viernes, 30 de enero de 2026

EL AMOR DETRÁS DE LAS PAREDES (Tú no estabas en mi mapa)

 



EL AMOR DETRÁS DE LAS PAREDES

(Tú no estabas en mi mapa)

"Un ingeniero que vive bajo plano y un actor que habita el caos descubren que, a veces, la estructura más difícil de derribar es la pared que separa sus recámaras."

 

Pablo es un ingeniero civil que cree que la felicidad es una estructura que se puede calcular. Manuel es un actor que sabe que la vida solo ocurre cuando el guion se rompe. Como compañeros de piso, han construido una convivencia basada en el orden estricto y los silencios cómodos, pero debajo de la mesa coja y entre las sábana 



EL AMOR DETRÁS DE LAS PAREDES

(Tú no estabas en mi mapa)


por Gavarre B


® Benjamín Gavarre Silva

Contact: gavarreunam@gmail.com 

benjamingavarre@filos.unam.mx  



"Un ingeniero que vive bajo plano y un actor que habita el caos descubren que, a veces, la estructura más difícil de derribar es la pared que separa sus recámaras."

 

Pablo es un ingeniero civil que cree que la felicidad es una estructura que se puede calcular. Manuel es un actor que sabe que la vida solo ocurre cuando el guion se rompe. Como compañeros de piso, han construido una convivencia basada en el orden estricto y los silencios cómodos, pero debajo de la mesa coja y entre las sábanas para el frío, palpita una tensión que las matemáticas no pueden explicar.

Cuando un control remoto cubierto de mermelada y un arnés de cuero olvidado sabotean la rigidez de Pablo, ambos se ven obligados a enfrentar la pregunta que han evitado: ¿qué pasa cuando la persona que amas no estaba en tus planos? Una comedia romántica inteligente sobre la arquitectura del deseo y la hermosa catástrofe de perder el control.

 

 

PERSONAJES

  • PABLO (30): Ingeniero. Pulcro hasta la obsesión. Su vida es un edificio de cristal que teme ver roto. Atractivo y secretamente exhibicionista tras su máscara de orden.
  • MANUEL (30): Actor. Caótico, físico y tierno. Su desorden es un idioma que Pablo se niega a traducir. Vive entre castings y la frustración de no ser "visto" por su compañero.
  • DON TOMÁS: El vecino. Curioso y un tanto reprimido; representa la moral tradicional, aunque en el fondo siente envidia de la libertad ajena.
  • DOÑA ELVIRA: La vecina sagaz. Una mujer que lee entre líneas y lanza verdades como flechas envueltas en amabilidad.

ESCENA 0: PRÓLOGO – EL ORDEN DE LOS FACTORES

(Escena: La sala está dividida por una línea invisible de hábitos. El lado de PABLO brilla; el de MANUEL tiene un rack de vestuario desbordado. PABLO está frente a un espejo, luchando con una corbata de seda. Viste un traje impecable. MANUEL revisa atuendos mientras lame una cuchara con crema de cacahuate).

PABLO: (Sin mirarlo) Manuel, ¿has visto mis mancuernillas de plata? Las que tienen mis iniciales. Es mi primera cita con la pelirroja que me endilgó mi mamá.

MANUEL: (Lamiendo la cuchara) En el tercer cajón del trinchador que te regaló tu tía… ¿Pelirroja de Sociedad, supongo? Si te la endilgó tu mami, debe de tener siete apellidos… Mademoiselle de la boulangerie, de la patisserie, de la confiserie, de la glacerie… de la brasserie… de la chocotalerie… de la… Chantilly…

PABLO: (Ajustándose el nudo) ¿Ya terminaste? No sé por qué te molesta que tenga una cita a ciegas… Marcela se llama, y es el siguiente paso lógico en mi vida, Manuel. Estabilidad, elegancia, mi mamá lo aprueba. No puedo seguir toda mi vida viviendo con un roommate, perdón por decírtelo así cómo va.

MANUEL: (Se levanta, la palabra "roommate" le golpea el pecho). Claro. "Roommates", ni siquiera el más amable término “Roomies”…. Compañeros de código postal. (Se acerca a Pablo y le endereza la corbata con dedos que tiemblan ligeramente). Te ves... perfecto. Tan perfecto que pareces una fantasía… de alguien. Esa Marcela sería muy afortunada si hacen click.

PABLO: (Se queda inmóvil ante el contacto. Su respiración se detiene un instante). La perfección no existe, Manuel. Pero hay que estar en orden en esta vida. Las matemáticas no mienten: el orden de los factores sí altera mi paz.

MANUEL: Pues no sé, te contesto con unos versitos de Caviedes: "Yo tengo un cómo se llama... después que vi un no sé qué y me dio tal, como dicen, que me cómo se llamé".

PABLO: No tengo idea de qué significa todo eso, pero un día me lo explicas… ahora tengo prisa.

(Suena el timbre. Es DOÑA ELVIRA con un ramo de ruda).

ELVIRA: (Entra barriendo el aire con la ruda). ¡Vaya, vaya! Qué arregladillo… Les traje unas ramitas de Ruda. Sirve para atraer un nuevo amor, combatir la indiferencia, o alejar las malas vibras… Lo ponen debajo de su almohada, de la de cada quien… o como quieran…

PABLO: Es solo una cita, Doña Elvira, no todo es cuestión de amor, a veces es por motivos de estabilidad.

ELVIRA: (Mirando a ambos con ojos sabios). Sabes hijo… el destino es como la humedad: siempre encuentra la grieta. (Sale guiñando un ojo).

PABLO: (Toma su saco). Deséame suerte, roomie.

MANUEL: (Susurrando cuando Pablo sale). La suerte de la pelirroja… Pero qué estoy diciendo, qué me pasa con este hombre.


ESCENA 1: EL DIARIO DE NAVEGACIÓN Y LA MAREJADA

(Escena: PABLO está sentado frente al escritorio. La luz de la laptop es el único faro en la habitación. Su mano derecha se mueve rítmicamente bajo la mesa; su respiración es entrecortada. La caja de Kleenex está al borde del escritorio).

PABLO: (En un susurro, casi un ruego a la pantalla) Ya casi… el horizonte se aclara… entra en el puerto… no te detengas ahora…

(Entra MANUEL con un solo zapato puesto, buscando el otro. Se detiene en seco al ver la silueta rígida de PABLO. Observa el movimiento bajo la mesa, luego mira la caja de pañuelos. Una sonrisa lenta se dibuja en su rostro. Sale en silencio. Vuelve a entrar haciendo ruido con las llaves).

MANUEL: ¿Has visto mi brújula, Pablo? Siento que en este departamento las corrientes siempre me llevan al lugar equivocado.

PABLO: (Cierra la laptop de un golpe seco. Su respiración es un desastre). Estaba… estaba estudiando las mareas, Manuel. Es un reporte… cartográfico. Muy denso. Las matemáticas no mienten: la hidrodinámica es un asunto complejo.

MANUEL: (Se apoya en el marco de la puerta). Las mareas. Claro. Te ves agotado, como si acabaras de cruzar el Atlántico en una balsa de un solo remo. Tienes la frente empapada. ¿Hubo tormenta en el monitor?

PABLO: (Toma un Kleenex y se limpia el sudor). El clima en alta mar es impredecible. La humedad… es corrosiva. Los pañuelos son para secar la bruma. No quiero que el equipo se oxide. Es pura prevención náutica.

MANUEL: (Baja el tono de voz). Es admirable tu dedicación al océano, Pablo. Pero ten cuidado con navegar tanto tiempo en solitario. Llegar a puerto es mucho más satisfactorio cuando hay alguien en el muelle esperando para ayudarte con las amarras.

PABLO: (Tieso) Prefiero las travesías individuales. Hay menos margen de error en la bitácora.

MANUEL: (Saliendo) Recuerda que hasta los capitanes más estrictos necesitan bajar a tierra firme de vez en cuando… y soltar el timón. (Sale silbando).


ESCENA 2: EL CALOR DE LAS DOS MANTAS

(Escena: Noche cerrada. El departamento está en penumbra, solo interrumpida por la luz gélida del refrigerador abierto. PABLO está frente a él, sin camisa, bebiendo leche directamente del envase. MANUEL entra en calzoncillos y se detiene a centímetros de su espalda).

PABLO: (Voz vibrando por el frío y la presencia de Manuel) Estás desafiando a la biología, Manuel. El suelo está helado. Vas a terminar con una congestión.

MANUEL: (Se acerca más. El vaho de su respiración roza la piel desnuda de Pablo). Mi habitación es un iglú, Pablo. Las sábanas están frías como el hielo.

PABLO: (Se gira cara a cara. Lo mira con una mezcla de horror y fascinación). Estás temblando.

MANUEL: Tiemblo de frío, primo. O de falta de aire. Mi manta es muy delgada. Siento que el invierno se cuela por debajo de la puerta y me busca los pies.

PABLO: (Su mano sube al aire, pero no lo toca). La mía también es delgada. Es una manta de mentiras. Cubre, pero no abriga.

MANUEL: (Susurra contra su pecho) Pensaba que... con dos mantas puestas sobre una sola cama... engañaríamos al frío. Una manta encima de la otra. O dos cuerpos debajo de las dos.

PABLO: (Suspiro de rendición). Dos mantas. Es... una buena idea. Para no morir de hipotermia. Pero solo por el frío, Manuel. Nada de travesuras.

MANUEL: (Sonriendo) Nada de travesuras, Pablo. Te lo prometo.

(Caminan hacia el pasillo. Se apaga la luz).


EPÍLOGO ESCENA 2: EL DÍA SIGUIENTE

(Escena: Mañana. Luz de sol. PABLO desayuna de pie, impecable. MANUEL entra despeinado buscando café. Sus miradas se cruzan y se desvían de inmediato).

PABLO: (Sin mirarlo) Se acabó la leche. Tendré que comprar más al salir del trabajo.

MANUEL: Sí. Y yo tengo que lavar la ropa. Se me juntaron las camisas y los pantalones… las sábanas…

PABLO: (Limpia una migaja invisible). Hoy va a hacer mucho calor… Pero en la tarde noche tal vez llueva. Pero con una gabardina bastará, odio los paraguas.

MANUEL: (Incómodo) Yo no creo que llueva… pero ya sabes, hay cosas que no se pueden controlar… como el clima… Se puede intentar predecir, pero no siempre es posible, o no siempre acertamos… (Se da cuenta de que no para de hablar) Voy a llevarme mi paraguas.


ESCENA 3: LA MESA COJA Y LA RESISTENCIA DEL MATERIAL

(Escena: Han pasado dos días desde la noche de las mantas. PABLO está debajo de la mesa de centro en shorts deportivos, trabajando con furia silenciosa).

PABLO: (Voz metálica, contenida) ¡Manuel! Pásame las pinzas de presión. Necesito algo que sostenga con fuerza, algo que no se suelte nunca, pase lo que pase.

MANUEL: (Inclinándose, mirando sus piernas). Tienes un poco de aserrín en el muslo, Pablo. Se te pegó justo ahí... Parece una marca.

PABLO: (Se pone tenso). No importa la marca. Lo que importa es que esta madera está cediendo. Dame el desarmador de cruz. Hay que apretar fuerte este tornillo; si lo dejo flojo, se va a seguir tambaleando.

MANUEL: (Se agacha. El espacio es estrecho. Sus hombros se rozan). A veces apretar demasiado rompe la veta. Podríamos ponerle un cartón doblado... algo alternativo que amortigüe mientras decidimos qué hacer.

PABLO: (Mirada fulminante). ¿Un cartón? Tu solución para todo es un parche, Manuel. Yo no quiero soluciones temporales. Yo quiero que las cosas se queden en su sitio, aunque duela atornillarlas.

MANUEL: (Susurrando) Las mesas no saben que son inestables. O quizá sí.

PABLO: (Da un último giro). Ya quedó. Viste, no era tan difícil. Estable como un templo.


ESCENA 4: LA ARQUITECTURA DEL DESEO

(Escena: Pablo está solo en la sala. Limpia el rack de Manuel con un atomizador. Sus movimientos son neuróticos. De pronto, se detiene ante una cota de malla medieval y un arnés de cuero negro).

PABLO: (Acomodando perchas) Desorden... puro desorden. ¿Cómo se vive entre tanto trapo viejo? (Toca el metal; suena un tintineo frío). Una armadura medieval… Un traje de payaso… Bueno. (Saca el arnés de cuero). ¿Y esto? Cuero negro... Resistente... masculino…

(Pablo se quita la camisa. Se pone el arnés y la gorra leather frente al espejo. Su postura cambia: es pura autoridad).

PABLO: (Voz grave) "Ciudadano... soy su superior… ustedes tendrán que obedecerme. Como si fueran mis perros… mis perros instintos, qué tal…

(Asoman ELVIRA y TOMÁS por la puerta. Pablo no los ve. Luego llega MANUEL y se queda mudo al fondo).

DON TOMÁS: (Susurro) Se metió un motociclista del infierno.

MANUEL: Vaya... parece que tendremos una noche leather.

PABLO: (Salta del susto. Intenta cubrirse el torso desnudo con las manos). ¡Es totalmente un acto indefendible, Manuel… Siento haberme metido con tus cosas, pero no lo pude evitar.

ELVIRA: (Riendo) Hijo... te ves guapísimo, y muy varonil…  con la gorra la mirada se te vuelve más… profunda.

MANUEL: (Acercándose). No está nada mal tu nuevo look. Tiene mucho estilo…

PABLO: (Huyendo al cuarto, tropezando). ¡Se acabó! Admito que me equivoqué, pero no permito que se rían de mí.

 


ESCENA 5: EL UNIFORME Y EL SIMULACRO DE AUTORIDAD

(Escena: Minutos después. PABLO está en la laptop, aún incómodo por lo anterior. MANUEL entra vestido de guardia de seguridad para un comercial).

MANUEL: ¡Ciudadano! Identifíquese. Este es un perímetro de alta seguridad.

PABLO: (Su pulso se acelera, pero no despega la mirada de la pantalla). Manuel, por favor. No estoy de humor.

MANUEL: (Rodeándolo). No soy Manuel. Soy el oficial a cargo de imponer orden. ¿Crees que impongo respeto, Pablo? ¿O me falta firmeza?

PABLO: (Traga saliva). Te ves como alguien que no acepta un "no" como respuesta.

MANUEL: Si te arrestara ahora mismo... ¿te dejarías llevar o pondrías resistencia?

PABLO: (Tocando la tela del uniforme). Yo no pongo resistencia a la autoridad... pero tú nada más eres un actor… y no te creo.

MANUEL: ¿Seguro?

PABLO: No te creo nada.

(Entra DON TOMÁS sin avisar).

DON TOMÁS: ¡Caramba! ¿Quién llamó a la policía?

MANUEL: Me está ayudando a ensayar una escena… Lo voy a llevar preso, don Tomás. ¿Nos ayuda?

DON TOMÁS: (Desconsolado) Yo ya estoy muy viejo… Pero se ve que son buenos actores… los dos. Aprovechen, que a veces uno se queda con las ganas. (Sale).

PABLO: (Se aleja bruscamente de Manuel. Intención: Ataque de pánico defensivo). Ve a cambiarte. O sigue ensayando, pero a solas. No tengo tiempo para seguir jugando.

MANUEL: Voy a seguir ensayando frente al espejo, ya qué… Y no es nada más un juego… Ya sabes… Es mi trabajo.


ESCENA 6: EL MANDO DE LA DISCORDIA Y LA FAUNA

(Escena: PABLO limpia la mesa neuróticamente. MANUEL come pan con mermelada).

PABLO: No tires migajas, Manuel.

MANUEL: Relájate. Te convido de mi pan con mermelada de mora azul, está buenísimo.

PABLO: (Toca el control remoto y su mano queda pegada). ¡Ya llenaste el control de pura mermelada! Seguro ya lo descompusiste.

(Manuel enciende la TV. El control se traba y los canales cambian solos a toda velocidad).

TV (VOZ): "Aquí vemos al cangrejo ermitaño. Solitario, como su nombre lo indica… No suele quedarse mucho tiempo... en su viejo caparazón"

PABLO: Ya viste, ¡la tele cobró vida propia! Apágala, desconéctala.

(Entra DOÑA ELVIRA).

ELVIRA: Hay que abandonar los viejos caparazones cuando es preciso. Pero eso no significa cambiar de casa, como el pobre cangrejo… A veces es cuestión de apreciar lo que uno tiene frente a sus ojos. (Sale).

PABLO: (Mirando el frasco de mermelada) Se acabó, Manuel. No puedo más con todo esto.


ESCENA FINAL: LA INAUGURACIÓN DEL CAOS

(Escena: La TV emite un zumbido de estática azulada. PABLO está de pie, sosteniendo el mando pegajoso con un trapo. Tiembla).

PABLO: (Voz cortante) ¡Es que no puedes simplemente... desconfigurarlo todo! No puedes descomponer los aparatos y quedarte tan tranquilo. Ya ni siquiera puedo ver tele en mi casa.

MANUEL: (Levantándose) ¿No te gustaría quedarte en silencio en tu casa?

PABLO: (Se gira bruscamente). ¡No me gusta que me estés viendo todo el tiempo, fijamente, como si supieras algo que yo ignoro.

MANUEL: Yo sé muy bien lo que tu también sabes perfectamente… No te hagas…

PABLO: Tal vez, sí… y perdóname… Ésta también es tu casa. Los dos vivimos aquí… pero no vivimos juntos…

MANUEL: Compañeros de piso. Roomies. Eso somos.

PABLO: Yo tenía un plan, Manuel. Un mapa. Una vida lógica, una ruta trazada... y tú no estabas en ese mapa.

MANUEL: (Cara a cara). ¿Y tu plan incluía quitarte el frío de las tres de la mañana… con tu roomie?

PABLO: (Gritando) ¡Prefiero una vida ordenada! ¡Prefiero las cosas predecibles a este  "no sé qué" que me quita el aire cuando te veo!

(La tensión estalla. MANUEL lo toma de la nuca y lo besa. Es un choque que rompe la resistencia de PABLO. PABLO se queda rígido y, tras un segundo, se entrega sin poder contenerse más. El control cae al suelo. Se abrazan con furia. Se separan casi sin aliento).

PABLO: (Susurro, tocándose los labios) ¿Qué... qué acabamos de hacer?

MANUEL: Yo... solo quería que dejaras de pensar tanto las cosas.

PABLO: (Procesando. Una risa pequeña asoma). ¿Estuvo bien? ¿Tú... tú lo sentiste?

MANUEL: Estuvo... mucho mejor que solo bien. Fue… Como si encendiéramos todas las luces de la ciudad al mismo tiempo.

PABLO: (Suelta una carcajada de liberación absoluta). ¡Dios mío! ¡Y Era tan fácil! (Ríe y abraza a Manuel). ¡Tanto caparazón destrozado por un beso fulminante! ¡Qué tontos hemos sido!

MANUEL: (Riendo) ¡Vaya que nos costó encontrar el momento justo!

(Se ríen con una felicidad ruidosa. Se abrazan y se besan de nuevo, celebrando su propia inauguración).

(En el umbral, asoman DON TOMÁS y DOÑA ELVIRA. No dicen nada; simplemente sonríen y asienten. Elvira pone su mano en el hombro de Tomás. Confirman en silencio que la vida encontró su curso).

PABLO: (Patea el mando hacia un rincón con alegría). ¡No más televisión, Manuel! Y no más pantallas, por lo pronto… Llegaremos a buen puerto los dos juntos, en nuestra pequeña casa… Prefieres en tu cuarto o en el mío…

MANUEL: En el mío… Puse sábanas limpias… aunque no lo creas.

PABLO: Eso habrá que comprobarlo… Nos vemos luego, vecinos.

(Se abrazan mientras la estática de la TV se apaga, dejando solo la luz cálida de la sala sobre ellos).

TELÓN FINAL.


 s para el frío, palpita una tensión que las matemáticas no pueden explicar.

Cuando un control remoto cubierto de mermelada y un arnés de cuero olvidado sabotean la rigidez de Pablo, ambos se ven obligados a enfrentar la pregunta que han evitado: ¿qué pasa cuando la persona que amas no estaba en tus planos? Una comedia romántica inteligente sobre la arquitectura del deseo y la hermosa catástrofe de perder el control.

 

 

PERSONAJES

  • PABLO (30): Ingeniero. Pulcro hasta la obsesión. Su vida es un edificio de cristal que teme ver roto. Atractivo y secretamente exhibicionista tras su máscara de orden.
  • MANUEL (30): Actor. Caótico, físico y tierno. Su desorden es un idioma que Pablo se niega a traducir. Vive entre castings y la frustración de no ser "visto" por su compañero.
  • DON TOMÁS: El vecino. Curioso y un tanto reprimido; representa la moral tradicional, aunque en el fondo siente envidia de la libertad ajena.
  • DOÑA ELVIRA: La vecina sagaz. Una mujer que lee entre líneas y lanza verdades como flechas envueltas en amabilidad.

ESCENA 0: PRÓLOGO – EL ORDEN DE LOS FACTORES

(Escena: La sala está dividida por una línea invisible de hábitos. El lado de PABLO brilla; el de MANUEL tiene un rack de vestuario desbordado. PABLO está frente a un espejo, luchando con una corbata de seda. Viste un traje impecable. MANUEL revisa atuendos mientras lame una cuchara con crema de cacahuate).

PABLO: (Sin mirarlo) Manuel, ¿has visto mis mancuernillas de plata? Las que tienen mis iniciales. Es mi primera cita con la pelirroja que me endilgó mi mamá.

MANUEL: (Lamiendo la cuchara) En el tercer cajón del trinchador que te regaló tu tía… ¿Pelirroja de Sociedad, supongo? Si te la endilgó tu mami, debe de tener siete apellidos… Mademoiselle de la boulangerie, de la patisserie, de la confiserie, de la glacerie… de la brasserie… de la chocotalerie… de la… Chantilly…

PABLO: (Ajustándose el nudo) ¿Ya terminaste? No sé por qué te molesta que tenga una cita a ciegas… Marcela se llama, y es el siguiente paso lógico en mi vida, Manuel. Estabilidad, elegancia, mi mamá lo aprueba. No puedo seguir toda mi vida viviendo con un roommate, perdón por decírtelo así cómo va.

MANUEL: (Se levanta, la palabra "roommate" le golpea el pecho). Claro. "Roommates", ni siquiera el más amable término “Roomies”…. Compañeros de código postal. (Se acerca a Pablo y le endereza la corbata con dedos que tiemblan ligeramente). Te ves... perfecto. Tan perfecto que pareces una fantasía… de alguien. Esa Marcela sería muy afortunada si hacen click.

PABLO: (Se queda inmóvil ante el contacto. Su respiración se detiene un instante). La perfección no existe, Manuel. Pero hay que estar en orden en esta vida. Las matemáticas no mienten: el orden de los factores sí altera mi paz.

MANUEL: Pues no sé, te contesto con unos versitos de Caviedes: "Yo tengo un cómo se llama... después que vi un no sé qué y me dio tal, como dicen, que me cómo se llamé".

PABLO: No tengo idea de qué significa todo eso, pero un día me lo explicas… ahora tengo prisa.

(Suena el timbre. Es DOÑA ELVIRA con un ramo de ruda).

ELVIRA: (Entra barriendo el aire con la ruda). ¡Vaya, vaya! Qué arregladillo… Les traje unas ramitas de Ruda. Sirve para atraer un nuevo amor, combatir la indiferencia, o alejar las malas vibras… Lo ponen debajo de su almohada, de la de cada quien… o como quieran…

PABLO: Es solo una cita, Doña Elvira, no todo es cuestión de amor, a veces es por motivos de estabilidad.

ELVIRA: (Mirando a ambos con ojos sabios). Sabes hijo… el destino es como la humedad: siempre encuentra la grieta. (Sale guiñando un ojo).

PABLO: (Toma su saco). Deséame suerte, roomie.

MANUEL: (Susurrando cuando Pablo sale). La suerte de la pelirroja… Pero qué estoy diciendo, qué me pasa con este hombre.


ESCENA 1: EL DIARIO DE NAVEGACIÓN Y LA MAREJADA

(Escena: PABLO está sentado frente al escritorio. La luz de la laptop es el único faro en la habitación. Su mano derecha se mueve rítmicamente bajo la mesa; su respiración es entrecortada. La caja de Kleenex está al borde del escritorio).

PABLO: (En un susurro, casi un ruego a la pantalla) Ya casi… el horizonte se aclara… entra en el puerto… no te detengas ahora…

(Entra MANUEL con un solo zapato puesto, buscando el otro. Se detiene en seco al ver la silueta rígida de PABLO. Observa el movimiento bajo la mesa, luego mira la caja de pañuelos. Una sonrisa lenta se dibuja en su rostro. Sale en silencio. Vuelve a entrar haciendo ruido con las llaves).

MANUEL: ¿Has visto mi brújula, Pablo? Siento que en este departamento las corrientes siempre me llevan al lugar equivocado.

PABLO: (Cierra la laptop de un golpe seco. Su respiración es un desastre). Estaba… estaba estudiando las mareas, Manuel. Es un reporte… cartográfico. Muy denso. Las matemáticas no mienten: la hidrodinámica es un asunto complejo.

MANUEL: (Se apoya en el marco de la puerta). Las mareas. Claro. Te ves agotado, como si acabaras de cruzar el Atlántico en una balsa de un solo remo. Tienes la frente empapada. ¿Hubo tormenta en el monitor?

PABLO: (Toma un Kleenex y se limpia el sudor). El clima en alta mar es impredecible. La humedad… es corrosiva. Los pañuelos son para secar la bruma. No quiero que el equipo se oxide. Es pura prevención náutica.

MANUEL: (Baja el tono de voz). Es admirable tu dedicación al océano, Pablo. Pero ten cuidado con navegar tanto tiempo en solitario. Llegar a puerto es mucho más satisfactorio cuando hay alguien en el muelle esperando para ayudarte con las amarras.

PABLO: (Tieso) Prefiero las travesías individuales. Hay menos margen de error en la bitácora.

MANUEL: (Saliendo) Recuerda que hasta los capitanes más estrictos necesitan bajar a tierra firme de vez en cuando… y soltar el timón. (Sale silbando).


ESCENA 2: EL CALOR DE LAS DOS MANTAS

(Escena: Noche cerrada. El departamento está en penumbra, solo interrumpida por la luz gélida del refrigerador abierto. PABLO está frente a él, sin camisa, bebiendo leche directamente del envase. MANUEL entra en calzoncillos y se detiene a centímetros de su espalda).

PABLO: (Voz vibrando por el frío y la presencia de Manuel) Estás desafiando a la biología, Manuel. El suelo está helado. Vas a terminar con una congestión.

MANUEL: (Se acerca más. El vaho de su respiración roza la piel desnuda de Pablo). Mi habitación es un iglú, Pablo. Las sábanas están frías como el hielo.

PABLO: (Se gira cara a cara. Lo mira con una mezcla de horror y fascinación). Estás temblando.

MANUEL: Tiemblo de frío, primo. O de falta de aire. Mi manta es muy delgada. Siento que el invierno se cuela por debajo de la puerta y me busca los pies.

PABLO: (Su mano sube al aire, pero no lo toca). La mía también es delgada. Es una manta de mentiras. Cubre, pero no abriga.

MANUEL: (Susurra contra su pecho) Pensaba que... con dos mantas puestas sobre una sola cama... engañaríamos al frío. Una manta encima de la otra. O dos cuerpos debajo de las dos.

PABLO: (Suspiro de rendición). Dos mantas. Es... una buena idea. Para no morir de hipotermia. Pero solo por el frío, Manuel. Nada de travesuras.

MANUEL: (Sonriendo) Nada de travesuras, Pablo. Te lo prometo.

(Caminan hacia el pasillo. Se apaga la luz).


EPÍLOGO ESCENA 2: EL DÍA SIGUIENTE

(Escena: Mañana. Luz de sol. PABLO desayuna de pie, impecable. MANUEL entra despeinado buscando café. Sus miradas se cruzan y se desvían de inmediato).

PABLO: (Sin mirarlo) Se acabó la leche. Tendré que comprar más al salir del trabajo.

MANUEL: Sí. Y yo tengo que lavar la ropa. Se me juntaron las camisas y los pantalones… las sábanas…

PABLO: (Limpia una migaja invisible). Hoy va a hacer mucho calor… Pero en la tarde noche tal vez llueva. Pero con una gabardina bastará, odio los paraguas.

MANUEL: (Incómodo) Yo no creo que llueva… pero ya sabes, hay cosas que no se pueden controlar… como el clima… Se puede intentar predecir, pero no siempre es posible, o no siempre acertamos… (Se da cuenta de que no para de hablar) Voy a llevarme mi paraguas.


ESCENA 3: LA MESA COJA Y LA RESISTENCIA DEL MATERIAL

(Escena: Han pasado dos días desde la noche de las mantas. PABLO está debajo de la mesa de centro en shorts deportivos, trabajando con furia silenciosa).

PABLO: (Voz metálica, contenida) ¡Manuel! Pásame las pinzas de presión. Necesito algo que sostenga con fuerza, algo que no se suelte nunca, pase lo que pase.

MANUEL: (Inclinándose, mirando sus piernas). Tienes un poco de aserrín en el muslo, Pablo. Se te pegó justo ahí... Parece una marca.

PABLO: (Se pone tenso). No importa la marca. Lo que importa es que esta madera está cediendo. Dame el desarmador de cruz. Hay que apretar fuerte este tornillo; si lo dejo flojo, se va a seguir tambaleando.

MANUEL: (Se agacha. El espacio es estrecho. Sus hombros se rozan). A veces apretar demasiado rompe la veta. Podríamos ponerle un cartón doblado... algo alternativo que amortigüe mientras decidimos qué hacer.

PABLO: (Mirada fulminante). ¿Un cartón? Tu solución para todo es un parche, Manuel. Yo no quiero soluciones temporales. Yo quiero que las cosas se queden en su sitio, aunque duela atornillarlas.

MANUEL: (Susurrando) Las mesas no saben que son inestables. O quizá sí.

PABLO: (Da un último giro). Ya quedó. Viste, no era tan difícil. Estable como un templo.


ESCENA 4: LA ARQUITECTURA DEL DESEO

(Escena: Pablo está solo en la sala. Limpia el rack de Manuel con un atomizador. Sus movimientos son neuróticos. De pronto, se detiene ante una cota de malla medieval y un arnés de cuero negro).

PABLO: (Acomodando perchas) Desorden... puro desorden. ¿Cómo se vive entre tanto trapo viejo? (Toca el metal; suena un tintineo frío). Una armadura medieval… Un traje de payaso… Bueno. (Saca el arnés de cuero). ¿Y esto? Cuero negro... Resistente... masculino…

(Pablo se quita la camisa. Se pone el arnés y la gorra leather frente al espejo. Su postura cambia: es pura autoridad).

PABLO: (Voz grave) "Ciudadano... soy su superior… ustedes tendrán que obedecerme. Como si fueran mis perros… mis perros instintos, qué tal…

(Asoman ELVIRA y TOMÁS por la puerta. Pablo no los ve. Luego llega MANUEL y se queda mudo al fondo).

DON TOMÁS: (Susurro) Se metió un motociclista del infierno.

MANUEL: Vaya... parece que tendremos una noche leather.

PABLO: (Salta del susto. Intenta cubrirse el torso desnudo con las manos). ¡Es totalmente un acto indefendible, Manuel… Siento haberme metido con tus cosas, pero no lo pude evitar.

ELVIRA: (Riendo) Hijo... te ves guapísimo, y muy varonil…  con la gorra la mirada se te vuelve más… profunda.

MANUEL: (Acercándose). No está nada mal tu nuevo look. Tiene mucho estilo…

PABLO: (Huyendo al cuarto, tropezando). ¡Se acabó! Admito que me equivoqué, pero no permito que se rían de mí.

 


ESCENA 5: EL UNIFORME Y EL SIMULACRO DE AUTORIDAD

(Escena: Minutos después. PABLO está en la laptop, aún incómodo por lo anterior. MANUEL entra vestido de guardia de seguridad para un comercial).

MANUEL: ¡Ciudadano! Identifíquese. Este es un perímetro de alta seguridad.

PABLO: (Su pulso se acelera, pero no despega la mirada de la pantalla). Manuel, por favor. No estoy de humor.

MANUEL: (Rodeándolo). No soy Manuel. Soy el oficial a cargo de imponer orden. ¿Crees que impongo respeto, Pablo? ¿O me falta firmeza?

PABLO: (Traga saliva). Te ves como alguien que no acepta un "no" como respuesta.

MANUEL: Si te arrestara ahora mismo... ¿te dejarías llevar o pondrías resistencia?

PABLO: (Tocando la tela del uniforme). Yo no pongo resistencia a la autoridad... pero tú nada más eres un actor… y no te creo.

MANUEL: ¿Seguro?

PABLO: No te creo nada.

(Entra DON TOMÁS sin avisar).

DON TOMÁS: ¡Caramba! ¿Quién llamó a la policía?

MANUEL: Me está ayudando a ensayar una escena… Lo voy a llevar preso, don Tomás. ¿Nos ayuda?

DON TOMÁS: (Desconsolado) Yo ya estoy muy viejo… Pero se ve que son buenos actores… los dos. Aprovechen, que a veces uno se queda con las ganas. (Sale).

PABLO: (Se aleja bruscamente de Manuel. Intención: Ataque de pánico defensivo). Ve a cambiarte. O sigue ensayando, pero a solas. No tengo tiempo para seguir jugando.

MANUEL: Voy a seguir ensayando frente al espejo, ya qué… Y no es nada más un juego… Ya sabes… Es mi trabajo.


ESCENA 6: EL MANDO DE LA DISCORDIA Y LA FAUNA

(Escena: PABLO limpia la mesa neuróticamente. MANUEL come pan con mermelada).

PABLO: No tires migajas, Manuel.

MANUEL: Relájate. Te convido de mi pan con mermelada de mora azul, está buenísimo.

PABLO: (Toca el control remoto y su mano queda pegada). ¡Ya llenaste el control de pura mermelada! Seguro ya lo descompusiste.

(Manuel enciende la TV. El control se traba y los canales cambian solos a toda velocidad).

TV (VOZ): "Aquí vemos al cangrejo ermitaño. Solitario, como su nombre lo indica… No suele quedarse mucho tiempo... en su viejo caparazón"

PABLO: Ya viste, ¡la tele cobró vida propia! Apágala, desconéctala.

(Entra DOÑA ELVIRA).

ELVIRA: Hay que abandonar los viejos caparazones cuando es preciso. Pero eso no significa cambiar de casa, como el pobre cangrejo… A veces es cuestión de apreciar lo que uno tiene frente a sus ojos. (Sale).

PABLO: (Mirando el frasco de mermelada) Se acabó, Manuel. No puedo más con todo esto.


ESCENA FINAL: LA INAUGURACIÓN DEL CAOS

(Escena: La TV emite un zumbido de estática azulada. PABLO está de pie, sosteniendo el mando pegajoso con un trapo. Tiembla).

PABLO: (Voz cortante) ¡Es que no puedes simplemente... desconfigurarlo todo! No puedes descomponer los aparatos y quedarte tan tranquilo. Ya ni siquiera puedo ver tele en mi casa.

MANUEL: (Levantándose) ¿No te gustaría quedarte en silencio en tu casa?

PABLO: (Se gira bruscamente). ¡No me gusta que me estés viendo todo el tiempo, fijamente, como si supieras algo que yo ignoro.

MANUEL: Yo sé muy bien lo que tu también sabes perfectamente… No te hagas…

PABLO: Tal vez, sí… y perdóname… Ésta también es tu casa. Los dos vivimos aquí… pero no vivimos juntos…

MANUEL: Compañeros de piso. Roomies. Eso somos.

PABLO: Yo tenía un plan, Manuel. Un mapa. Una vida lógica, una ruta trazada... y tú no estabas en ese mapa.

MANUEL: (Cara a cara). ¿Y tu plan incluía quitarte el frío de las tres de la mañana… con tu roomie?

PABLO: (Gritando) ¡Prefiero una vida ordenada! ¡Prefiero las cosas predecibles a este  "no sé qué" que me quita el aire cuando te veo!

(La tensión estalla. MANUEL lo toma de la nuca y lo besa. Es un choque que rompe la resistencia de PABLO. PABLO se queda rígido y, tras un segundo, se entrega sin poder contenerse más. El control cae al suelo. Se abrazan con furia. Se separan casi sin aliento).

PABLO: (Susurro, tocándose los labios) ¿Qué... qué acabamos de hacer?

MANUEL: Yo... solo quería que dejaras de pensar tanto las cosas.

PABLO: (Procesando. Una risa pequeña asoma). ¿Estuvo bien? ¿Tú... tú lo sentiste?

MANUEL: Estuvo... mucho mejor que solo bien. Fue… Como si encendiéramos todas las luces de la ciudad al mismo tiempo.

PABLO: (Suelta una carcajada de liberación absoluta). ¡Dios mío! ¡Y Era tan fácil! (Ríe y abraza a Manuel). ¡Tanto caparazón destrozado por un beso fulminante! ¡Qué tontos hemos sido!

MANUEL: (Riendo) ¡Vaya que nos costó encontrar el momento justo!

(Se ríen con una felicidad ruidosa. Se abrazan y se besan de nuevo, celebrando su propia inauguración).

(En el umbral, asoman DON TOMÁS y DOÑA ELVIRA. No dicen nada; simplemente sonríen y asienten. Elvira pone su mano en el hombro de Tomás. Confirman en silencio que la vida encontró su curso).

PABLO: (Patea el mando hacia un rincón con alegría). ¡No más televisión, Manuel! Y no más pantallas, por lo pronto… Llegaremos a buen puerto los dos juntos, en nuestra pequeña casa… Prefieres en tu cuarto o en el mío…

MANUEL: En el mío… Puse sábanas limpias… aunque no lo creas.

PABLO: Eso habrá que comprobarlo… Nos vemos luego, vecinos.

(Se abrazan mientras la estática de la TV se apaga, dejando solo la luz cálida de la sala sobre ellos).

TELÓN FINAL.


 

martes, 27 de enero de 2026

Abracadabra... ¡Metí la pata! (Prohibido convertir al público en sapo) Gavarre B. México.

 









📜 INTRODUCCIÓN

Abracadabra... ¡Metí la pata!

 

¿Qué tienen en común una hechicera de Puebla de 1652 y un repartidor de pizza de 2026? El deseo. Esta obra nace de los folios polvorientos del Archivo General de la Nación. En el ramo de Inquisición, encontramos a Mónica de la Cruz, una mujer que "repartía" destinos por un real de plata. Hoy, esa misma energía se transmuta en Pablito, un hombre invisible en la era de la hiperconectividad.

A través de la farsa y el enredo, exploramos una verdad universal: la magia no es un truco de luces, es el riesgo de obtener exactamente lo que pedimos. Como decía la verdadera Mónica ante sus jueces: "Tengan cuidado con lo que desean, porque el diablo no siempre viene con cuernos, a veces viene con hambre".


 

Sinopsis

Pablito es un fantasma con casco. Reparte pizzas, pero nadie le mira a los ojos. Desesperado por ser "notado", acude a una consulta que ha estado abierta durante cuatro siglos. La Bruja, cansada de la modernidad y sus quejas, le otorga un don que se convierte en su peor pesadilla.

De ser un cero a la izquierda, Pablito pasa a ser el centro de una atracción gravitacional que rompe las leyes de la lógica, enfrentándose a señoras en tubos, obreros poéticos y una horda de "habladores" que amenazan con no dejarlo dormir nunca más.


Elenco y Créditos

  • Pablito: El mártir del delivery.
  • La Bruja: Una profesional del siglo XVII con Wi-Fi.
  • El Coro: Las mil caras del deseo (y del acoso).

⚠️ Advertencias para el Público

  1. Prohibido intentar los hechizos de la Escena 1 en su aplicación de citas favorita. No nos hacemos responsables de las persecuciones en el metro.
  2. Si siente ganas de hablar, hablar y hablar al terminar la función, por favor consulte a su bruja más cercana.
  3. No se aceptan devoluciones de almas ni de pizzas frías.

"La sociedad es la que está mal, me convertiré en insecto..."

— Pablito, momentos antes del colapso.


 

 

Abracadabra... ¡Metí la pata!

(Prohibido convertir al público en sapo)

de GAVARRE B


                              

Este trabajo ha sido publicado para su difusión libre y abierta, aunque todos los derechos de propiedad intelectual están reservados. El uso público de este trabajo requiere el permiso del autor y para obtener permiso comuníquese con bengavarre@gmail.com o gavarreunam@gmail.com (Reg. Prop. Int. Expte. Bandeja de entrada) 

® Benjamín Gavarre Silva

Contact: gavarreunam@gmail.com 

 benjamingavarre@filos.unam.mx  



PERSONAJES:

  • PABLITO: Repartidor de Pizza Plus. Quiere una novia, pero ninguna mujer le hace caso.
  • BRUJA: Una profesional de los hechizos, tiene cientos de años.
  • CORO DE MUJERES / CORO DE HOMBRES: Actores que interpretan diversos roles (Señora en tubos, Ejecutivo pudiente, Obreros, Pasajeros del Metro).

PRÓLOGO: El Umbral

(Una calle solitaria. Una puerta de madera vieja entre dos locales modernos. Hay un letrero manuscrito que dice: "SÍ HAY VELADORAS", y diablitos para el Sábado de Gloria... Se visten Niños Dios...

Pablito se baja de su bicicleta con todo y su casco y la mochila de repartidor de Pizza Plus. Mira su celular, marca un número, pero no le contestan.)

PABLITO: (Siempre con el casco y la mochila puestos, mirando el GPS) Pirulitos 33... No hay timbre. (Grita) ¡Vine por lo del anuncio! ¡Quiero una limpia! ¿Hay alguien ahí?

(De una ventana alta baja una CANASTA DE MIMBRE. Una mujer de pelo alborotado se asoma.)

BRUJA: ¡Tome la llave! ¡Y deje de gritar, que espanta a los espíritus!

(Pablito toma la llave y entra. Oscuro.)


ESCENA 1: La Consulta

(El interior es un lugar mágico y misterioso; hay un escritorio de madera fina y una laptop con un salvapantallas de un gato y una bruja con su escoba; en el suelo hay ramas de hierbas medicinales y un incensario humeante.)

BRUJA: (Sin mirarlo) Vienes a consulta o a entregarme una pizza que no pedí.

PABLITO: (Ansioso) Entrego comida, pero recibo puras quejas... Me traje la mochila porque ya me han robado dos. Me va mal. Las mujeres me ignoran. Soy como un fantasma en bicicleta. Quiero ser amado, deseado... ¡notado!

BRUJA: Todo un caso de desesperación. (Toma unas ramas de ruda, romero y eucalipto). Desvístete. (Pablito se queda paralizado de terror). Está bien, eres tímido. Quítate la camisa.

(Pablito se queda en camiseta. La Bruja baila a su alrededor con el incensario.)

BRUJA: Con ruda te abro el destino, con eucalipto las mujeres te persiguen, y con romero... ¡para que te miren como trofeo de vitrina! Santa Martha, que lo quieran aunque esté feo; Santa Catalina, que le echen un lazo, ¡pero que no sea de puerco! Y que así sea... ¡Hecho está!


ESCENA 2: El Mecanismo A (La Atracción)

(Cuadros rápidos de comedia física.)

1. Puerta del Edificio: (Pablito toca un timbre. Sale una SEÑORA EN TUBOS.)

PABLITO: Pizza Plus, ¿me da su clave?

SEÑORA: 7, 17, 177...

PABLITO: La clave, para confirmar su entrega...

SEÑORA: 3, 6, 9, sesenta y nueve... Quieres que te dé también mi teléfono, doy buenas propinas... 5, 56, 57, 59...

PABLITO: (Sudando) Tenga, aquí tiene... sin clave, sin propina... que pase una buena propina, tarde, gracias.

SEÑORA: (Se baja la blusa mostrando hombro) ¡No quieres un bizcocho! ¡Tengo chocolate caliente!

PABLITO: ¡No me gusta el dulce, gracias! (Pablito huye. La mujer frota la caja de pizza contra su pecho con pasión.)

 

2. El Parque: (Tres mujeres rodean la bicicleta de Pablito como si fuera un altar.)

MUJER 1: ¡Tienes una bicicleta hermosa!...

MUJER 2: Súbete.

MUJER 3: Queremos ver cómo agarras el manubrio...

PABLITO: Tengo que repartir... Me quedaría...

MUJER 1: Te pagamos.

MUJER 2: Te sacamos de trabajar.

MUJER 3: ¡Pero vente con nosotras! ¡No te vayas! (Pablito se va en su bici como una exhalación.)

 

3. Otra Calle: (Una mujer romántica le lanza flores. Otras dos mujeres se toman los pechos y le mandan besos... Pablito sigue pedaleando, pero se le zafa la cadena y se pone a arreglarla. Llegan otra vez las mujeres del parque.)

MUJER 1: El destino nos volvió a reunir.

MUJER 2: Te enderezamos los espejos.

MUJER 3: Te arreglamos la cadena.

MUJER 1: Te llevamos cargando.

MUJER 2: MIRA NADA MÁS QUÉ PANTORRILLAS.

MUJER 3: Y qué muslos... (Pablito logra componer su bici y trata de escapar, pero las mujeres se lo impiden.)

MUJER 1: No vamos a dejar que te vayas.

MUJER 2: No, no, no...

PABLITO: Me tratan como los hombres tratamos a las mujeres, eso no está bien.

MUJER 1: Tiene razón.

MUJER 2: Es cierto, te vamos a dejar en paz.

MUJER 3: Pero al menos mándanos un beso, dinos tu nombre, ¡llévanos contigo!

 

4. Parque (Banca): (Pablito encuentra una banca en un parque... Se sienta y se toma la cara con las manos, no puede más.)

PABLITO: Qué caray, caray... Antes me sentía ignorado, maltratado o escupido y hasta lanzado al precipicio... Ahora debería sentirme súper, pero me siento arrinconado, perseguido, violentado... ¿Que no hay punto medio???

 

(Música de rock, luego música de elevador.)

 

5. El Metro (Teatro Físico): (Tres actores sostienen pasamanos invisibles, balanceándose. Pablito está en el centro.)

MUJER 1: (Suspirando) Es él... el de la portada de Neo-Burbujas. ¡Es un Apolo!

MUJER 2: Es un corredor de Fórmula 1. Lo vi en TikTok.

HOMBRE 1: (Con asco) Es un fiasco. Un pobre repartidor piojito.

HOMBRE 2: Vive en la calle. Me da asco, pero también pena. Habría que darle un jabón.

MUJER 3: ¡Es un Cristo! ¡Se va a bajar! ¡Hay que seguirlo!

PABLITO: (Desesperado) ¡Auxilio! ¡Aquí me bajo!


ESCENA 3: Ajuste de Frecuencia

(Pablito entra al consultorio de la Bruja. Está pálido y despeinado.)

PABLITO: Es como una pesadilla... Me recitan poemas, me lanzan flores, me tocan, me quitan la ropa... Me van a comer vivo la próxima, me engullen, me tragan, me hacen desaparecer... Soy como el cuerpo de Cristo que se comen en la misa.

BRUJA: No blasfemes. Eres el norte de todas las brújulas. Tú así lo quisiste, ahora eres alguien, todos notan tu presencia y le gustas a todas, todas las mujeres... Menos a mí, que estoy vacunada.

PABLITO: Quítame el hechizo... Hazme de nuevo transparente... ¡que en vez de atenciones todos me den dinero!!!

BRUJA: No sé, podrías morir asfixiado bajo el peso de cien mil monedas (Mira en su laptop). Todo tiene sus idas y sus vueltas, ajustaré el hechizo... Por aquí guardé un tutorial, espérame... Sí, éste es: cómo resolver un hechizo de encantamiento con mujeres deseosas... Hay que repartirlo...

PABLITO: ¿No sería revertirlo?

BRUJA: ¿Quién es aquí la bruja, tú o yo?

PABLITO: Haga lo que sea, pero hágalo ya.


ESCENA 4: El Mecanismo B (La Sorpresa)

(Pablito sale a la calle sintiéndose ligero. Pasa junto a unas CHICAS.)

1. El odio gratuito:

CHICA 1: ¡Qué tipo tan mequetrefe! Me da asco.

CHICA 2: Deberíamos taparle la cara con una bolsa de papel. Es un insulto a la humanidad.

CHICA 3: Es un macho tóxico.

CHICA 1: ¡Pero cómo se atreve a salir a la calle!

PABLITO: (Feliz) ¡Gracias, Dios mío! "Por fin me odian", "Estoy a salvo".

 

2. Vuelta de tuerca: (Pablito llega a un semáforo. Un grupo de OBREROS se quita el casco al verlo.)

PABLITO: Esos obreros se me quedan viendo... ¿Por qué se quitan los cascos?... Seguro me van a insultar, será mejor que me... Y ahora me mandan besos, y me arrojan flores... ¡Y ese gesto qué significa!

OBRERO 1: ¿A qué hora sales por el pan, papito?

OBRERO 2: Te invito un jugo de naranja con huevo... ¡bien batido y espumoso!

OBRERO 3: Yo te lo invito con dos huevos... Y si quieres le agregamos un platanito.

(Pablito se marcha lentamente, abochornado. Todos los obreros se quitan el casco y lo miran con una admiración solemne, como quien ve una puesta de sol.)

 

3. La Relojería: (Un ejecutivo elegante baja de un Mercedes. Camina hacia PABLITO. No dice nada. Simplemente le pone una mano en el hombro y asiente con una lágrima en el ojo.)

EJECUTIVO: Te pongo departamento, te llevo al Caribe, te llevo a mi club de golf, pero mírame, mírame a los ojos y dime que me amas.

PABLITO: (Aterrado) ¡No! ¡No de nuevo! ¡Es lo mismo, pero al revés! ¡Acelera, Pablito, acelera!


ESCENA 5: Otra vez a revertir el hechizo

(Saliendo del consultorio por tercera y última vez. La BRUJA se asoma por la ventana, pero esta vez se le ve con prisa, empacando objetos extraños en un baúl de madera.)

BRUJA: ¡Y escucha bien, Pablito! Que esta es la última vez que te atiendo, que ya tengo el carruaje para el siglo diecisiete en la puerta y no pienso perder el viaje por tus indecisiones.

PABLITO: (Desde la calle, con la mochila al hombro) Solo asegúrese de que esta vez quede bien, jefa. Que ya no aguanto un piropo más.

BRUJA: Recuerda, que esta vez te toca a ti poner todo de tu parte. Ya no tendrás atractivo sexual, ni sensual, ni nadie te va a andar acosando por la calle. Nadie te va a querer como novio, ni como amante, ni como amigo con derechos... pero eso sí: serás el centro de la atención. Todos pondrán sus ojos en ti, sin que esto signifique ningún contacto físico o...

PABLITO: (Interrumpiendo, aliviado) Sí, sí, ya entendí. Ya no me van a acosar, ni a molestar, ni a perturbar. Pero sí me van a hacer caso, ya no seré transparente. Por fin una vida social civilizada.

BRUJA: Así es. Todos querrán hablarte, todos van a querer comunicarse contigo... va a ser una verbena de palabras.

PABLITO: (Con una sonrisa de esperanza) Gracias, señora bruja. De verdad, buen viaje.

BRUJA: Ya me voy a mi siglo, que es mucho más tranquilo y allá nadie quiere que le reparta el hechizo.

PABLITO: Revierta, querrá decir.

BRUJA: (Indignada, asomándose más por la ventana) ¡Ahhh! ¡Ya te dije que yo soy la bruja, menso! (La BRUJA lanza un puñado de polvos mágicos que envuelven a Pablito en una nube de colores chillones. Se escucha un sonido de trueno y ella desaparece de la ventana de un salto. El letrero de "Sí hay veladoras" se cae al suelo.)


ESCENA 6: Ten cuidado de lo que deseas porque... ya sabes.

(En la banca de un parque. PABLITO está sentado, solo, disfrutando de un silencio que cree definitivo. Suspira hondo. De pronto, entra la MUJER 1 por la derecha y se sienta junto a él sin pedir permiso.)

MUJER 1: ¡Qué solo se le ve, joven! Y qué bien hace en estar solo, porque la soledad es la madre de la prudencia, aunque otros digan que es el refugio de las mentes malvadas. (Entra MUJER 2 por la izquierda, se planta frente a ellos.)

MUJER 2: ¡Malvadas dijo usted, y dijo muy bien! Porque malvados son los ogros, la medusa, el cancerbero y ese personaje de cuernos y rabo al que todos llaman el diablo. (Entra HOMBRE 1 trotando, se detiene junto a la banca.)

HOMBRE 1: ¡Diablo dijo usted, y dijo muy bien! Porque diablo es el que se mete en el cuerpo y luego no quiere salir, y para eso hay que buscar un remedio sagrado, y llamar a un padre. (Entra HOMBRE 2, cargando un periódico, se une al grupo cerrando el círculo sobre Pablito.)

HOMBRE 2: ¡Padre dijo usted, y dijo muy bien! Porque padre es el proveedor, y el padre de la ciencia es Copérnico, o quizá Newton que estaba postrado en una silla pero no paraba de hablar.

TODOS: (Al unísono, rítmicamente) ¡Hablar dijo usted, y dijo muy bien! Porque hablar es hablar por hablar, Los Habladores es una gran obra, y nosotros no vamos a parar de hablar, hablar, hablar, ¡hablar!

PABLITO: (Saltando de la banca, tapándose los oídos) ¡BASTA! ¡No dio resultado! ¡Me encerraré en una cueva! ¡La sociedad es la que está mal! ¡Me convertiré en insecto! ¡Me duermo, me duermo, me duermo!


ESCENA 7: El Despertar (Final)

(Cambio de iluminación: un amarillo cálido, de mañana soleada. El ruido de la cháchara desaparece por completo. PABLITO está acostado en la banca del parque, usando su mochila naranja de Pizza Plus como almohada. Se estira con un placer infinito.)

PABLITO: (Abriendo los ojos despacio) Ya es de día... y sigo aquí, en esta cama de metal pública. Lo bueno es que hoy es domingo. Qué bueno es descansar sin tener pesadillas, ni visiones, ni brujas que "reparten" cosas. (Se acomoda de lado). Creo que contaré ovejitas a ver si me vuelvo a dormir un rato más. Es lo justo. Una ovejita... dos ovejotas... tres ovejitas... (Pausa breve. Pablito frunce el ceño.)

PABLITO: ...hablar. (Se queda paralizado. Mira al techo. Se toca la lengua.)

PABLITO: ¿Por qué dije "hablar"? No importa. Ha sido un reflejo. Sigamos. Cuatro ovejitas... cinco ovejitas... hablar. (Se sienta en la banca, aterrado. El silencio del parque empieza a llenarse con un susurro grabado que viene de todas partes: "Hablar... hablar... hablar...")

PABLITO: (Con la voz entrecortada) Seis... hablar. Siete... hablar. Ocho... ¡HABLAR!

(Pablito se pone de pie, mira al público con los ojos desencajados. Intenta callarse tapándose la boca con las manos, pero la palabra sale entre sus dedos.)

PABLITO: ¡Hablar! ¡Hablar! ¡HABLAR! ¡HABLAR! (El coro de voces de todo el elenco se une en un crescendo rítmico. Pablito empieza a caminar en círculos mientras la palabra se vuelve un latido.)

PABLITO Y ELENCO: ¡HABLAR! ¡HABLAR! ¡HABLAR! ¡HABLAR!

(APAGÓN SÚBITO MIENTRAS EL GRITO CONTINÚA EN LA OSCURIDAD.)

FIN