí viven esclavizados, a pesar de las buenas ganancias de los dueños. Se imponen estanterías altísimas, repletas de cajas de zapatos idénticas que parecen vigilar a los personajes. Un olor penetrante a cuero y pegamento invade el espacio, pero los operarios ya ni lo notan: lo han asimilado como parte de su normalidad.


Cuadro I: El Manifiesto de los zapatos puestos

Primavera de 1978.

MANOLO debería estar haciendo el balance del mes, pero está embelesado escuchando a CURRO, quien lija un tacón con furia revolucionaria. AMPARO fuma un cigarrillo a escondidas, sentada sobre una pila de cajas de botas de caña alta. Lleva una minifalda que se ha puesto ocultándoselo a los dueños.

 

CURRO: Estoy harto, Manolo. Mi futuro debería ser la libertad, no me veo yo más de dos años viviendo en Madrid y trabajando, con perdón, en esta cárcel de estantes llenos de cajas y cajas y cajas… Vuestro futuro tampoco debería ser este, aunque seas hijo del dueño… Te he visto cómo te vas en el ensueño, cómo detienes ese fastidioso balance de compraventa y te marchas a horizontes lejanos, y hablas no sé bien con qué chica, o con qué chicos… Y mirad, hablando de tíos simpáticos y que nos pueden cambiar la vida, he visto yo unas imágenes de Woodstock y de los jardines de San Francisco llenos de flores, de gente que se besa y hace el amor, ya sabéis, y no la guerra; espíritu de libertad, Manolo… Vámonos allá, vámonos a San Francisco, ese es un lugar de ensueño.

AMPARO: (Sentadita en su nicho, fumando y asintiendo feliz todo el tiempo). Tiene razón Curro. Deberíamos irnos, irnos los tres. Qué nos detiene. Somos jóvenes, no estamos liados a nada y sentimos que este mundo nos pertenece… Es así.

MANOLO: Pero qué decís, par de Quijotillos, ¿que no estamos liados a nada? ¿Y mis padres qué, y el negocio, y la tradición y los zapatos? Hacemos zapatos desde el 98, desde 1898… cuando los mocasines eran el símbolo de la transición… Hicimos los zapatos de la elegancia suprema en los fabulosos 20… y del 36 mejor no hablamos porque tuvimos que cerrar un año… Ah, pero nos resarcimos; aunque fueran botas, botas en serie hacíamos, aunque no nos gustara… y henos aquí, siguiendo con los modelos clásicos: los botines, los de punta afilada, los zapatos modelo convento para las monjas, desde luego…

CURRO: Ave María Purísima… Pues eso de las monjas y los generales no es que me disguste, es que la verdad me da como urticaria.

MANOLO: Nos merecemos un premio por calzar a medio Madrid desde hace tanto.

AMPARO: Eso digo yo, al menos a mí me gustan los premios, aunque muy merecido, muy merecido… la verdad no lo es. Tú sí, Manolete… Que tú llegaste a este mundo con los zapatos puestos. Ya me imagino a la pobre de tu madre… “¡Ah, creo que sentí una patadita, la patadita de un futbolista! ¡Dios me ampare!”.

MANOLO: Desde que me acuerdo, la vida ha estado ligada a los zapatos. Mi padre dice que algún día…

CURRO: ¡Heredarás la tierra!... Yo prefiero que me digan: "Oye, Curro, heredarás el viento… Y caminarás descalzo por los jardines del Edén… O al menos de San Francisco…". Pero si me quedo aquí mucho tiempo, yo creo que moriré asfixiado y, como he dicho, bajo una pila de zapatos.

AMPARO: Pues yo me uno a la cruzada, vamos a por los gabachos hippies… Ya tengo mi minifalda y mis vaqueros, y ya sé yo decir Yesterday y I want to kiss you

MANOLO: Esas me suenan a canciones, ¿y qué dicen?

CURRO: Dicen que las oportunidades solo vienen una vez en la vida y luego… se esfuman. Tú piénsatelo: esclavo del negocio familiar… Un alma libre y solitaria como tú, que dejaría de sentirse triste y desencajada en esta sociedad que apesta de tan rancia… Vámonos, Manolo, vive un poco, vive, vente con nosotros.

 

MANOLO se queda petrificado; las voces de las sirenas han entrado muy adentro de su alma… Los mira conmocionado y está casi a punto de decir algo, pero el timbre de la tienda suena en ese momento… Hay que ir a recibir a los clientes. Con un gesto les indica a AMPARO y CURRO que tienen que cumplir con su deber.

 

MANOLO: Amparo, Curro, basta de charla… Hay que atender a la clientela.

 

En ese momento, como surgidos del fondo de las sombras, llegan GERVASIO y PURITA, dos viejos buitres jorobados con tez mortecina y andares calmos. Miran con desprecio a AMPARO y a CURRO, y sonríen de manera irónica al joven MANOLO.

 

GERVASIO: No habrá necesidad de que los mande a ellos, joven Manolo.

PURITA: (Completa las ideas de su pareja buitril). Ya casi va a ser la hora del almuerzo, pero nosotros ya hemos tomado el nuestro; vayan, vayan ustedes, que nosotros nos hacemos cargo.

 

Los tres jóvenes miran a los viejos empleados con estupor y contrariedad. Saben que sus conversaciones han sido escuchadas, y no por las personas más gentiles.


Cuadro II: La Comida de los Sordos

 

El comedor de la casa familiar, situado justo encima de la zapatería. Un crucifijo en la pared, un retrato del Papa en funciones en esos años y un olor penetrante a cocido de callos a la madrileña.

Sentados a la mesa están DON MANUEL, DOÑA ASUNCIÓN y la tía, DOÑA ENRIQUETA. La comida familiar es un torbellino de voces superpuestas; un caos coral berlanguesco. Nadie quiere escuchar al otro, casi se puede decir que solo se escuchan a sí mismos; cada personaje proyecta sus propias frustraciones y ambiciones sobre el hijo, como una maquinaria que lo aplasta. GERVASIO y PURITA, la persistencia del Mal, fungen ahora como serviciales camareros, moviéndose al estilo de las doncellas y lacayos de antiguos tiempos.

 

DON MANUEL: Estos callos me tra me traen buenos recuerdos de El Retiro en mi juventud. Están más suaves que un moflete de doncella…

DOÑA ASUNCIÓN: Hablador, si no fuera porque eras incapaz ni de hablarle con requiebros a una moza... Las señoriteabas a todas y ellas se morían de risa mientras veían cómo te encorvabas como un padrecito. Afortunado de ti que aparecí yo y tomé la iniciativa.

DON MANUEL: (Cambiando la conversación. A Manolo). Ejemmm… Alza la vista, Manuelillo, que parece que te has ido a Venus en un barco.

DOÑA ENRIQUETA: Yo estoy segura de que Manolo está en contacto con los ángeles. Miren su cara tan dulce, tan distraído... Pareciera que la Virgen María le está diciendo palabras cariñosas. Deberías tomar los hábitos, mi niño.

DON MANUEL: Eso me suena a monja, doña Queta… Y yo, francamente, no quisiera que mi hijo torciera el camino de tal modo… ¡Eso de meterse a cura!…

GERVASIO: (Incisivo y servil). ¿El señor quisiera?... ¿Quisiera refrescarse con una sidra fría?…

PURITA: (Malintencionada, anticipando la delación con una alegoría). Temo comentar, si se me permite, que desgraciadamente se echó a perder la única botella de sidra que quedaba. Parece que alguien la abrió y la dejó destapada.

DOÑA ASUNCIÓN: Podemos vivir sin la sidra, y gracias por avisarnos tan oportunamente; odio las cosas echadas a perder.

DON MANUEL: (Retomando el hilo de sus pensamientos). Es importante lo que te voy a decir, Manuel. He pensado en que debes tomar un curso avanzado de contaduría y administración, aquí en la Universidad de Alcalá de Henares, que la han renovado, según dicen. Sería muy bueno que tuvieras una inclinación más hacia los negocios y no tanto a tus mundos de ensueño.

DOÑA ASUNCIÓN: Yo creo que el muchacho lo que necesita es integrarse al mundo de los notables. Te haría bien, hijo, apuntarte a las Juventudes del Movimiento Nacional… Este lunes yo hablo con la esposa del magistrado Solomillo, que según sé tiene una hija casadera, muy pía y de muy buena familia.

DOÑA ENRIQUETA: Que no, que no es pía, que se llama Pía, pero no es forzoso que sea devota. Aunque los hábitos sí que le harían bien a mi sobrino, como no se ha casado y como todavía no le hemos conocido novia…

DON MANUEL: ¿Y luego? Anda usted diciendo disparates sin ton ni son, ni cabeza.

DOÑA ASUNCIÓN: Así no se dice…

DOÑA ENRIQUETA: Bueno, ya, ¿los dos se van a poner en contra mía?

DOÑA ASUNCIÓN: Quise decir que así no va el refrán.

MANOLO: (Habla para protestar de alguna manera con su comentario). "A palabras necias, oídos de mercader".

DON MANUEL: Pero a ti qué mosca te ha picado.

MANOLO: (Insiste en sus comentarios que no vienen al caso, para fastidiar). Agua que no has de beber, déjala correr.

DOÑA ASUNCIÓN: ¡Pero qué dices! Que le han caído mal los callos.

MANOLO: Zapatero a tus zapatos.

DON MANUEL: Eso digo yo, ese es mi dicho favorito; es el que representa a nuestra familia.

DOÑA ENRIQUETA: (Se une a la dinámica, pero con dichos por demás absurdos). A chillidos de cerdo, oídos de cantinero. ¡A buenas horas, mangas verdes, que ya se ha muerto el burro y la cebada al rabo!

DON MANUEL: Y eso qué tiene que ver, Doña Enriqueta, por favor…

MANOLO: Querida familia, yo me largo.

DOÑA ASUNCIÓN: Hijo mío, no seas grosero. Y no te enojes, que has sido tú quien ha empezado el chismorreo.

MANOLO: No estoy enojado, solo aviso… Madre, padre, tía… Es menester que vaya a las Indias a hacer lo que me plazca.

(Manolo intenta levantarse, pero su padre lo ataja).

DON MANUEL: (Golpea la mesa con el tenedor). ¿Mucha prisa, hijo? No admito semejante desplante. Demasiadas lecturas te han sorbido el seso, como al Manco de Lepanto…

DOÑA ENRIQUETA: (Habla con descaro a pesar de que tiene el bocado de callos todavía sin pasar). Yo lo conocí, era todo un caballero…

DON MANUEL: ¿Conoció a Cervantes, dice? O al de la Triste Figura.

DOÑA ASUNCIÓN: Vamos a dejarnos de tonterías, Enriqueta. Lavas la vajilla y el fogón.

MANOLO: (Asfixiado, finalmente harto, se pone de pie, tira la silla y grita). ¡He dicho que me largo! ¿Es que no se entiende? No quiero ser zapatero de por vida, no quiero matrimonio ni sotana… ¡Les comunico que me voy a San Francisco con Curro y Amparo a fundar una comuna!".

(Silencio sepulcral. Los platos se enfrían de golpe).


Cuadro III: La Tragedia del Reaccionario

Espacio: El despacho de Don Manuel dentro de la zapatería.

Gervasio y Purita le entregan a Don Manuel unas revistas que encontraron en el casillero de Curro, donde se habla de la “maravillosa liberación del mundo hippie".

 

DON MANUEL: Maravillosa liberación, un cuerno… Gervasio, dime por qué te habías callado esto hasta ahora…

GERVASIO: Nosotros pensamos que debíamos tener alguna prueba fehaciente antes de dar este paso, ¿no es así, Purita?

PURITA: Yo…

DON MANUEL: (Misógino, Ignorando de lleno a Purita). Quiero que me los traigas aquí mismo, a los dos. Ya veremos qué tienen que decir esos descalabrados mocosos.

(Entra Manolo seguido de Amparo y Curro).

MANOLO: No es necesario, padre. Ya estamos aquí, libres para dar la cara.

CURRO: Así es, Manuel. Es un acto de libertad como el que ejerzo al llamarte por tu nombre.

DON MANUEL: ¡Habrase visto el descaro!

AMPARO: Usted se dirige a nosotros de esa forma, nos dice: "Apúrense con esos números", "sea más amable", "si no le gusta su trabajo ya se puede ir buscando otro empleo"… ¿Le suena?

CURRO: Pues qué se cree, Manuel, que ya encontramos no otro trabajo, pero sí otro porvenir: digno y hermoso.

GERVASIO: (Tratando de mantener la compostura frente al jefe, le susurra a Purita). Oíste, mi vida, estas lacras piensan que nuestro trabajo es indigno. Qué bueno que se larguen.

PURITA: (Cuchicheando). Habla quedo, que tu voz es estentórea y nos va a oír el señor.

CURRO: Ah, qué sorpresa saber que sois pareja, es bueno saber que os tenéis que soportar el uno al otro.

AMPARO: ¿Pero eso no va en contra del protocolo del negocio? Las relaciones entre miembros de esta zapatería están terminantemente prohibidas. Así como meter sus narices horribles en nuestros casilleros. ¡Buitres!

GERVASIO: No me canses la paciencia, hippie asquerosa, que yo no tendría reparos en responderte a golpes.

PURITA: ¡Ni yo!

DON MANUEL: Y yo no me voy a ensuciar las manos. ¡Largo! Salid inmediatamente de mi zapatería, lacras hediondas, basura.

MANOLO: Es suficiente, padre, no te permito que nos hables así. Si los echas a ellos, me echas a mí también. Que tengas una buena vida, cerdo capitalista.

DON MANUEL: ¿A mí? ¿A mí me estás hablando así? No lo puedo creer.

(Entra Asunción en modo chantaje lacrimoso).

DOÑA ASUNCIÓN: (En modo chantaje melodramático y católico). ¡Una comuna! ¡Habrase visto! ¡Donde comparten las mujeres y los baños son mixtos! ¡Y las mujeres andan así, al aire libre, sin ningún sostén para el pudor, y hasta los hombres andan desnudos con todas sus partes…! No lo puedo soportar... Me vas a matar del corazón, Manolo. ¿Para esto te parí? ¿Para que te juntes con la Canalla? ¿Para que renuncies a la Cruz y al Movimiento? (A Curro y Amparo). Ya estaréis satisfechos, lacras.

DON MANUEL: ¡MALNACIDOS!

PURITA: ¡ESCORIA!

CURRO: Ya, ya, ya nos vamos. Los dejamos en su mundo feliz, con su orden, sus cruces y sus conventos.

AMPARO: ¿Vienes, Manolo?

MANOLO: Claro, claro que voy. Padre, madre... recuérdenme de esta forma, porque si me vuelven a ver tendré el cabello largo y los pies descalzos… Seré un hippie, y un hippie de los mejores.

DON MANUEL: (Se enerva, el rostro se le pone de color púrpura). ¡No admito hippies en mi casa, ¿queda claro?! ¿En Calzados Albaladejo? ¡Nunca! ¡Antes veré este negocio quemado! ¡Vagos! ¡Maleantes! ¡Chusma! ¡Piojosos! ¡Drogadictos! ¡Melenudos de mierda! ¡Zánganos! ¡Anarquistas de salón! ¡Comunistas infiltrados! ¡Destructores de la patria! ¡Traidores de... de... de...! (Don Manuel se lleva la mano al pecho, el rostro ya morado, el aire no le llega). ¡...de mi propia sangre!

(Don Manuel sufre un infarto. El ataque es real, pero también es la última y más poderosa herramienta de control del patriarcado. Cae sobre el escritorio, tirando los catálogos de zapatos de la temporada otoño-invierno).

DON MANUEL: (En los brazos de Manolo, con el último aliento, el padre exige…). Prométemelo... por la memoria de tus abuelos... la zapatería... no la dejes... (Don Manuel se desvanece).


Cuadro IV: El Pasillo de las Concesiones

Espacio: El pasillo de un hospital o la trastienda en penumbra, justo después del colapso del padre.

Manolo no es capaz de superar el sentimiento de culpa. Doña Asunción lo abraza con un dejo de felicidad interna, pues sabe que, a pesar del sufrimiento de su hijo, ha ganado.

MANOLO: (Se justifica a sí mismo frente a su madre). Solo serán unos años, madre. Me haré cargo. El negocio se va a fortalecer, haré los cursos de mercadotecnia... Pero escúchame bien: cuando sea el dueño absoluto, cuando tenga el capital suficiente y papá ya no esté para sufrir... entonces lo venderé todo y me iré.

DOÑA ASUNCIÓN: (Sonríe con malicia materna; sabe que el sistema ya lo ha atrapado). Claro que sí, hijo, claro que sí... lo que tú digas. Yo siempre he confiado en ti; sé que eres una buena persona, finalmente, seas como seas. Nada más mantén tus deseos en contención. Y si no logras superar tus antojos, resuélvelos sin afectar a la familia, y sin que nadie sepa nunca tus… necesidades.

MANOLO: (Confundido). Sí, ya… ¿gracias? No lo sé, madre. De pronto siento que estoy en una telaraña.

DOÑA ASUNCIÓN: Hijo, tengo una reunión importante, te dejo. Y piénsalo, de verdad: tú eres el mejor.


Cuadro V: El triste gris

En el escaparate principal de "Calzados Albaladejo".

MANOLO está arrellanado en el sillón gerencial. Viste el traje gris de su padre, que le baila un poco en los hombros, y luce el mismo bigote recortado. Entran CURRO y AMPARO, listos para emprender el viaje. El contraste es brutal: van con facha de modernos, vistiendo vaqueros gastados, ropa deshilachada, sandalias de tiras y morrales de tela basta cruzados al pecho. Se produce un silencio incómodo; la distancia entre el nuevo jefe y sus antiguos compañeros se mide en la ropa.

MANOLO: (Sin mirarlos a los ojos, les ofrece dinero). Tomad esto para el viaje. Yo... tengo que quedarme un tiempo. De pronto he tenido que adquirir nuevas responsabilidades, pero cuando sea oportuno y todo marche sobre ruedas, os alcanzaré en California.

CURRO: (Resentido y claro). No vendrás nunca, Manolo. Esos zapatos te quedan grandes. Así, con ese viejo escritorio de señor grave, parece que estás disfrazado de tu padre. Ya hablas como él. Nuevas responsabilidades que tú no elegiste... Qué lástima que hayas renunciado antes de ni siquiera intentarlo. Has matado tu propia libertad. ¿Andarás descalzo en el Edén? No lo creo.

AMPARO: (Le regala su minifalda). Toma, un recuerdo de rebeldía. Tal vez tú también puedas elegir no vestirte tan formal; puedes usar unos vaqueros, eres el jefe… ¿De veras quieres quedar bien con tu opresor?… Abre los ojos, Manuel... Sigue tu camino, nosotros seguiremos el nuestro.

 

Se marchan. Las puertas de la zapatería se cierran con un tintineo metálico que suena a celda de prisión.

 

Cierre

 

La tienda se queda en silencio. MANOLO se toma la cabeza con las manos, aplastado por las cajas de zapatos. Entra la TÍA ENRIQUETA con una mantilla negra. Lo mira, limpia el polvo de un mocasín con la manga de su chaqueta y dice con total frescura:

 

TÍA ENRIQUETA: Bueno, Manolito, no te pongas así. Míralo por el lado bueno: cuando seas el mandamás de todo esto y tengas los bolsillos llenos, te vas a San Francisco con tus amigos los melenudos... Total, tú eres soltero y sin compromisos, como novias, o… amistades… No te preocupes, niño, nadie notará que te has ido si deseas tomar la vida entre tus manos.


FIN DE LA OBRA

 

Entradas populares

RESEÑA DE LA PELÍCULA

RESEÑA DE LA PELÍCULA
AMORES MATERIALISTAS