miércoles, 18 de marzo de 2026

VISITANDO AL REY LEAR (MONÓLOGO)

  

VISITANDO AL REY LEAR 


INSTRUCCIONES PARA VOLVERSE LOCO (Y QUE EL PÚBLICO APLAUDA Y NO SE VAYA)

(Monólogo)

 

Por GAVARRE BENJAMIN

© INDAUTOR

Cd. De México

©  BENJAMÍN GAVARRE SILVA

Contact: bengavarre@gmail.com

gavarreunam@gmail.com

 

Camerino de un gran teatro. El Actor, Richard Daniel, se pega la barba de Lear con un pegamento que huele a demonios. Se mira al espejo como si mirara a un enemigo íntimo, y de pronto, con un sobresalto sutil, clava la mirada en el infinito, donde está el público. Bebe un sorbo de vino directamente de la botella.

¿Lo oyen? Ese timbre. Primera llamada, primera. Es la campana de la ejecución. No me miren... no me miren con esa cara de respeto; ustedes saben muy bien que el respeto es esa inútil cortesía que se le tiene a los muertos, y yo todavía respiro y sudo. Sudo tres litros tres de pura agua destilada por función, ¿saben? Lo he medido. Un Lear en la tormenta pierde más líquidos que un maratonista, pero con el agravante de que nosotros llevamos lanas y terciopelos y, a veces, una corona de plástico o peor aún, una peluca rubia y larga como de hippie trasnochado.

Pues éste que ven soy yo. El "Actor de carácter". Ladislao Cervera, mejor conocido por el majestuoso nombre de Richard Daniel. Un hombre que ha pasado de ser el príncipe de Dinamarca a ser el viejo rey Lear que les grita a los ventiladores. Y en cuanto a Hamlet es necesario confesar que solo hace falta ser muy guapo y tener infinitas dudas: ¿Seré ese yo? Serás la misma que antes eras? “Eres o no eres”, ya saben…  Pues bien, para ser el Lear hace falta tener las rodillas destrozadas, cara de desquiciado y una deuda impagable con el Banco.

Les cuento… En esta producción el director dice que somos "el alma de un ritual sagrado". Mentira. Cuando más somos un grupo de neuróticos tratando de no chocar con la escenografía o de caer ridículamente al foso de la orquesta. Yo nunca me he caído, saben… Nunca… O tal vez sí, pero no fue para arruinar la función, de eso no les quepa duda alguna… Pero, si quisiera —en teoría solamente—, podría simplemente por maldad hundir la función con solo bajar un tono. El director se pondría lívido en su silla de diseño, pero yo soy el que le salpica litros de saliva al público en la cara. Por cierto, este director se siente la divina garza, pero los hay peores… Hay unos que no me llaman para audiciones porque dicen que yo ya soy un actor consagrado… Dicen dicen que yo "ya tengo un nombre". Y que no podrían pagarme lo que me merezco, ja… ¡Qué ironía tan fina! No me llaman porque saben que en el segundo ensayo le corregiría el movimiento escénico y le explicaría por qué su "visión vanguardista" choca contra las leyes de la teoría de géneros y estilos y que su desconocimiento del arte del verso es infinito. El prestigio, querido amigo, es como la maldición del Óscar. Se cotizan muy por encima de los presupuestos, o no pueden trabajar en proyectos de menos importancia, están sobre cualificados y, oh paradoja, por eso no los llaman, y bueno qué me dicen de un pobre actor de carácter, grrr, que lo único que quiere es llenar el refrigerador.  Yo la verdad pienso que muchos directores me tienen pánico. Temen que abra la boca y, en lugar de obedecer, les suelte una lección sobre cómo se proyecta una vocal sin parecer que estás sufriendo un cólico nefrítico. Dicen: "No queremos molestar al maestro con una audición". Lo que quieren decir es: "No queremos que el viejo nos deje en evidencia delante de los becarios". El prestigio, queridos ustedes, es la jaula más cómoda del mundo.


(Se ajusta la túnica con un gesto brusco).

¿Saben? Así como me ven… de guapo, he tenido muchas amantes, y no se rían. El teatro es un nido de amores de cinco largos actos. Muchas actrices que se enamoraban de mi gallardía y se despertaban con mi aliento indescriptible. Resultado: Nada duradero. Y también hay que decir que es difícil convivir con un hombre que tiene el cerebro lleno de gente muerta. Mi prestigio es una prisión pública, queridos ustedes, pero la verdadera prisión está dentro... donde los fantasmas me persiguen. La que finalmente resulto ser mi mujer me tiene pánico. Imagínense esta escena: Sara me contaba el otro día, entre gritos y sollozos, que me desperté en mitad de la noche, empapado en sudor, señalando al armario y gritando a pleno pulmón: "¡Ay mísero de mí, ay infelice!".

Yo le he pedido que me dé las gracias: otros maridos gritan nombres de otras mujeres; yo solo grito versos de Calderón de la Barca. "Cállate ya, Segismundo", me dice ella, "apaga la luz y deja de hacer esgrima en la cama". Yo sé que ella tiene razón. La vida es sueño, pero el despertador suena a las siete y no entiende que los sueños… sueños son.

Las pesadillas de Calderón son malas, los sueños recurrentes en los que se me perdió mi vestuario son terribles, otros son como lo que le pasa a Segismundo… He soñado que soy El Avaro, y grito porque no encuentro mi dinero. Sara me trata de despertar, aterrorizada, y yo le grito: "¡Mi cofre! ¡Mi cofrecito! Finalmente me acaba dando una bofetada y yo me despierto con un muy feo sabor de boca por haber perdido toda mi fortuna.


Las aventuras con Molière son muy divertidas para quienes castigan al malvado Harpagón, pero hay pánicos todavía más intensas… Mi pobre Sara se tuvo que aguantar otra de mis pesadillas… Yo me levanté, sonámbulo y gritaba en un perfecto inglés:

"¡A horse! ¡A horse! ¡My kingdom for a horse!"

... ¿Se imaginan el pánico? Yo no sé si quería realmente un caballo, o que un maldito taxi me llevara al aeropuerto… Pero así fue… Pobre Sara, dice que ya no quiere dormir conmigo. Y la entiendo, pobre.

A mi edad, ya no interpretas a los personajes, los heredas como enfermedades. He sido Edipo, y todavía me pican los ojos cuando hay mucho humo en el escenario. Fui Segismundo, y todavía me siento a veces como si este camerino fuera una prisión de la que solo salgo para que me miren unos desconocidos. Hoy me toca ser el anciano Rey loco. Y con una nueva Cordelia, por cierto…

Greta… La 'nueva estrella'. La chica que hace de Cordelia. Me mira con una mezcla de lástima y reverencia, como si yo fuera una catedral en ruinas que puede desplomarse sobre ella en cualquier momento. Tiene esa frescura insultante de los que todavía creen que el arte va a salvar el mundo. Ella se siente Greta Garbo, y yo la miro como: mira, mi hija, bájale tres rayitas a tu estupidez… Dice que será famosa porque ya sale en una serie de televisión y le hacen big big close ups con una cámara de alta definición. Pues bien, que se haga famosa… que sea la actriz del momento, no me importa.  Yo, en cambio, seguiré fiel a las tablas y a la 'verdad del escenario'. Ja, ni yo me la creo… Qué frase tan estúpida. La única verdad del escenario es que, si se te olvida el diálogo, tus compañeros te miran con cara de te vamos a asesinar mientras le sonríen con una mueca rara al respetable público.


(Se pone la máscara, pero se detiene, mirando al infinito del público).

Esta noche… En el clímax de la tormenta, cuando tenga que maldecir a los elementos, quizá me dé por lo heroico y, en lugar de invocar a los vientos, me quede mirando a los ricos del palco y les cuente con lujo de detalle todas las deudas que tengo que pagar, incluidas mis deudas con el banco, estas últimas con el tono de una tragedia de Sófocles. ¡El efecto será magistral! Una fisura en la realidad. Un ejemplo de teatro pobre… del teatro del pobre de mí… El prestigio hecho añicos por fin. Un grito de libertad contra la dictadura del libreto.

…Pero yo sé que no lo haré. Soy más que un artista, un artesano de la palabra y el gesto. Me levantaré, iré hacia los reflectores que me dejan cada día más ciego —y daré mi pequeño homenaje al Cisne de Avon— y haré bien mi trabajo. Le gritaré a los ventiladores mientras pierdo la cabeza, en ese continuo ensayo hacia la locura. Moriré una vez más en escena, como en cada función, y aunque sea una obra de invención pura, al menos un espectador llorará como nunca.

(Se escucha, por el altavoz del camerino, la voz seca y precisa del traspunte ):

— "Maestro Richard... Segunda llamada. Prevenido en foro, estamos a dos minutos de su entrada".).

Bueno… Esa es mi señal. Mi entrada al ruedo y las fanfarrias. Me voy a que me aplaudan por estar loco, ciego o encerrado. El Rey perderá su reino, una vez más. Con mucha soberbia, algo de dignidad y un poco de cinismo: el único maquillaje que no se corre con el sudor y las lágrimas.

(Richard Daniel recupera una elegancia imperial y sale del camerino. El sonido del público rompiendo en aplausos se oye justo antes de que se cierre la puerta).

FIN

"VISITING KING LEAR" MONOLOGUE

  



"VISITING KING LEAR"

MONOLOGUE


INSTRUCTIONS ON HOW TO GO MAD (AND KEEP THE AUDIENCE FROM LEAVING)


(A Monologue)

By GAVARRE BENJAMIN

© INDAUTOR

Cd. De México

©  BENJAMÍN GAVARRE SILVA

Contact: bengavarre@gmail.com

gavarreunam@gmail.com

 

Dressing room of a grand theater. The Actor, Richard Daniel, is applying a Lear-style beard with spirit gum that smells like the devil. He stares into the mirror as if facing an intimate enemy, and suddenly, with a subtle jolt, he fixes his gaze on the infinity—where the audience sits. He takes a swig of wine directly from the bottle.

Do you hear that? That bell. First call, first. It’s the executioner’s gong. Don’t look at me... don’t look at me with that face of respect; you know perfectly well that respect is that useless courtesy one holds for the dead, and I am still breathing and sweating. I sweat three liters—three!—of pure distilled water per performance, you know? I’ve measured it. A Lear in the storm loses more fluids than a marathon runner, but with the added burden that we are draped in wool and velvet and, sometimes, a plastic crown or, even worse, a long blonde wig like some washed-up hippie.

Well, this man you see is me. The "Character Actor." Ladislao Cervera, better known by the majestic stage name of Richard Daniel. A man who has gone from being the Prince of Denmark to the old King Lear screaming at industrial fans. And as for Hamlet, I must confess: all it takes is being very handsome and having infinite doubts. "Shall I be that I?" "Will you be the same as you were before?" "To be or not to be," you know the drill... But to be Lear? To be Lear you need shattered knees, the face of a lunatic, and an unpayable debt to the Bank.

Let me tell you… In this production, the director says we are "the soul of a sacred ritual." A lie. At most, we’re a group of neurotics trying not to trip over the scenery or fall ridiculously into the orchestra pit. I’ve never fallen, you know… Never… Or maybe I have, but it wasn't to ruin the show, let there be no doubt about that… But, if I wanted to—theoretically speaking, of course—I could sink the entire play out of pure spite just by dropping my tone. The director would turn livid in his designer chair, but I’m the one splashing liters of saliva onto the front row’s faces. By the way, this director thinks he’s God’s gift to the stage, but I’ve seen worse… There are those who won't call me for auditions because they say I’m already a "consecrated actor." They say, they say that I "already have a name." And that they couldn't possibly pay me what I deserve, ha! What a fine irony!

They don’t call me because they know that by the second rehearsal, I’d be correcting their blocking and explaining why their "avant-garde vision" crashes against the laws of genre theory and style, and that their ignorance of the art of verse is infinite. Prestige, my dear friends, is like the curse of the Oscar. You’re quoted way above the budget, or you "can’t work on minor projects," you’re overqualified and—oh, the paradox—that’s why they don’t call you. And what about the poor character actor, grrr, whose only wish is to fill his refrigerator? I honestly think many directors are terrified of me. They’re afraid I’ll open my mouth and, instead of obeying, I’ll give them a lecture on how to project a vowel without looking like I’m suffering a kidney stone. They say: "We don’t want to bother the Master with an audition." What they mean is: "We don’t want the old man to show us up in front of the interns." Prestige, dear audience, is the most comfortable cage in the world.

(He jerks his tunic into place with a sharp movement).

You know? Looking as handsome as I do… I’ve had many lovers, and don’t you laugh. The theater is a nest of romances in five long acts. Many actresses fell in love with my gallantry and woke up to my… indescribable breath. The result: Nothing lasting. And it must be said that it’s difficult to live with a man whose brain is crowded with dead people. My prestige is a public prison, dear audience, but the real prison is inside... where the ghosts hunt me. The woman who finally became my wife is terrified of me. Imagine this scene: Sara told me the other day, through screams and sobs, that I woke up in the middle of the night, drenched in sweat, pointing at the wardrobe and shouting at the top of my lungs: "Ah, woe is me! Ah, wretched me!"

I’ve asked her to thank me: other husbands scream the names of other women; I only scream verses by Calderón de la Barca. "Shut up, Segismundo," she tells me, "turn off the light and stop fencing in bed." I know she’s right. Life is a dream, but the alarm goes off at seven and it doesn’t understand that dreams… are only dreams.

Calderón’s nightmares are bad; the recurring dreams where I’ve lost my costume are terrible; others are like what happens to Segismundo… I’ve dreamed I am The Miser, and I scream because I can’t find my money. Sara tries to wake me, terrified, and I yell at her: "My casket! My little casket!" Eventually, she ends up slapping me, and I wake up with a very foul taste in my mouth for having lost my entire fortune.

Adventures with Molière are very entertaining for those who get to punish the evil Harpagon, but there are even more intense panics… Poor Sara had to endure another one of my nightmares… I got up, sleepwalking, and screamed in perfect English:

"A horse! A horse! My kingdom for a horse!"

... Can you imagine the panic? I don’t know if I truly wanted a horse, or if I just wanted a damn taxi to take me to the airport… But that’s how it was… Poor Sara, she says she doesn't want to sleep with me anymore. And I understand her, poor thing.

At my age, you don't play characters; you inherit them like chronic illnesses. I’ve been Oedipus, and my eyes still itch whenever there’s too much stage fog. I was Segismundo, and I still feel sometimes as if this dressing room were a prison I only leave so strangers can stare at me. Today, it’s time to be the mad, elderly King. And with a new Cordelia, by the way…

Greta… the "new star." The girl playing Cordelia. She looks at me with a mix of pity and reverence, as if I were a ruined cathedral that might collapse on her at any moment. She has that insulting freshness of those who still believe art is going to save the world. She thinks she’s Greta Garbo, and I look at her like: "Look, honey, dial down the stupidity a notch or two." She says she’ll be famous because she’s already in a TV series and they give her "big, big close-ups" with a high-definition camera. Fine, let her be famous… let her be the actress of the moment, I don’t care. I, on the other hand, will remain faithful to the boards and the "truth of the stage." Ha! Even I don't believe that… What a stupid phrase. The only truth of the stage is that if you forget your dialogue, your castmates look at you like they’re going to murder you while they flash a weird grimace of a smile at the respectable audience.

(He puts on his mask but pauses, looking into the infinity of the theater).

Tonight… In the climax of the storm, when I have to curse the elements, maybe I’ll go for the heroic. Instead of invoking the winds, I’ll stare at the rich folks in the boxes and tell them in painstaking detail every single debt I have to pay, including my bank loans—the latter in the tone of a Sophoclean tragedy. The effect will be masterly! A fissure in reality. An example of "Poor Theater"… of "Poor-Me Theater." Prestige finally shattered. A cry for freedom against the dictatorship of the script.

…But I know I won’t do it. I am more than an artist; I am a craftsman of word and gesture. I will stand up, walk toward the spotlights that leave me more blind every day—and I’ll give my little tribute to the Swan of Avon—and I’ll do my job well. I’ll scream at the fans while I lose my mind, in that continuous rehearsal toward madness. I will die once more on stage, as I do in every performance, and even if it’s a work of pure invention, at least one spectator will weep like never before.

(From the dressing room loudspeaker, the dry, precise voice of the Stage Manager is heard):

— "Maestro Richard... Second call. Stand by for your entrance; we are two minutes out."

Well… That’s my cue. My entrance to the ring and the fanfares. I’m off to be applauded for being mad, blind, or imprisoned. The King will lose his kingdom, once more. With a lot of arrogance, some dignity, and a bit of cynicism: the only makeup that doesn't run with sweat and tears.

(Richard Daniel recovers an imperial elegance and exits the dressing room. The sound of the audience breaking into applause is heard just before the door clicks shut.)

THE END


viernes, 13 de marzo de 2026

LUNAS DE ACRÍLICO: Pieza dramática en dos escenas: Por GAVARRE BENJAMIN.

 

 

 



LUNAS DE ACRÍLICO

Pieza dramática en dos escenas


Por GAVARRE BENJAMIN



 

© INDAUTOR

Cd. De México

©  BENJAMÍN GAVARRE SILVA

Contact: bengavarre@gmail.com

gavarreunam@gmail.com

 




ELENCO

  • DOÑA MAGDA: Dueña del salón. La voz de la experiencia y el pragmatismo.
  • LULÚ: Esteticista. Sensible, con un pasado que la ancla a Rodrigo.
  • TERE: Esteticista. Dura, protectora y con un blindaje emocional de años.
  • CHELITA: Manicurista joven. El pulso del chisme y la energía del futuro.
  • SANTI: Atleta. Seguro de sí mismo, masculino y libre de los prejuicios del pueblo.
  • RODRIGO: El "Macho Alfa". Un hombre de doble vida, atrapado en su propio mito de poder.

ESCENA 1: "EL SANTO CHISME DE TODOS LOS DÍAS"

(Salón "Total Beauty". 2005. Suena música Chill Out. El aire huele a café, amoníaco y spray de vainilla. CHELITA aplica piedritas en unas uñas con pinzas. TERE da un masaje capilar vigoroso. DOÑA MAGDA revisa una revista de chismes.)

CHELITA: (Sin levantar la vista) …y a la hija del boticario le cancelaron la boda. No porque el novio se arrepintiera, sino porque lo encontraron en el vestidor de la tienda de deportes probándose... "suspensorios" con el capitán del equipo de hockey.

DOÑA MAGDA: (Lanzando la revista) ¡Ya me lo imaginaba! Con razón el muchacho siempre traía las rodilleras puestas. ¡Si es que en este pueblo el que no corre, vuela, y el que no, patina!

TERE: (Cínica) Y les viene de familia. Si el papá de ese muchacho ya se escapaba a la capital cuando podía diciendo que iba a "ferias de maquinaria" y regresaba con el cutis tan lozano que daba envidia.

LULÚ: (Tratando de reír) ¿Ferias de maquinaria? Le habrán echado mucho aceite encima.

CHELITA: (Riendo) ¡Eso, Lulú! Así te quería oír. Que andas más apagada que una vela en velorio.

(La puerta se abre de golpe. Entra SANTI. Shorts de ciclista, playera sin mangas, energía vibrante.)

SANTI: ¡Buenos días, señoritas! ¿Ya pasaron lista o esperaban que llegara el profe?

DOÑA MAGDA: (Silbido de admiración) ¡Santi! ¡Qué piernas, por Dios! ¡Si yo tuviera diez años… menos!

SANTI: (Lanzando un beso) Usted siempre será joven, Doña Magda. Vengo a que me despunten las puntas… ¿quién va a ser la elegida? (Se sienta en la silla giratoria, estirando las piernas) Lulú, tráeme una Coca helada antes de que me desmaye. Hice diez kilómetros y me merezco algo dañino y frío.

TERE: De nada te va a servir tanto ejercicio. Van a dejar de perseguirte las muchachas.

SANTI: (Riendo) Las mujeres no me persiguen mucho, Tere. Los bigotones son los que se me quedan viendo con disimulo. ¡Una vez hasta me llegó un ramo de flores! Remitente desconocido. ¡Como si yo fuera psíquico! A mí que me hablen de frente.

CHELITA: Oye, Santi… ¿y qué tal que es alguien del gimnasio, o de la panadería, o de los tamales?

SANTI: (Irónico) O del confesionario, o del taller mecánico… Tengo de dónde escoger. Un buen partido me va a salir seguro.

CHELITA: Oye, ¿y es cierto que en el gimnasio hay mucha… "confianza" en las regaderas?

SANTI: (Guiñando un ojo) Lo que sucede en los vestidores, se queda en los vestidores… pero no les voy a mentir: ¡Es totalmente cierto!

(Todas ríen. LULÚ se acerca a SANTI con la Coca helada y le acaricia el hombro. El salón es perfecto.)

LULÚ: Qué envidia me das, Santi. Siempre tan libre. Te traje tu Coca, no está tan fría, pero es lo que hay.

SANTI: (Tomándole la mano) Lo que hay no siempre es suficiente, Lulú. A veces hay que salirse por la puerta grande y no mirar hacia atrás.

DOÑA MAGDA: (Mirando hacia el ventanal, su rostro cambia) ¡Ya, ya! Guarden las risas. Ahí viene la nube negra. Santi, ahorita te atiendo, quiero ver primero qué se trae este señor.

(El ambiente se congela. El aroma a vainilla es devorado por el silencio.)

SANTI: (En voz baja) Y el "Macho alfa" que se asoma.

(La campanilla de la puerta suena.)


ESCENA 2: "LA PERSISTENCIA DE LA SOMBRA"

(Entra RODRIGO. Botas de cuero polvorientas, jeans rígidos, camisa de cuadros. Impone su presencia en el umbral.)

DOÑA MAGDA: (Sonrisa de hierro) Don Rodrigo. Casi podíamos olerlo desde la esquina. ¿Qué pasó? ¿Se le murió la vaca o finalmente puso la marrana?

RODRIGO: (Sin mirar a Magda, ojos fijos en Lulú) Menos charla, Magda. Tengo los dedos que parecen raíces terrosas. Lulú, vengo a que me quites esta mugre antes de la junta.

TERE: (Afilada) Ten cuidado con esas manos de enterrador, Lulú.

RODRIGO: (Hacia la silla central) Tú siempre tan amable, Tere. Por eso sigues soltera, ¿no? Solo piensas en cementerios.

(RODRIGO se detiene frente a LULÚ. La mira de arriba abajo con una familiaridad posesiva. SANTI observa atento. DOÑA MAGDA empieza a despuntar el pelo de SANTI. LULÚ sumerge las manos de RODRIGO en agua caliente.)

RODRIGO: (A Lulú, bajo pero audible) Sigues usando el mismo perfume barato de vainilla. Me marea.

DOÑA MAGDA: (Forzada) Lulú, deja que te ayude Tere con el señor quejumbroso. Mientras, ve a traerme las tijeras nuevas de la bodega.

RODRIGO: Ya no puede uno ni quejarse. Tú no hueles tan mal, Teresa.

(LULÚ entra al área de la bodega y cierra la puerta. El silencio es denso, solo roto por el roce de las tijeras. RODRIGO bosteza e interrumpe la manicura para mirarse las uñas con desdén. TERE deja el cortaúñas con un golpe seco, se quita los guantes y camina decidida a la bodega.)

DOÑA MAGDA: ¿Tere? ¿A dónde vas?

TERE: (Voz de hielo) Al baño, no me tardo.

(TERE cierra la puerta. RODRIGO sonríe cínicamente. SANTI toma un poco de soda tibia, sin dejar de mirar a RODRIGO.)

ESCENA TRAS BAMBALINAS (Audio OFF)

VOZ DE TERE: No llores. No le des el gusto de ver que todavía guardas el miedo bajo las uñas.

VOZ DE LULÚ: Es que no puedo, Tere… ya viste cómo me mira. Como si todavía le perteneciera.

VOZ DE TERE: Tienes que controlarte.

VOZ DE LULÚ: ¿Así como te controlas tú? ¿Ya se te olvidó que para él todas somos desechables después del intermedio?

VOZ DE TERE: Yo ya no le tengo miedo. Yo no. Límpiate esa cara.

(La puerta se abre. Sale TERE primero, imperturbable. Se pone guantes nuevos. LULÚ sale segundos después, ojos rojos, pero respirando profundo. Se lava las manos rígidas.)

RODRIGO: (A Tere, pero mirando a Lulú) Vaya. Lo bueno es que llevo prisa, no vas a recibir buena propina. (TERE aprieta los dedos de RODRIGO con brusquedad). Cuidado.

(TERE retoma el trabajo. LULÚ se mira en el espejo, como si hubiera perdido el alma. Empieza a limarse sus propias uñas con un movimiento compulsivo hasta que se lastima un poco la cutícula, pero no dice nada.)

RODRIGO: (Irónico) Buena charla… casi me dieron ganas de dormir. (Se pone de pie, mirando fijamente a Santi) ¿Dónde entrenas?

(Duelo de miradas: curiosidad peligrosa.)

SANTI: En el gimnasio de la salida. El de las pesas viejas. ¿Usted?

RODRIGO: Yo no entreno. Yo trabajo el campo, muchacho. Trabajo de verdad. (Baja la voz) Pero tienes buena forma. Te cuidas. Eso en este pueblo... se malinterpreta.

SANTI: Me tiene sin cuidado lo que interprete el pueblo. Yo sé quién soy. ¿Usted sabe quién es, Rodrigo? ¿O solo es lo que Doña Magda y estas mujeres dicen que es?

(RODRIGO se peina frente al espejo con las manos. CHELITA barre cerca de él para ahuyentarlo, él la ignora.)

RODRIGO: Sé que soy un hombre que está hasta la madre de oír voces. ¿Ves esto? Es como una orquesta de voces chillonas. Yo prefiero el estruendo de los motores de la capital… Allá me siento libre. Nadie te pregunta quién eres. Allá puedes perderte y ser... otra cosa.

DOÑA MAGDA: Y acá tenemos que soportar de vuelta al falso macho de toda la vida que se desquita con las más débiles.

RODRIGO: (Se acerca a SANTI, invadiendo su espacio) ¿Sabes qué es lo único que envidio de tipos como tú? La falta de vergüenza. Yo tengo que cargar con este pueblo, con mi apellido, con estas mujeres que me beben la sangre como si fuera agua.

SANTI: Nadie lo obliga, Rodrigo. Usted se ahoga en su propia sangre por no admitir lo que le gusta.

(RODRIGO vacila. Amaga con un golpe, pero se retrae. Su misoginia vuelve como escudo.)

RODRIGO: (Desprecio amargo) A mí me gustan mucho las mujeres, pero las prefiero en la playa, sin nombres, desnudas y calladitas, porque en cuanto abren la boca arruinan todo. Lulú no quiere que la toquen, Tere quiere la enchilada completa, y a Doña Magda le gustaría verme muerto... Yo solo quiero que este mundo se vaya a la chingada.

SANTI: (Se levanta, igualando su estatura) El mundo lo construimos nosotros. Debería decidirse a hacer lo que desea. Váyase, Rodrigo. Váyase a su junta o mejor aún, váyase a la capital a mandarle flores a quien lo reciba con su nombre verdadero. Váyase lejos y busque lo que aquí no se atreve a mirar de frente.

RODRIGO: (Atracción sofocada) Eres valiente. O muy pendejo.

(RODRIGO saca unos billetes y los deja caer sobre la mesa de manicura con desprecio, obligando a CHELITA a recogerlos. Mira a LULÚ con un aire de despedida final. Sale del salón. El aire vuelve.)

TERE: Pues se le cayó la máscara al tipejo.

DOÑA MAGDA: Se le cayó la máscara y la corona, gracias a Santi.

LULÚ: Gracias, Santi. Has logrado lo que ninguna de nosotras pudo.

SANTI: (Se sienta en la silla giratoria. Mira sus manos) Me toca, Chelita. Un manicure completo, sin brillos. Que se note que estas manos no han tenido que esconderse de nadie hoy.

(SANTI nota que LULÚ tiene el dedo lastimado. Se lo toma con suavidad un momento, en silencio. LULÚ sonríe y empieza a masajear la mano de SANTI. La paz se recupera.)

DOÑA MAGDA: (Pone música Chill Out) Muy bien. Al menos hoy, el aire huele a limpio.


NOTAS TÉCNICAS RECOMENDADAS

Elemento

Descripción Escénica

Iluminación

En la Escena 1, luz cálida, brillante, "pop". En la Escena 2, cuando entra Rodrigo, la luz debe volverse ligeramente más fría o cruda, resaltando las sombras de los rostros.

Sonido

El "Chill Out" debe ser una base constante, pero cuando Rodrigo habla con Santi, el volumen debe bajar casi a cero para que sus susurros se sientan amenazantes.

Atrezzo

El tazón de agua de Lulú debe humear un poco (agua caliente) para simbolizar el "lavado" de la suciedad de Rodrigo.