miércoles, 18 de febrero de 2026

Los cuernos de la luna (Romance cuántico)

 

Los cuernos de la luna

(Romance cuántico)


 

Original de GAVARRE BENJAMIN


© INDAUTOR

Cd. De México

 

BENJAMÍN GAVARRE SILVA

 

Contact: bengavarre@gmail.com

gavarreunam@gmail.com


 

Personajes:

·       ANDRÉ: Filósofo.

·       BEN: Actor.

 

 


Notas de Producción: Los cuernos de la luna

Introducción

Esta obra es un mapa de lo invisible. Explora la idea de que el amor no es un evento fortuito, sino una constante universal que se manifiesta incluso cuando las leyes de la física o la memoria fallan. A través de diálogos punzantes y situaciones absurdas, André y Ben nos demuestran que, aunque el mundo cambie de color, de constelaciones o de historia, la conexión entre dos almas es un nudo que nadie puede desatar.

Propuesta de Vestuario: "El Uniforme Base"

Para facilitar los saltos entre mundos sin romper el ritmo, se propone un vestuario base neutro (comodín) sobre el cual se añaden accesorios clave.

  • André (Filósofo): Pantalón de vestir oscuro y una camisa de lino clara (siempre con la posibilidad de ponérsela al revés).
    • Accesorios: Un saco de lana (casa/café), gafas de lectura (librería), una bufanda elegante pero descuidada (metro).
  • Ben (Actor): Jeans oscuros y una camiseta negra de cuello alto o básica de calidad.
    • Accesorios: Una chaqueta de cuero (moto/estreno), un paraguas amarillo (llanta), un libro bajo el brazo (librería).

Escenografía y Espacios (Sugeridos)

La puesta en escena debe ser minimalista y conceptual. No necesitamos un vagón de metro real, sino la sensación de uno.

  • El Dispositivo: Un escenario vacío con un suelo que refleje ligeramente la luz (efecto mercurio).
  • Mobiliario: Dos sillas de diseño que se mueven y reconfiguran para ser el sofá, las mesas del café o los asientos del metro.
  • Iluminación (El Narrador Silencioso):
    • Café: Ámbar cálido.
    • Metro: Luz blanca fría, parpadeante (efecto estroboscópico suave).
    • Playa: Azul cobalto y plata.
    • Librería: Luz cenital polvorienta.

Música y Paisaje Sonoro

  • Transiciones: Un sonido de "glitch" electrónico o un zumbido de baja frecuencia que denote el salto cuántico.
  • El Leitmotiv: Una versión de Go WEST (o similar) que suene "ligeramente distorsionada": quizá con una guitarra eléctrica distorsionada de fondo o una reverberación extraña.
  • Atmósfera: Sonidos de mar distorsionados (metálicos) y el traqueteo del metro que se funde con el sonido del viento.


Los cuernos de la luna

(Romance cuántico)

Personajes:

·       ANDRÉ: Filósofo.

·       BEN: Actor.


ACTO ÚNICO

ESCENA DE APERTURA: El Desfase Doméstico

(Un departamento cosmopolita. André limpia una estantería de libros. Ben mira fijamente una lámpara de pie en un rincón junto al sofá).

BEN: André... ¿esa lámpara siempre ha estado ahí?

ANDRÉ: (Sin mirar) Desde el martes pasado. La compramos en la venta de garaje, ¿recuerdas?

BEN: No. El martes pasado fuimos a comer con tus padres. Esa cena donde tu madre sonreía con la boca pero me apuñalaba con los ojos.

ANDRÉ: Mi madre es una profesional de la cortesía hipócrita. ¿Qué… ya no te gusta la lámpara que tú escogiste?

BEN: No me gusta y no recuerdo que la hayamos comprado.

ANDRÉ: (Se detiene, lo mira) ¿Demasiado estrés por el estreno? Ya cuando estés en temporada vas a recordar que hasta pediste rebaja por tu dichosa lámpara Art Nouveau. Pero mira que eres snob.

BEN: (Para sí mismo) No es el estrés. Me estoy volviendo loco.

(La luz cambia bruscamente a un tono ámbar de cafetería antigua. Entramos en el primer nudo).

ESCENA 1: La Serpiente que se muerde la cola (Librería-Café)

Ben está sentado en un sillón orejero, leyendo en voz alta con una proyección teatral, ignorando que es un espacio público. André está a dos mesas de distancia, tratando de concentrarse en un texto de Heidegger.

BEN: (Leyendo con intensidad) "...porque en un mundo posible soy un artista del patinaje, pero en otro, soy un botones mal pagado en un carísimo hotel de Cancún. Aquí, pues soy actor, ya se sabe. ¿Qué es la realidad, sino un mal ensayo para un estreno que nunca llega?"

ANDRÉ: (Sin levantar la vista, cortante) Oye, actor… Bájale tres rayitas a tu estentórea voz... o es decir… cállate, o habla quedito… No estás en la sala de tu casa, amiguito.

BEN: (Baja el libro lentamente. Mira intensamente a André y no dice nada por cinco segundos).

ANDRÉ: (Incómodo por la mirada, levanta la vista) ¿Qué? ¿Soy o me parezco?

BEN: (Se levanta con una osadía eléctrica. Camina hasta la mesa de André y se sienta frente a él sin permiso). De cerca tienes los ojos todavía más expresivos. Tienes ojos de enamorado.

ANDRÉ: (Pasmado, pero al final halagado) Hasta crees… No será de ti, amigo.

BEN: Yo estoy seguro de que nos conocíamos de otras vidas. En una tú eras un monje y yo el demonio que te tentaba con fruta prohibida.

ANDRÉ: (Suelta una risita cínica) Ah, qué manera tan poco original y qué pésimo seductor. Usar todo ese cuento para saltarse el protocolo. Pero te la perdono... si nos vamos al muelle ahora mismo a por un helado.

BEN: (Sonriendo triunfal) Me gustaría. Uno de chocolate y...

ANDRÉ: ...y frambuesa.

BEN: (Se queda mudo un segundo) ¿Cómo lo sabías?

ANDRÉ: (Se levanta y cierra su libro) No lo sé. Ya lo decía Platón… solo estamos en este mundo para recordar lo que fuimos y, además... me pareció lo lógico. Vamos.

ESCENA 2: El Muelle de los Recuerdos Prestados

Caminan por un muelle. El sonido de la madera crujiendo bajo sus pies marca el ritmo.

BEN: Es curioso. Siempre te pones la camiseta al revés cuando intentas parecer intelectual frente a un extraño.

ANDRÉ: (Se mira el cuello, asombrado) ¿Cómo demonios sabes que...? Es la primera vez que te veo, Ben.

BEN: Lo sé. Hay cosas que flotan en el ambiente. Como los nudos. El tiempo no es una línea, André. Es un nudo de pescador. Estamos todos apretados en el mismo punto, creyendo que avanzamos.

ANDRÉ: (Lo mira con una ternura repentina) Eres el hombre más extraño que he conocido en mis cuarenta años de vida sin sentido. Pero siento que si te suelto, voy a empezar a flotar hacia el espacio.

BEN: (Canturrea) Bon, bon, bon, bon, bon.

ANDRÉ: (Entre horrorizado y extasiado) Aunque no sé, creo que conocerte o no conocerte tiene que ver con un karma muy rabioso y jodido.

BEN: Oye, yo podría decir lo mismo.

ANDRÉ: Por supuesto, ya sabes lo que dicen: el karma es una perra maldita.

BEN: Exacto.

ESCENA DE TRANSICIÓN: Monólogo de André

(Vuelven al departamento. Ben ha desaparecido de escena).

ANDRÉ: (Al público) Hay días en que despierto y no lo reconozco. Lo miro dormir y me pregunto si el Ben que tengo al lado es el mismo que se quejó de la lámpara ayer. La realidad parpadea. Somos unos ilusos que creemos ser los mismos todo el tiempo. Cada instante somos alguien distinto: cada respiración, cada latido…

(Sonido de lluvia torrencial. El departamento se desvanece).

ESCENA 3: La Llanta y la Lluvia

Mundo B. Llueve a cántaros. André está al lado de su auto, con una llanta ponchada, empapado y furioso, pateando el neumático. Ben pasa caminando con un paraguas amarillo.

BEN: ¿Necesitas ayuda, vecino?

ANDRÉ: (Hostil) No. Ya llamé al seguro. Dicen que tardarán dos horas porque el mundo se está hundiendo. Vete, antes de que te salpique mi mala suerte.

BEN: (Sin inmutarse, cierra el paraguas) El seguro no va a llegar. Dame la gata.

ANDRÉ: ¿La qué?

BEN: (Se agacha, empieza a aflojar las tuercas con una habilidad que no parece suya) No voy a permitir que mueras de una pulmonía galopante. Pásame la de repuesto, Maestro.

ANDRÉ: (Sorprendido por la empatía brusca) ¿Los maestros no sabemos cambiar llantas, es lo que me quieres decir? ¿O cómo supiste que soy maestro?

BEN: (Terminando de cambiar la llanta, se levanta y se limpia las manos en el pantalón) Tienes cara de maestro de Filosofía: "¿Por qué el auto se detiene si está hecho solo para rodar?", "¿Por qué existen los autos y las personas?", "Si no existiéramos, ¿cómo sería la nada?"… Si la nada existiera, sería algo… entonces toda la existencia es un absurdo total. (Se miran. La hostilidad se evapora).

ANDRÉ: Tú también eres un filósofo, Ben. Gracias por ayudarme.

BEN: ¿Y eso?… ¿Te dije mi nombre?

ANDRÉ: (Confundido) No lo sé. ¿Sí te llamas Ben?

BEN: (Sonreirá) Benjamín, se supone, sí. En este mundo, al menos.

ANDRÉ: (Ante el enrarecido ambiente que se ha creado) Ya… este es el único mundo que conozco… creo. Yo me llamo André.

ESCENA DE TRANSICIÓN: La Constelación

(Noche despejada. André y Ben están en una terraza).

BEN: Qué noche. Mira el cielo... clarito se ven las quince estrellas del Quimiceronte.

ANDRÉ: (Tenso) Yo solo veo tres estrellas… tres. La muy famosa y conocida constelación "Los Tres Reyes Magos".

BEN: (Extrañado) ¿Reyes y magos? Mira… las alas del Quimiceronte casi tocan el cuerno de la luna.

ANDRÉ: (Se lleva las manos a la cara) ¿El rinoceronte? ¿El cuerno de la luna?… Es luna llena, tarado. (Se ríe, forzado) Se le llama "cuerno de la luna" cuando es menguante o creciente.

BEN: (Lo abraza) No lo sé… yo me refería al volcán.

ANDRÉ: (Susurra) Creo que estás drogado sin haberte metido nada o… te estás volviendo loco. La luna es una roca muy fría y no tiene, escúchame bien, no tiene volcanes.

BEN: ¿Ni un volcán pequeñito?

ANDRÉ: Ni uno solo.

(Luz fría de lobby de teatro).

ESCENA 4: El Nudo en el Último Vagón (Mundo C)

(El escenario se convierte en el interior de un vagón de metro. La luz es fría, intermitente. Se escucha el traqueteo sordo de los rieles. Es el último tren de la noche. Ben y André están sentados en extremos opuestos. El ambiente es onírico, pesado).

(Pasan varios segundos de silencio. Se miran. Tardan en reaccionar, como si estuvieran despertando de una anestesia profunda).

BEN: (Con voz ronca) No sé por qué te me quedas viendo.

ANDRÉ: (Lentamente) No te estaba viendo a ti… pensaba que no soy el único tarado al que se le ocurrió viajar en metro a estas horas.

BEN: (Se acerca un poco, la mirada turbia) Yo a ti te conozco…

ANDRÉ: (Se ríe, una risa triste) Ese es el modo más trillado de ligar con alguien…

BEN: De antes. Te conozco de antes… siento que éramos incluso amigos, al menos vecinos, o compañeros del colegio.

ANDRÉ: Eso sí que puede ser… tienes el aire de un compañero de clase al que siempre le quise hablar…

BEN: (Sacude la cabeza) ¿Y por qué no lo hiciste? Perdiste la oportunidad de tu vida. Yo me bajo en la siguiente.

ANDRÉ: (Fingiendo indiferencia) No pienses que voy a bajar contigo. No te conozco de nada, nunca fuimos compañeros de clase y este es un vagón de mierda.

BEN: (Se levanta cuando el tren frena chirriando) Eso dices... vente conmigo, idiota.

ANDRÉ: En tus sueños, imbécil.

(Se abren las puertas. Ben sale. André duda un milisegundo y sale corriendo detrás de él. El vagón queda vacío).

ESCENA DE TRANSICIÓN: El Sueño de Mercurio

(Luz plateada, onírica).

ANDRÉ: Soñé que estábamos en una playa. Pero el agua no era agua. Era un mar de mercurio.

BEN: Sí… era pesado. Brillante. Con ese tono que solo el mercurio tiene… como de alquimista… no hacía ruido al romper. Si te metías al mar… te convertías en estatua de oro.

ANDRÉ: Claro, en estatua sí, seguro, seguro… ¿De oro? Lo dudo. Recuerdo que el cielo era color azul cobalto.

BEN: Y había una luna pequeña al lado de la grande. Eran dos lunas.

ANDRÉ: Y estábamos satisfechos de que las estrellas fueran las mismas, aunque tenían nombres impronunciables.

BEN: Cariótida, Nemnósida, Sáxila…

ANDRÉ: ¿Sí? ¡Vaya nombrecitos de nerd!

(Museo de arte moderno. Luz ambiental).

ESCENA 5: La Sorpresa en el Museo

Mundo D. Ambos están en un museo de arte moderno frente a un cuadro que es solo un lienzo en blanco llamado "El Vacío Entrelazado".

ANDRÉ: (Para sí mismo) Es la representación perfecta de la nada.

BEN: (A su lado) No es la nada. Es un espejo. Si te fijas bien, en el centro hay un punto de color mercurio que solo se ve si dejas de respirar.

ANDRÉ: (Lo mira) Sí, puedo ver un punto de color mercurio, pero solo si entrecierro los ojos.

BEN: Sí, así funciona… eso desata la función cuántica del lienzo… el mercurio tiene un brillo especial… como alquímico, ¿no te parece?… puede convertirse en oro… Vamos a cerrar los ojos y cuando los abramos el mercurio se habrá transformado en oro.

ANDRÉ: (Falsamente agresivo) No… eso me parece como muy rarito…

BEN: (Él sí cierra los ojos con fuerza y los abre rápidamente) Rompiste el encanto… el mercurio estuvo a punto de transformarse en oro.

ANDRÉ: (André se lleva la mano al pecho, siente un déjà vu que le corta el aliento). ¿Me dejas invitarte un café? Siento que si te vas, este cuadro se borrará de mi memoria. Ven.

BEN: ¿Cómo sabes que me llamo Ben?

ANDRÉ: No… no lo sabía. Te dije "ven", de venir… ¿Vienes? Ben… Ven…

BEN: Voy… ¿Sabes?... Tú tienes cara de Andrés.

ANDRÉ: Casi. André, así como si fuera francés… ya sabes: el estilo…

BEN: Uf, ya no sé si sea una buena idea salir contigo, pero vamos.

ESCENA DE TRANSICIÓN: Un encuentro en la librería

(Una librería llena de polvo).

ESCENA 6: La Librería (Mundo Posible E)

(Una librería de viejo, silenciosa y polvorienta. BEN está tras el mostrador, pero no está trabajando; tiene un pequeño tablero de ajedrez frente a él y consulta una aplicación en su celular, sumido en una concentración feroz. ANDRÉ entra, camina por los pasillos sin mirar los libros, sus ojos están fijos en BEN. Se acerca al mostrador).

ANDRÉ: ¿Estás jugando ajedrez contigo mismo?

BEN: (Sin levantar la vista, con un tono cortante) ¿Y a ti qué te importa? ¿Vas a comprar un libro o solo vienes a hacer preguntas estúpidas?

ANDRÉ: (Ofendido, retrocede un paso) Oye, no tienes que ser tan descortés. Solo trataba de ser amable.

BEN: (Imitándolo con burla) "¿Descortés?"... ¿Qué eres, del siglo diecinueve? ¿Qué sigue? ¿Me vas a retar a un duelo al amanecer?

ANDRÉ: (Se queda callado, mirándolo fijamente. De pronto, se tapa la boca con la mano, sus ojos se abren de par en par) ¡Espera! Yo te conozco.

BEN: (Suspira, fastidiado) Aquí vamos de nuevo... ¿Por qué este karma me persigue? ¡Dios mío, qué hice mal en otras vidas!

ANDRÉ: No, en serio. Saliste en la película Cien tomos de Ponson du Terrail… Tú eras Rocambole.

BEN: (Se detiene en seco. Levanta la vista por primera vez y lo mira con una mezcla de horror y respeto) Ya no me acordaba de ese pomposo nombre… quién se puede llamar Ponson en este mundo… Ponson du Terrail… ¿Lo pronuncio bien? Ponson… blablablá… Bueno, ya me hiciste el día, amigo… (Pausa corta, lo escanea de arriba abajo) Tal vez no seas tan idiota.

ANDRÉ: (Con una sonrisa tímida que le quita diez años de encima) No lo soy. O al menos, no hoy. Oye... ¿te gustaría... (vacila) se dice tomar un helado o comer un helado?

BEN: (Esboza una sonrisa de lado, cerrando la aplicación de ajedrez) Qué más da. Ya, pues, ¿te gustaría un helado?

ANDRÉ: Me encantaría. Yo quiero uno de frambuesa...

BEN: ...y chocolate.

ANDRÉ: (Atónito) ¿Cómo lo sabías?

BEN: (Recogiendo sus cosas, con una familiaridad que lo asusta a él mismo) Eres predecible... no dije aburrido, ¿eh? Vamos. Yo voy a pedir uno de chocolate con frambuesa… o mejor uno de frambuesa y chocolate, ¿te parece?

ANDRÉ: (Jugando) Camina, Ponson.

BEN: (Con sorna) Ja, ja, ja.

ESCENA FINAL: El Camping de Mercurio

(Estamos en una tienda de camping abierta. Se ve el horizonte. El mar es de un color mercurio denso, el cielo es de un azul oscuro, profundo. La luna brilla con un relieve volcánico que parece un cuerno. Hay una segunda luna que tiene una curiosa manera de orbitar alrededor de la luna grande).

ANDRÉ: (Satisfecho) Las estrellas... ahí están. Los Tres Reyes, el Quimiceronte... ¿y qué más?

BEN: Cariótida, Nemnósida, Sáxila…

ANDRÉ: Tu madre… Ja, ja… Bueno… las estrellas son espectaculares. No importan los nombres. Es maravilloso pensar que se están incendiando cada una de ellas y que las podemos ver a millones y millones de años luz.

BEN: (Tomado de su mano, sonríe) Claro, pero mira lo que tenemos enfrente y no a millones de años luz… este mar de mercurio es tan pacífico. ¿Y ves qué oscuro es el azul de la luna? Por eso es motivo de creación para todos los poetas y cantantes de blues.

ANDRÉ: (Lo mira con una conexión entrañable) Tú podrías ser poeta si no dijeras tantas tonterías.

BEN: ¿Te das cuenta? Siempre terminamos en la misma playa. Una playa desierta y una luna azul… y la luna de la luna.

ANDRÉ: La misma playa, siempre la misma playa. Siempre.

(Se miran, sonríen. El resplandor de la luna azul inunda el escenario mientras se toman de la mano).

FIN.